viernes, 9 de septiembre de 2011

Con qué facilidad se acumulan ideas en mi cabeza: es increíble. Y claro, si venimos a hablar de situaciones increíbles que se suceden en mi cabeza también tenemos que hablar de la locura galopante que tengo encima y de la suma rapidez para cambiar de sentimientos e ideales tan característica en mi (creo que si no fuera tan cambiante, mi propia vida me resultaría aburrida-como a veces lo es-).
Empecemos por el principio.
Mejor todavía: empecemos por el final.
Hace dos segundos, estaba leyendo un blog que sigo, que me encanta, que me inspira, que me provoca una ridícula necesidad de venir acá y escribir algo, cualquier cosa, cualquier cambalache como los que se ven últimamente en este URL. En esa necesidad de escribir, me empezó a molestar la música.
Es muy irónico, ¿Cómo puede la música causarme semejante bloqueo mental a la hora de escribir siendo que forma una parte de mí bastante grande? Seamos realistas: a donde voy yo, van los auriculares, a donde voy yo, llevo mi música, a donde voy yo, va mi mundo. Sin embargo, a la hora de escribir, me está empezando a molestar. Ri dí cu lo, hace unos días ponía los auriculares al máximo (a tal punto que me quedaban doliendo los oídos) y me ponía a descargarme escribiendo, ahora no puedo, no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo: o me descargo con la música (escuchando, por supuesto, porque si vamos al tema de la interpretación de cualquier instrumento musical estoy al horno), o me descargo escribiendo. Por consecuencia de la impaciencia e ira sin justificaciones que me provocó tener ideas interesantes y estar escuchando música al mismo tiempo, me levanté a apagar la Play Station (vieja, hecha mierda, para lo único que me sirve es para ver DVD porque se me rompió el control remoto hace un año y nunca lo mandé a arreglar, o para escuchar CD cuando esa pequeña basura electrónica que llamo reproductor de música se empaca y no quiere leer mis discos) y a sacar el CD. Tres veces seguidas el mismo CD, y si no lo sacaba lo iba a seguir escuchado, por lo menos como música de fondo, como cada vez que me compro un CD nuevo (creo que soy uno de los pocos seres humanos que realmente pagan por la música que escuchan). Entonces, en pleno 'baila y no esperes nada, baila como muñ...' apago el aparatito infernal: creo que no me sentía tan aliviada en mucho tiempo. El sonido del silencio es lo único que puedo pedir en este momento en el que estoy tan sobrecargada. Claro, el silencio y el constante tecleo, porque soy de esas personas que golpean el teclado con suma violencia, lo cual causa que mi letra I funcione cuando tenga ganas.
Tuve un día bastante raro, todos mis días vienen siendo raros, no sé si es porque ya no hace tanto frío, porque el sol está siempre presente, o porque puedo abandonar las capas y capas de ropa que venían ahogándome (aunque sinceramente, prefiero el frío antes que el calor), pero algo cambió en el último tiempo, y mi vida está tomando rumbos raros. Todo es tan raro. Yo misma soy rara.
Tuve dos materias, una obra de teatro (sobre la cual no pienso expresar mi opinión por escrito, puedo sufrir las consecuencias), y me liberaron. Como era temprano, almorcé con mis amigos, pero claro, estuve vagando varias horas con los zapatos del colegio y ahora considero seriamente amputarme los pies. Lo raro es que generalmente mis semanas son sumamente rutinarias, y esto me hizo sentirme más como en verano, por lo que caí en la cuenta de que es septiembre.
Es septiembre.
ES SEPTIEMBRE.
Me quedan tres meses de clases, dos exámenes más de inglés, y digo chaaaaaaaaaaaaaaau, quemo todo.
Ya llega la primavera, ya vuelven las salidas (pienso inaugurar mi temporada fiestera con el recital de Babasónicos, claro está), las tardes en el parque, en el club, tirada en el pareo roñoso que le compré a un hippie en mis vacaciones, con la música al máximo volúmen y ese sentimiento de libertad que tanto amo. Sin horarios, sin reglas, vuelven las largas caminatas primaverales (amo caminar, pero en primavera y otoño mi amor por esto se incrementa, porque no hace ni mucho frío ni mucho calor, y no estoy tan abrigada como un esquimal, pero tampoco me cocino cual pollo al spiedo), las charlas en la puerta de las casas de mis amigos, despertarme a la hora que quiero, dormirme a la hora que quiero, y no tener ninguna preocupación además de los planes para ese día. Todo sería perfecto, si no hiciera calor y las palomas que anidan en mi ventana no se pusieran tan insoportables.
Y claro, con la primavera viene el temido tercer trimestre, el que requiere más esfuerzo, el que está lleno de trabajos, el que hace que se te tapen todos los huequitos libres en tu horario. Pero todo vale la pena si te ponés a pensar que vas a tener tres meses para tirarte en el pasto a ver las nubes (uno de mis pasatiempos favoritos, sin dudas).
Y esto significa que se me termina el año de nuevo, que se pasó volando, que todo lo que hice va a quedar guardado en mi memoria por un tiempo y después se va a borrar, eventualmente, que todo lo que viví este año (hablo como si ya hubiera terminado aunque no sea así, pero siento que mañana es Navidad) no va a ser en vano y que voy a empezar un 2012 a full. Admitanlo, no se nos viene el fin del mundo, y si viene ¿Qué? No hay nada que podamos hacer ante una amenaza de semejante magnitud, lo único que nos queda es vivir todos los días como si fueran el último, pero tampoco hacer ninguna boludez, porque nos podemos arrepentir.
[Todos felices y yo acá, esperando que llegue el verano...]

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