jueves, 24 de noviembre de 2011

Ya no me importa nada, no me preocupa nada, no siento nada. Lo único que quiero hacer es pasarla bien, no me importa dónde, cuándo o con quién: quiero vivir libremente. Y por suerte viene el verano, verano, verano! Me prometí a mi misma que este verano no me quedo un solo fin de semana completo encerrada en casa; voy a salir, cueste lo que cueste. Basta de dormir hasta las dos de la tarde, voy a aprovechar el tiempo, asi sea mirando por la ventana de la cocina o tomando una coca con mis amigos. No más encierro y noches enteras de Cuevana un sábado, no más ''dormir porque no sé qué carajo hacer'', no más tiempo desperdiciado en gente que no vale la pena. Basta, basta, basta.
Borrón, cuenta nueva, y tardes llenas de risas. POR FIN.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

domingo, 20 de noviembre de 2011

Yeta.

Como soy propensa a que me ocurran eventos desafortunados, no me extraña que un sábado tan de mierda termine convirtiéndose en un sábado catastrófico. Es que soy tan anormalmente yeta que a veces me sorprendo a mí misma ¿Puede ser que una jodita en medio de un trabajo sobre el tercer gobierno peronista se transforme de un segundo a otro en dos dedos esqueléticos y sumamente frágiles aplastados por una puerta? Sí, gente, cuando sos Lara y tenés serios problema, es cosa de todos los días que te pasen este tipo de cosas.
Partamos desde el principio:
Me levanté de mal humor (raro de mí un sábado) y traté de calmar mi mala onda escuchando Airbag a todo volúmen: no funcionó. A las dos me fui a la casa de unas amigas a hacer un trabajo práctico sobre el tema antes mencionado, y estaba lisa y llanamente mala onda, con baja autoestima, histérica e iracunda. Por primera vez en mucho tiempo tenía ganas de quedarme todo el día en mi casa durmiendo y consumiendo dosis altas de azúcar y calorías vacías, pero era el cumpleaños de una amiga y no le iba a fallar. Mis pobres amigas se bancaron mi mala onda durante dos horas, después me puse las pilas y empecé a recuperar mi buen humor típico de los sábados. Dos de ellas se fueron a buscar información a la computadora, que está en otra habitación, y con la que se quedó conmigo las empezamos a joder. En un momento ella se puso en una posición extraña en la alfombra, en la puerta de la habitación donde estaban las otras, y yo abrí la puerta de golpe para que ellas la vieran. Gracias a mi elevado grado de despiste, dejé la mano en la bisagra de la puerta, sin darme cuenta. Y justo, justo en ese momento de descuido mi mejor amiga se levantó y cerró la puerta con toda.
En un principio no caí. Era consciente de que me dolía algo, pero no sabía qué: una vocesita me decía en mi cabeza ''la mano, Lara, la manooooooooooo'' pero yo no entendía nada, no la escuchaba. Me quedé mirando a las chicas unos cuantos segundos, y ellas vieron cómo me petrificaba y mi cara se iba deformando hasta el momento en el que grité 'AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH la mano, la mano, la puta madre, la mano, la mano, aaaaaaaaah mierda como duele'' y entré a temblar cual enfermo de parkinson. Parecía que mis manos tenían vida propia, literalmente, no me dejaban de temblar.
-Dejá la mano quieta que no veo nada.
-Uh, boluda, te hiciste mierda.
-Ahhh cómo se hinchó.
-Dale, vení, vamos a la cocina a ponerte hielo.
Y yo no respondía ''me duele, me duele mucho'', decía. Me senté en una silla y puse la mano en hielo, pero me quemaba la piel. Y ahí es cuando me baja la presión al caer en la cuenta de que la mano me dolía muchísimo, me puse pálida (más de lo normal, imaginen eso!) y me agarraron náuseas. Siempre que me baja la presión me tiemblan las piernas, me duele la cabeza, me pongo blanca cual papel y me dan náuseas, y soy bastante propensa a que me baje la presión y a deshidratarme.
-Llamá a mamá, Magdalena, a ver si hay algo que pueda tomar.
-No che, no quiero tomar nada- en este punto ya me temblaba la voz.- Me bajó la presión.
-Si querés llorar, llorá, che, no pasa nada.
-Eso es lo peor, no quiero llorar. Me duele mucho, pero no quiero llorar- tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago.
-¿Querés que llamemos a Urgencias?
-No ¿Para qué? Ay, la puta, no me toqués la mano que me duele, mierda.
Llamé a mi vieja y, por la histeria que tenía, le entré a gritar como una loca desaforada por teléfono, porque esta mujer parece no entender cuando una le dice que ya se puso hielo en la mano y que no tiene Ibupirac en la cartera.
-Estás pálida
-Me bajó la presión, más vale que no voy a tener un bronceado de catálogo.
-Acostate con las piernas levantadas.
-No, estoy bien, estoy bien.
-No, Lara, dejate de joder. Vamos.
Y me llevaron hasta la pieza. No tienen una idea de lo bien que me hizo acostarme. De un momento para el otro ya se me habían ido las náuseas y no me dolía más la cabeza. Metí la mano en agua con hielo (casi me muero, tengo una hipersensibilidad a las temperaturas extremas increíble), y ahí fue cuando me largué a llorar, cuando vi bien mis dedos.
-Ay, no, me muero. Nooo, no hagas puchero. Sos una tierna.
-Perdóooooon es mi culpa, yo te cerré la puerta en la mano, soy una bestia. Ay, no, no llores.
-Dejenla que llore, mierda. Tomá, tomá más almohadas.
-Parecen... parecen dos morcillas -llanto descontrolado, lágrimas de cocodrilo- No voy a poder escribir, no voy a poder teclear en la compu...
Llanto, llanto, llanto mientras veía un especial de Lady Gaga en la televisión. De a poquito me fui calmando, me seguía doliendo, pero el hielo me había entumecido la mano, así que no sentía los dedos, pero seguían estando violetas, hinchados y deformes en comparación de todos los otros deditos desnutridos de pianista exageradamente flacos y largos. Los saqué de la olla con hielo y agua.
-Mirá, parecen morcillitas.
Llanto de nuevo.
-No, no, no están tan mal.
-Pero me duelen. Me duelen carajo, me dueleeeeeeeen ¿Cómo concha voy a agarrar una birome así? ¿Cómo me voy a pintar las uñas? Voy a tener que ir a la graduación con los dedos hechos dos morcillas... nooo... no quiero.- Agarré el celular- ¿Má? ¿Me podés venir a buscar?- llanto de nuevo- NO PUEDO ABRIR LA PUERTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
-Sino te acompañamos nosotras, che.
-No, no, ahí viene.
-¿Cuándo terminamos el trabajo? Yo lo hago si quieren. Lo hago por dos así termino el tuyo.
-No, no, en serio. Después lo copio de última.
-¿Segura?
-Segura.
Hacía un buen rato que había sacado la mano de la olla, porque el frío hacía que los dedos me latieran y sintiera como si me clavaran pequeños cuchillitos, y era muy molesto. Pero me estaba empezando a doler de nuevo.
-Meté la mano en la olla, mierda.
-Pero está fría.
-Es la idea, meté la mano en la olla que sino van a parecer dos morcillas por una semana.
-Ay, ay, ay. -llanto de nuevo.
-¿Qué pasa?
-¡SE ME VA A CAER LA UÑA! Noooooo la uña ¡Mis uñas! Se me van a caer, ay, no se me van a caer ¿Qué voy a hacer? Voy a tener dos muñones deformes por dedos si se me caen las uñas.
-No se te va a caer a uña.
-¿No?- las lágrimas cesaron.
Cuando bajé para irme, me largué a llorar de nuevo. No soporto la idea de sentirme inútil, de pedirle a otros que hagan las cosas por mí porque no puedo ni sostener una birome en su correcta posición. Para resumir lo que sigue y no extenderlo demasiado, pasé el resto de la tarde viendo Agua para Elefantes y Remember me. Tuve la intención de ver Crepúsculo de nuevo (amo verla cuando llueve o estoy mal) o Harry Potter y la Piedra Filosofal, pero la PlayStation (no funciona el control remoto del DVD) se negaba a leerlas, así que me conformé con esas dos. A la noche, vi Rock Star, por Much Music, después me vicié con los capítulos de Gossip Girl que me faltaba ver por Cuevana y me quedé leyendo blogs hasta las cuatro de la mañana: la mano me dolía lo suficiente como para no permitirme dormir.  A todo lo hice con la mano en un bowl con hielo y agua, sintiendo hipotermia en los dedos, pero eso por lo menos calmaba el dolor.
Llegué a un punto en el que la vista no me daba más y  las letras en el monitor eran manchas borrosas, por lo que decidí releer un par de capítulos de Crepúsculo, y terminé quedándome dormida al poco tiempo. Hoy me desperté más temprano de lo habitual por el dolor de la mano (sí, las doce del mediodía un domingo es madrugar) y tuve la mano en hielo hasta recién.
Ahora mis dedos parecen salchichas más que morcillas, pero siguen lilas e hinchados. Por lo menos se está ablandando la yema de uno de los dedos y se están deshinchando un poquito, pero los moretones abajo de las uñas me dan mucha impresión. Uno es un semicírculo perfecto y relativamente chico, en una de las uñas, y el otro es una especie de Pac-Man verde violáceo que ocupa la mitad de la uña, y duelen mucho, pero ya se me va a pasar.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El último esfuerzo.

Como todos los fines de año, los cambios de estación, las caídas fuertes, decidí arrancar de nuevo. No tienen una idea de la cantidad de veces que arranqué de nuevo en el último tiempo, se terminó convirtiendo en mi hobby favorito. Creo que en el fondo lo que pasa es que le tengo mucho miedo a la monotonía, a volverme una imagen virtual y no una real, y es por eso que estoy tan obsesionada con renacer de mis propias cenizas cada tanto. 
Ahora se me presenta una linda oportunidad: se acercan las vacaciones. Tardes enteras tirada en mi pareo hippie en el club, mirando el cielo, riéndome con mis amigos, comiendo helado como si fuera el último alimento disponible en la Tierra, y haciendo todo lo que no tuve tiempo de hacer durante el año debido al cansancio constante de mi día a día. Este año llegué a niveles inhumanos de insomnio, estado de zombie y cansancio generalizado, y no pude hacer muchas de las cosas que me propuse hacer desde un principio. Eso me da muchísima bronca, me hace odiarme por taparme tanto de compromisos, pero supongo que soy una workaholic y es por eso que mis días de domingo a viernes son tan cansadores. Este año pasé muchísimo tiempo estudiando, haciendo trabajos, iniciando y terminando metas nuevas por igual, y reemplacé horas de sueño por estrés elevado a la quinta potencia. Creo que es momento de parar, ver a dónde voy y entrar de lleno. 
Este verano parece ser el mejor en mucho tiempo, y pienso vivir cada segundo al máximo, leer todos los libros que no leí durante el año, ver todas las películas que quiera por Cuevana, salir a correr todos los días, dormir mucho, caminar bajo la lluvia y, sobre todo, pensar. Es algo que no hice en todo el año. Creo que en los últimos meses, me convertí en el tipo de persona obtusa que siempre evité ser, me dediqué pura y exclusivamente a cumplir con mis compromisos y a equiparar todas las horas de estudio con salidas. Porque cuando estás todo el día encerrada en tu casa estudiando y salís solamente para ir a inglés o a hacer deporte, te sentís como un pez en una pecera, y llega un punto en el que las paredes se asemejan a barrotes: tu casa es una cárcel, y te tenés que escapar. Y es por eso que en los últimos tiempos no hay un fin de semana completo que me quede en casa a dormir, o que no salga un viernes o un sábado a hacer algo, ni siquiera tengo planes concretos, solamente me dedico a vagar por la ciudad con mis amigos. A veces ni hablamos, nos sentamos en la puerta de la casa de alguno y nos quedamos mirando la calle, y eso es lo más. Cualquier cosa es lo más menos llegar a mi casa y ver sobre la mesa de la cocina la pila de carpetas, libros, apuntes y resúmenes que me esperan para estudiar. No me puedo quejar, sé que hay colegios más exigentes que el mío, y gente que se pone más las pilas: no soy la persona más brillante, pero intento superarme a mí misma.
Duermo poco y vivo rápido, aprovecho cada segundo y creo que eso es la causa de que últimamente no tenga un solo pensamiento coherente, no noto lo obvio, vivo en una nube, mis neurona NO hacen sinapsis, reacciono tarde, no entiendo de qué habla la gente la mayor parte del tiempo, y mi cama parece tener un enorme imán que me atrae apenas atravieso la puerta de mi habitación. Ya no puedo estudiar sin tomarme unas cuantas tazas de café en el proceso, releer el mismo párrafo como mínimo diez veces seguidas y colgarme mirando por la ventana a las palomas que se chocan contra el vidrio o se pelean en el edificio de enfrente.

En resúmen, mi concentración es nula, mi inteligencia se desvanece, todo me aburre y evito los compromisos más que nunca: necesito unas lindas vacaciones para hacer lo que quiera.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Nunca terminás de recuperarte del todo de sucesos que ocurren en tu vida, nunca terminás de olvidarte de las personas que dejás ir (o bien, te dejan ir), nunca se termina de borrar el rencor. Es total y completamente imposible dejar ir todo lo que en algún momento te marcó ¿Sabés por qué? Porque aunque hayas aprendido de todas esas situaciones que tanto daño te hicieron, algo queda adentro tuyo: una enseñanza, un recuerdo, una sensación indescriptible guardada en lo más profundo de tu alma que reaparece de vez en cuando... A pesar de que superes una situación, o incluso a vos mismo, algo siempre te queda: un pequeño resto de lo que un día sucedió, guardado en tu memoria y en tu corazón.
Si alguna vez quisiste algo y lo perdiste, lo vas a extrañar, si destruyeron tu confianza, siempre va a quedar esa señal de peligro cuando esa persona esté cerca, si te caíste, te van a quedar cicatrices. Pero todo esto es parte del proceso. 
De algún modo, esa imposibilidad de dejar las cosas ir del todo te hace más fuerte.