domingo, 18 de marzo de 2012

Dominguicidio. (18/3)

Estar todo el día sola sentada frente al monitor esperando a que alguien te hable y, a su vez, hablar sobre esa persona y evaluar posibilidades con tus amigos es una clara señal de que estás al horno ¿Cómo explicártelo de otra manera? Amor. El amor es algo que no puedo explicar, porque nunca estuve enamorada, no sé lo que es amar a alguien más de lo que amo a mi abuelo, o a mis amigos y al resto de mi familia, no sé lo que es ver en una persona todo lo que anhelás y sentirte bien simplemente por estar a su lado. Pero sí sé lo que es engancharse de la nada y ver cómo todo se desvanece.
Ahora estoy en la primer fase, en esa en la que revisás su muro constantemente para ver si hay algo que deberías saber, ver si se conecta, si no se conecta, con quiénes se junta, esperar a que te hable (por el simple hecho de sentirte MUY pesada si le hablás vos) y pasar horas enteras analizando todo lo que dice o hace cuando está con vos, para ver qué quiere y si conviene o no seguir adelante. Pedís consejos a todo el mundo, a veces mencionás nombres, a veces no, a algunos los escuchás, a otros no. Y es que todo, absolutamente todo viene siendo bastante confuso desde diciembre ¿Por qué todo empieza en diciembre? El verano está por llegar a su fin, ya arrancamos las clases y todavía son muchas las preguntas que te haría si supiera que me las contestarías con la verdad. Son muchas las dudas que tengo y muchas las suposiciones, erróneas o acertadas, que hago segundo tras segundo, entretejiendo una red de razones para quererte y no hacerlo. Tengo que admitir que la lista es cada vez más amplia.
No sé qué querés, pero sé qué quiero yo. Y ahora te quiero a vos. Así de caprichosa como soy, me encapriché con vos, pero tampoco voy a presionarte para que vengas a mí. No, amor, no pienso dar el primer paso, no pienso avanzar hasta que vos lo hagas, no quiero desilusionarme de nuevo, no quiero quedar como una idiota. No quiero que sepas qué me pasa a mí hasta que no sepas qué carajo te pasa a vos.
Y de todo esto me di cuenta hoy, domingo, de estar encerrada sin nada que hacer, sin nadie en quien pensar, salvo en vos y en esa sonrisa de boludito lindo que tenés, que siempre tuviste, pero que nunca ví.