domingo, 20 de noviembre de 2011

Yeta.

Como soy propensa a que me ocurran eventos desafortunados, no me extraña que un sábado tan de mierda termine convirtiéndose en un sábado catastrófico. Es que soy tan anormalmente yeta que a veces me sorprendo a mí misma ¿Puede ser que una jodita en medio de un trabajo sobre el tercer gobierno peronista se transforme de un segundo a otro en dos dedos esqueléticos y sumamente frágiles aplastados por una puerta? Sí, gente, cuando sos Lara y tenés serios problema, es cosa de todos los días que te pasen este tipo de cosas.
Partamos desde el principio:
Me levanté de mal humor (raro de mí un sábado) y traté de calmar mi mala onda escuchando Airbag a todo volúmen: no funcionó. A las dos me fui a la casa de unas amigas a hacer un trabajo práctico sobre el tema antes mencionado, y estaba lisa y llanamente mala onda, con baja autoestima, histérica e iracunda. Por primera vez en mucho tiempo tenía ganas de quedarme todo el día en mi casa durmiendo y consumiendo dosis altas de azúcar y calorías vacías, pero era el cumpleaños de una amiga y no le iba a fallar. Mis pobres amigas se bancaron mi mala onda durante dos horas, después me puse las pilas y empecé a recuperar mi buen humor típico de los sábados. Dos de ellas se fueron a buscar información a la computadora, que está en otra habitación, y con la que se quedó conmigo las empezamos a joder. En un momento ella se puso en una posición extraña en la alfombra, en la puerta de la habitación donde estaban las otras, y yo abrí la puerta de golpe para que ellas la vieran. Gracias a mi elevado grado de despiste, dejé la mano en la bisagra de la puerta, sin darme cuenta. Y justo, justo en ese momento de descuido mi mejor amiga se levantó y cerró la puerta con toda.
En un principio no caí. Era consciente de que me dolía algo, pero no sabía qué: una vocesita me decía en mi cabeza ''la mano, Lara, la manooooooooooo'' pero yo no entendía nada, no la escuchaba. Me quedé mirando a las chicas unos cuantos segundos, y ellas vieron cómo me petrificaba y mi cara se iba deformando hasta el momento en el que grité 'AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH la mano, la mano, la puta madre, la mano, la mano, aaaaaaaaah mierda como duele'' y entré a temblar cual enfermo de parkinson. Parecía que mis manos tenían vida propia, literalmente, no me dejaban de temblar.
-Dejá la mano quieta que no veo nada.
-Uh, boluda, te hiciste mierda.
-Ahhh cómo se hinchó.
-Dale, vení, vamos a la cocina a ponerte hielo.
Y yo no respondía ''me duele, me duele mucho'', decía. Me senté en una silla y puse la mano en hielo, pero me quemaba la piel. Y ahí es cuando me baja la presión al caer en la cuenta de que la mano me dolía muchísimo, me puse pálida (más de lo normal, imaginen eso!) y me agarraron náuseas. Siempre que me baja la presión me tiemblan las piernas, me duele la cabeza, me pongo blanca cual papel y me dan náuseas, y soy bastante propensa a que me baje la presión y a deshidratarme.
-Llamá a mamá, Magdalena, a ver si hay algo que pueda tomar.
-No che, no quiero tomar nada- en este punto ya me temblaba la voz.- Me bajó la presión.
-Si querés llorar, llorá, che, no pasa nada.
-Eso es lo peor, no quiero llorar. Me duele mucho, pero no quiero llorar- tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago.
-¿Querés que llamemos a Urgencias?
-No ¿Para qué? Ay, la puta, no me toqués la mano que me duele, mierda.
Llamé a mi vieja y, por la histeria que tenía, le entré a gritar como una loca desaforada por teléfono, porque esta mujer parece no entender cuando una le dice que ya se puso hielo en la mano y que no tiene Ibupirac en la cartera.
-Estás pálida
-Me bajó la presión, más vale que no voy a tener un bronceado de catálogo.
-Acostate con las piernas levantadas.
-No, estoy bien, estoy bien.
-No, Lara, dejate de joder. Vamos.
Y me llevaron hasta la pieza. No tienen una idea de lo bien que me hizo acostarme. De un momento para el otro ya se me habían ido las náuseas y no me dolía más la cabeza. Metí la mano en agua con hielo (casi me muero, tengo una hipersensibilidad a las temperaturas extremas increíble), y ahí fue cuando me largué a llorar, cuando vi bien mis dedos.
-Ay, no, me muero. Nooo, no hagas puchero. Sos una tierna.
-Perdóooooon es mi culpa, yo te cerré la puerta en la mano, soy una bestia. Ay, no, no llores.
-Dejenla que llore, mierda. Tomá, tomá más almohadas.
-Parecen... parecen dos morcillas -llanto descontrolado, lágrimas de cocodrilo- No voy a poder escribir, no voy a poder teclear en la compu...
Llanto, llanto, llanto mientras veía un especial de Lady Gaga en la televisión. De a poquito me fui calmando, me seguía doliendo, pero el hielo me había entumecido la mano, así que no sentía los dedos, pero seguían estando violetas, hinchados y deformes en comparación de todos los otros deditos desnutridos de pianista exageradamente flacos y largos. Los saqué de la olla con hielo y agua.
-Mirá, parecen morcillitas.
Llanto de nuevo.
-No, no, no están tan mal.
-Pero me duelen. Me duelen carajo, me dueleeeeeeeen ¿Cómo concha voy a agarrar una birome así? ¿Cómo me voy a pintar las uñas? Voy a tener que ir a la graduación con los dedos hechos dos morcillas... nooo... no quiero.- Agarré el celular- ¿Má? ¿Me podés venir a buscar?- llanto de nuevo- NO PUEDO ABRIR LA PUERTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
-Sino te acompañamos nosotras, che.
-No, no, ahí viene.
-¿Cuándo terminamos el trabajo? Yo lo hago si quieren. Lo hago por dos así termino el tuyo.
-No, no, en serio. Después lo copio de última.
-¿Segura?
-Segura.
Hacía un buen rato que había sacado la mano de la olla, porque el frío hacía que los dedos me latieran y sintiera como si me clavaran pequeños cuchillitos, y era muy molesto. Pero me estaba empezando a doler de nuevo.
-Meté la mano en la olla, mierda.
-Pero está fría.
-Es la idea, meté la mano en la olla que sino van a parecer dos morcillas por una semana.
-Ay, ay, ay. -llanto de nuevo.
-¿Qué pasa?
-¡SE ME VA A CAER LA UÑA! Noooooo la uña ¡Mis uñas! Se me van a caer, ay, no se me van a caer ¿Qué voy a hacer? Voy a tener dos muñones deformes por dedos si se me caen las uñas.
-No se te va a caer a uña.
-¿No?- las lágrimas cesaron.
Cuando bajé para irme, me largué a llorar de nuevo. No soporto la idea de sentirme inútil, de pedirle a otros que hagan las cosas por mí porque no puedo ni sostener una birome en su correcta posición. Para resumir lo que sigue y no extenderlo demasiado, pasé el resto de la tarde viendo Agua para Elefantes y Remember me. Tuve la intención de ver Crepúsculo de nuevo (amo verla cuando llueve o estoy mal) o Harry Potter y la Piedra Filosofal, pero la PlayStation (no funciona el control remoto del DVD) se negaba a leerlas, así que me conformé con esas dos. A la noche, vi Rock Star, por Much Music, después me vicié con los capítulos de Gossip Girl que me faltaba ver por Cuevana y me quedé leyendo blogs hasta las cuatro de la mañana: la mano me dolía lo suficiente como para no permitirme dormir.  A todo lo hice con la mano en un bowl con hielo y agua, sintiendo hipotermia en los dedos, pero eso por lo menos calmaba el dolor.
Llegué a un punto en el que la vista no me daba más y  las letras en el monitor eran manchas borrosas, por lo que decidí releer un par de capítulos de Crepúsculo, y terminé quedándome dormida al poco tiempo. Hoy me desperté más temprano de lo habitual por el dolor de la mano (sí, las doce del mediodía un domingo es madrugar) y tuve la mano en hielo hasta recién.
Ahora mis dedos parecen salchichas más que morcillas, pero siguen lilas e hinchados. Por lo menos se está ablandando la yema de uno de los dedos y se están deshinchando un poquito, pero los moretones abajo de las uñas me dan mucha impresión. Uno es un semicírculo perfecto y relativamente chico, en una de las uñas, y el otro es una especie de Pac-Man verde violáceo que ocupa la mitad de la uña, y duelen mucho, pero ya se me va a pasar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario