sábado, 31 de diciembre de 2011

Chau, VeinteOnce.

No me gusta hacer resúmenes al finalizar cada año de mi vida, de hecho, me molesta: llamar a la memoria e invocar recuerdos me estresa increíblemente, porque me tienta tanto el futuro, que el pasado me parece insulso y vacío. Pero tengo la necesidad de ordenar todas las cosas que andan dando vuelta por mi cabeza para poder pensar con claridad.
Arranqué el año intentando cambiarme por los demás (algo raro en mí, debo mencionar), lo cual no funcionó, pero por lo menos pude aprender de la experiencia y crecer un poquito más. Ignorando toda crítica constructiva o destructiva hacia mi persona viví un 2011 con demasiadas altas y bajas como para no ser considerado una ruta peligrosa. Enero fue normal, club, amigos, ilusiones y una que otra desilusión también. Febrero fue lo más: mi cumpleaños (tiendo a odiar mis cumpleaños, en realidad, no sé por qué, pero no me parecen especiales. Al menos no el mío), Walt Disney World, Orlando, Miami... y en Marzo, el colegio.
Durante el año, no me arrepentí ni siquiera un segundo de haber sido la única de mi curso que de entrada se fue a la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales, es lo que me gusta, y nunca me importó si estaba sola o acompañada haciendo lo que me gusta. Conocí gente increíble, y retomé contacto con muchas otras personas maravillosas que ya habían estado junto a mí con anterioridad.
De todos modos, los problemas no se hicieron esperar: me encontré discutiendo con mis amigas de siempre por cosas que creía que ya eran parte del pasado, y llegué a detestarlas por querer cambiar quién soy y con quién me relaciono, pidiéndome que cambie todas esas nuevas amistades y reencuentros por más tiempo con ellas, cuando ni siquiera podía notar que me quisieran a su lado. Perdí a quien por un largo tiempo había considerado mi mejor amigo (y no le doy ese título a mucha gente) cerca a esa fecha también, y sentía que estaba deshaciéndome de mis viejas amistades para arrancar de nuevo con otra gente: no quería eso. 
Gracias a todo esto me di cuenta de que quienes realmente necesito y están siempre para mí, siempre estuvieron, nunca me hicieron berrinches por nada, y se mantuvieron leales, aceptándome tal como soy. Me di cuenta de que mi mejor amigo no era mi mejor amigo, nunca lo había sido, y la persona que realmente se merecía ese título había estado siempre oculta por la sombra de quienes lo rodeaban. Dijo 'presente!' y eso fue suficiente para que yo me diera cuenta de que era ese amigo incondicional que tanto había estado esperando que apareciera. Recién ahora, a fin de año, empiezo a distinguir con claridad quién vale la pena y quién no, me encuentro relacionándome con gente con quien perdí mucho, y con otros con quienes jamás se me hubiera ocurrido que podría llevarme bien. Se convirtieron en mis amigos incondicionales, en las personas más valiosas para mí, entre todas las que llenan este vasto mundo.
Fue un 2011 tumultuoso en cuanto relaciones con mis pares en general, muchos choques entre amistades, muchas separaciones y nuevas uniones, que no pararon hasta el día de hoy. De hecho, no fue hasta mediados de Julio que estuve relativamente segura de quiénes eran mis amigos y quiénes lo aparentaban. Amistades de años desaparecieron tan rápido como nuevos viejos amigos aparecían para retomar sus lugares en mi vida. 
Dejé teatro.
No fue una decisión difícil, en realidad. Amo actuar, pero sentía que ese no era mi lugar en ese preciso momento, y que posiblemente iba a estar mejor en otro lado. Mis amigas de teatro y yo nos seguimos viendo, seguimos hablando, nos seguimos queriendo aunque no nos veamos tanto como antes. Me colé en el teatro para ver a otra amiga hacer un protagónico en el ECM, donde yo había abandonado, y jamás me sentí tan feliz de haber abandonado algo. Sin teatro, tenía un peso mucho menor sobre mí.
Mi curso de inglés fue una mierda, pienso volver a mi horario anterior. Falté muchas veces por irme a dar unas vueltas por la ciudad con mis amigos, porque sinceramente no soportaba entrar a ese salón. Mejor promedio, de nuevo, aunque yo sentí que fue mi peor año (sinceramente creo que nunca me puse tan pocas pilas para hacer algo). No hacía las tareas, no estudiaba para los exámenes (en realidad nunca lo hice para Inglés), faltaba muchísimo, llegaba todas las clases entre quince y veinte minutos tarde. Hubo un día en el que entré, y en medio de la escalera decidí irme. Respecto a patín, bueno, seguí patinando hasta ¿Octubre, Noviembre? Y dejé, por no estar conforme con los horarios, la profesora, el grupo, las cosas que hacíamos... y arranqué con el personal trainer: tres semanitas y arrancaron las vacaciones, por lo que no lo vi más.
Respecto a mi corazón, bueno... sinceramente no sé cómo sigue latiendo. Pobrecito, viviendo en un cuerpo tan bipolar no me extrañaría que de un día al otro se desmoronara, con tantas subidas y bajadas, golpes, caídas y alegrías. Me llevé una linda desilusión durante (como mínimo) la primer mitad del año y tal vez un poquito más, viviendo por alguien que no se acordaba de quién era: pésimo. Volví a mis días de Forever Alone y los disfruté hasta hace ¿Una semana? Patético, los chamuyeros me persiguen, o a lo mejor yo los encuentro a ellos, sinceramente no sé. Este por lo menos es un chamuyero conocido, y no lo busqué, sino que él me buscó a mí. Eso es un punto a favor. Es como un -10 en Chin Chón, el tema es que el hecho de que sea chamuyero es como que tenga una mano de dos dieces, dos onces, dos doces y un nueve, cuyos palos no coincidan. Restamos diez y sumamos setenta y cinco. Si estuviéramos jugando a cincuenta, ya te hubieras ido por la borda, y si jugamos a cien estás ahí nomás... no hay muchas chances de ganar pero las cosas se pueden salvar ¿Quién sabe? El tiempo pasa rapidísimo, pero sobra cuando tenés quince años y es verano.
Ya lo dije antes, fue un año de constantes subidas y bajadas, de pros y contras, de diferencias marcadas y coincidencias sorprendentes. Me fallaron amistades, y también yo les fallé, me falló el corazón y fallé en persistencia. Termino el año sintiéndome la misma de antes, no estoy mejor, pero tampoco peor. Sinceramente no soy una buena persona, no siento que merezca ese título, y sí, me gustaría intentar, pero por el momento me conformo siendo quien soy, y esperando que este 2012 me traiga UNA buena.
Gracias, 2011, por todo, pero es momento de dejarte atrás, y estoy completamente lista para el futuro, para lo que venga, para lo que tenga que pasar. Arranco el año con fuerzas renovadas, cabeza en alto, pisadas fuertes y el corazón bajo llave. 
Paz, hermanos, y que este 2012 sea tan espectacular como espero.

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