domingo, 8 de junio de 2014

Cat

No hay tal cosa como personas buenas en el exterior. No les creo, pido perdón. Escucho y no confío, veo y confirmo cavilaciones a las cuales termino por preferir nunca haber llegado y, sobre todo, pienso y no entiendo.
No entiendo la necesidad, el fin mismo del accionar de terceros; herir al otro sólo porque uno puede, refugiarse en la piel de cordero para afilarse los colmillos, las vueltas, la falta de atención, las mentiras constantes fundadas sobre bases tan endebles como imposibles de creer, la subestimación a los demás, su reducción a simples objetos, a juguetes, a piezas en un tablero que fácilmente pueden cambiar de posición dependiendo de la propia disposición.
Y el abandono.
Cat también tiene sentimientos. A nadie le gustaría ser librado sólo e indefenso a luchar con el tempestuoso mundo exterior después de un tiempo estando en cautiverio. Nadie merece sentir el desgarrador puñal frío y afilado como la misma realidad cortando profundamente su corazón, nadie merece tener que cambiar de ruta constantemente debido a la decepción que le causaron, que ahuecó a tal punto su corazón que ya no se puede dar el lujo de sentir, nadie, ni el peor enemigo, merece ser traicionado cuando decide empezar a confiar.
No es muerte digna el ahogo en las propias lágrimas, ni el total deterioro espiritual por la dejadez que causa la desilusión. Algo anda mal cuando la esperanza decide tomar otro camino y alejarse del puerto en el que uno la esperaba para recibirla con brazos abiertos, cuando sintió la felicidad de verla llegar y la tuvo tan cerca que ya casi podía sentirla en su interior. Pero se fue. Como todo, se fue. Se fue y no le importó más nada, se perdió en la neblina de una fría noche otoñal con promesas de retorno que jamás serán cumplidas, y me vi de nuevo sola a la intemperie, ciega y cansada.
...todo como consecuencia de una mente inquieta. Si fuera un poco menos atenta, si no analizara tanto cada situación, si no viera con semejante claridad la puta realidad, si... Puta. Es puta. Puta e insoportable. Horrible. Asquerosa. Desagradable. Y de tan detestable que es, se envuelve en una falacia sólo para agradar al primer vistazo, pero si uno se acerca... y si me habré acercado. Si le habré puesto la lupa encima y analizado cada ínfimo detallito aparentemente insignificante, si habré visto más allá muchas más veces de las que hubiera querido (o debido), si habré entendido todo con un gesto. Pero y si no...
Ahora podría estar bien. Podría haberme ido a dormir y estar tranquila, echarle la culpa de todo a un domingo nefasto que se avecina y refugiarme bajo pretextos carentes de sentido, perder el tiempo un poco más y reírme de chistes tontos, de anécdotas que no me interesan, de miradas excesivas, de lo atípico y de lo normal, como siempre.
Si no pensara, si no entendiera, si fuera como las demás.

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