jueves, 6 de octubre de 2011

¡Por fin llueve! Hacía mucho que lo esperaba y, aunque muchos digan que es solamente agua, que les caga los planes o que hace que se les infle el pelo, yo no lo veo así. Cuando llueve me siento mejor, en este mismo momento puedo sentir cómo el agua que cae violentamente choca contra la pared a mi izquierda y me transmite su energía, cómo los truenos me llenan de ganas de salir a hacer algo, cualquier cosa. A diferencia de muchos, en lugar de deprimirme con la lluvia y quedarme todo el día lamentándome por lo que no puedo hacer, pienso en lo que sí puedo hacer, en lo que quiero y en que lo voy a conseguir.
Veo a la lluvia como una extraña manera de renovar esperanzas, y hasta siento cómo las gotas se llevan mis preocupaciones al tocar mi piel. Es hermoso. Ni hablar si llueve torrencialmente y estoy escuchando música sentada en el último asiento a la derecha del colectivo, con los pies apoyados en el cañito de la baranda. Es un poco raro, pero me trae un sentimiento de paz interior increíble, me encanta. Es como si las gotas de lluvia, de alguna manera extraña y retorcida, me conectaran conmigo misma, con esa pequeña partecita que se esconde en mi interior y a veces pide a gritos un poco de atención. Con esa partecita que ve la capítulos viejos de Gossip Girl solamente para recordar momentos, que relee los libros varias veces y encuentra siempre significados diferentes a las palabras frente a ella, que ama correr bajo la lluvia, con los auriculares puestos, o caminar por el campo en verano, donde el suelo, en lugar de emitir calor como en la ciudad, te refresca.
Es como si adentro de esta carcasa hubiera realmente una persona que sale solamente cuando llueve, que se esconde porque el mundo fue lo suficientemente cruel como para empujarla en una estampida y permitir que todos los demás le pisotearan los huesos y le rompieran el corazón. Esa personita que ama la pizza de ananá y las buenas películas románticas sumamente depresivas, que nunca la hacen llorar, pero que hacen que las lágrimas al menos se formen. Pero claro, la carcasa no las deja salir, porque ''llorar es de gente estúpida'' le dice, ''levantata, ponete un poco de delineador y salí a destruirlos antes de que te destruyan a vos'', y la personita lo hace, porque si lo dice la carcasa tiene que ser verdad, y ''si vos no los matás primero, te van a matar a vos, y no te quedan más vidas para malgarstar''. Tiene razón. Es obvio, es por algo que la carcasa no deja que la personita salga cuando quiera, le da un tiempito cuando llueve o se nubla, cuando hay tormenta, cuando va en la ruta de noche... pero no más que eso.
''Porque la lluvia disimula las lágrimas'', dice, y la personita la odia por tener razón.

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