domingo, 22 de julio de 2012

Sobre la soledad.

Creo que mi problema en realidad no es un problema, y por eso no tiene solución. Voy a ser sincera: me gusta demasiado estar sola como para no salir corriendo cuando me encuentro en una situación que requiera un mínimo nivel de compromiso.
En el mundo hay diferentes tipos de personas; no somos todos iguales, pero sin embargo tenemos similitudes (visibles, invisibles, marcadas, sutiles) con otras personas de nuestro mismo entorno, y de otros entornos también. Nunca me vi igual a otros, siempre hay algo negativo en mí que en los demás no es tan notorio, siempre me falta algo para llegar a donde los otros están, y creo que es por eso que toda la vida preferí separarme del resto y hacer la vida; no como un ser antisocial, sino como una persona excesivamente independiente y autosuficiente.
Sostengo con firmeza que puedo hacer todo lo que me proponga por mis propios medios, y en caso de necesitar ayuda, la solicitaré en su momento, pero solo si veo que no consigo lo que quiero a mi manera. Atarme a otros, depender de ellos o necesitarlos me resulta intolerable, no importa quiénes sean o por qué se ofrezcan a ayudarme, la realidad es que a veces me resulta ofensivo que quieran ayudarme: es como si quisieran hacer todo por mí porque no creen que yo sea capaz, cuando en realidad lo soy.
Mi inestabilidad, mis cambios constantes, mi permanente grito de libertad y mi asco hacia la dependencia me transformaron en una persona independentista y reacia a establecer vínculos permanentes con otras personas. No me considero antisocial en lo más mínimo, de hecho, creo que no sobreviviría sin ver seguido a mis seres queridos, sin saber de ellos, sin compartir días inolvidables con mis amigos o momentos productivos con mi familia. Pero eso es porque no dependo de ellos. Hago la mía, y de alguna forma rara y retorcida, ellos aprendieron a dejarme ser y a no interponerse en mi camino cuando quiero conseguir algo, por más ridículo que parezca. Sí, están ahí para brindarme apoyo y contención cuando los necesito, pero no están encima mío constantemente, asfixiándome de cariño o atacándome con demostraciones de lealtad y afecto, porque saben que eso me resulta repulsivo.
Soy fría y arisca. Las demostraciones de afecto constantes me sofocan. El amor en exceso me da asco. La ternura me repele. La dulzura me empalaga. Soy una especie de iceberg andante, y me encierro en mí misma porque el mundo exterior tiene demasiada gente inútil que no lo sabe entender.
Soy completamente capaz de dar vuelta la página y arrancar un capítulo nuevo cuando quiera, porque no me ato al pasado e incluso vivo más en el futuro que otra cosa. Soy de hacerme la cabeza y me cuesta rendirme, pero cuando veo que no hay caso, tirar todo por la borda me parece lo más sensato y sencillo que puedo hacer.
Teniendo todo esto en cuenta, no me extraña encontrarme de nuevo en esta situación, repeliendo el amor de otros hacia mí constantemente, siendo cortante y mala onda, porque así soy, y me molesta que pretendan cambiarme. Me molesta que estén encima mío todo el día, que intenten ser comprensivos y agradables ¡Sáquense las máscaras! Si al final son todos igual de hipócritas, y los pocos sinceros que quedan posiblemente ni siquiera estén en mi mira en este momento. Si soy cortante no es porque me haga la difícil, es porque realmente no estoy interesada. Si soy mala onda no es porque tengo un mal día, es porque quiero que me dejes en paz.  Si no te doy la razón es porque no la tenés. Si tengo un brote de histeria no es porque busco atención, es porque la atención que me prestan me agobia y me hace querer tirar todo por la borda y desaparecer.
Me muestro tal cual soy, no soy de dar señales confusas y las vueltas me cansan. Conmigo las cosas son neutras, son claras, no existen los grises en mi mundo: o blanco o negro, y listo. Los puntos medios carecen de sentido, son inútiles, y llevan a más confrontaciones de las necesarias.
Por eso, si te estoy siendo clara con lo que quiero o no ¿Por qué insistís? ¿Es tan difícil de ver? ¿Tantas vueltas te dieron últimamente para que creas que soy como las demás?
No creo tus chamuyos, porque no te quiero, porque todo se dio de casualidad, sin querer, y si bien no me arrepiento, tampoco pretendo incorporarte a mi vida. No creí que fueras a insistir tanto, porque de haberlo sabido, hubiera huido despavorida en la dirección contraria.
El hecho de que hoy en día no haya nadie en mi vida se justifica con mi forma de pensar. Soy una persona solitaria, y estoy enamorada de esta soledad, de este tiempo para mí, de este descanso de la sociedad, de esos momentos en los que solamente puedo pensar si estoy sola, de las pequeñas actividades que me reconcilian conmigo misma.
Si lo piensan a mi manera, es bastante lógico: la única persona con la que estoy obligada a convivir el resto de mi vida es conmigo misma. 

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