viernes, 14 de diciembre de 2012

Duelo

La relidad no golpea tan fuerte cuando uno se viene preparando con cincuenta días de anticipación. Es casi como si una parte de mí me hubiera dado una alerta, una señal para aprovechar estos últimos (casi) dos meses con vos, supieras o no que yo estaba ahí, me escucharas o no, pudieras acordarte y entender todo lo que te contaba o no.
Lo bueno de esto es que nunca me voy a olvidar de todo lo que viví con vos, que fuiste sin dudas la persona más importante de mi vida, aquel que me bancó en todas mis metas por descabelladas que fueran, y que hizo todo lo posible por sacarme una sonrisa cada vez que yo estaba mal. Ese que me defendía en mis constantes peleas con mis viejos y mi tío, el que me llamaba cada día que pasábamos sin vernos y la única persona con la que ansiaba hablar estando a quince mil kilómetros de casa. Sé que jamás me voy a olvidar de las cosas que vivimos, y no hay una sola persona que te conozca que me pueda decir algo malo sobre vos. Estés donde estés hoy en día, sé que dejaste una huella importante en los corazones de muchos, y que pasaste por muchas vidas para bien (incluyendo la mía). Siempre te esforzaste por tu familia, llegando a tener cuatro trabajos al mismo tiempo, viajando por todos lados, durmiendo tres horas para poder mantenerlos a todos, y ya más cerca del presente, cuidándome todos los días mientras mis viejos trabajaban. Muchas de las cosas que tengo hoy en día son gracias a vos, muchos de los valores que se me inculcaron son consecuencia de tu influencia en mi persona, y muchas cosas me recuerdan a vos, cosas que encuentro tanto en mi entorno como bien adentro mío.
Lo malo de la situación es que te voy a extrañar horrores, son años compartidos, la mayor parte de mi vida hasta el momento si vamos al caso. No va a haber más almuerzos, ni peleas porque no le hacías caso a los médicos y cada vez que yo no estaba ahí para vigilarte le pedías a Andrea que te hiciera todo lo que yo no te dejaba comer. Va a ser raro despertarme en vacaciones sin ese miedo constante a haberme quedado dormida y causarte algún tipo de preocupación, salir del colegio y no ir directamente a tu casa, pasar los findes a visitarte y ver la tele con vos. Voy a extrañar muchísimo esos mediodías sacándole mano a Fantino por la radio, todo para que pudieras escuchar a Hanglin en paz sin cambiar el dial de Radio 10, esos complot contra el tío y papá cuando me dabas todo lo que ellos me negaban, la pila de chocolates que tenías escondida para mí, incluso la plata que ahorraste para que yo no me quedara sin nada el día que te fueras.
Compartimos demasiados momentos juntos como para dejarte ir sin sentir un dolor agudísimo en el alma, te cuidé tanto como vos a mí durante lo poco que viví ¿Sabés cuánta Cindor me hace falta para llegar a ser como vos? Casi 82 años de romperme el lomo por lo que quiero, incontables experiencias, buenas o malas, y mil y un anécdotas que nunca voy a llegar a escuchar. Siempre fuiste mi cable a Tierra, y al ser tu única nieta, era la que se llevaba toda la atención y el afecto que tenías para dar, la que escuchaba tus anécdotas atenta y aprendía de ellas, y te puedo asegurar que las puedo repetir con precisión y voy a poder hacerlo siempre.
Te hice pegar muchísimos sustos a lo largo de estos casi 17 años que compartimos, y sé que también te di muchas alegrías, porque nunca dejaste de hacerme saber que estabas orgulloso de mí. Dabas lo que fuera por sacarme una sonrisa, por alentarme en mis estudios, por hacer que abriera los ojos para ver la realidad y siguiera mis sueños sin importar las trabas que hubiera en el camino. Lo más lindo que me pasó en la vida fue poder haber compartido tantas cosas con vos, tantos ataques de comer algo dulce, tantas tardes lluviosas (como siempre nos gustaron a los dos), tantos cumpleaños, navidades y reuniones, tantas cosas que siempre quise decirte y no me alcanzó el tiempo. Porque siempre fui cobarde, porque no sé abrir mis sentimientos a los demás, porque creí que nos quedaba una eternidad juntos, y de un día para el otro todo eso se fue por la borda.
Por más que me haga la fuerte, porque sé que te gustaba que fuera así, no puedo contener las lágrimas pensando lo mucho que significaste para mí. Sé que estás mejor ahora, porque pasaste por mil infiernos en estos días. Al verte sufrir, sufría yo también, y me había olvidado de cómo sonreír, pero tampoco sabía cómo reaccionar. No quería llorar, y al principio no me sentía capaz de ir a visitarte porque sabía que verme mal te iba a hacer daño, porque nunca te gustó que sufriera, porque sé que si en este momento me estás viendo esta despedida te está doliendo tanto como a mí ¡Como para no, si nunca tuvimos tiempo de despedirnos!
Luchaste tanto para darme lo mejor que no sé a dónde voy a ir a parar sin tu influencia, porque mi modelo de vida siempre fuiste vos, y creo que nunca voy a llegar a admirar tanto a alguien como te admiro a vos. Nunca me voy a olvidar de vos, voy a vivir con la convicción de que seguís vivo, porque la realidad es que lo siento así, bien adentro de mi corazón.
Saber que terminaste con todo el sufrimiento por el que estabas pasando me hace bien, porque ahora sos libre, no tenés un cuerpo que te esclavice o te ate a una cama, que te impida seguir saliendo a tomar café todas las mañanas con tus amigos de toda la vida, que te complique las acciones más simples de la vida cotidiana ¡¡¡Sos libre!!! Te debés estar reencontrando con tus hermanos, con tus viejos, con la Titi, y con todas aquellas personas que alguna vez me nombraste con tanto cariño, y me hace muy bien saberlo.
No podía esperar mucho más, pedirle a Dios más tiempo era poner a prueba toda ley existente y prolongar tu sufrimiento, y te fuiste en paz como siempre quise que lo hicieras. Te dormiste, y listo, y para mí seguís dormido, todavía no te fuiste, porque te siento muy cerca mío ¿Cómo se explica sino que segundos antes de que nos hubieran avisado que te habías ido me desperté, asustada, en mitad de la noche, sintiendo que algo me faltaba y alterada a más no poder? No me siento sola, y el vacío que tengo en el alma por no poder tenerte día a día no es tan grande como podría serlo si no te hubiera visto en estos días.
Me enseñaste casi todo lo que sé hoy en día, y nunca me voy a olvidar tu voz, la forma en que me saludabas cuando escuchabas que abría la puerta del departamento, cómo me llamabas para ver si estaba bien cuando llegaba a mi casa (aunque fueran solamente dos cuadras de distancia) o la manera en que siempre me alentaste a hacer lo que me hiciera bien, lo contento que te ponías cada vez que me veías sonreír, el brillo orgulloso de tus ojos cuando te contaba las metas que había cumplido e incluso cómo te enojabas cuando no te quería escuchar, por cabeza dura y soñadora, porque no quería que me bajaras a la realidad tan de golpe, que siempre entre las nubes estuve bien.
Se me agotó la reserva de lágrimas y sé que ni siquiera llegué a decirte las cosas que hubiera querido contarte, y sigo sonriendo cuando me acuerdo de que, aunque estuvieras perdido en tus últimos días, seguías reconociéndome, y evitabas pelearte con tus hijos cada vez que yo estaba cerca. Solamente a mí me escuchabas, ni a las enfermeras, ni al resto de tus familiares ni amigos. A ellos no les creías, pero sé que cuando te obligaba a terminar las nebulizaciones o te obligaba a comer un poco más terminabas haciéndome caso porque sabías que siempre quise lo mejor para vos, y que verte mal me hacía daño.

Sos la persona más importante que pasó por mi vida, y sinceramente no sé quién sería hoy en día sin vos.

Te amo,
te espero,
te extraño infinitamente.

Humberto Félix Gschwind (3 de Enero, 1931- 13 de Diciembre, 2012)

lunes, 10 de diciembre de 2012

Gris

Cuanto más intentamos sacarnos a alguien de la cabeza, más lo recordamos con las pequeñas cosas del día a día. Es una realidad inevitable, tristísima y fácil de odiar, pero no quedan más opciones que aceptar las cosas tal como son y esperar a que se nos pase (si es que alguna vez se nos pasa). Reprimir lo que sentís no sirve de nada, y hablo desde la experiencia cuando lo afirmo con convicción a cada persona que me pregunta algo sobre el tema. Uno tapa los escombros de ilusiones derrumbadas como el Muro de Berlín durante días, meses, años de arduo trabajo en su propia psiquis y lo único que logra es que un ínfimo detallito derrumbe todo lo que con trabajo se había construído. Es una especie de hueco que, poco a poco, se agranda y deja un vacío enorme. No sé si ese vacío está en el corazón, en la cabeza, en el hígado o en la rodilla, pero está ahí y no conozco ninguna forma efectiva de hacerlo desaparecer. Si taparlo con negaciones no funciona y al intentar olvidar lo único que hago es seguir recordando ¿Qué más me queda por hacer?
Tanto tiempo de esconder sentimientos, de refugiarme en cualquier tipo de arte con el único objetivo de distraerme, de dar vuelta la cara y autoconvencerme con realidades que no existen, con mentiras vagas y mundos maravillosos creados solo por y para mi, para nada. Le encuentro un único aspecto positivo, y es que durante el tiempo en el que oprimí mis propios sentimientos, que apreté el botón de OFF y lo mantuve bien sujeto para que nada ni nadie lo moviera, mientras disfruté de esa linda sensación de meter el corazón bajo cuatro llaves y en el freezer, logré olvidar. O creí que olvidaba. Creí que estaba todo bárbaro y que no iba a volver al pasado, que lo que se entierra no se puede desenterrar. Y sin embargo ahí me encontraba el jueves, pala en mano en medio del cementerio de ilusiones, cavando, cavando, cavando. Saqué todo afuera, descongelé el corazón, apreté ON y me refugié en la oscuridad como hacía mucho tiempo que no me pasaba. El problema de esa oscuridad, de mi oscuridad, es que es imposible no quedar a solas con mis recuerdos. Es ahí cuando me empieza a costar levantarme, cuando se desbordan todas las represas y pensamientos pasados me inundan, cuando me encuentro tan al fondo que siento que no voy a poder salir, que no tengo ni fuerzas para flotar ni una embarcación que me lleve lejos de ese mar de lágrimas. Ahí es cuando pasás vos, con tu super yate, monumento a la ignorancia total hacia mi persona, con el gorro de Capitán y el traje de punta en blanco, mientras yo me ahogo en mis propias desilusiones, con el maquillaje corrido y el pelo empapado pegándose a mi cara, indefensa, hipotérmica, sensible. Me ahogo a metros de donde estás vos y no te importa, y el orgullo no me va a permitir bajo ningún punto de vista dirigirte la palabra una vez más, buscarte o esperar algo de vos. La peor parte es que a pesar de esa falta de esperanzas, de ese río de desilusiones cuyo caudal crece día a día, de todo lo mal que me hace recordarte, vuelvo a vos con demasiada frecuencia. Podría jurar que desde ese día no te puedo sacar de mi cabeza, que cada persona en la calle tiene tu rostro, que no hay un segundo de mi tiempo libre en el que no te piense. Y si eso de la telepatía funcionara, a lo mejor de vez en cuando te acordarías de mí.
Soy consciente de mis carencias, de mis defectos, de mis problemas, pero sigo sin entender qué es lo que me falta para tenerte a vos, porque si bien no sos lo único que me haría feliz, podrías llegar a ser un empujoncito a mi felicidad. Esa felicidad que hace tanto está ausente, que agarró sus cosas y desapareció el pasado 21 de Octubre, y no quiere volver. Muy pocas veces mi sonrisa es sincera, muy pocos son los momentos en los que no estoy maquinando constantemente, cuestionando todo lo que me rodea, todo lo que hice o tal vez haga.
Me dejé estar y me volví gris. Lo más lamentable es que sos justamente la gota de color que le falta a mis días, pero no te importa, y mientras sigo ahogándome en mis propios pensamientos, te dedicás a hacer olas desde tu posición, guitarra y Branca en mano. No te puedo culpar de mi estado actual, pero no me quiero resignar a esta realidad así de fácil.
No sé cómo ni de dónde, pero voy a aprender a flotar.

sábado, 10 de noviembre de 2012

No se puede vivir sin que absolutamente nada de lo que pasa a tu alrededor te afecte. Es simple, n o s e p u e d e vivir en un termo, completamente aislado de la sociedad y decir que sos quien sos más allá de la sociedad, al menos no en su totalidad.
¿Cuántos son los casos de niños que son criados por lobos o monos y que a lo largo del tiempo terminan desarrollando su forma de comunicarse, de caminar, aullan, se trepan a árboles y ni siquiera aprenden a caminar sobre los pies? Uno es quien es, gracias a estar inmerso en una sociedad, al menos durante los primeros años de vida. Todo lo que nos rodea nos afecta directa o indirectamente, y no seríamos los mismos de haber crecido en otro entorno, otra cultura, otra situación económica u otra región. Las costumbres nos afectan, la sociedad en sí nos afecta, las posibilidades que tenemos también, y ni hablar de el efecto que produce en nosotros nuestra rutina, las elecciones que tomamos, las personas con quienes nos relacionamos. Todo lo que compone nuestro entorno nos modifica directa o indirectamente.
Podemos no interesarnos por lo que pasa, no informarnos, no escuchar opiniones ajenas y no prestar atención a lo que le suceda a quienes nos rodean, pero vamos a seguir siendo afectados por el medio por el simple hecho de que todo lo que pasa a nuestro alrededor produce una reacción en nuestra persona: positiva o negativa, pública o privada, la reacción está.

lunes, 22 de octubre de 2012

Evitar, resistir.

Creo que con todo lo que lloré hoy, voy camino a la deshidratación progresiva a un ritmo demasiado acelerado. No puede ser que una celebración que debería haber sido otro día plagado de buena onda y risas en familia se haya terminado convirtiendo en un desastre. No puede ser que todo a mi alrededor se caiga tan de golpe: soy las torres gemelas y el destino es mi Bin Laden personal.
Estábamos comiendo, y de repente, en el medio de la conversación, mi abuelo (vale aclarar que es la persona a la que más amo en todo el mundo, sin el cual no puedo vivir, por el simple hecho de que básicamente me crió porque mis viejos trabajaron toda la vida, y que hasta el día de hoy pasa mucho tiempo conmigo y se preocupa de que siempre esté bien, más que cualquiera de las personas a mi alrededor), se empezó a agachar como si se le hubiera caido algo. Pero no se levantaba, y tardaba en contestarnos cuando le hablábamos. Lo sostuvimos contra la silla cuando volvió a hacer lo mismo y nos dimos cuenta de que no era simplemente hipotensión. Llamamos a Urgencias y se lo llevaron.
En el primer parte, nos dijeron que tenía un ACV isquémico, a causa de una falla en el sistema circulatorio que había obstruído la llegada de sangre al cerebro causada por la obstrucción de la arteria carótida. Mientras lo estaban examinando, sufrió un paro cardíaco y un edema pulmonar agudo. En sus 81 años de vida había sufrido dos infartos y tres edemas pulmonares, por lo que esto no era nada nuevo.
Tengo que admitir que tengo miedo, y que en el momento en el que la doctora nos dijo que podría recuperar la motricidad, pero posiblemente tendria que volver a aprender a hablar, casi me muero. Mi abuelo siempre fue una persona a la que le gustaba salir, dar vueltas, que no paraba nunca, que llegó a tener tres trabajos simultáneamente y dormir solamente cuatro horas para mantener a su familia, un tipo que con 80 años seguía yendo a tomar café con los amigos a la mañana, al mismo bar de siempre. Desde el pasado Enero no sale de la casa por problemas del ciático que le impiden caminar largas distancias (y por larga me refiero a más de lo que lo lleva del living a su habitación), y eso lo tenía bastante frustrado, pero había aprendido a acostumbrarse y simplemente aceptaba esa realidad. 
Todos los días almorzaba conmigo, y cuando había fines de semana largos, o días en los que yo por un motivo u otro no iba, pasaba a visitarlo y él se ponía contento. Cuando nos íbamos de viaje lo llamaba todos los días, y cuando por mis 15 años viajé a Orlando, fue la persona a la que más extrañé.
Los médicos a cargo de terapia intensiva nos dijeron que no entráramos con la otra gente, que esperáramos a que se fueran todos para verlo. Solamente podían entrar dos personas por separado. Primero entró mi tío, y cuando salió me dijo que fuera yo. Había llorado cuando lo llevaron al sanatorio, pero logré controlarme y aguanté el resto del día en mis cabales, jugando al tetris en el celular y leyendo revistas de la sala de espera (bendito sea el genio al que se le ocurrió comprar Inrockuptibles). Pero cuando mi tio me dijo que estaba entubado, tosiendo y que se ahogaba con su propio vómito, me largué a llorar de nuevo. No podía entrar a verlo en ese estado, no podía dejar que el me viera así. 
Tengo una aversión enorme por los sanatorios, y mi abuelo lo sabe, por eso cada vez que le pasaba algo le decía a mis viejos que no me llevaran, porque veía que me hacía mal verlo así a él, y eso también le hacía peor. No podía dejar que me viera mal, no podía demostrarle todo el miedo que tenía, el miedo de verlo sufrir, el miedo de saber que entiende todo lo que pasa a su alrededor y saber que no se puede expresar, que casi no puede mover la mitad derecha del cuerpo ni puede hablar. Tenía la certeza de que iba a entrar, lo iba a ver mirándome fijo con esos ojos azules, casi transparentes, enormes y tristes sin poder decirme nada, y no iba a poder soportarlo. Me quedé afuera. Eran las diez de la noche, ya es la una y cuarto, y desde entonces no paré de llorar.
No me cuesta entender lo que está pasando, y de hecho tengo la certeza de que él estaría mejor si se fuera en paz y dejara de sufrir ¿De qué sirve tenerlo sufriendo, viviendo porque está conectado a diferentes tipos de máquinas, sin siquiera poder exteriorizar lo que le pasa por la mente? Lo conozco, sé que no le gusta estar así, sé la impotencia que le da no poder ser el mismo de antes, sé lo que va a sufrir si sigue vivo después de todo pero queda atrofiado por lo que le queda de vida.
No tengo hambre, me obligan a comer pero no me alcanzan las palabras para explicar las náuseas que tengo, el miedo que se apodera de mí, los temblores que tengo y lo que me cuesta respirar. Me estalla la cabeza, me cuesta enfocar las letras, me tiemblan las manos, tengo los ojos hinchados, la cara roja, y no me importa más nada. Solamente quiero que esté bien, y a lo mejor es simplemente por un deseo egoísta de poder seguir viendolo, de compartir más momentos con él, pero ¿De qué sirve todo eso si va a seguir sufriendo? Si le llegó la hora, ¿Por qué no se fue de una forma pacífica, sin dolor, sin sufrimiento?
Estos últimos meses fueron la peor mierda, el año en general fue una mierda. Entre todas las cosas que me pasaron, son muy pocas las que puedo rescatar y decir que fueron realmente buenas, porque todo me sale mal, porque todo a mi alrededor se desmorona, desaparece, perece.
Me vengo preparando psicológicamente para el día en el que él se tenga que ir desde hace aproximadamente cuatro años, tal vez más, porque siempre tuve presente que por más veces que haya sobrevivido, cada vez se le iba a complicar más, pero siempre creí que iba a ser algo rápido, no gradual. 
No sé qué más hacer, no sé cómo estar mejor.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Estresada, resfriada, agotada, histérica y todo, todavía puedo decir que estoy pasando los mejores momentos de mi vida. Llegué a ser lo que siempre quise ser, o al menos estoy bastante cerca de serlo, e ir concretando pequeñas metas en el camino me ayuda a no bajar los brazos bajo ningún punto de vista. Son cada vez más las cosas que sé que nunca voy a olvidar, las personas que sé que siempre voy a querer, los días que voy a querer revivir.
Aprendí a tomarme las cosas con más calma y entender que el mundo no va a mi acostumbrado ritmo acelerado de vida, a ver belleza en todos los detalles, y a sacar de cada fiasco una enseñanza. No cambié mi forma de ver el mundo, y mucho menos mi personalidad, pero de a poco me voy adaptando a lo que me rodea.
Aprendí a quererme como soy, que en realidad es mi más grande logro. A aceptar mi propia forma de ser como algo bueno, y usar todos esos aspectos negativos a mi favor. Aprendí a callarme y aceptar que me equivoco, que no siempre puedo tener razón y tampoco es necesario tenerla, a darme cuenta de quiénes valen la pena y quiénes no.
Nunca voy a poder volver el tiempo atrás, y es por eso que decidí vivir el momento, como venga, y dejar de preocuparme tanto por lo que pasó o va a pasar. Siempre van a estar presentes mis ensoñaciones sobre qué  me depara la vida, pero eso no significa que tenga que vivir angustiada por ello, o que le tenga que prestar demasiada atención.
Sé lo que quiero y lo estoy consiguiendo, me siento un poquito más cerca de la meta que antes, mientras muchos se perdieron en el camino, y eso me hace sentir orgullosa de mí misma (siempre voy a tener alguna excusa para estar orgullosa). No me quiero bajar de donde estoy hoy, pero tampoco me molestaría hacerlo, bajé mis expectativas, mi autoexigencia y mis obsesiones al mínimo para ser completamente libre, porque entendí que lo único que me mantenía apresada eran mis pensamientos y mi eterno miedo a fallarme a mí misma.

domingo, 19 de agosto de 2012

Ελευθερία

"Moriré libre porque he vivido solo. Moriré solo porque he vivido libre" Erasmo de Rotterdam.

Libertad para elegir, para pensar, para actuar. Para decir lo que uno piensa sin frenos, sin miedo a ser juzgado, sin filtros ni censuras. Para vivir, y no arrepentirse de las decisiones tomadas siendo libres. Libertad para volver a cometer los mismos errores si todavía no aprendimos de ellos. Libertad porque todos podemos ser libres. Libertad porque sí. Libertad para perdernos en el tiempo y volar lejos, para no depender de nadie, para actuar sin condicionantes externos. Libertad para nuestra propia salud mental y espiritual. Libertad individual y colectiva, plena y asegurada.
Uno no puede ser libre si vive condicionado por los demás, preocupado por lo que hagan o digan, o por lo que opinen del accionar de uno mismo. No se puede vivir atado, dependiendo de un tercero que toma decisiones, esclavizado por un mundo que tal vez no es tan cruel como parece, dejándose llevar sólo para no ser diferente. Y ser diferente se trata de ser libre, se trata de romper las reglas, de equivocarse una y otra vez, de perder el tiempo y recuperarlo constantemente, de salir a ver el mundo con otros ojos, cambiar las perspectivas constantemente y aprovechar cada oportunidad como si fuera la única.
Libertad ante todo, libertad para vivir, libertad para siempre.




sábado, 4 de agosto de 2012

¿Cuánto te duele el corazón? ¿Tenés corazón siquiera? ¿Cuánto te pesa la consciencia? ¿Terminás los días esperando más y te seguís quedando con las ganas? ¿Cuántas oportunidades perdiste por miedo? ¿A cuántas personas dejaste atrás? ¿Cuántas cabezas tuviste que pisar para llegar hasta donde estás hoy? ¿Hace cuánto que esperás? ¿Querés algo y no podés tenerlo? ¿Qué tan grande es tu vacío existencial? ¿Estás dejando de creer? ¿Cada vez tenés menos ganas de levantarte? ¿Qué querés? ¿Qué pretendés? ¿A cuántos les fallaste por seguir tu sueño? ¿Por cuánto perdiste?
+¿Qué tan consumido estás?

domingo, 22 de julio de 2012

Sobre la soledad.

Creo que mi problema en realidad no es un problema, y por eso no tiene solución. Voy a ser sincera: me gusta demasiado estar sola como para no salir corriendo cuando me encuentro en una situación que requiera un mínimo nivel de compromiso.
En el mundo hay diferentes tipos de personas; no somos todos iguales, pero sin embargo tenemos similitudes (visibles, invisibles, marcadas, sutiles) con otras personas de nuestro mismo entorno, y de otros entornos también. Nunca me vi igual a otros, siempre hay algo negativo en mí que en los demás no es tan notorio, siempre me falta algo para llegar a donde los otros están, y creo que es por eso que toda la vida preferí separarme del resto y hacer la vida; no como un ser antisocial, sino como una persona excesivamente independiente y autosuficiente.
Sostengo con firmeza que puedo hacer todo lo que me proponga por mis propios medios, y en caso de necesitar ayuda, la solicitaré en su momento, pero solo si veo que no consigo lo que quiero a mi manera. Atarme a otros, depender de ellos o necesitarlos me resulta intolerable, no importa quiénes sean o por qué se ofrezcan a ayudarme, la realidad es que a veces me resulta ofensivo que quieran ayudarme: es como si quisieran hacer todo por mí porque no creen que yo sea capaz, cuando en realidad lo soy.
Mi inestabilidad, mis cambios constantes, mi permanente grito de libertad y mi asco hacia la dependencia me transformaron en una persona independentista y reacia a establecer vínculos permanentes con otras personas. No me considero antisocial en lo más mínimo, de hecho, creo que no sobreviviría sin ver seguido a mis seres queridos, sin saber de ellos, sin compartir días inolvidables con mis amigos o momentos productivos con mi familia. Pero eso es porque no dependo de ellos. Hago la mía, y de alguna forma rara y retorcida, ellos aprendieron a dejarme ser y a no interponerse en mi camino cuando quiero conseguir algo, por más ridículo que parezca. Sí, están ahí para brindarme apoyo y contención cuando los necesito, pero no están encima mío constantemente, asfixiándome de cariño o atacándome con demostraciones de lealtad y afecto, porque saben que eso me resulta repulsivo.
Soy fría y arisca. Las demostraciones de afecto constantes me sofocan. El amor en exceso me da asco. La ternura me repele. La dulzura me empalaga. Soy una especie de iceberg andante, y me encierro en mí misma porque el mundo exterior tiene demasiada gente inútil que no lo sabe entender.
Soy completamente capaz de dar vuelta la página y arrancar un capítulo nuevo cuando quiera, porque no me ato al pasado e incluso vivo más en el futuro que otra cosa. Soy de hacerme la cabeza y me cuesta rendirme, pero cuando veo que no hay caso, tirar todo por la borda me parece lo más sensato y sencillo que puedo hacer.
Teniendo todo esto en cuenta, no me extraña encontrarme de nuevo en esta situación, repeliendo el amor de otros hacia mí constantemente, siendo cortante y mala onda, porque así soy, y me molesta que pretendan cambiarme. Me molesta que estén encima mío todo el día, que intenten ser comprensivos y agradables ¡Sáquense las máscaras! Si al final son todos igual de hipócritas, y los pocos sinceros que quedan posiblemente ni siquiera estén en mi mira en este momento. Si soy cortante no es porque me haga la difícil, es porque realmente no estoy interesada. Si soy mala onda no es porque tengo un mal día, es porque quiero que me dejes en paz.  Si no te doy la razón es porque no la tenés. Si tengo un brote de histeria no es porque busco atención, es porque la atención que me prestan me agobia y me hace querer tirar todo por la borda y desaparecer.
Me muestro tal cual soy, no soy de dar señales confusas y las vueltas me cansan. Conmigo las cosas son neutras, son claras, no existen los grises en mi mundo: o blanco o negro, y listo. Los puntos medios carecen de sentido, son inútiles, y llevan a más confrontaciones de las necesarias.
Por eso, si te estoy siendo clara con lo que quiero o no ¿Por qué insistís? ¿Es tan difícil de ver? ¿Tantas vueltas te dieron últimamente para que creas que soy como las demás?
No creo tus chamuyos, porque no te quiero, porque todo se dio de casualidad, sin querer, y si bien no me arrepiento, tampoco pretendo incorporarte a mi vida. No creí que fueras a insistir tanto, porque de haberlo sabido, hubiera huido despavorida en la dirección contraria.
El hecho de que hoy en día no haya nadie en mi vida se justifica con mi forma de pensar. Soy una persona solitaria, y estoy enamorada de esta soledad, de este tiempo para mí, de este descanso de la sociedad, de esos momentos en los que solamente puedo pensar si estoy sola, de las pequeñas actividades que me reconcilian conmigo misma.
Si lo piensan a mi manera, es bastante lógico: la única persona con la que estoy obligada a convivir el resto de mi vida es conmigo misma. 

domingo, 8 de julio de 2012

Tu cárcel.

Tengo un gran talento para autoconvencerme de cualquier tipo de cosas, manipular mis propios sentimientos y caer siempre en lo mismo. Eso es un problema grave.
A medida que fui creciendo, esto se fue potenciando, y llegué a un punto de evasión tan grande que es casi ridículo.
Las cosas como son. Si vamos a hablar del tema, mejor pongamos las cartas sobre la mesa con toda honestidad, sin trampas, sin ases escondidos por ahí. Para ser sincera, no hay cosa que me cueste más que admitir mis errores y aceptar mis debilidades, y básicamente de eso se trata esto: de serme sincera a mí misma.
La realidad es que estoy bien, de hecho, no podría estar mejor: no me falta nada, y poco a poco voy consiguiendo casi todo lo que quiero. Y, a prestar atención, que acá la palabra clave es 'casi'. Así como me siento completa y feliz, rodeada de gente a la que quiero y teniendo todo lo que mi situación me permita, siendo libre y haciendo las cosas a mi manera, también tengo momentos de soledad insoportable. En este instante estoy en uno de ellos. A veces se necesita tener a alguien al lado tuyo, a un ser incondicional que te cuide y te respete por igual, que te acompañe y que te acepte como sos. Este sentimiento de total abandono romántico se incrementa cuando el sesenta porciento de tus amigas están cuasi casadas o siempre tienen algo nuevo para contar con sus pseudo novios, o hasta llegan a cancelar salidas con el equipete para verlos a ellos.
Lo peor de esta situación es que todas y cada una de ellas sienten la necesidad de conseguirte un novio a vos, y siendo yo eso es un espanto. No hay peor cosa para mi que las relaciones pactadas, premeditadas y arregladas por terceros. No solo hacen que sienta que me ven como una de esas solteronas que viven en mansiones sucias y llenas de gatos o, en su defecto, de libros. Me hacen sentir Eleonor, y no me gusta en lo más mínimo. Inconscientemente, con estas ideas locas, están generando en vos la necesidad de no estar tan sola, porque aunque no te sientas sola ellas te miran con esos ojitos de cachorro abandonado y te llenan de discursos del tipo de 'nadie está sólo' 'hay muchos peces en el océano' 'siempre nos vas a tener a nosotras', que me parecen sumamente detestables, asquerosos y poseedores de una bajeza tan pero tan grande que los vuelve indescriptibles. Esto se incrementa todavía más si tu profesora de lengua, cuyo carácter se asemeja al tuyo y aparenta ser el iceberg más grande del sur del continente americano dice, con los ojitos vidriosos 'el amor es lo más grande que hay, ojalá que lo encuentren. No importa si es ahora o más tarde, si es el indicado o no, no hay cosa más linda que el amor, y realmente espero que algún día puedan experimentarlo'. Agréguenle la gran cantidad de parejas felices que circulan cada día por la ciudad y vean cómo crece ese sentimiento de soledad antes inexistente.
Ahora, en ausencia de algún otro por quien preocuparme, por tener tanto tiempo para hacer la mía, vuelvo a lo mismo. Aunque me había convencido de que estaba bien, que era obvio que jamás iba a pasar nada, que no me quería y que yo tampoco sabía si lo quería del todo, una parte de mí sigue esperando que pase algo. Una ínfima partecita de mi corazón alberga esperanzas y sueña con cruzarlo una noche como cualquier otra y arreglar nuestras deudas internas, con que la nada se transforme en algo y ese algo sea positivo.
Eso me llevó a los Enanitos Verdes, y específicamente a Tu Cárcel, casi por accidente y en el momento indicado. A esta canción la siento muy mía, muy cerquita de mi forma de ser y muy sincera sobre lo que posiblemente llegue a pasarme algún día. Si fuera vos, me la dedicaría, y como sos tan parecido a mí (por desgracia) te la tengo que dedicar a vos. Porque sí, me destroza que pienses así, que seas tan vanidoso e incapaz de ver la realidad que ni siquiera te des cuenta de todo lo que podrías tener si fueras distinto. Pero siento que la que jamás va a tener cariño sincero voy a ser yo, por fijarme en idiotas como vos y seguir perdiendo el tiempo atrapada en el 'qué hubiera pasado si...' eterno. A lo mejor es lo que me toca hoy en día por no intentar cambiar esta realidad, seguir ignorandola y evitar a toda costa la existencia de los sentimientos bajo la superficie rocosa de mi corazón.
Y si Chris Martin tenía razón y mi pesado corazón está hecho de piedra, tarde o temprano aparecerá algún aventurero dispuesto a quererme a pesar de ello. Es larga la lista de boluditos que voy dejando atrás, pero no hubiera pensado que te unirías a esas filas.
(Será tu cárcel y nunca saldrás)

miércoles, 4 de julio de 2012

No Feelings.

Sinceramente no sé lo que es estar en una relación. De hecho, creo que hay personas que nacieron para estar solas y me considero una de ellas, pero no me molesta. Durante el tiempo que llevo viva me dediqué a ser egoísta, individualista y soberbia, a no atarme a nadie y evitar a toda costa la dependencia de otras personas.
La verdad es que me va bien así, y no necesito a nadie al lado mío para saber quién soy, pero de vez en cuando me agarran esos ataques de soledad irremediables al escuchar a mis amigas cuasi-casadas hablarme de sus pseudo-novios o ver películas deprimentes, y tengo la necesidad de hacer algo para cambiar esta situación.
Por suerte esto no me dura mucho, y a los cinco minutos ya estoy tirando todo por la borda y pensando en otra cosa, creo que puede considerarse un don. Esto de no tener sentimientos, o por lo menos saber controlarlos, es lo que más amo de mí.

jueves, 28 de junio de 2012

Spinning.

Siempre admití mi vagancia. De hecho, me considero una de las personas más vagas que conozco, del tipo que antes de levantarme a buscar algo prefiere esperar a que alguien más se levante y pedírselo. Ni hablar si tocamos el tema del deporte: el único que pude mantener varios años fue el patinaje artístico, y era de esperarse, porque es minimamente pasivo, no requiere de demasiado desgaste físico y, a su vez, es un ejercicio espectacular y sumamente gratificante. Aunque el patín pasa por otro lado, porque combina fuerza, elasticidad y equilibrio, además de darte una sensación hermosa cuando vas rápido y sentís el vientito en la cara, o cuando aprendés algún salto nuevo y sentís que podés volar. En resumen, es un deporte que amo, pero del cual, a la larga, terminé aburriendome (aunque debería admitir, llegados a este punto, que de vez en cuando me agarra un nosequé de volver a patinar y miro mis patines destruidos, pelados y gastados con nostalgia, queriendo volver).
A lo que voy es que no tengo constancia alguna para hacer deporte, soy demasiado pasiva para eso: prefiero mil veces quedarme tirada escuchando música o leyendo a salir a correr o practicar algún deporte.
Pero este año la situación cambió.
Mi escoliosis me impide practicar deportes de impacto (léase, correr, por ejemplo, que es lo que venía haciendo con mi personal trainer hace bastante), lo cual no incluye al patinaje, pero no encuentro ningún lugar que me quede cómodo o se adapte a mis horarios para anotarme, así que prefiero dejarlo en suspenso por un tiempo, hasta que vea qué hago. A causa de esto, me vi obligada a anotarme en el gimnasio y hacer algo con mi vida para no llegar al verano pareciendo una morsa subdesarrollada, y entre todas las variadas actividades y horarios decidí anotarme en spinning.
Entré, me ubiqué en una bicicleta que estaba casualmente adaptada justo para mí, en el medio, cerca de los ventiladores para no morirme sofocada, y esperé. Se fue llenando de a poco y llegó el profesor, tal cual como me lo imaginé: petizo, ancho como una puerta y trabado, lleno de tatuajes, voz gruesa, simpático, con calcita. Si la masa muscular de una persona puede incrementarse tanto a tamaños tan increibles, pegame y decime Marta, porque este hombre era la versión en miniatura de Schwarzenegger en sus épocas de físico-culturista. Miró a todos los presentes y se me acercó.
-Hola, soy Hernán- A lo mejor era Germán, o Iván, sinceramente no le presté mucha atención.- Y soy el profe de esta clase ¿Cómo te llamás?
-Lara.
-¿Clara?
-No, Lara.
-Clara.
-Nono, sin C- Esto es el dilema de mi vida ¿Cómo puede ser que con cuatro simples letras se lo confundan? Habrá que aplicar mafia o, en su defecto, tatuarme mi nombre en la frente para que todos lo vean y no se equivoquen más.
-Ah, bueno Lara ¿Hacés algún deporte?
-No
-¿No?
-No
-¿Nada? ¡Y justo te viniste a anotar en una clase medio intensa!
-Sí, ya sé.
-¿Quién te contó?
-Mi vieja.
-¿Fue alumna mía?
-Nah, no creo, hace mucho que no viene.
Esto parecía más una investigación policíaca que una clase de spinning, pero como el tipo me cayó bien y al resto de las personas en la habitación parecía no importarles mi presencia, no me preocupé.
-Ah, bueno. Escuchame, vos seguí las indicaciones que yo voy a ir dando y te va a resultar bastante fácil, hacé las primeras dos o tres clases sentada para evitar lesiones en las rodillas, lo que vamos a hacer es ir agregándole carga a la bicicleta. Te aviso que te va a doler el culo. A todos nos dolía el culo al principio, pero es normal. No tenés ningún tipo de lesiones ¿No?
-No.
-¿Rodillas, tobillos, nada?
-Nada.
-Perfecto entonces, cualquier cosa preguntame.
-Daaaale.
Y así empecé. Para ser sincera, hubo veces en las que en vez de agregarle carga, la resté, porque sentía que mis piernas iban a desprenderse de mi cuerpo, pero me la banqué bastante bien. Fue la primera clase, habrá que ir mejorando con el tiempo, y esperemos que mi deplorable estado físico no me detenga (léase: que no me agarre paja y empiece a quedarme durmiendo en vez de ir a hacer ejercicio.)
Salí de la clase caminando como si me hubiera bajado de un caballo, con las piernas en piloto automático llevándome, sin peso, livianitas, por todos lados. Por el momento no estoy desfalleciendo del dolor, pero ya me empecé a automedicar porque sé que mañana o pasado voy a ser una bolsa de papas totalmente inoperante a causa del dolor si no hago nada al respecto.
Amén al deporte, y que no los venza la paja.

sábado, 23 de junio de 2012

Distracciones.

Creo que mi mayor problema es que mi mente se desvía de la realidad constantemente. En realidad, yo la desvío, y siempre necesito una excusa, un pretexto para escaparme y viajar lejos. Planes maquiavelicos, sueños imposibles y personas que se transforman en objetos de mi mente inquieta y retorcida desfilan por mi mente las veinticuatro horas del día. Es que, dormida o despierta, sueño constantemente, y eso puede llegar a ser un problema.
Hace exactamente una semana me puedo dar el lujo de decir que veo las cosas con claridad, y reirme de lo pasado. De los pequeños desastres, de los errores, de los papelones, de los mamarrachos y de las boludeces dichas. La realidad es que me cuesta bastante aceptar que estuve pensando de la forma incorrecta todo este tiempo. Claro está, si es que hay una forma incorrecta de pensar. Supongamos que sí, y que todo este tiempo (digamos, siete meses, aproximadamente) estuve viendo todo de la peor manera posible, cometiendo errores constantemente y sacando conclusiones dignas de un hermoso ladrillazo en la nuca. En ese hipotético (o no tanto) caso, merecería ser sumergida en ácido sulfúrico un par de horitas, para refrescar las ideas y entrar un poco en razón. Perder el tiempo de semejante manera debería ser penalizado urgentemente, y lo digo en serio: irse de la realidad como lo hago yo, y usar a las personas solamente para distraerme un ratito no es bueno.
No es lindo ser tan basura.
Aunque, si lo pensamos bien, a lo mejor la basura no soy yo (no del todo, tal vez). Vamos a ser francos en esto, dimos mil y una vueltas, y cierta parte de mí sigue esperando concretar todos los planes que jamás fueron concretados, pero siempre supe que no iba a pasar nada. No albergué esperanza alguna, por primera vez en mi vida, y jamás te tomé como un posible realmente posible, siempre fuiste una personita más. Una personita diferente a las otras, con la cual en cierto punto me encariñé, pero que al no tener el suficiente coraje para venir y decirme las cosas de frente, dejó de importarme.
Así fuimos y vinimos, te busqué y me buscaste, pero en algún punto de este tira-y-afloja terminamos desencontrándonos y perdiéndonos. Hiciste siempre lo mismo y nunca me importó, nunca me afectó, pero pasó el tiempo y es momento de ser franca conmigo misma, con vos y con todos los que se preguntan qué pasa conmigo últimamente.
La cruda, cuel y simple realidad es que estoy en la mía. Es corta, y muy típico proviniendo de mi, uno no podría esperar mucho más de una persona como yo: soberbia, egoísta, independiente e individualista.
La verdad es que no soporto la simple idea de sentirme atada a una persona. Algunos podrán decir que es porque le tengo miedo al compromiso, a que me lastimen y me fallen o, incluso, a fallarle a la otra persona. No lo niego del todo: estoy tan acostumbrada a valerme por mi misma y hacer la mía que la simple idea de sumarle una persona a la ecuación me causa escalofríos; pero tampoco lo acepto como la pura verdad. Lo cierto es que, para ser sincera, me cuesta ser constante y comprometerme con algo o alguien y, de hecho, cumplir lo que prometo: soy demasiado cambiante para eso, y mis tiempos no se adaptan a los de nadies, mis ideales no se adecuan a los de quienes me rodean y mi carácter no cambia para ganar cariño o respeto ajeno. Soy lo que soy, y aquel que quiera cambiarme va a tener que batallar mucho para terminar rindiéndose. No hay quien se banque mi carácter las veinticuatro horas del día, siete días a la semana, y si lo hay, todavía no lo conocí o directamente no lo quiero: así de complicada soy, y tengo esa horrible tendencia a dejar de lado al que me quiere de verdad por ir en busca del imposible. El pobre buenito enamorado me trata como una reina, me llena de cumplidos y me dice todo lo que quiero escuchar, y yo lo basureo, lo forreo y vivo para darle vuelta la cara y dejarlo con las ganas siempre. No es por ser mala, pero si no te quiero de entrada raramente cambies en eso; puedo hacerte creer que está todo bien cuando en realidad solamente te considero un entretenimiento pasajero y carente de importancia. Se torna cómico cuando les digo en la cara que no los quiero, que no hay chance y que tengo a otra persona en la mira, y todo lo que hacen es responderme que me van a esperar y que me entienden. No quiero que me esperen, no quiero que me entiendan, quiero que me dejen en paz para distraerme con mis platónicos, con esos que pasaron arduas pruebas de ensayo y error para llegar hasta donde están hoy, porque para el colmo soy selectiva.
Hoy en día me importa poco y nada si volvés, si me hablás, si chamuyás a veinte flacas al mismo tiempo, si cuando me cruzás ni me saludás o si me ignorás todas las noches, me es totalmente indiferente si estás o no, si tenés novia, si andás en algo, si yo fui para vos lo mismo que vos fuiste para mí o si no signifiqué nada, si activaste o no, si vas a activar en el futuro o si esto ya fue hace mucho tiempo y dejó de existir antes siquiera de empezar. Hasta que encuentre otra distracción, vas a estar ahí, quién sabe por cuánto tiempo más, por lo menos para que tu recuerdo me haga reír un rato en las noches de soledad y aburrimiento donde no hay nadie que me saque de mis propios abismos.  No sos el primero ni vas a ser el último, quedate tranquilo, y si algún día decidís volver por mí, a lo mejor esté lo suficientemente abandonada como para acceder.
Mientras tanto, la indiferencia que tanto me caracteriza va a seguir formando parte de mi manera de ser, de mi filosofía de vida, y tu presencia o ausencia no se va a notar, porque, de hecho, nunca lo hizo. 

sábado, 19 de mayo de 2012

Vacío.

Por fin me di cuenta de qué es lo que anda mal con vos. El tema es que no sos vos, o por lo menos no es culpa tuya. No son tus actitudes, no es tu forma de pensar, no es tu apariencia. A lo mejor solamente tiene que ver con el hecho de que no te conozca bien, pero te veo tan vacío, tan hueco.
No hay arte en vos.
Suena horrible cuando lo digo en voz alta, es un comentario despectivo, soberbio y humillante. Tenés cosas a favor, pero es demasiado lo que no me cierra, hay demasiados huecos adentro tuyo, y lo que pasa es que sos tan común.
Sos más básico que Windows 98, carecés de ideas brillantes, de creatividad y de expresión alguna. Sos más cerrado que un termo, más serio que ninguno, tan triste como las flores un día nublado, como la luna cuando no se ven las estrellas, como un velero si no hay viento.
Me di cuenta de que no sos más que una cara bonita y un par de buenas acciones. Y no hay nada de malo en ello, pero no sé si es lo que quiero para mi.
Inconscientemente, viviría queriendo cambiarte, hacer que por un momento vieras la belleza que yo veo en todo, intentando que apreciaras los detalles, las pequeñas cosas de la vida, y vos no lo entenderías.
Nunca podrías comprender lo inspiradora que me resulta Nueva York, la belleza que encuentro en la lluvia, en las tardes de otoño donde las hojas secas cubren el suelo, cuánto amo salir a caminar por Bv Oroño sola o acompañada, la forma en la que me hace sentir la música, como me vuela la cabeza un buen solo de guitarra, una voz armoniosa, el amor que tengo por las letras o cuánto valoro tener in tiempito para mí.
No serías capaz de valorar mi percepción del mundo, ni de escucharme cuando me expreso, ni de valorizar que sea tan gris. Viviriamos imponiendo nuestros propios ideales, o simplemente te callarías por no saber cómo responderme.
Y, amor, la vida es mucho más de lo que vos creés, va más allá de tus prioridades y tu vacío existencial.

Frenar.

A veces no te queda otra opción más que ponerte a pensar y ver la cosas desde otro punto de vista. El problema es que muchas veces te das cuenta de que lo que creías que te hace bien, en realidad te hace mal, y, como siempre, seguís perdiendo el tiempo en cosas imposibles. Ahí es cuando se despierta una vocesita adentro tuyo y te dice que pares el tren antes de caer por la barranca. La cosa es simple, tenés dos opciones: o le hacés caso o la ignorás.
Venís ignorandola por meses, y a lo mejor lo correcto es empezar a dejar de creer en los imposibles posibles, porque también existen los falsos positivos, y sabés con toda certeza que con lo fácil que te resulta hacerte la cabeza, las cosas no van a llegar nunca a ningún lado.
Y es así, el que te quiere te busca, y como creés que esto no va a ningún lado, te bajás del tren y te subís al barco.
La juventud no dura toda la vida, pero eso no es algo de lo que me tenga que preocupar ahora. Si alguna vez me quisiste, no vas a desaparecer, y si nunca volvés, por lo menos voy a saber que estoy haciendo lo correcto en dejarte ir. Es que, para serte sincera, esto de vivir esperando y rechazando oportunidades por un 'quizás' me tiene cansada.
Adiós y hasta siempre, porque si decidís venir, voy a estar, pero no esperes demasiado, porque tengo toda una vida por delante y mil cosas por vivir.

domingo, 6 de mayo de 2012

Así.

A veces por necesidad, a veces por placer, y a veces sin motivo aparente, me surge esto de volver a replantearme cada fucking cosa que tengo en la cabeza.
Ideales, planes y opiniones se entremezclan en una vorágine infinita y tan inestable y desordenada como yo. Caprichosos, los conceptos se revuelven y fusionan una, dos, tres veces. Algunos vuelven a su forma original, otros mutan y muchos otros desaparecen como por arte de magia.
Es inevitable que me pase esto en semejantes momentos de locura, bajones repentinos y oleadas de inspiración. Es que cuando el mundo a tu alrededor empieza a desvanecerse, podes desaparecer, te podes perder, te podes caer y no levantarte mas, por lo tanto tenes que encontrar un escape, volver al principio, desechar y reescribir el mismo borrador mil veces y replantearte todo.
Estoy tan lejos de lo que solia ser que la simple idea de volver al pasado me resulta repulsiva. No me arrepiento de nada ni pienso revivir mi pasado, eso significaría aumentar mis carencias y perder mas de lo que estoy ganando. Y se encuentra muy lejos de lo que estoy buscando, de la realidad que quiero para mi.
Seré una loca, soberbia, inestable, caprichosa, rebelde e independiente, pero así soy feliz. No necesito nada, si bien quiero tenerlo todo. Soy tan vaga, impulsiva, bipolar, enigmática y desastrosa como lo fui siempre. Y qué? Quién dice que así no puedo estar bien, que no haya una virtud escondida entre tantos defectos? Acaso no hay esperanza para mí por haber nacido amando el arte, la expresión del alma en formas tan contradictorias como yo? Van a decirme que no hay salvación para los soñadores, que al final no queda nada para los egoístas, que en el mundo hay una sola verdad absoluta?
Si es así, con todo respeto pienso darme vuelta y seguir caminando como lo hice siempre, llevando al mundo por delante sin pedir perdón, así como soy, sin anestesia.
No hay que temerle a la vida, después de todo, solamente estamos de paso.

lunes, 30 de abril de 2012

lunes, 23 de abril de 2012

Yeta yetísima.

Estoy en uno de esos momentos en los que prefiero mil veces lidiar con los problemas de cualquiera a excepción de los mios. El problema, el principal de todos, el que me sigue atormentando constantemente, pase lo que pase, es que no entiendo cómo carajo puedo tener ese atípico don de no pegar una.
Es la verdad, tengo menos suerte que Eugene, de Hey Arnold!
Que alguien por favor me explique por qué el que yo quiero nunca es el indicado, y cuando empiezo a creer que sí lo es llega alguno aparecido de la nada, al que no quiero, al que le reiteré miles de veces que no lo quiero y que no va a pasar, con quien fui cortante, forra y soberbia, y a pesar de todo se queda a mi lado.
Media pila man, lo vi una sola vez, le dije que no la primera, la segunda y la tercera. No cedí a la presión de mis amigas porque no lo quiero, porque espero a otra persona, y posiblemente si no estuviera esperando a nadie también me hubiera negado. Los one night stands no son lo mío. Sí, es simpático, sí, tenemos mucho en común, pero no, no va a pasar. No soy su media naranja, ni medio apio, ni medio kiwi. Soy una flaca que conoció por casualidad y con la que podría haberte llevado bien si la hubiera dejado tranquila un tiempo más. Pero las cosas no hubieran pasado de eso, nunca.
Después está el eterno enamorado del amor que, a pesar de mis forradas me sigue queriendo con el paso de los años. Y al que jamás le di ningún indicio de nada ni se lo voy a dar, porque no va, no da y no quiero. Nunca lo vi como más de lo que fuimos, y ahora ni siquiera queda eso.
No es que me haga la difícil. No soy fácil y lo tengo que admitir, conmigo hay que pelearla y pelearla, porque soy complicada, indecisa y un poco vueltera. Pero si te quiero te quiero, y sino no, y esas cosas no van a cambiar. Me tienen que dejar ser, respirar y vivir a mi manera, porque de lo contrario termino asfixiándome, sofocándome, y queriendo pegarle un bello ladrillazo en la nuca a cada uno.
No hay chances, no hay chances para ninguno, porque ninguno es el que yo quiero. No es que haya nada mal en ellos... bueno, en realidad sí, hay muchas cosas que están mal en ellos, en él y en mí también pero no va al caso. Pero yo no los quiero, a lo mejor en otro momento, en otras circunstancias, a años luz del día de la fecha algo podría llegar a suceder, hablando de una hipotética situación que posiblemente jamás ocurra. No hoy, no mañana y no la semana que viene. Tengo otras cosas en mente, otras personas a quienes quiero llegar a conocer, y otros labios que prefiero besar.
Yo no lo quiero a éste, ni al otro gil, te quiero a vos, y vos me querés, eso es lo peor. Me querés pero no hacés nada ¿Por qué? Porque no tenés los huevos necesarios para venir a encararme, porque tenés miedo a mantener algo relativamente estable y sabés que conmigo el boludeo no va. Y ahora encima te vas, y no sé cuándo volvés, y aunque sean unos días igual va a ser raro no verte relativamente seguido.
 No digo que vaya a extrañar que chateemos porque casi ni chateamos últimamente. No digo que vaya a extrañar tu voz, porque hablás poco. Pero voy a extrañar tu presencia, el simple hecho de saber que estás ahí, absorto en tu propio mundo, casi inmóvil. 
Y no es amor, ni siquiera es una obsesión, es solamente saber que querés a alguien y que no estás dispuesta a compartirlo con nadie. Es pensar en él seguido, que cada detalle tonto te recuerde su sonrisa deforme y sus ojitos sinceros. Es encontrar algo suyo en todo lo que te rodea, es esperar, esperar y esperar hasta que las cosas se den. Es decir que no, que sí, que no. Es putearlo, quererlo, odiarlo. Es verlo y querer que te abrace, pensar en él e imaginártelo al lado tuyo, real y casi tangible, es soñar, soñar y soñar día y noche, dormida o despierta, con que algo pueda suceder en algún momento.
Te quiero man, ya va siendo hora de que te des cuenta.

jueves, 19 de abril de 2012

Se me parte la cabeza, duermo todo el día y me importan poco y nada mis obligaciones. Estoy vaga, muy vaga, y la verdad es que no me importa. Parece increíble, pero cada vez me importa menos todo, perdí demasiados años preocupándome por cosas sin sentido, por personas que no valían la pena, y no quiero que eso siga pasando.
Voy a vivir a mi manera. Por el momento no me va mal, no tengo de qué preocuparme, tengo a la gente que quiero de mi lado y sé quiénes están por puro compromiso. Muchas actitudes me vienen molestando, a todas y cada una de ellas les resto importancia, las ignoro ¿Sabés por qué? Porque tu felicidad no tiene que depender de lo que piensen, digan o hagan los demás. No es que te tengas que aislar de la sociedad y desaparecer, o pensar que son todos una mierda y no valen la pena. Va más allá de eso, pasa por el simple hecho de preocuparte por vos mismo un poco más de lo que te preocupás por el que dirán, de dejar algunas cosas de lado y empezar a valorizar otras que si valen la pena, de cambiar las perspectivas, de superar las caídas, de hacerle frente a los problemas.
A veces es cuestión de cerrar los ojos un rato, tirarte en silencio y pensar tranquila. No vale la pena salir a buscar paz entre todo el quilombo de la ciudad. Necesitás estar solo, para poder evaluar la realidad sin importar el resto, enfocandote en lo que creés que está bien y lo que no, en lo que vale la pena seguir y lo que está demás.
No podés esperar toda tu vida respuestas a interrogantes que nunca se pronunciaron pero quedaron implícitos por su misma obviedad, no podés pretender que los demás sepan qué querés si ni siquiera vos lo sabés, no podés dejarte guiar por quienes te rodean ¿Acaso querés convertirte en un títere?

jueves, 5 de abril de 2012

Paz.

Llega el otoño, y por la ventana abierta a mi izquierda entra un vientito fresco que me congela el brazo. No hace frío, de hecho se nota que el verano todavía no se alejó del todo y se está bien con un short y una remera. Sin embargo, aunque no lo parezca, ya estamos en la primera semana de Abril, es Jueves Santo, y los últimos tres meses se me pasaron volando.
Rememorando un poco, creo que tuvieron demasiados altibajos para mi gusto. Me gusta la emoción, me gusta el cambio, pero no me gusta que mis sentimientos estén en una especie de montaña rusa cuyo recorrido jamás termina, me parece tedioso, ridículo e insoportable. Tomé muchas decisiones este verano, di muchos pasos en falso, me caí varias veces y me tropecé unas cuantas más simplemente para llegar a donde estoy ahora: un estado de paz infinito.
No escribo en este blog tan seguido por un motivo: es mi modo de descarga, y no tengo nada que descargar. Estoy sumida en un estado de paz increíble, sumamente inusual en mí, que vivo corriendo de acá para allá, estresada, cansada, durmiendo poco, viviendo rápido y dejando todo para último momento. Es que hace poco tiempo todo cambió, porque me di cuenta de que la vida es mucho más de lo que yo creía, y que las oportunidades que no aproveche ahora posiblemente nunca vuelvan a presentarse.
Es rarísimo que una persona de la cual creí que no se podría aprender nada me haya enseñado eso una madrugada de Enero, mientras estaba en Pinamar. Es casi ridículo. Ni siquiera me saludó, me dejó el mensaje en Facebook y continuó la conversación como si nada, hablando de cualquier cosa menos de ese mensaje que había salido de la nada. Me dijo que se estaba arrepintiendo de muchas cosas que había hecho, y que ahora valoraba cosas que antes no tenía en cuenta. Le contesté que era un idiota, que siempre lo había sido y que yo siempre se lo decía porque en serio lo creía, y me dio la razón. El flaco estaba completamente perdido, de hecho, sigue estándolo, pero a veces piensa, a veces se pone las pilas y cae en la cuenta de que está haciendo algo mal, de que se está equivocando. Y ahí es cuando me hace entrar en razón, porque si él puede volver a la realidad solamente para hacerme pensar que puede ser que yo también esté equivocada, debe ser por algo.
A partir del click que me produjo lo que este loquito me dijo, decidí dejar de preocuparme por pavadas y empezar a vivir a mi manera, a hacer lo que yo quisiera, a poner en práctica todos los principios acumulados en mi cabeza y a salir del agujero interior. Estuve viviendo en piloto automático y prestandole atención a demasiadas cosas sin sentido, que al fin y al cabo no valen la pena, y eso definitivamente no es lo que quiero para mí. Me di cuenta de que a lo mejor me salía todo mal porque yo no dejaba que las cosas pasaran, pero tampoco las hacía pasar, más bien me sentaba a llenarme la cabeza de boludeces y perder tiempo como ninguna, sin proponerme nada concreto ni hacer nada por realizarlo. Eso llegó a su fin.
Ahora estoy super relajada, tomándome todo con calma, moviendo los hilos de mi propia vida y preocupándome solamente por lo que creo que vale la pena. No tengo todo lo que quiero, estoy muy lejos de eso, pero la gran cantidad de problemas relacionados con todos los ámbitos que se les ocurran que tuve últimamente me hizo pensar a dónde estoy, a dónde quiero ir y qué necesito para llegar. Me di cuenta de que no necesito mucho, y que a veces hay que tomarse un tiempo para descansar y vivir sin preocupaciones, dedicarle un tiempito a la familia y a los amigos, a hacer las pequeñas cosas que a uno le gustan y dejar de lado todo lo que te hace mal.
Muchas veces me lo propuse, pero nunca fui capaz de concretarlo, hasta ahora.
Llegué a un estado de paz interna del que va a ser difícil sacarme, porque nada me afecta y poco me importa.

domingo, 18 de marzo de 2012

Dominguicidio. (18/3)

Estar todo el día sola sentada frente al monitor esperando a que alguien te hable y, a su vez, hablar sobre esa persona y evaluar posibilidades con tus amigos es una clara señal de que estás al horno ¿Cómo explicártelo de otra manera? Amor. El amor es algo que no puedo explicar, porque nunca estuve enamorada, no sé lo que es amar a alguien más de lo que amo a mi abuelo, o a mis amigos y al resto de mi familia, no sé lo que es ver en una persona todo lo que anhelás y sentirte bien simplemente por estar a su lado. Pero sí sé lo que es engancharse de la nada y ver cómo todo se desvanece.
Ahora estoy en la primer fase, en esa en la que revisás su muro constantemente para ver si hay algo que deberías saber, ver si se conecta, si no se conecta, con quiénes se junta, esperar a que te hable (por el simple hecho de sentirte MUY pesada si le hablás vos) y pasar horas enteras analizando todo lo que dice o hace cuando está con vos, para ver qué quiere y si conviene o no seguir adelante. Pedís consejos a todo el mundo, a veces mencionás nombres, a veces no, a algunos los escuchás, a otros no. Y es que todo, absolutamente todo viene siendo bastante confuso desde diciembre ¿Por qué todo empieza en diciembre? El verano está por llegar a su fin, ya arrancamos las clases y todavía son muchas las preguntas que te haría si supiera que me las contestarías con la verdad. Son muchas las dudas que tengo y muchas las suposiciones, erróneas o acertadas, que hago segundo tras segundo, entretejiendo una red de razones para quererte y no hacerlo. Tengo que admitir que la lista es cada vez más amplia.
No sé qué querés, pero sé qué quiero yo. Y ahora te quiero a vos. Así de caprichosa como soy, me encapriché con vos, pero tampoco voy a presionarte para que vengas a mí. No, amor, no pienso dar el primer paso, no pienso avanzar hasta que vos lo hagas, no quiero desilusionarme de nuevo, no quiero quedar como una idiota. No quiero que sepas qué me pasa a mí hasta que no sepas qué carajo te pasa a vos.
Y de todo esto me di cuenta hoy, domingo, de estar encerrada sin nada que hacer, sin nadie en quien pensar, salvo en vos y en esa sonrisa de boludito lindo que tenés, que siempre tuviste, pero que nunca ví.

sábado, 18 de febrero de 2012

Juego.

Soy de boludear a la gente, no por ser mala persona, pero me gusta, me entretiene. Es una forma de que no jueguen conmigo, una especie de caparazón que me proteje de los idiotas, a los cuales no les creo más. Y sí, puede ser que me haga la boluda, pero no lo soy. Puede ser que creas todo lo que digo, pero a veces también miento.
Tal vez, solo tal vez, creas que me tenés a tus pies y que soy parte de tu juego, un peón más que se mueve para donde vos quieras, al que podés manejar y del cual te podés burlar, pero no es así. Dejame decirte que ya te saqué la ficha.
Este juego se juega de a dos, y el que va perdiendo sos vos.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Set fire to the rain.

Esa sensación molesta en la boca del estómago, esas ganas de sacar todos tus sentimientos afuera, de decir todo de una buena vez, de sacarte ese peso de la espalda y que todo siga siendo igual que en este momento, salga bien o mal... es algo que odio. Mucho.
A veces, aunque quieras, no podés, no querés, no sabés, no entendés, no caés, no ves. Y es horrible estar estancada siempre en la misma melodía, en la misma balada triste, melancólica y depresiva.
Justo cuando creés que no necesitás nada, que estás completa, que te conformás con todo lo que tenés, hay algo que cambia todo eso. Y no sabés cómo calmar tu ansiedad, cómo hacer que los nervios desaparezcan, que el nudo en la garganta se disuelva y puedas estar tan zen como quisieras. Definitivamente es uno de los sentimientos más molestos, porque no sabés qué carajo querés, dónde mierda estás... y no te importa. Porque estás flotando en tu propia nube, rodeándote de todo eso que te hace bien, pero que al mismo tiempo te hace mal.
Te desquitás con lo que sea, y esto empeora si sos una persona obsesiva, necesitás algo con lo cual entretenerte, distraerte, querés salir de la burbuja pero...
¿Podés? Sí.
¿Querés? No.
Y es que es todo tan lindo... todo eso que está en tu imaginación, digo, porque en la vida real no das pie con bola, y quisieras que todas tus plegarias fueran escuchadas, que todos tus sueños se cumplieran como por arte de magia, que todo eso que te hace mal se transdorme en algo positivo... que se transforme en alguien. En alguien que valga la pena.
Cansada de merodear por el mismo callejón sin salida, decidís ir para adelante con toda, y ver si podés atravesar una de las paredes y aparecer en otra realidad. Por un momento, la adrenalina corre por tus venas y te sentís invencible ''que sea lo que tenga que ser'', decís, y corrés con todas tus fuerzas hacia una de las paredes. Casi podés sentir los ladrillos cediendo ante tu fuerza, hacerse polvo y desaparecer. Abrís los ojos, segura de que ya saliste, que está todo bien, que va viento en popa, pero... algo no funciona. Te encontrás en el mismo callejón. Parece ser que en esta extraña realidad las cosas funcionan como en el pac-man: salís por un lado y aparecés en el opuesto, siempre sin salida.
Al final del día, seguís ahí, entre cuatro paredes, sin nada que hacer y mucho en qué pensar. Hay esperanza, pero ¿Es realmente esperanza? Empezás a evaluar la situación, y te encontrás con que todo lo que creés es ambiguo, así que te ponés a prueba.
Sí.
No.
Sí.
No.
Demasiadas coincidencias y muy pocas posibilidades ¿Qué creés? ¿Lo que querés creer o la realidad? Y no sabés responderte a vos misma. Perdida. Perdida. Perdida. Querés creer que tenés razón, que siempre la tuviste, y que todos los que te dicen que te des por vencida, que ya fue, que des media vuelta y te dirijas a otro lado están equivocados. ¿Qué saben ellos? ,dice una vocesita en tu cabeza, es tu vida, tus sentimientos, tus pensamientos, tus ideas, tus suposiciones ¿Qué saben ellos? Si no quieren escuchar, no quieren ver, ya no te creen, no te quieren creer.
Claro, hermana, con tantos fracasos, sería muy difícil que te creyeran ¿No te parece? Con tantas falsas esperanzas, tantos errores que podrían haberse evitado, tanto sufrimiento en vano. No quieren creer lo que ven, porque no lo están viviendo como vos, porque no entienden lo que estar en esa situación... es por eso que tiran tus esperanzas por la borda sin tu consentimiento, que entierran cada mínimo resto de ilusión a diez metros bajo tierra, que te dicen que es más fácil abandonar antes que volver a salir herida.
Vos estás tan mal, pero te reís todo el día. Estás tan preocupada, pero en vez de lamentarte escuchás los lamentos de los demás y tratás de ayudar. Estás tan abajo, pero mirás siempre para arriba.
Y, sí, las máscaras son fáciles de poner y sacar, pero la tragicomedia en la que se está convirtiendo tu vida sentimental empieza a convertirse en una montaña rusa cuyas vueltas no creés poder aguantar mucho tiempo más. Sentís una cosa y mostrás otra, y andás mintiendo solamente para que te dejen en paz y te dejen ser optimista... porque nunca sos optimista, y la única vez que intentás serlo, todo se viene abajo. De repente estás en el fondo del océano atada a un ancla, pero pretendés saber desatarte... para que te dejen sola cinco minutos, para poder pensar todo, para ver cómo estás ¡Es que vivís preguntándole a los demás cómo están, porque te importa, y cuando te preguntan a vos simplemente tenés que resumirte a un 'bien', porque ellos no quieren escuchar la verdad!
Preguntame en serio cómo carajo estoy y a lo mejor te responda con la verdad, queridísima falsedad personificada, porque lo que yo te muestro es lo que vos querés ver, porque no te importa, nunca te importó. Pero claro, mientras esté para arreglar toda la mierda que es tu vida, aconsejarte y ayudarte, a vos te chupa un huevo. Mis consejos son desestimados y los tuyos ni siquiera existen
¿Dónde estamos? ¿Qué es esto? ¿Dónde vamos?
Al mismo pozo del que salimos, vos y la que te parió. Y no, no te digo cómo carajo estoy porque ni siquiera yo sé cómo estoy, porque si supira haría un anuncio televisivo, viste, para que lo viera todo el mundo '¿Sabés cómo carajo estoy? ASÍ', diría. Pero ¿Qué carajo querés que diga? ¿Cómo se supone que tengo que saber cómo estoy si vos no sabés como carajo estás vos? Si vas, venís, caés, subís, hablás, callás ¿Por qué? ¿Tanto te cuesta ser claro con lo que pasa? ¿Demasiado gato encerrado como para decir la verdad? ¿Qué es la verdad? ¿Cuál es tu puta verdad? ¿Son indirectas? ¿Son burlas? ¿Son celos? Decidite, y, cuando sepas qué carajo te pasa a vos, vení a preguntarme a mí qué me pasa.
Porque, bonito mío, idiota no soy.

sábado, 4 de febrero de 2012

Arrrrrrrrrriba!

Muchos dicen que la principal causa de su falta de aciertos es que no reciben el apoyo necesario de quienes los rodean, que todos los tiran abajo y les dicen que paren de hacer locuras, se ubiquen y dejen de soñar en grande 'porque hay cosas más importantes que tus metas, tus sueños: existe el mundo real'. A todo esos yo les digo que no importa si tus amigos de un día para el otro te abandonan, porque van a volver. No importa si tus padres no te apoyan en tus decisiones, porque si sos feliz y ellos lo ven, van a terminas apoyándote. No importa cuántos errores hayas cometido en el pasado, lo importante es que aprendas de ellos para tener un mejor futuro. No importa si critican tu forma de ser, pensar o expresarte, porque ellos no saben qué está pasando por tu cabeza, y siempre va a haber alguien que lo aprecie. No importa si no tenés una pareja a tu lado, a lo mejor es tiempo de que empieces a valorar el tiempo a solas y comiences a amarte a vos mismo antes de amar a alguien más. 
Sabés que si te estirás un poco podés tocar el cielo con tus manos, podés llegar tan lejos como quieras y elevarte tan alto como tus sueños y tu ambición te lleven. Y si no lo sabés, es momento de que comiences a considerarlo, porque hay una sola persona con la que vas a tener que convivir el resto de tu vida, y esa persona sos vos. No es que los demás no importen, no es que estén ahí solamente para hacer tu vida miserable, no es que tengas que ignorarlos para mejorar, pero tal vez es momento de comenzar a luchar por tus sueños.
Nandando contra corriente se consiguen resultados óptimos, te lo digo por experiencia propia. Es solo cuestión de abrir tus alas y empezar a volar.
La soledad no es un problema, aprendé a aprovecharla, a valorarle, a tomarla como un momento de reflexión con vos mismo ¿Quién sabe? A lo mejor terminás aprendiendo de vos mismo, de todo aquello que te pasó en algún momento, de quienes te rodean, y encontrás algo de dicha entre las mayores desgracias. 
No es cuestión de simplemente asumir que todos los demás tienen la culpa y que vos sos un pobre corderito indefenso rodeado de lobos: aceptá la culpa que te corresponde por tus acciones y, si las cosas van mal a causa de eso, cambiá esas actitudes hasta que te vaya mejor. No todas las personas son basuras por el simple hecho de no prestarte la debida atención cuando la necesitás, pensá que ellos también tienen vidas, que están preocupados por sus propios problemas y que posiblemente no sepas qué está pasando por su mente en estos momentos. Teneles consideración, posiblemente no se hayan dado cuenta de que los estás necesitando: necesitan un llamado ¿Por qué tienen que venir siempre a vos? Esperar no siempre es la mejor idea, no cuando todo se puede solucionar al ponerte las pilas. Hay que salir del agujero interior, poner el cuerpo y el bocho en acción (como bien dice Virus). Si los necesitás y ellos no vienen a vos, pediles ayuda, y si se niegan a ayudarte, por lo menos vas a saber en quienes podés contar y en quienes no. 
No es cuestión de depender de los otros, es cuestión de intentar reponerse solo, y recurrir a ellos cuando simplemente no podés. Tus amigos, tu familia y tus seres queridos van a estar encantados de ayudarte si realmente te quieren y pueden ser de ayuda cuando los necesitás. 

Relajate un poco, viví la vida con calma y disfrutá de las pequeñas cosas, porque son todo lo que queda al final.

jueves, 2 de febrero de 2012

Dirección errónea.

Quise empezar de nuevo muchas veces y terminé, todas y cada una de ellas, en el mismo pozo del que había tratado de escapar, o incluso más profundo. Acabo de darme cuenta de que eso me pasa porque arranco de la manera equivocada, de que desde un principio en vez de construír una escalera para subir, agarro la pala, sigo cavando y a la primera lluvia estoy con el agua hasta el cuello.
Intento borrar de mi memoria todo lo que me influye en el momento para arrancar en otro camino, y eso no sirve de nada. De hecho, creo que estoy como estoy por seguir pensando de esa manera, y es algo que pienso cambiar, desde ahora y para siempre.
No tendré todo lo que quiero, pero con lo que tengo soy realmente feliz. Caí en la cuenta de que no importan muchas de las cosas que siempre me preocuparon, de que todo lo que realmente necesito son las personas que valoro y me valoran por igual, los incondicionales.

lunes, 23 de enero de 2012

Stop the clocks.

¿Qué harías si pudieras parar el tiempo? ¿Qué harías si un segundo fuera eterno y estuviera a tu total disposición emplearlo como quisieras? ¿Qué harías si mañana no llegara hasta que vos lo decidieras? Sería interesante frenar el tiempo, congelar momentos, volverlos eternos y poderlos revivir cuantas veces quisieras. Pero ¿Serviría de algo? Lo dudo, porque mañana siempre llega y el futuro está a la vuelta de la esquina. No importa si un segundo se hace eterno, siempre va a haber otro que lo siga, y otro, y otro, y otro.
No hay cámara lenta.
No hay pausa.
No hay repeticiones.
Solamente vos y tu futuro ¿Qué vas a hacer con él?

domingo, 22 de enero de 2012

Todavía estoy a tiempo.

Muchos se van de vacaciones con sus amigos, salen todas las noches, se levantan tarde, y pasan todo el día entre carcajadas y recuerdos que van a atesorar para siempre.
Mi situación es distinta.
Yo me fui de vacaciones con mi familia, estoy atascada en una cabaña con ellos, y la verdad es que no me puedo quejar. La paso relativamente bien a pesar de la soledad que siento al extrañar a todos mis amigos, y si bien no puedo hacer todo lo que quiera ni lo disfruto tanto como si estuviera con ellos, lo disfruto. Ok, puede ser que Cuevana sea lo único que me está salvando de morir del aburrimiento o la depresión, pero tengo que agradecer por todo el tiempo que tengo para pensar.
Estando todo el día con tu familia, no podés ir a hacer lo que vos quieras, especialmente estando todo el día con mi familia, y a veces lo único que te queda es ponerte los auriculares y alejarte un rato de la realidad.

Ya dije que 2012 es un nuevo comienzo para mí, y esta es una linda escapada a un lugar que me encanta, pero no en el momento en el que yo quisiera (o al menos eso creo). Mi nuevo estilo de vida es muy diferente a quien yo solía ser. Ahora estoy relajada, y espero que eso dure, porque no pienso volver a exigirme más de lo que puedo hacer para terminar atascada en un círculo infinito, un círculo vicioso del que quiero escapar y no puedo.
No soy la persona más profunda del mundo, de hecho, vengo creyendo que muchas cosas en mí van mal, empezando por mi inesperada, y por lo tanto sorprendente, falta de ideas.
Faltan ideas, faltan sentimientos, faltan alegrías, falta todo y no falta nada.
"Estoy bien, pero eso no significa que sea feliz" dijo una vez Dr.House, o, en realidad, alguno de los guionistas de la serie que tanto amo, y coincido totalmente con eso. Tengo que decir que coincido con el noventa por ciento de las cosas que dice House, y me siento identificada con sus actitudes y su forma de pensar. Ver estas semejanzas entre este personaje ficticio y yo me asusta.
House construyó una pared tan alta alrededor suyo que cuesta creer que haya sentimientos debajo de una corteza tan dura, que haya un corazón escondido detrás de una mente tan calculadora. Está tan dañado que cuesta entender cómo hace para seguir adelante, y, a su vez, esto explica su carácter de mierda.
Llegué a la temible conclusión de que somos muy similares anoche. Estuve viendo películas hasta que amaneció, y tuve la oportunidad de hablar con mi mejor amigo, a quien extraño demasiado y no voy a ver hasta dentro de un mes. Eso me bajó un poco el ánimo. A esto se le sumó que me dediqué a ver fotos viejas en facebook, que me llevaron a darme cuenta de todo lo que cambió mi vida en tres años, y caer en la cuenta de que realmente pasaron tres años.
No puedo evitar preocuparme por cómo mi vida se está desmoronando frente a mis propios ojos, cómo cambie en tan poco tiempo, lo rápido que pasó ese tiempo. En estos tres años hice algunas cosas bien, y muchísimas otras mal. Tuve momentos en los que nunca fallaba, y otros en los que simplemente caía no podía levantarme. El reloj sigue avanzando, y el tiempo sólo te lleva hacia adelante, pero a veces todo lo que querés hacer es frenarlo y pensar bien en lo que estás haciendo.
Últimamente no pego una, estoy cada día más bajoneada, y tener esta actitud relajada de mi boca hacia afuera ayuda a que los otros no se den cuenta, soy tan buena mintiendo que hasta me convenzo a mí misma, y darle más bola a los problemas de mis amigos, intentar ayudar cuando puedo, es la mejor manera de dejar de lado los míos y no concentrarme en ellos durante un rato. Pero todo se esfuma. El tiempo pasa, la gente cambia, y cuando menos te das cuenta, estás a ochocientos kilómetros de ellos, extrañándolos, y pensando en qué estarías haciendo si estuvieras con ellos en este momento.
Es un sentimiento confuso. No sabés si los querés con vos para olvidarte de vos misma, distraerte un rato, o si los extrañás porque son realmente una parte muy importante de tu vida. Te despertás y te preguntás qué estarán haciendo, te vas a dormir y te fijás cuántos días quedan para volver a verlos.
Soy tan egoísta que tengo miedo de extrañarlos por los motivos incorrectos, siguiendo mi tendencia narcisista y egocéntrica, y quererlos conmigo solamente para estar bien, para tener un cable a Tierra, alguien con quien hablar, con quien reírme, con quien salir a dar vueltas sin rumbo alguno hasta tarde. Alguien que no me pregunte qué me pasa, que simplemente me abrace y no me diga nada.
Los extraño, pasan los días y me pongo cada día de peor humor. Los necesito.
Tener tanto tiempo para pensar no es bueno, porque terminás dándole vuelta a los mismos temas una y otra vez, pensás más de lo que tenés que pensar, y te dejás llevar de una manera que roza la locura. Pero, por otra parte, te hace bien estar tan lejos. Te distraés y, de un modo u otro, evitás pensar en cosas que no querés pensar, recordar cosas que no merecen ser recordadas, y es más fácil enfocarse en el futuro.
Futuro.
Futuro.
Futuro.
La palabra no se me podría antojar más interesante, no podría significar más para mí. Vivo en el futuro, pienso en el futuro, y mis acciones siempre terminan repercutiendo mal en él, aunque intente arreglar las cosas para terminarlas bien. Quiero cambiar el futuro, quiero tener un motivo para estar acá, no solamente llenar un espacio ¿Qué tiene eso de interesante? Nada, y yo amo las cosas interesantes.
Escenas de mi propia vida se reproducen repetidas veces frente a mis ojos y me cuesta entender por qué, no sé si quiero entenderlo, de todos modos. Creo que es la forma en que mi mente y mi corazón me dicen que me despierte y me ponga las pilas, que intente y que no me rinda, que trate de mejorar, sin importar lo demás.
Ojalá no sea en vano.

martes, 3 de enero de 2012

Año nuevo, vida nueva.

Arrancó el 2012, y ya borré todos los mensajes y llamadas de 2011, cambié el fondo de pantalla del celular, el iPod y la compu, borré contactos que en realidad estaban ocupando memoria al pedo, y me desintoxiqué por dentro y por fuera. Me estoy tomando bastante en serio esto de ''año nuevo, vida nueva''.
Me propuse un cambio total, en todo sentido, y lo vengo llevando bien (muy bien). Consiste en liberar mi mente y mi corazón de personas que no hacen más ocupar mi tiempo y mis ganas sin sentido alguno, eliminar de raíz todo pensamiento negativo y meterle toda la onda a todo lo que hago. Generalmente me cuesta mucho despegarme de todo aquello que cargo conmigo en mi mochilita, pero me resultó realmente fácil esta vez. Pasaron las doce de la noche del último día del año y me di cuenta de quiénes valen la pena y quiénes no, a quiénes quiero conmigo y a quiénes no. Saqué a más de una persona tóxica de mi agenda y dejé lugar para nuevas experiencias, aventuras y personas que van a quedar siempre plasmadas en mis recuerdos.
Por primera vez no me puse meta alguna para el 2012, es más, estoy tan decidida a dejarme llevar por mis impulsos (como siempre) que no hay planificación que me venga bien. Afuera las viejas costumbres, formas de pensar y actuar: me saco el antifaz y le dejo el trabajo a otro. Hoy soy yo misma, y pienso seguir siendolo durante mucho tiempo más, con mi carácter de mierda, mis actitudes soberbias u, sobre todas las cosas, mis comentarios ácidos y sin anestesia, te guste o no. Soy quien soy, y arranco esta nueva etapa con la mejor onda, los mejores deseos y las mayores ambiciones:
2012, sos mío.