miércoles, 15 de febrero de 2012

Set fire to the rain.

Esa sensación molesta en la boca del estómago, esas ganas de sacar todos tus sentimientos afuera, de decir todo de una buena vez, de sacarte ese peso de la espalda y que todo siga siendo igual que en este momento, salga bien o mal... es algo que odio. Mucho.
A veces, aunque quieras, no podés, no querés, no sabés, no entendés, no caés, no ves. Y es horrible estar estancada siempre en la misma melodía, en la misma balada triste, melancólica y depresiva.
Justo cuando creés que no necesitás nada, que estás completa, que te conformás con todo lo que tenés, hay algo que cambia todo eso. Y no sabés cómo calmar tu ansiedad, cómo hacer que los nervios desaparezcan, que el nudo en la garganta se disuelva y puedas estar tan zen como quisieras. Definitivamente es uno de los sentimientos más molestos, porque no sabés qué carajo querés, dónde mierda estás... y no te importa. Porque estás flotando en tu propia nube, rodeándote de todo eso que te hace bien, pero que al mismo tiempo te hace mal.
Te desquitás con lo que sea, y esto empeora si sos una persona obsesiva, necesitás algo con lo cual entretenerte, distraerte, querés salir de la burbuja pero...
¿Podés? Sí.
¿Querés? No.
Y es que es todo tan lindo... todo eso que está en tu imaginación, digo, porque en la vida real no das pie con bola, y quisieras que todas tus plegarias fueran escuchadas, que todos tus sueños se cumplieran como por arte de magia, que todo eso que te hace mal se transdorme en algo positivo... que se transforme en alguien. En alguien que valga la pena.
Cansada de merodear por el mismo callejón sin salida, decidís ir para adelante con toda, y ver si podés atravesar una de las paredes y aparecer en otra realidad. Por un momento, la adrenalina corre por tus venas y te sentís invencible ''que sea lo que tenga que ser'', decís, y corrés con todas tus fuerzas hacia una de las paredes. Casi podés sentir los ladrillos cediendo ante tu fuerza, hacerse polvo y desaparecer. Abrís los ojos, segura de que ya saliste, que está todo bien, que va viento en popa, pero... algo no funciona. Te encontrás en el mismo callejón. Parece ser que en esta extraña realidad las cosas funcionan como en el pac-man: salís por un lado y aparecés en el opuesto, siempre sin salida.
Al final del día, seguís ahí, entre cuatro paredes, sin nada que hacer y mucho en qué pensar. Hay esperanza, pero ¿Es realmente esperanza? Empezás a evaluar la situación, y te encontrás con que todo lo que creés es ambiguo, así que te ponés a prueba.
Sí.
No.
Sí.
No.
Demasiadas coincidencias y muy pocas posibilidades ¿Qué creés? ¿Lo que querés creer o la realidad? Y no sabés responderte a vos misma. Perdida. Perdida. Perdida. Querés creer que tenés razón, que siempre la tuviste, y que todos los que te dicen que te des por vencida, que ya fue, que des media vuelta y te dirijas a otro lado están equivocados. ¿Qué saben ellos? ,dice una vocesita en tu cabeza, es tu vida, tus sentimientos, tus pensamientos, tus ideas, tus suposiciones ¿Qué saben ellos? Si no quieren escuchar, no quieren ver, ya no te creen, no te quieren creer.
Claro, hermana, con tantos fracasos, sería muy difícil que te creyeran ¿No te parece? Con tantas falsas esperanzas, tantos errores que podrían haberse evitado, tanto sufrimiento en vano. No quieren creer lo que ven, porque no lo están viviendo como vos, porque no entienden lo que estar en esa situación... es por eso que tiran tus esperanzas por la borda sin tu consentimiento, que entierran cada mínimo resto de ilusión a diez metros bajo tierra, que te dicen que es más fácil abandonar antes que volver a salir herida.
Vos estás tan mal, pero te reís todo el día. Estás tan preocupada, pero en vez de lamentarte escuchás los lamentos de los demás y tratás de ayudar. Estás tan abajo, pero mirás siempre para arriba.
Y, sí, las máscaras son fáciles de poner y sacar, pero la tragicomedia en la que se está convirtiendo tu vida sentimental empieza a convertirse en una montaña rusa cuyas vueltas no creés poder aguantar mucho tiempo más. Sentís una cosa y mostrás otra, y andás mintiendo solamente para que te dejen en paz y te dejen ser optimista... porque nunca sos optimista, y la única vez que intentás serlo, todo se viene abajo. De repente estás en el fondo del océano atada a un ancla, pero pretendés saber desatarte... para que te dejen sola cinco minutos, para poder pensar todo, para ver cómo estás ¡Es que vivís preguntándole a los demás cómo están, porque te importa, y cuando te preguntan a vos simplemente tenés que resumirte a un 'bien', porque ellos no quieren escuchar la verdad!
Preguntame en serio cómo carajo estoy y a lo mejor te responda con la verdad, queridísima falsedad personificada, porque lo que yo te muestro es lo que vos querés ver, porque no te importa, nunca te importó. Pero claro, mientras esté para arreglar toda la mierda que es tu vida, aconsejarte y ayudarte, a vos te chupa un huevo. Mis consejos son desestimados y los tuyos ni siquiera existen
¿Dónde estamos? ¿Qué es esto? ¿Dónde vamos?
Al mismo pozo del que salimos, vos y la que te parió. Y no, no te digo cómo carajo estoy porque ni siquiera yo sé cómo estoy, porque si supira haría un anuncio televisivo, viste, para que lo viera todo el mundo '¿Sabés cómo carajo estoy? ASÍ', diría. Pero ¿Qué carajo querés que diga? ¿Cómo se supone que tengo que saber cómo estoy si vos no sabés como carajo estás vos? Si vas, venís, caés, subís, hablás, callás ¿Por qué? ¿Tanto te cuesta ser claro con lo que pasa? ¿Demasiado gato encerrado como para decir la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Cuál es tu puta verdad? ¿Son indirectas? ¿Son burlas? ¿Son celos? Decidite, y, cuando sepas qué carajo te pasa a vos, vení a preguntarme a mí qué me pasa.
Porque, bonito mío, idiota no soy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario