viernes, 14 de diciembre de 2012

Duelo

La relidad no golpea tan fuerte cuando uno se viene preparando con cincuenta días de anticipación. Es casi como si una parte de mí me hubiera dado una alerta, una señal para aprovechar estos últimos (casi) dos meses con vos, supieras o no que yo estaba ahí, me escucharas o no, pudieras acordarte y entender todo lo que te contaba o no.
Lo bueno de esto es que nunca me voy a olvidar de todo lo que viví con vos, que fuiste sin dudas la persona más importante de mi vida, aquel que me bancó en todas mis metas por descabelladas que fueran, y que hizo todo lo posible por sacarme una sonrisa cada vez que yo estaba mal. Ese que me defendía en mis constantes peleas con mis viejos y mi tío, el que me llamaba cada día que pasábamos sin vernos y la única persona con la que ansiaba hablar estando a quince mil kilómetros de casa. Sé que jamás me voy a olvidar de las cosas que vivimos, y no hay una sola persona que te conozca que me pueda decir algo malo sobre vos. Estés donde estés hoy en día, sé que dejaste una huella importante en los corazones de muchos, y que pasaste por muchas vidas para bien (incluyendo la mía). Siempre te esforzaste por tu familia, llegando a tener cuatro trabajos al mismo tiempo, viajando por todos lados, durmiendo tres horas para poder mantenerlos a todos, y ya más cerca del presente, cuidándome todos los días mientras mis viejos trabajaban. Muchas de las cosas que tengo hoy en día son gracias a vos, muchos de los valores que se me inculcaron son consecuencia de tu influencia en mi persona, y muchas cosas me recuerdan a vos, cosas que encuentro tanto en mi entorno como bien adentro mío.
Lo malo de la situación es que te voy a extrañar horrores, son años compartidos, la mayor parte de mi vida hasta el momento si vamos al caso. No va a haber más almuerzos, ni peleas porque no le hacías caso a los médicos y cada vez que yo no estaba ahí para vigilarte le pedías a Andrea que te hiciera todo lo que yo no te dejaba comer. Va a ser raro despertarme en vacaciones sin ese miedo constante a haberme quedado dormida y causarte algún tipo de preocupación, salir del colegio y no ir directamente a tu casa, pasar los findes a visitarte y ver la tele con vos. Voy a extrañar muchísimo esos mediodías sacándole mano a Fantino por la radio, todo para que pudieras escuchar a Hanglin en paz sin cambiar el dial de Radio 10, esos complot contra el tío y papá cuando me dabas todo lo que ellos me negaban, la pila de chocolates que tenías escondida para mí, incluso la plata que ahorraste para que yo no me quedara sin nada el día que te fueras.
Compartimos demasiados momentos juntos como para dejarte ir sin sentir un dolor agudísimo en el alma, te cuidé tanto como vos a mí durante lo poco que viví ¿Sabés cuánta Cindor me hace falta para llegar a ser como vos? Casi 82 años de romperme el lomo por lo que quiero, incontables experiencias, buenas o malas, y mil y un anécdotas que nunca voy a llegar a escuchar. Siempre fuiste mi cable a Tierra, y al ser tu única nieta, era la que se llevaba toda la atención y el afecto que tenías para dar, la que escuchaba tus anécdotas atenta y aprendía de ellas, y te puedo asegurar que las puedo repetir con precisión y voy a poder hacerlo siempre.
Te hice pegar muchísimos sustos a lo largo de estos casi 17 años que compartimos, y sé que también te di muchas alegrías, porque nunca dejaste de hacerme saber que estabas orgulloso de mí. Dabas lo que fuera por sacarme una sonrisa, por alentarme en mis estudios, por hacer que abriera los ojos para ver la realidad y siguiera mis sueños sin importar las trabas que hubiera en el camino. Lo más lindo que me pasó en la vida fue poder haber compartido tantas cosas con vos, tantos ataques de comer algo dulce, tantas tardes lluviosas (como siempre nos gustaron a los dos), tantos cumpleaños, navidades y reuniones, tantas cosas que siempre quise decirte y no me alcanzó el tiempo. Porque siempre fui cobarde, porque no sé abrir mis sentimientos a los demás, porque creí que nos quedaba una eternidad juntos, y de un día para el otro todo eso se fue por la borda.
Por más que me haga la fuerte, porque sé que te gustaba que fuera así, no puedo contener las lágrimas pensando lo mucho que significaste para mí. Sé que estás mejor ahora, porque pasaste por mil infiernos en estos días. Al verte sufrir, sufría yo también, y me había olvidado de cómo sonreír, pero tampoco sabía cómo reaccionar. No quería llorar, y al principio no me sentía capaz de ir a visitarte porque sabía que verme mal te iba a hacer daño, porque nunca te gustó que sufriera, porque sé que si en este momento me estás viendo esta despedida te está doliendo tanto como a mí ¡Como para no, si nunca tuvimos tiempo de despedirnos!
Luchaste tanto para darme lo mejor que no sé a dónde voy a ir a parar sin tu influencia, porque mi modelo de vida siempre fuiste vos, y creo que nunca voy a llegar a admirar tanto a alguien como te admiro a vos. Nunca me voy a olvidar de vos, voy a vivir con la convicción de que seguís vivo, porque la realidad es que lo siento así, bien adentro de mi corazón.
Saber que terminaste con todo el sufrimiento por el que estabas pasando me hace bien, porque ahora sos libre, no tenés un cuerpo que te esclavice o te ate a una cama, que te impida seguir saliendo a tomar café todas las mañanas con tus amigos de toda la vida, que te complique las acciones más simples de la vida cotidiana ¡¡¡Sos libre!!! Te debés estar reencontrando con tus hermanos, con tus viejos, con la Titi, y con todas aquellas personas que alguna vez me nombraste con tanto cariño, y me hace muy bien saberlo.
No podía esperar mucho más, pedirle a Dios más tiempo era poner a prueba toda ley existente y prolongar tu sufrimiento, y te fuiste en paz como siempre quise que lo hicieras. Te dormiste, y listo, y para mí seguís dormido, todavía no te fuiste, porque te siento muy cerca mío ¿Cómo se explica sino que segundos antes de que nos hubieran avisado que te habías ido me desperté, asustada, en mitad de la noche, sintiendo que algo me faltaba y alterada a más no poder? No me siento sola, y el vacío que tengo en el alma por no poder tenerte día a día no es tan grande como podría serlo si no te hubiera visto en estos días.
Me enseñaste casi todo lo que sé hoy en día, y nunca me voy a olvidar tu voz, la forma en que me saludabas cuando escuchabas que abría la puerta del departamento, cómo me llamabas para ver si estaba bien cuando llegaba a mi casa (aunque fueran solamente dos cuadras de distancia) o la manera en que siempre me alentaste a hacer lo que me hiciera bien, lo contento que te ponías cada vez que me veías sonreír, el brillo orgulloso de tus ojos cuando te contaba las metas que había cumplido e incluso cómo te enojabas cuando no te quería escuchar, por cabeza dura y soñadora, porque no quería que me bajaras a la realidad tan de golpe, que siempre entre las nubes estuve bien.
Se me agotó la reserva de lágrimas y sé que ni siquiera llegué a decirte las cosas que hubiera querido contarte, y sigo sonriendo cuando me acuerdo de que, aunque estuvieras perdido en tus últimos días, seguías reconociéndome, y evitabas pelearte con tus hijos cada vez que yo estaba cerca. Solamente a mí me escuchabas, ni a las enfermeras, ni al resto de tus familiares ni amigos. A ellos no les creías, pero sé que cuando te obligaba a terminar las nebulizaciones o te obligaba a comer un poco más terminabas haciéndome caso porque sabías que siempre quise lo mejor para vos, y que verte mal me hacía daño.

Sos la persona más importante que pasó por mi vida, y sinceramente no sé quién sería hoy en día sin vos.

Te amo,
te espero,
te extraño infinitamente.

Humberto Félix Gschwind (3 de Enero, 1931- 13 de Diciembre, 2012)

No hay comentarios:

Publicar un comentario