lunes, 27 de enero de 2014

Back to roots.

Contadas con los dedos de una mano son las ocasiones en las que, como el resto del mundo, inicio desde el principio. No me desvié a medio camino ni decidí retroceder casi llegada al final: eso ya es otro tema. Cansada de dar vueltas en círculos siempre sobre lo mismo, creyendo que cambiaba cuando todo lo que hacía era repetir una y otra vez lo mismo, en un ciclo incesante y agotador para el alma, la mente y el cuerpo. No había vuelta atrás porque lo recorrido igualaba a lo que venía, entonces ¿Qué hacer? Creí que acelerando iba a lograr salir del círculo, a lo mejor la fuerza centrífuga se distraía y me mandaba a otra galaxia si no hacía otra cosa que acelerar a ciegas; me equivoqué rotundamente con esta última teoría. Seguir tomando envión siempre desde el mismo punto de partida y en la misma dirección difusa y cambiante de siempre no me llevó a ningún lado aunque creyera que estaba a un millón de años luz de casa. No entendía hasta que me estampé contra la realidad y abrí los ojos.
Loco ¿No? Ilógico. Mejor ni hablar del masivo click que me produjo ver todo desde otra perspectiva, de lo que se siente que te abran la cabeza a patadas cuando creés que sos el ser más openminded del universo y que te las sabés todas por el simple hecho de ser consciente de que conocés poco y nada de lo que te rodea. Pasaste horas analizando la realidad en vano, para caer finalmente en la cuenta de que las cosas no son como vos pensabas, que ni siquiera vos sos lo que vos pensabas. Y ahora ¿Qué? Rema, rema, rema tu bote... a otra orilla... con paciencia (de la cual carezco).
Gradualmente fui bajando la velocidad, inconsciente y mecánicamente. Era mi consciencia manifestándose de forma indirecta llevándame a la no-reacción, a la inacción, para que reaccionara. Por más paradójica que suene esta teoría, creo que no hubiera encontrado otra forma de volver a mis raíces, porque no existe otra manera. Entré en estado de emergencia, explotaron todos los sistemas y se apagó el motor para que se pudiera encender una luz.
Unos cuantos errores fatales, varias palabras demás y de menos, y cero reflexión fueron necesarios para que se iniciara el cambio: un cambio que no pienso detener bajo ningún punto de vista y que, poco a poco, me va centrando en lo que se viene y no tanto en posibilidades basadas en un pasado fantasmagórico del cual surge poco y nada positivo además de un sinfín de lecciones aprendidas a los golpes.
"Levantate y seguí" me decía mi coach de patinaje cuando después de un salto volaba por los aires y me estampaba contra el suelo frío, duro y sucio, con mis compañeras pasándome por encima a toda velocidad. Tardé demasiado en darme cuenta de que esto no aplica a la vida real, y de que anduve demasiado tiempo revoloteando con una fractura expuesta, aislando el dolor, respirando hondo y llevándome por delante al universo. Y entre tantas inseguridades me empecé a esconder en lo que nunca fui ni quise ser, pero que en su momento parecía lo que debía ser. Me fallé a mí misma y tapé vacíos con nimiedades, con la errónea idea de que era efectivo llenar huecos con descontrol y un suministro inagotable de A.Y Not Dead, de que más era mejor y de que, a su vez, pensando menos curaba más. Hoy sé reconocer que estuve mal, y me llevó mucho más que 15 días con amigas haciéndole honor a ese mantra y el golpazo que significó el regreso a casa, que me dejó ni más ni menos que una semana encerrada en mi casa leyendo y volviendo a ver series que me sé de memoria sólo para reconfortar un poco el alma y hacer más suave el regreso a esos tiempos.
Esos tiempos en los que me importaba poco y nada el resto, en los que inicié este blog/proyecto/descargo, esos tiempos en los que leía más de lo que dormía y pensaba más de lo que decía, esos tiempos en los que estaba realmente en paz conmigo y el universo. No hablo de la paz disfrazada de los últimos tiempos, sino de verdadera paz, de la que llena el alma, calma bestias e hincha corazones de orgullo. Paz de la que me hacía falta.
Lara de 14 años hubiera odiado a mi versión a punto de cumplir 18, y no puedo hacer otra cosa que darle la razón. En 4 años pasé de no salir a no perderme una fiesta, de leer docenas de libros por año a reducir el número a sólo un dígito, de tener pocos amigos confiables a ser una bestia adicta a la actividad social que está literalmente en todos lados, de pensar en lo importante a enfocarme en pensamientos vagos y vanidades. Siempre fui una gran evasora, tan grande que logré evadirme a mí misma y refugiarme en una versión distorsionada de mí misma, irreconocible y, a su vez, más pura en su esencia que nunca. Ambas naturalezas pueden convivir en paz, ni que fuera Jekyll & Hyde, y aunque creí vivir en un equilibrio natural que se daba de tal forma terminé comprendiendo que jamás había estado tan equivocada en mi vida.
Perdí mis códigos, mis ideales, mi fuerza, mi seguridad, mi voluntad: me perdí a mí misma, pero estoy lista para volver y no volver a cometer el mismo error.





"Now go and tell Jesus that the bitch is back"

1 comentario:

  1. Siddharta, de Herman Hesse. Una lectura recomendable dada la similitud (openmind, vos entendés) de esa historia con la tuya. Si te interesa y querés el material físico chiflame y te lo alcanzo.
    Me alegra leerte bien, se nota que el cambio de perspectiva fue positivo y te sirvió para formular nuevas ideas. Espero que logres llevarlas a cabo.
    Nos estamos leyendo, muchacha.

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