viernes, 30 de diciembre de 2016

Ficticio- Esperanzado

Su destino era encontrarse, tarde o temprano, para resolver asuntos pendientes que el mismo universo se había encargado de dejar librados al azar. Ambos creían en las casualidades pero dudaban de su eficacia, porque la existencia de las mismas nublaba la posibilidad de la existencia de causalidades que, siendo soñadores, les parecían más atractivas. Razones desconocidas del azar se habían encargado de separarlos para salir al encuentro de algo mejor, de mundos nuevos, de aventuras inesperadas diferentes a las que habían vivido juntos.
Pero algo faltaba. Algo quedaba. Algo llamaba. Algo necesitaba resolverse, decirse, gritarse, explicarse. Necesitaba salir, necesitaba encontrar al otro y abofetearlo fuerte para que reaccionara, necesitaba respuestas, pero sobre todo necesitaba saldar deudas.
Cambiando de rumbo un par de veces, a veces buscándose sin encontrarse, otras tantas esquivandose, siguieron vagando por caminos separados. Hasta que algo superior decidió que era el momento justo, que ya sin dudas podrían hablar, que ya sin miedos podrían verse.
Por esos tiempos, él frecuentaba el sur: tranquilo, templado, pacífico, familiar y reservado. Sobre todo, elitista. A ella le molestaba el viaje, la ausencia de civilización y la desolación, la excesiva y exasperante calma producida por la falta de movimiento, por la abrumadora quietud. Prefería el centro, el tumulto, reírse un rato y poder volar adonde quisiera si así lo decidía, sin mucho trámite ni espera.
Sin embargo tenían sus sitios comunes, y estando en ellos se buscaban a la distancia, ambos demasiado orgullosos como para dar el primer paso y saludar, evitando la posibilidad de parecer desesperado o emocionado. Ninguno de los dos quería dar el brazo a torcer, nada más un saludo gentil por pura educación y un adiós silencioso expresado en ojos que no quieren despegarse como si alguna especie de magnetismo ajeno a ellos los obligara a permanecer unidos. Pretendían ignorar estas cuestiones aunque murieran de ganas de evaluarlas como solían hacerlo en tiempos pasados, ya muy lejanos como para siquiera pensar en revivirlos, imposibles de traer a la memoria desde lo más profundo del inconsciente.
La vida se encargó de cruzarlos en un momento en el cual ambos podrían haber huido despavoridos musitando alguna excusa ideada en el momento, pero sabiendo que quizás no fueran a tener otra oportunidad ninguno de ellos se hizo el desentendido y ambos se responsabilizaron de hacer cumplir lo que el universo a gritos les pedía.
Un saludo cordial, un par de sonrisas, él solo frente a ella y su batallón, un poco canchero y otro poco temeroso, y se dio.
-¿Podemos hablar?
Ella, sorprendida a pesar de haber estado esperando esta propuesta con ansias, accedió.
Caminaron hasta donde terminaba la escollera, donde el mar rompía con furia y gentileza simultáneamente sobre rocas abatidas pero valientes, donde nadie los molestaría, donde podrían ser ellos mismos. El viento pesado, salado del mar arremolinaba sus cabellos y les daba la sensación de estar en medio de la nieve a pesar del fuerte sol que había caracterizado a aquella tarde de verano que ya llegaba a su fin; y les daba una excusa para sentarse uno cerca del otro.
-¿Cómo estás?- nuevamente fue él quien tomó el timón e inició la conversación, de forma básica pero segura. Se vio obligado a elevar el tono de su voz debido a la música a todo volumen que sonaba a sus espaldas, donde un bar playero mutaba en boliche y los enérgicos jóvenes se preparaban para otra fiesta.
-Bien, hacía mucho que no nos veíamos- ella temía hablar demás, desviarse del tema y terminar tomando las riendas como solía hacer, impidiendo que su interlocutor se expresara con libertad.
-Sí, fue un año difícil, pero me alegro de que estés bien.
-Ambos sabemos a qué viene esto.
-Creí que tendría que empezar desde el comienzo.
-No hace falta, la distancia fue mi culpa.- ella sabía que él no lo negaría, a pesar de haber sido responsabilidad de ambos. -yo desaparecí.
-Tuviste tus motivos
-¿Pero por qué la agresión? Esa es mi duda ¿Qué hice para que me trataras tan mal?
-¿Agresión?- él no esperaba este planteo ni quería enfrentarse a uno de sus extensos argumentos que no dejaban lugar a réplica, pero no veía cómo escapar de la situación. después de todo, había sido su idea resolver cuestiones pendientes- si mal no recuerdo vos fuiste la que desapareció e inició una relación con otra persona que nada tenia que ver en tu vida en ese momento.
-El hecho de que no lo conocieras no significa qur no tuviese nada que ver conmigo.
-De todos modos nunca me esperaste.
-¿Esperarte? Te di medio año de ventaja para que te acomodaras y reconstruyeras tu vida, te Apoyé y escuché siempre que lo necesitaste, y nunca supiste cómo reaccionar al respecto. Lo único que hiciste fue dejarme en una lista de opciones reemplazables entre sí. Nunca quise eso para mí y sin embargo lo soporté por vos.
Lo dejó sin palabras. Aquella que siempre se había mostrado fría y distante dejaba ver otra faceta de su personalidad, una que a él le hubiera gustado conocer con anterioridad.
-Me reemplazaste.- fue todo lo que él pudo decir.
-¿Cómo sería posible reemplazar algo que nunca tuve? Encontré en otra persona lo que ni vos ni nadie fue nunca capaz de darme, y para ser sincera, me enamoré. Mientras pasabas un rato conmigo y el resto del tiempo con tantas otras, hubo alguien más que supo valorarme todo el tiempo, qur no necesitó alguien más para llenar vacíos porque le bastó conmigo.
-Tenes razón, pero siempre fui celoso con vos. A lo mejor no por enamorado sino por fascinado. Es hasta el día de hoy que me sorprendes constantemente, incluso con tu ausencia. Te considero una de las mujeres mas inteligentes que conocí en mi vida, y también creo que fue una decisión inteligente alejarte de mí si en su momento sentiste que no te valoraba como merecías, porque estoy seguro de que así fue, de que me di cuenta demasiado tarde de lo importante que eras para mí.-Había llegado el momento de sincerarse y ninguno de los dos tenía problemas con eso, y ella lo conocía muy bien. Así de mentiroso como era, también mentía muy mal, y no le costó darse cuenta de que le estaba diciendo la verdad.- No me arriesgué por vos pero me hubiera gustado hacerlo para no tener que estar pensando constantemente en cómo hubiera sido todo si las cosas se hubieran dado de otra forma. Si pudiera revivir el pasado con la experiencia de hoy en día te aseguro que hubiese tomado otra decisión.
-No quisiera que eso fuera posible.- sus ojos se encontraron nuevamente y el magnetismo hizo su efecto. Ella buscaba comprensión, no batalla, y necesitaba que él entendiera esto para poder continuar. Siendo ambos en exceso sensibles sería complicado retomar la conversación con ojos vidriosos, pero siempre se podía culpar al mar.- No lo tomes a mal, siempre te quise y una parte de mí lo sigue haciendo, pero no podría cambiar lo que tengo hoy en día por un quizás. Por fin encontré estabilidad cuando todo lo que obtuve de vos fueron oleadas de inseguridad en cuotas mientras ibas y venias a tu parecer. Entiendo que hayas reaccionado tarde y lo siento por vos pero dudo que alguna vez hayas pensado en cómo me hacías sentir cada vez que te borrabas y tenía que enterarme de que estabas con alguna más. Nunca fui un reemplazo y sin embargo así me consideraste todo este tiempo. Si las cosas iban mal, ahí estaba yo para apoyarte y reemplazar temporalmente a la ausente, hasta que conocieras a alguien más y se repitiera la misma historia de siempre.
-Hasta que vos conociste a alguien más. No voy a mentir, me alegra qur estés bien con él y que sepa darte todo lo que yo nunca te di, sobre todo me gusta saber que alguien te esta valorando de la manera en la que yo no supe hacerlo pero siempre te mereciste.-Y lo vio. Ese destello melancólico, esa mirada al horizonte, ese tono vacilante. Mentía. Mentía otra vez pero en esta ocasión por una buena causa.- No es fácil para mí que mis propios amigos me recalquen una y otra vez que cometí un error, mucho menos sabiendo que tienen razón. Pero ¿qué puedo hacer? Es tarde, te fuiste y no hay muchas probabilidades de que vuelvas. Quedé resentido, me sentí vacío, nunca nadie me había dado las espaldas así y de repente en un corto lapso de tiempo primero mi ex novia y después vos. Me sentí un inútil, me enojé conmigo mismo y te culpé sin motivos. Por eso la agresión, porque no encontré otra forma de expresar lo mal que me habías hecho sentir aun sin haber hecho nada en especial. Elegiste un camino que ya no me incluía y con mucha razón, y me odie por no poder hacerte quedar.
-Tampoco lo intentaste.
-¿Cómo hacerlo? Sabía por lo que habías pasado antes de conocerme, no podía arriesgarme a entrometerme en algo que por fin te hacía bien. Jamás me hubiera perdonado haberte dañado, no te lo mereces.
-Valoro mucho qur por fin te estés sincerando.
- Es lo menos que puedo hacer. Pero quisiera saber qué es lo qur hice mal.
-No es que hayas hecho algo mal, es qur hubo tantas cosas que no hiciste que en cierto punto me pareció en vano seguir esperando.
Eran dos corazones rotos intentando enmendarse uno al otro, pero en su lugar abriendo cada vez más las heridas. Nada les faltaba para ser todo y sin embargo decidieron dejarlo de lado. Ella encontró algo mejor y el siguió hundiéndose en la fantasía de que la solución estaba en esperanzas vagas y placeres temporales.
-De todos modos la pasábamos muy bien juntos- esta vez fue ella quien rompió el silencio, ya no buscando respuestas ni ahondando las penas, sino hallando consuelo en los buenos recuerdos.
-Eramos una novela, la mejor de ellas.
-Hasta que nos descubrieron.
-Y después se puso mejor.
-Pero me tuve que ir. Se me terminó el recreo y tarde o temprano debía volver a la realidad.
-Y sin embargo aun así no supe cuándo dejar de jugar.
Se sumieron en el silencio nuevamente, esta vez con sus miradas en el horizonte, en la calma del mar que en nada se parecía al violento oleaje de la costa.
Él la abrazó. No queriendo despertar ningún sentimiento específico en ella, sino buscando que comprendiera que él la entendía, que tenía razón, y que su comportamiento infantil era lo que la había llevado a tomar otros rumbos. Pero no tenía las agallas necesarias para seguir autoproclamándose un idiota a los cuatro vientos, por lo que confió en que ella entendería su silencio como la máxima sumisión de su espíritu, como una oferta de paz, una bandera blanca entre tantos bombardeos.
Y ella entendió, aceptó, se descargó, y con su cabeza posada sobre el pecho de su interlocutor dejó salir una lágrima, sólo una, que representaba el cierre de algo a lo que en otro momento ella no le hubiera dado final.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Equilibrista

Después de todo este tiempo, entendí que lo único que busqué toda mi vida era el equilibrio. Ese balance, la simetría perfecta, la sensación de que por más vientos fuertes que atravesaran mi camino ninguno me iba a poder tumbar porque estaba equilibrada. Y ¿No es eso un poco lo que todos estamos buscando?
Estamos en construcción. Somos seres incompletos, despedazados, y lo único que nos une es esa búsqueda por el equilibrio. Después de todo, ¿Qué más dan un par de altibajos cuando se está equilibrado? Porque para el mundo el desequilibrio es una cosa horrible e innombrable, y válgame Dios si estás un poco desacomodado, vamos a darte todo el apoyo que podamos y ofrecerte toda nuestra ayuda para ¿Qué? Para que estés balanceado y alineado, listo para salir al mundo.
Esa mentira no es forma de vivir. No creo que se pueda vivir en equilibrio y no apuesto dos pesos por quien diga que sí.  La realidad es que somos seres en construcción porque el desequilibrio que tenemos adentro, eso que nos carcome y que muchas veces nos dicen que es necesario arreglar por uno u otro motivo, muchas veces son lo que nos manda de un empujoncito para adelante cuando nos frenamos.
Estuve en equilibrio tanto tiempo que no me di cuenta de que en realidad lo había alcanzado porque me había quedado quieta. Completamente inmóvil ante lo que pudiera cruzarse en mi camino, cómoda, equilibrada, y no me sirvió de nada. Me veo y no me reconozco, y tampoco me entiendo ¿Estuve sedada todo este tiempo? ¿Qué me pasó? ¿Quién me dijo que era bueno estar equilibrado? Como un equilibrista, fui andando por mi soga a miles de metros de altura, despacito, con precaución, con el miedo de que si caía iba a perderlo todo, pero no me había dado cuenta de que abajo mío había una red, así que daba lo mismo caerme o mantenerme en pie, porque siempre podía volverme a subir a la soga. Me paralicé en un mismo sitio por temor a que la caía fuera demasiado abrupta y, cuando caí, ¿Qué pasó? Nada. Me levanté, me sacudí la tierra de encima, y me volví a subir, esta vez para avanzar cueste lo que cueste.