lunes, 30 de abril de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

Yeta yetísima.

Estoy en uno de esos momentos en los que prefiero mil veces lidiar con los problemas de cualquiera a excepción de los mios. El problema, el principal de todos, el que me sigue atormentando constantemente, pase lo que pase, es que no entiendo cómo carajo puedo tener ese atípico don de no pegar una.
Es la verdad, tengo menos suerte que Eugene, de Hey Arnold!
Que alguien por favor me explique por qué el que yo quiero nunca es el indicado, y cuando empiezo a creer que sí lo es llega alguno aparecido de la nada, al que no quiero, al que le reiteré miles de veces que no lo quiero y que no va a pasar, con quien fui cortante, forra y soberbia, y a pesar de todo se queda a mi lado.
Media pila man, lo vi una sola vez, le dije que no la primera, la segunda y la tercera. No cedí a la presión de mis amigas porque no lo quiero, porque espero a otra persona, y posiblemente si no estuviera esperando a nadie también me hubiera negado. Los one night stands no son lo mío. Sí, es simpático, sí, tenemos mucho en común, pero no, no va a pasar. No soy su media naranja, ni medio apio, ni medio kiwi. Soy una flaca que conoció por casualidad y con la que podría haberte llevado bien si la hubiera dejado tranquila un tiempo más. Pero las cosas no hubieran pasado de eso, nunca.
Después está el eterno enamorado del amor que, a pesar de mis forradas me sigue queriendo con el paso de los años. Y al que jamás le di ningún indicio de nada ni se lo voy a dar, porque no va, no da y no quiero. Nunca lo vi como más de lo que fuimos, y ahora ni siquiera queda eso.
No es que me haga la difícil. No soy fácil y lo tengo que admitir, conmigo hay que pelearla y pelearla, porque soy complicada, indecisa y un poco vueltera. Pero si te quiero te quiero, y sino no, y esas cosas no van a cambiar. Me tienen que dejar ser, respirar y vivir a mi manera, porque de lo contrario termino asfixiándome, sofocándome, y queriendo pegarle un bello ladrillazo en la nuca a cada uno.
No hay chances, no hay chances para ninguno, porque ninguno es el que yo quiero. No es que haya nada mal en ellos... bueno, en realidad sí, hay muchas cosas que están mal en ellos, en él y en mí también pero no va al caso. Pero yo no los quiero, a lo mejor en otro momento, en otras circunstancias, a años luz del día de la fecha algo podría llegar a suceder, hablando de una hipotética situación que posiblemente jamás ocurra. No hoy, no mañana y no la semana que viene. Tengo otras cosas en mente, otras personas a quienes quiero llegar a conocer, y otros labios que prefiero besar.
Yo no lo quiero a éste, ni al otro gil, te quiero a vos, y vos me querés, eso es lo peor. Me querés pero no hacés nada ¿Por qué? Porque no tenés los huevos necesarios para venir a encararme, porque tenés miedo a mantener algo relativamente estable y sabés que conmigo el boludeo no va. Y ahora encima te vas, y no sé cuándo volvés, y aunque sean unos días igual va a ser raro no verte relativamente seguido.
 No digo que vaya a extrañar que chateemos porque casi ni chateamos últimamente. No digo que vaya a extrañar tu voz, porque hablás poco. Pero voy a extrañar tu presencia, el simple hecho de saber que estás ahí, absorto en tu propio mundo, casi inmóvil. 
Y no es amor, ni siquiera es una obsesión, es solamente saber que querés a alguien y que no estás dispuesta a compartirlo con nadie. Es pensar en él seguido, que cada detalle tonto te recuerde su sonrisa deforme y sus ojitos sinceros. Es encontrar algo suyo en todo lo que te rodea, es esperar, esperar y esperar hasta que las cosas se den. Es decir que no, que sí, que no. Es putearlo, quererlo, odiarlo. Es verlo y querer que te abrace, pensar en él e imaginártelo al lado tuyo, real y casi tangible, es soñar, soñar y soñar día y noche, dormida o despierta, con que algo pueda suceder en algún momento.
Te quiero man, ya va siendo hora de que te des cuenta.

jueves, 19 de abril de 2012

Se me parte la cabeza, duermo todo el día y me importan poco y nada mis obligaciones. Estoy vaga, muy vaga, y la verdad es que no me importa. Parece increíble, pero cada vez me importa menos todo, perdí demasiados años preocupándome por cosas sin sentido, por personas que no valían la pena, y no quiero que eso siga pasando.
Voy a vivir a mi manera. Por el momento no me va mal, no tengo de qué preocuparme, tengo a la gente que quiero de mi lado y sé quiénes están por puro compromiso. Muchas actitudes me vienen molestando, a todas y cada una de ellas les resto importancia, las ignoro ¿Sabés por qué? Porque tu felicidad no tiene que depender de lo que piensen, digan o hagan los demás. No es que te tengas que aislar de la sociedad y desaparecer, o pensar que son todos una mierda y no valen la pena. Va más allá de eso, pasa por el simple hecho de preocuparte por vos mismo un poco más de lo que te preocupás por el que dirán, de dejar algunas cosas de lado y empezar a valorizar otras que si valen la pena, de cambiar las perspectivas, de superar las caídas, de hacerle frente a los problemas.
A veces es cuestión de cerrar los ojos un rato, tirarte en silencio y pensar tranquila. No vale la pena salir a buscar paz entre todo el quilombo de la ciudad. Necesitás estar solo, para poder evaluar la realidad sin importar el resto, enfocandote en lo que creés que está bien y lo que no, en lo que vale la pena seguir y lo que está demás.
No podés esperar toda tu vida respuestas a interrogantes que nunca se pronunciaron pero quedaron implícitos por su misma obviedad, no podés pretender que los demás sepan qué querés si ni siquiera vos lo sabés, no podés dejarte guiar por quienes te rodean ¿Acaso querés convertirte en un títere?

jueves, 5 de abril de 2012

Paz.

Llega el otoño, y por la ventana abierta a mi izquierda entra un vientito fresco que me congela el brazo. No hace frío, de hecho se nota que el verano todavía no se alejó del todo y se está bien con un short y una remera. Sin embargo, aunque no lo parezca, ya estamos en la primera semana de Abril, es Jueves Santo, y los últimos tres meses se me pasaron volando.
Rememorando un poco, creo que tuvieron demasiados altibajos para mi gusto. Me gusta la emoción, me gusta el cambio, pero no me gusta que mis sentimientos estén en una especie de montaña rusa cuyo recorrido jamás termina, me parece tedioso, ridículo e insoportable. Tomé muchas decisiones este verano, di muchos pasos en falso, me caí varias veces y me tropecé unas cuantas más simplemente para llegar a donde estoy ahora: un estado de paz infinito.
No escribo en este blog tan seguido por un motivo: es mi modo de descarga, y no tengo nada que descargar. Estoy sumida en un estado de paz increíble, sumamente inusual en mí, que vivo corriendo de acá para allá, estresada, cansada, durmiendo poco, viviendo rápido y dejando todo para último momento. Es que hace poco tiempo todo cambió, porque me di cuenta de que la vida es mucho más de lo que yo creía, y que las oportunidades que no aproveche ahora posiblemente nunca vuelvan a presentarse.
Es rarísimo que una persona de la cual creí que no se podría aprender nada me haya enseñado eso una madrugada de Enero, mientras estaba en Pinamar. Es casi ridículo. Ni siquiera me saludó, me dejó el mensaje en Facebook y continuó la conversación como si nada, hablando de cualquier cosa menos de ese mensaje que había salido de la nada. Me dijo que se estaba arrepintiendo de muchas cosas que había hecho, y que ahora valoraba cosas que antes no tenía en cuenta. Le contesté que era un idiota, que siempre lo había sido y que yo siempre se lo decía porque en serio lo creía, y me dio la razón. El flaco estaba completamente perdido, de hecho, sigue estándolo, pero a veces piensa, a veces se pone las pilas y cae en la cuenta de que está haciendo algo mal, de que se está equivocando. Y ahí es cuando me hace entrar en razón, porque si él puede volver a la realidad solamente para hacerme pensar que puede ser que yo también esté equivocada, debe ser por algo.
A partir del click que me produjo lo que este loquito me dijo, decidí dejar de preocuparme por pavadas y empezar a vivir a mi manera, a hacer lo que yo quisiera, a poner en práctica todos los principios acumulados en mi cabeza y a salir del agujero interior. Estuve viviendo en piloto automático y prestandole atención a demasiadas cosas sin sentido, que al fin y al cabo no valen la pena, y eso definitivamente no es lo que quiero para mí. Me di cuenta de que a lo mejor me salía todo mal porque yo no dejaba que las cosas pasaran, pero tampoco las hacía pasar, más bien me sentaba a llenarme la cabeza de boludeces y perder tiempo como ninguna, sin proponerme nada concreto ni hacer nada por realizarlo. Eso llegó a su fin.
Ahora estoy super relajada, tomándome todo con calma, moviendo los hilos de mi propia vida y preocupándome solamente por lo que creo que vale la pena. No tengo todo lo que quiero, estoy muy lejos de eso, pero la gran cantidad de problemas relacionados con todos los ámbitos que se les ocurran que tuve últimamente me hizo pensar a dónde estoy, a dónde quiero ir y qué necesito para llegar. Me di cuenta de que no necesito mucho, y que a veces hay que tomarse un tiempo para descansar y vivir sin preocupaciones, dedicarle un tiempito a la familia y a los amigos, a hacer las pequeñas cosas que a uno le gustan y dejar de lado todo lo que te hace mal.
Muchas veces me lo propuse, pero nunca fui capaz de concretarlo, hasta ahora.
Llegué a un estado de paz interna del que va a ser difícil sacarme, porque nada me afecta y poco me importa.