sábado, 31 de diciembre de 2011

Chau, VeinteOnce.

No me gusta hacer resúmenes al finalizar cada año de mi vida, de hecho, me molesta: llamar a la memoria e invocar recuerdos me estresa increíblemente, porque me tienta tanto el futuro, que el pasado me parece insulso y vacío. Pero tengo la necesidad de ordenar todas las cosas que andan dando vuelta por mi cabeza para poder pensar con claridad.
Arranqué el año intentando cambiarme por los demás (algo raro en mí, debo mencionar), lo cual no funcionó, pero por lo menos pude aprender de la experiencia y crecer un poquito más. Ignorando toda crítica constructiva o destructiva hacia mi persona viví un 2011 con demasiadas altas y bajas como para no ser considerado una ruta peligrosa. Enero fue normal, club, amigos, ilusiones y una que otra desilusión también. Febrero fue lo más: mi cumpleaños (tiendo a odiar mis cumpleaños, en realidad, no sé por qué, pero no me parecen especiales. Al menos no el mío), Walt Disney World, Orlando, Miami... y en Marzo, el colegio.
Durante el año, no me arrepentí ni siquiera un segundo de haber sido la única de mi curso que de entrada se fue a la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales, es lo que me gusta, y nunca me importó si estaba sola o acompañada haciendo lo que me gusta. Conocí gente increíble, y retomé contacto con muchas otras personas maravillosas que ya habían estado junto a mí con anterioridad.
De todos modos, los problemas no se hicieron esperar: me encontré discutiendo con mis amigas de siempre por cosas que creía que ya eran parte del pasado, y llegué a detestarlas por querer cambiar quién soy y con quién me relaciono, pidiéndome que cambie todas esas nuevas amistades y reencuentros por más tiempo con ellas, cuando ni siquiera podía notar que me quisieran a su lado. Perdí a quien por un largo tiempo había considerado mi mejor amigo (y no le doy ese título a mucha gente) cerca a esa fecha también, y sentía que estaba deshaciéndome de mis viejas amistades para arrancar de nuevo con otra gente: no quería eso. 
Gracias a todo esto me di cuenta de que quienes realmente necesito y están siempre para mí, siempre estuvieron, nunca me hicieron berrinches por nada, y se mantuvieron leales, aceptándome tal como soy. Me di cuenta de que mi mejor amigo no era mi mejor amigo, nunca lo había sido, y la persona que realmente se merecía ese título había estado siempre oculta por la sombra de quienes lo rodeaban. Dijo 'presente!' y eso fue suficiente para que yo me diera cuenta de que era ese amigo incondicional que tanto había estado esperando que apareciera. Recién ahora, a fin de año, empiezo a distinguir con claridad quién vale la pena y quién no, me encuentro relacionándome con gente con quien perdí mucho, y con otros con quienes jamás se me hubiera ocurrido que podría llevarme bien. Se convirtieron en mis amigos incondicionales, en las personas más valiosas para mí, entre todas las que llenan este vasto mundo.
Fue un 2011 tumultuoso en cuanto relaciones con mis pares en general, muchos choques entre amistades, muchas separaciones y nuevas uniones, que no pararon hasta el día de hoy. De hecho, no fue hasta mediados de Julio que estuve relativamente segura de quiénes eran mis amigos y quiénes lo aparentaban. Amistades de años desaparecieron tan rápido como nuevos viejos amigos aparecían para retomar sus lugares en mi vida. 
Dejé teatro.
No fue una decisión difícil, en realidad. Amo actuar, pero sentía que ese no era mi lugar en ese preciso momento, y que posiblemente iba a estar mejor en otro lado. Mis amigas de teatro y yo nos seguimos viendo, seguimos hablando, nos seguimos queriendo aunque no nos veamos tanto como antes. Me colé en el teatro para ver a otra amiga hacer un protagónico en el ECM, donde yo había abandonado, y jamás me sentí tan feliz de haber abandonado algo. Sin teatro, tenía un peso mucho menor sobre mí.
Mi curso de inglés fue una mierda, pienso volver a mi horario anterior. Falté muchas veces por irme a dar unas vueltas por la ciudad con mis amigos, porque sinceramente no soportaba entrar a ese salón. Mejor promedio, de nuevo, aunque yo sentí que fue mi peor año (sinceramente creo que nunca me puse tan pocas pilas para hacer algo). No hacía las tareas, no estudiaba para los exámenes (en realidad nunca lo hice para Inglés), faltaba muchísimo, llegaba todas las clases entre quince y veinte minutos tarde. Hubo un día en el que entré, y en medio de la escalera decidí irme. Respecto a patín, bueno, seguí patinando hasta ¿Octubre, Noviembre? Y dejé, por no estar conforme con los horarios, la profesora, el grupo, las cosas que hacíamos... y arranqué con el personal trainer: tres semanitas y arrancaron las vacaciones, por lo que no lo vi más.
Respecto a mi corazón, bueno... sinceramente no sé cómo sigue latiendo. Pobrecito, viviendo en un cuerpo tan bipolar no me extrañaría que de un día al otro se desmoronara, con tantas subidas y bajadas, golpes, caídas y alegrías. Me llevé una linda desilusión durante (como mínimo) la primer mitad del año y tal vez un poquito más, viviendo por alguien que no se acordaba de quién era: pésimo. Volví a mis días de Forever Alone y los disfruté hasta hace ¿Una semana? Patético, los chamuyeros me persiguen, o a lo mejor yo los encuentro a ellos, sinceramente no sé. Este por lo menos es un chamuyero conocido, y no lo busqué, sino que él me buscó a mí. Eso es un punto a favor. Es como un -10 en Chin Chón, el tema es que el hecho de que sea chamuyero es como que tenga una mano de dos dieces, dos onces, dos doces y un nueve, cuyos palos no coincidan. Restamos diez y sumamos setenta y cinco. Si estuviéramos jugando a cincuenta, ya te hubieras ido por la borda, y si jugamos a cien estás ahí nomás... no hay muchas chances de ganar pero las cosas se pueden salvar ¿Quién sabe? El tiempo pasa rapidísimo, pero sobra cuando tenés quince años y es verano.
Ya lo dije antes, fue un año de constantes subidas y bajadas, de pros y contras, de diferencias marcadas y coincidencias sorprendentes. Me fallaron amistades, y también yo les fallé, me falló el corazón y fallé en persistencia. Termino el año sintiéndome la misma de antes, no estoy mejor, pero tampoco peor. Sinceramente no soy una buena persona, no siento que merezca ese título, y sí, me gustaría intentar, pero por el momento me conformo siendo quien soy, y esperando que este 2012 me traiga UNA buena.
Gracias, 2011, por todo, pero es momento de dejarte atrás, y estoy completamente lista para el futuro, para lo que venga, para lo que tenga que pasar. Arranco el año con fuerzas renovadas, cabeza en alto, pisadas fuertes y el corazón bajo llave. 
Paz, hermanos, y que este 2012 sea tan espectacular como espero.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La historia se repite.

Hace mucho que no escribo. Hace mucho que no me siento a leer blogs. Hace mucho que quiero escribir algo coherente, pero pasa que las palabras se amontonan en mi cabeza formando un hermoso caos, en vez de agruparse como frases con un sentido propio. Estoy bastante ocupada no haciendo nada como para preocuparme por hacer algo que valga la pena (no sé si el concepto se entiende, pero es como si mi cerebro estuviera hibernando). Y cuando no tengo nada con qué distraerme, como todos los veranos, con un día de diferencia al año pasado, alguien aparece...
Alguien, alguien que está hace bastante y nunca se hizo notar, que siempre estuvo y nunca vi, que ahora se muestra irresistiblemente buena onda y simpático. Pero a mi ya me rompieron el corazón suficientes veces como para no caer en chamuyos, me ilusioné y desilusioné tanto que ya soy inmune a todo este boludeo, y me siento completamente apta para jugar de la misma manera que jugas vos, que juegan todos ¿Quién sabe? A lo mejor todo esto termina en algo bueno y me doy cuenta de que no malgasté mi tiempo en vano como en ocasiones anteriores. A lo mejor puedo volver a ser más una persona que un iceberg, frío, duro y sin sentimientos (al menos a la mirada pública). A lo mejor valés la pena y seguís siendo la buena persona que siempre me pareció que fuiste, a lo mejor no estás jugando conmigo sino que te la estás jugando por mí...

domingo, 18 de diciembre de 2011

sábado, 17 de diciembre de 2011

Así son las cosas: amargas, borrosas.

Ayer tuve un día digno de olvidar: yeta, yeta, yeta. Para empezar, la noche anterior había discutido con la mitad de mi familia y estaba un poco (muy) histérica todavía. No quería hacer nada, no quería estar en el club, no quería estar en mi casa. No sabía a dónde quería estar, porque en realidad no quería estar en ningún lado, quería desaparecer un buen rato. Intenté volverme caminando del club (porque, a todo esto, me había quedado sin viajes en la tarjeta de colectivo y no tenía plata para comprar otra o pagar con monedas), caminé una cuadra y se me vino un grupito bastante sospechoso (por no decirte que tenían terrible pinta de delincuentes juveniles y que parecía que me iban a robar hasta el alma), di media vuelta y me mandé en el único lugar que conozco por esa zona: el club. Mis amigas (en su mayoría) estaban raras conmigo, así que enfilé para el lugar en el que estamos siempre y me senté con mis amigos, que estaban (como siempre) jugando al truco. Pasaron un par de horas y volvimos todos, porque un par se tenían que volver antes, yo estaba mala onda y el resto, la verdad no sé, la cosa es que se volvieron con nosotros.
Llegué a casa y no vi las llaves de mis viejos, bien, la casa para mí, pensé. Pero no. Llegué a mi pieza y escuché la cerradura: mi mamá venía con Bombón (mi perra) del veterinario y yo, sinceramente, no tenía ganas de verla, porque sabía lo que iba a pasar.
Ahí arrancaron las confrontaciones de nuevo, entre gritos, llanto y desesperación, desde la misma silla donde estoy sentada ahora mismo le planteé todo lo que pensaba, casi sin dejarla emitir palabra. Llegamos a un acuerdo con el cual sinceramente no estoy de acuerdo, pero que me vi obligada a aceptar por mi condición de ''hija responsable''.
Durante esa media hora de gritos y llanto, vomité. Vomité palabras. Le dije todo lo que pensaba, sin filtros y sin anestesia, como hago siempre, y cuando terminé con mi discurso lleno de palabras atropelladas que se mezclaban entre sí porque no encontraban el suficiente lugar para salir todas al mismo tiempo me vi obligada a escucharla. Lo que decía no me sorprendió en lo más mínimo, ya había escuchado esas palabras en boca de otras personas miles de veces, y era consciente de que tenía razón en lo que me estaba diciendo.
Durante su momento de hablar, me expuso tres puntos básicos de mi personalidad acertados y que últimamente me traen muchos problemas:

  • Autosuficiencia e independencia extremas.
  • Le cierro la puerta de mi mundo a todo aquel que se me aproxima demasiado.
  • Demasiado dura.
El primer y el último punto, según ella, son virtudes. Significan que el día de mañana, cuando me encuentre sola (es algo que obviamente va a pasar en algún punto de mi vida), voy a poder afrontar todo obstáculo que aparezca en mi camino y seguir adelante con el mismo ímpetu que antes. Desde mi punto de vista, no son ni virtudes ni defectos, son simplemente características como cualquier otra: tienen su lado positivo y su lado negativo. Al ser tan independiente y autosuficiente, termino alejándome de los demás, creyendo que puedo con todo sola, cuando en realidad estoy bastante lejos de ser la mujer biónica. El hecho de ser demasiado dura contribuye a esto, justamente, y al hecho de que no sepa pedir ayuda (y tampoco quiera hacerlo).
El segundo punto es el que me hace sentir un poco como Pink (si vieron The Wall, me entenderán), con la diferencia de que su vida y la mía son completamente diferentes, coincidiendo en que ambos construímos una enorme pared alrededor nuestro para protegernos del exterior, y cuando alguien está lo suficientemente cerca de lograr abrir la única puerta que hay en esa pared, lo ahuyentamos. Mamá me dijo que ella no es una persona que ande cargoseando a los demás todo el día, que no espere que ella me llame cada cinco minutos y decida todo por mí porque no es algo que ella haría o le gustaría que le hicieran, y se disculpó por parecer tan distante; debido a esto justamente. También me dijo que si yo no la dejaba entrar, ella tampoco podía aproximarse demasiado, y ahí me di cuenta de mi error.
No recuerdo demasiado de la charla de ayer, estaba demasiado abstraída para escuchar con la debida atención, pero esas palabras se me quedaron grabadas y me hicieron un click. Como bien dijeron Cerati y BajoFondo:
Así son las cosas: amargas, borrosas.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pérdida.

El ejemplo más claro de una persona que pierde a quien más quiere y sigue viviendo es mi abuelo paterno. Mi abuela falleció hace unos cinco, seis años (sinceramente no me acuerdo) pero él sigue su vida del mismo modo en que lo hacía antes. La verdad es que no entiendo de dónde saca fuerzas para reírse como lo hace todos los días, salir a tomar café con sus amigos cada mañana, venir a ofrecerme ensalada de frutas antes de que me vaya al club, o simplemente continuar con su vida. Debe ser difícil perder a una persona con la que viviste tantos años, son cosas que no se olvidan. Yo sé que él no se olvida, aunque cada mañana se despierte solo, aunque no esté ella para cocinar, aunque en los almuerzos durante la semana seamos solamente él y yo.
La verdad es que la extraño, y mucho, después de todos estos años. En su momento no le di importancia, ni siquiera lloré porque se hubiera ido. De hecho, siempre creí que está mejor en donde sea que esté ahora, mucho mejor de lo que estaba cuando todavía vivía. Desde chica sostuve eso, y es lo que me ayudó a superarlo y a entenderlo: ella está mejor ahora.
Durante sus últimos tiempos, no estaba bien. Pasó muchísimo tiempo internada, la trasladaban de sanatorio en sanatorio, llegaron a internarla en su propia casa, y yo odiaba verla así. No quería ir a visitarla por el simple hecho de que me hacía mal: tanto egoísmo en vano, se fue de todos modos, y ahora no hay nada que pueda hacer para cambiarlo. Siempre me hizo mal, y siempre me va a hacer mal recordar esos momentos en los que ni siquiera era consciente de lo que decía, parecía un zombie a causa de la morfina y tenía cables y agujas por todos lados. Postrada en una cama, deliraba, no te reconocía cuando llegabas, y no podía articular dos palabras con coherencia. En ese momento yo no entendía nada, era chica y no me importaba demasiado, creía que era algo transitorio y que ella se iba a recuperar. Sí fue algo transitorio, pero no tuvo el desenlace que yo esperaba.
Hay cosas que se te quedan grabadas en la memoria, y tengo varios recuerdos sueltos de sus últimos días. Me acuerdo que me trataban de insensible por no prestarle la atención requerida al tema, simplemente porque no entendían que me hacía mucho daño. Me acuerdo de llegar a la habitación los sábados cuando estaba por terminar el horario de visitas, con mi mamá y mi mejor amiga, y ver a mis familiares sentados alrededor de mi abuela, tratando de comunicarse con ella. Pero ella no respondía, solamente balbuceaba palabras sin sentido. Deliraba la mayor parte del tiempo, estaba convencida de que me habían secuestrado los chinos y que, a su vez, querían envenenarla a ella porque sabía lo que habían hecho: esto hizo que se negara a tomar los medicamentos. ''¿Cómo la van a tener los chinos, si está acá?'' le decían mis familiares cuando yo llegaba, ''Ella no es Lara, es una copia'', respondía ella. Estaba muy mal, y me hacía mal a mí verla mal a ella. Siempre fue una mujer fuerte, admirable, inquieta, y así había terminado a causa de la diabetes: postrada en una cama y delirando. Me parece que eso es bastante injusto.
Todavía noto un poco de dolor en la voz de mi abuelo cuando me cuenta anécdotas de cuando yo era chica que la incluyen a ella, cuando la nombra, también. ''A ella nunca le gustó el nombre Ramona, prefería que todos la llamaran Norma, que era su primer nombre''. ´Pero para mí no era ni Norma, ni Ramona, era Titi, y la sigo queriendo mucho a pesar de que los años pasen, sé que el también la quiere y que no se olvida de ella.
En algún punto de su enfermedad (sinceramente no me acuerdo si fue antes de que la internaran o cuando ya estaba mejorando) la trasladaron a un geriátrico. Ella era muy charlatana y estaba contenta de tener una compañera de habitación que fuera tan charlatana como ella, porque se entretenía bastante. Las volvía locas a las chicas que trabajaban ahí, y cuando la íbamos a visitar en el horario en el que servían la comida, me daba su postre a mí: siempre, aunque yo nunca lo aceptaba. Yo, por mi parte, odiaba ese lugar. Estaba lleno de viejitos con alzheimer u otras enfermedades, a los cuales trasladaban de acá para allá en sillas de ruedas. A veces ponían música y algunos se animaban a bailar en la pista, eso me causaba ternura. Siempre me causaron ternura las personas mayores, tienen mucha sabiduría encima. Ella no bailaba, se quedaba hablando con nosotros y me preguntaba cómo iba el colegio, qué había hecho durante la semana o simplemente cómo estaba. Se la veía contenta a pesar de que ya no vivía con su familia, porque mi abuelo ya no podía cuidarla, y el resto trabajaban, por lo que su tiempo en casa era muy reducido, y si algo llegaba a pasar, no iba a haber nadie para ayudarla.
El día de mi primera comunión la llevamos a cenar a un restaurant que estaba a media cuadra del geriátrico. Me acuerdo que estaba muy contenta por haber podido salir de ahí, estaba cansada de estar entre cuatro paredes y decía que ''esos viejos que no hacen nada'' la aburrían. Yo había protestado muchísimo porque no quería ir, a mi ''esos viejos que no hacen nada'' me ponían mal, y hoy en día los siguen haciendo. Ella se mostraba emocionada por mi primera comunión y repetía sin cansarse que le hubiera encantado ir (religiosa a muerte, me llevaba a misa con ella todos los domingos cuando yo era chica).
No fui a su funeral, porque quiero que mis recuerdos de su persona sean de cuando ella estaba viva, no de verla completamente inerte en un cajón. Fui a los últimos quince minutos de la misa que dieron por los difuntos en la Catedral, suficientes como para escuchar su nombre, y volví a irme. Mi papá, mi tío y mi abuelo tiraron sus cenizas al Río Paraná (porque ella lo quería así), así que no hay lápida que la conmemore.
Lo único que nos queda de ella son las fotos y los recuerdos grabados a fuego en nuestras memorias, y no podría pedir nada más, porque a pesar de todo, te ayudan a superar la pérdida.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Todo es tan público.

Me estoy cansando de escribir en este blog. Amo hacerlo, no me malinterpreten, pero hay demasiados temas que se me hace imposible tocar sin que alguien a quien yo conozca lo lea y empiece a hacer preguntas (las cuales no quiero responder, porque, de otra manera, lo habría hecho público en mi vida cotidiana); es por esto que me veo obligada a escribir cada vez menos acá y más en papeles sueltos que posteriormente pierdo.
Escribiendo en un blog terminás haciendo toda tu vida pública, y esa no fue mi idea cuando creé mi cuenta hace casi dos años. Lo que yo siempre busqué fue una forma de descargarme, pero me veo obligada a seguir acumulando pensamientos y sentimientos que tranquilamente puedo denominar basura, al no poder descargar todo acá por el motivo antes expresado. Entonces, en vez de descargar, acumulo, acumulo, acumulo, acumulo, y ¿Qué pasa? Exploto.
Lo peor es que ni siquiera soy consciente de ello, la última vez que exploté fue hace un par de noches, que nos quedamos a cenar en el club con unos amigos. En un momento de la noche me fui con dos de mis mejores amigas a hablar a un lugar más apartado de todo el gentío y el bullicio que había en los parrilleros y, para ser sincera, me sentí MUY liberada. Ni siquiera me daba cuenta de lo que decía: las palabras brotaban solas de mi boca liberando, a su vez, muchísimas tensiones. Tener personas que te escuchen es definitivamente una de las cosas más importantes para mí. El simple hecho de saber que están ahí si los necesito, tanto como yo estoy siempre para ellos, me hace feliz.
Y sí, hablar con mis amigas es echar al viento todas mis preocupaciones y problemas personales, pero prefiero que ellas se enteren y no cualquiera que ronde por mi blog (ni que fueran tantos).

viernes, 2 de diciembre de 2011

Se viene, se viene.

"Y laaaaaaaaaaaaargarooooooooon" diría el relator de las carreras de caballos de Crónica en el momento en el que se dispara y los caballos corren, corren, corren. Es una manera de marcar un comienzo, y hoy también marco un comienzo: el comienzo oficial de mis vacaciones nocturnas.
Oh, pequeño murciélago ¿A dónde te llevará la noche hoy?
A rumbos desconocidos, momentos inolvidables y al comienzo de una de tantas noches geniales que tengo por delante. Hoy, joda; mañana, joda; el domingo, joda. Por Dios, no puedo creer que por fin pueda liberar los domingos, aaaaaaaaah soy tan libre. Me encanta, amo el hecho de saber que no voy a tener que encerrarme en la cocina a ver lo lindo que está el día desde la ventana y estudiar porque al otro día tengo evaluación. Tres meses de amar los domingos y ¡qué bien se siente! Amo esa sensación de no saber qué puto día de la semana es, en el que no te importan los feriados y te podés sacar el reloj tranquilamente porque no hay compromisos a los cuales asistir. Perderse en el tiempo mismo es una de las sensaciones más lindas, y saber que no hay límites hace que esto mejore todavía más.
Quedarse hasta la madrugada viendo series por Cuevana, escuchando música o leyendo, levantarse temprano para tomar sol, salir a dar una vuelta, o simplemente apagar el despertador y seguir durmiendo porque sabés que podés. Ir a cenar en el club, salir a bailar, a tomar algo con tus amigos, o simplemente dar una vuelta por la ciudad. Liberar tu mente expresar tu alma en su forma más pura, tirarse en el pasto a ver el cielo, las aves que pasan volando, las nubes, que parecen estar tan cerca, pero a la vez tan lejos. Subirle el volumen a los auriculares y caminar sin rumbo, reirse a carcajadas de cualquier pavada, gritar y sentir cada emoción al máximo. Salir, entrar, seguir, parar; todo junto. El sonido del viento, de las olas rompiendo en la costa, la arena entre tus dedos y las mil y una oportunidades que se te ofrecen. Leer revistas, libros, blogs, y hasta el dorso de los envases del shampoo.
Todo eso, comienza ahora: se viene un verano inolvidable. Se viene, se viene.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vacaciones.

Por fin, por fin, por fin. Este lunes arrancaron las vacaciones diferentes (por así llamarlas) que tanto estaba ansiando y, sí, en los cuatro días que pasaron no sólo madrugué, sino que hice algo de deporte y estuve al sol (aunque recompensé todas estas actividades tan fuera de mí con una tarde tirada en el pasto hecha un bollo en el club, que es mi estado natural de vagancia veraniega). 
Va a ser un verano muy fuera de mí, lleno de nuevas experiencias y momentos inolvidables; no pienso desperdiciar un puto segundo, voy a disfrutar al máximo, lo sé, y se siente taaaaaaaaaaan bien. 
No pienso preocuparme por nada, porque es básicamente lo único que hice durante todo el año, y no pienso arruinar otro verano o malgastarlo preocupándome por gente, cosas o situaciones sin sentido. Es más, ya llegué a un punto de completa ignorancia de las críticas de los demás, sinceramente, ya nada me afecta. 
Antes me molestaba que se enojaran conmigo sin motivo, o me ignoraran, o simplemente me preocupaba lo que dijeran, pero hace bastante tiempo empecé con una completa reconstrucción de mi ser, una reprogramación de mi propio cerebro, por así decirlo. Es un proceso arduo y cansador, pero obtenés resultados muy positivos.
Creo que lo único que me hace falta para arrancar con toda es sentarme a hablar seriamente con un par de personas para solucionar algunos cabos sueltos que vienen dando vueltas desde hace bastante, nada demasiado importante. En realidad, es muy importante, pero no viene al caso. Podríamos decir que se basa en la ineptitud de algunas personas, en la forma estúpida que tienen de ver mi vida y en los serios problemas que tienen para ver lo evidente y aceptar que vos sabés más de vos mismo que ellos. Esto para resumir, porque cada vez se suman más personas a la lista de ignorantes con mente obtusa de los cuales estoy hablando, que por momentos me dan ganas de comprar una ametralladora y salir a descargar toda mi ira. Pero no, porque estas mentes obtusas son mis amigos, y aunque estén completamente cegados, ya me voy a sentar con ellos a hablar en serio, simplemente para que me escuchen, porque eso es justamente lo que no hacen, escucharme. Si todos nos escucháramos las cosas serían mucho más sencillas, ahorraríamos tiempo y ganas, y podríamos enfocarnos en cosas que son mucho más importantes. Pero no, porque algunos prefieren seguir en la profunda oscuridad tanteando el camino al azar y equivocándose sin poder verlo en lugar de escuchar la verdad de una vez por todas. Hay personas y personas, y sobre los modos de los demás de ver mi vida la verdad es que no puedo decir nada, después de todo, es bastante subjetivo ¿No? Me refiero a que tampoco podés andar aceptando todas las boludeces que dicen, porque las dicen en tu cara, sin sacarte de quicio y considerar seriamente cometer un homicidio en masa. 
Pero, relax, que estás de vacaciones y todo se puede.