lunes, 26 de septiembre de 2011

Hay demasiadas cosas que quisiera cambiar en mi vida, demasiados momentos que quisiera borrar, demasiadas experiencias que preferiría olvidar, pero no puedo. Porque estar cambiando constantemente es darte cuenta de que no vas ni para un lado ni para el otro, es preguntarte, día tras día, a dónde vas a empezar de nuevo, es perderte tantas veces como volvés a encontrarte. Entonces, si esto es así, podría decirse que vivo en un eterno tira y afloja conmigo misma, tratando de ver hasta dónde llego por mi cuenta, sin tantear el terreno antes de dar un paso, cayendo con frecuencia y equivocándome constantemente. Porque en eso se basa mi vida: en equivocaciones.
Siempre supuse que de esas equivocaciones iba a aprender algo algún día, que tarde o temprano me iban a servir para algo, pero me encuentro a mí misma tropezando una y otra vez con la misma piedra, cansadísima de caerme y de chocarme con la cruel realidad cada vez que algo no sale como me lo propongo. Y de eso se trata ¿No? De equivocarse.
Equivocarse es humano, pero vivir errando es ser imbécil y, sinceramente, creo que ya estoy pasando a esta segunda categoría, y no le puedo echar la culpa a los viernes 13 o a abrir los paraguas bajo techo, esto ya es un error que radica en mí, y es algo que tengo que corregir sola. No digo que tengo que ser la mujer biónica y no equivocarme nunca, pero tampoco puedo ir por la vida cayendo constantemente: no es sano. Lo que pasa es que, para algunos, una caidita no significa nada, incluso los impulsa a seguir adelante, otros se rinden ante cualquier adversidad y esperan escondidos a que alguien vaya a salvarlos, y también están los que, como yo, se cansaron de levantarse y terminan rodando por el piso para no caerse más. Suena estúpido, muy estúpido, pero mis metáforas siempre fueron bastante estúpidas: yo soy bastante estúpida. Y siento que a esto ya lo dije, es muy probable que sí, porque tampoco tengo buena memoria.
Caos, caos, caos.
Tenía que ser lunes. Y le echo la culpa a los días de la semana... son días, hoy es lunes porque a alguien se le habrá ocurrido que sea lunes, y que haya tenido que madrugar, y que esté enfermándome, y que no haya dormido hace días, y que cada vez que intento pensar en algo coherente o ponerme las pilas para terminar lo que empiezo, me agarre un bloqueo mental y quede completamente carente de reacción. Como un zombie. Eso parezco, un zombie. Esa es una de las cosas que quisiera cambiar, mi estado de zombie, mi falta de reacciones, mis reflejos tardíos, mi estupidez.
Obviamente también hay cosas que no quiero cambiar, no todo se trata de destruír todo lo que vengo construyendo para empezar de nuevo a recorrer un camino que me lleve a ningún lugar. No, che, no. A veces, incluso, me gustaría poder dejar las cosas como están, tirarme en el pasto y mirar las nubes pasar, que otros hagan mi trabajo y me dejen descansar, porque bien merecido tengo un descansito.
Eso me trae recuerdos, muchos recuerdos, de épocas que no van a volver, de momentos que quedaron enterrados en el pasado, esperando que algún aventurero vaya a su búsqueda. Es otro de los motivos por los cuales odio la primavera, porque está llena de recuerdos: no me pregunten por qué, carezco de la habilidad de recordar la mayoría de las cosas, pero la primavera me trae muchos recuerdos, muchos detallitos escondidos en cada imagen mental que se forma en mi cabeza a partir de la nada, en cualquier momento, por ejemplo, en este.
Me acuerdo de cosas y no sé qué son, o de dónde salieron, pero me traen lindos recuerdos, son sensaciones.
Odio esta época nostálgica del año, me pasa siempre lo mismo. No sé si será porque el polen que tanta alergia me provoca llega hasta mi cerebro y produce alguna especie de efecto alucinógeno, o porque tengo la cabeza en tantas cosas que mi mente eventualmente necesita un descansito y me trae vivencias pasadas para distraerme un poco, o a lo mejor caigo en la cuenta de que, posiblemente, antes estaba mejor.
Entonces, me acuerdo, me dejo recordar viejos momentos.
Y vienen a mi mente miles de imágenes, miles de sensaciones, miles de pensamientos.
La luz que entra por la ventana del departamento de mi abuelo, ese olor nauseabundo a  vainilla y coco que tanto ama mi tío, pero que a todos los demás miembros de la familia nos da asco, los delirios hasta altas horas de la madrugada con mis amigos, el fresquito que surge del pasto en el campo, la arena, el viento insoportable que hace que parezca el Rey León... es el verano, la primavera, el calorcito insoportable, los mosquitos que se alimentan de mí como si fuera una fondue gigante. Son las tardes bajo el sol, sin hacer nada, absolutamente nada, es el tiempo libre, son los libros nuevos, son mis auriculares pegados a mis oídos como por una fuerza magnética.
Es la hermosa paz que produce el relax. Y de eso, vengo necesitando mucho.

MakeItHappen

viernes, 23 de septiembre de 2011

Fénix.

Las personas, en casos muy excepcionales, cambian. Yo fui uno de esos casos excepcionales (nótese que hablo en pasado, porque no estoy en constante mutación y tampoco pienso seguir cambiando).
Creo que el noventa porciento de esas personas que cambian, lo hacen debido a que se dan cuenta de que algo realmente está funcionando mal consigo mismos, así sea que se lo hacen notar los demás o que lo notan solos. En mi caso en particular, se produjo una mezcla: debido a las reacciones de los demás respecto a mis actitudes, me di cuenta de que algo andaba mal, que no iba para donde quería ir, y este cambio se produjo en dos etapas: la primera cuando tenía once y la segunda cuando tenía trece.
De chica, era muy insegura, era la típica pendeja insoportable que cree que tiene que pasar por encima de los demás para evitar caer en la decadencia, y tuve ese lema como estandarte durante muchos años (los suficientes para decir BASTA y dar un cambio radical, o varios, en realidad). Creo que, en cierto punto, esa inseguridad fue la que me dio fuerza para construir una pared a mi alrededor y reinventarme a mi manera, poco a poco, teniendo como producto final a lo que soy ahora: una persona que se considera fuerte y muy segura de sí misma.
El proceso no fue fácil, debo decir, y llegué a tocar fondo varias veces, la más evidente fue el 29/09/09, cuyo hecho conmemoro como el día en que comenzó un proceso consistente en incendiarme y renacer de mis cenizas, y cuyo aniversario se acerca, por lo que no puedo evitar mencionarlo.
Pero para subir hay que bajar, dicen, y creo que lo que yo necesitaba era un golpe lo suficientemente fuerte como para darme cuenta de mis errores y empezar a enfocarme un poco más en mí misma y menos en lo que los otros pensaban de mí. Un comienzo totalmente desde cero, y algo que me acercara a la realidad en vez de alejarme de ella, que me ayudara a ser una persona con más seguridad en sí misma y más relajada. Hoy por hoy tengo que decir que, si pudiera volver el tiempo atrás, me gustaría empezar desde cero sin la necesidad de pasar por eso, sin tener que contarlo hoy como un proceso doloroso y poder relatarlo de otra manera, pero no puedo decirles más que la verdad, y eso es lo que fue: una caída obligatoria.
Relaté este suceso tantas veces que las palabras comienzan a desgastarse, e inclusive tiene dedicado un par de entradas en este blog, no creo que haga daño contarlo una vez más, como conmemoración de lo traicionada que me sentí, y que se asemeja mucho a como me siento ahora (en menor grado, pero con igual importancia).
Nunca fui de victimizarme, me parece uno de los actos más deshonrosos para una persona, y si esto suena a victimización, les pido que vuelvan a leer todo lo anterior y entiendan que pongo esto nuevamente para que se den cuenta de que sí se puede renacer de las cenizas.
Desde hacía bastante venía escuchando Paramore, y el 29/09/09 iba a salir a la venta Brand New Eyes, su CD nuevo, además de ser el cumpleaño de uno de los hermanos Farro, y es por eso que todavía que me acuerdo la fecha: la tenía marcada en un almanaque, tenía puesta una alarma en el celular, y la noche anterior me había acostado pensando en comprar ese CD al día siguiente. La mañana de ese día, me desperté sencillamente radiante: era martes y no me importaba, tenía una evaluación en la primer hora pero había estudiado lo necesario para que me fuera bien y no sabía lo que me esperaba. Llegué al colegio temprano, algo rarísimo en mí, que para levantarme tardo mucho más que cualquier otra persona, como si la cama fuera un imán gigante y yo fuera un pedazo de metal, y me dirigí a donde estaban algunas amigas mías. En ese entonces estaba peleada con otra chica, con la cual nunca me había llevado del todo bien, pero que me había llevado a mi punto de ebullición debido a sus constantes mentiras. Según tenía entendido, también mis amigas la detestaban, por sus propios motivos, claro está. Las saludé, y esta chica las saludó desde el otro lado del hall: casi la totalidad de ellas se dirigieron a saludarla y abrazarla como si hubiera vuelto de la guerra, y lo tomé como un insulto a todo lo que yo creía que ellas pensaban, porque realmente no se cansaban de hablar mal de ella, y ahora la abrazaban. Lo tomé como un acto de hipocresía, pero, de todos modos, eran ellas las que estaban siendo hipócritas, me prometí no ser así también y subí al salón a esperar a mi mejor amiga, que todavía no había llegado.
Es ese momento, dos de mis amigas se sentaban adelante mío y de mi mejor amiga, dos atrás, y dos a mi izquierda, en la fila de al lado. En la primer hora tuvimos la evaluación, y estuve totalmente relajada, volcando todos mis conocimientos sobre el tema en una hojita de papel insignificante. Soy de explayarme mucho cuando escribo (he aquí la prueba), y terminé casi última, unos minutos antes de que tocara el recreo. Para ese entonces, ellas estaban todas sentadas en el banco de atrás mío, y me di vuelta para ver si querían hacer algo el fin de semana (siempre fui de planificar salidas con mucha anticipación). Su respuesta me sorprendió: me miraron, se miraron entre ellas, se dieron vuelta y siguieron hablando. Ahí fue cuando empecé a sospechar que algo andaba mal. Decidí ir a preguntarles qué pasaba en el recreo, pero apenas tocó el timbre salieron corriendo. Llegué abajo mucho después de ellas, y me acerqué a hablarles: volvieron a salir corriendo de nuevo, con esta chica que supuestamente odiaban. Terminé sentada en un banco con mi mejor amiga, dialogando sobre lo que podría haber pasado.
Ella y yo siempre tuvimos maneras muy diferentes de reaccionar, por lo que, mientras ella lloraba a moco tendido siendo consolada por otras dos amigas que no se habían sumado a la hipocresía, yo estaba iracunda, escuchando Ignorance (canción que tomé como himno de batalla, por así llamarlo, mientras que ella se refugió con How Does It Feel?, de Avril Lavigne), de Paramore a todo volúmen con los auriculares.
El día transcurrió y al llegar a la casa de mi abuelo, me puse a hablar por Skype con una amiga que vive en otra ciudad, a la cual nunca vi, pero quiero igual y todas conocíamos. Ella creó una conversación multitudinaria en messenger, en la que metió a las dos raíces de la hipocresía (por darles un nombre), a mi mejor amiga y a mi, y actuó como mediadora entre ambos bandos. Claro está que no resultó bien y, llorando en una conversación de Skype con ella y otra amiga de otra ciudad a la cual nunca vi, desahogué toda la bronca acumulada (siempre fui de llorar de la bronca).
Era la época de los fotologs, y al entrar al de esta chica que todas aparentaban odiar, me di cuenta de lo que estaba pasando: a mis espaldas habían planeado todo para dejarnos a mi mejor amiga y a mí solas, hacernos quedar mal enfrente de esta chica y, de un modo u otro, expandir una campaña de difamación en nuestra contra por todo mi círculo social. En ese momento me sentí herida, no entendía por qué las personas que más quería hacían eso, pero ahora que lo veo en retrospectiva, en cierto punto las entiendo: no fue la manera correcta de solucionar problemas, pero de un modo u otro hizo que me caiga la ficha (pienso explicar todo esto al final, patience). Estuve llorando la mitad de la noche, escuchando una y otra vez un CD de Taylor Swift, y pasando repetidamente The Best Day, porque una frase de esa canción reflejaba mucho lo que pensaba en ese momento.
Cansados de verme así, mis viejos, después de varios días, se decidieron a obligarme a hacerle frente a los problemas y me hicieron ver que el problema era yo, y que ellos lo veían tan bien como todas mis amigas, pero no podían simplemente darme en adopción, por lo que decidieron decirme las cosas de la manera correcta. Pasó el tiempo y, un día, en la cartuchera de una de ellas encontraron una carta-broma de una chica de otro curso. Ella me preguntó si reconocía la letra y le dije que sí y de un día para el otro las cosas se solucionaron, así, sin más. Aun hoy somos amigas, y estamos en una situación mejor que nunca, tengo que decir.
Todo se ocasionó debido al alto nivel de manipulación que ejercía sobre ellas, mi testarudez, egocentrismo  y mi inseguridad, la cual me obligaba a estar siempre por encima de ellas, a pisotearlas una y otra vez si no conseguía lo que quería: eran mis juguetes, no mis amigas. Obviamente, se cansaron, y me hicieron ver que estaba mal de la manera incorrecta: no fui la única que cometió errores, ellas también tenían sus defectos, pero yo prefería decírselos antes que hacerles lo que ellas me hicieron a mí. Ese fue otro de los problemas: mi falta de tacto. Siempre fui de ir muy de frente, sin importarme que a otras personas les molestara lo que yo dijera y, si bien mis maneras de decirles que había actitudes suyas que me molestaban no fueron las correctas, por lo menos no fueron errores tan abismales como podría haberse esperado.
Mirando en retrospectiva, cambié mucho desde hace dos años. Sí, sigo siendo manipuladora y testaruda, pero en un menor grado, ahora sé reconocer mis errores y no intento que los demás hagan todo lo que yo digo porque yo lo digo: soy una persona más equilibrada de lo que solía ser. Mi egocentrismo y mi inseguridad desaparecieron por completo, haciéndome una persona muy segura de si misma y que no le tiene que probar nada a nadie. Pero no obtuve tantos beneficios sin ningún sacrificio, porque además de pasar por una época sumamente oscura de mi vida, también me convertí en un enorme cubo de hielo: ahora soy un iceberg. Eso tiene sus pros y sus contras. Entre las ventajas de ser un iceberg, está que no me afecta lo que los demás digan o piensen de mí, pero la más grande desventaja es que soy sumamente fría, incapaz de encariñarme realmente con alguien hasta pasado mucho tiempo, soy sumamente desconfiada y vivo a la defensiva, esperando ese tan odiado puñal en la espalda, lo bueno, también, es que ahora sé identificar a las personas propensas a clavar puñales en la espalda, y termino por eliminarlos de mi vida antes de que puedan hacerlo.
La enseñanza de todo esto es que SÍ se puede renacer de las cenizas, y no importa cuán abajo te tiren: tu capacidad para flotar es directamente proporcional a la cantidad de metros que te hundan.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Minúscula.

Hacía mucho que no me sentía tan chiquita. Es como si todo a mi alrededor hubiera crecido desmesuradamente, o como si yo me hubiera achicado, como Alicia cuando quiere pasar por el picaporte que la lleva al País de las Maravillas.
Y así, como una hormiga en un mundo de gigantes, sigo luchando por mis metas, a pesar de todo...¿Saben algo? Me cansé de luchar por mis metas, me cansé de esforzarme siendo que otros consiguen las cosas tan fáciles, me cansé de ver como se llevan todo lo que yo quiero.Pero claro, mientras vos te desvivís por todo lo que anhelás, ellos aparecen y te lo arrebatan. Pero no podés hacer nada. Lo único que te queda es esperar en una esquina a que te toque el turno de ganar, o seguir adelante.
Pero seguir adelante es una misión suicida ¿Por qué? Porque lo único que hacés es caerte a penas te levantás.
Es muy molesto, te desmotiva cada vez más.
Y no querés seguir, pero si no querés seguir, no sabés luchar por lo que querés ¿LUCHAR POR LO QUE QUIERO? ¡¡¡POR FAVOR!!! Me cansé de luchar por lo que quiero para que aparezca alguien cada vez que estoy llegando a la meta y me empuje fuera del camino. Me saca de quicio.
Este es uno de esos momentos en los que quiero agarrar un hacha y salir a cortar cabezas. Me siento como un grano de arena en un desierto, odio sentirme así.

viernes, 16 de septiembre de 2011

En la última hora, aprendí demasiadas cosas interesantes. 
Es lindo saber que todo se puede.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Tortura Primaveral.



La llegada de la primavera significa, para muchos, la llegada del amor, del florecimiento de las flores, de las mariposas que vuelan a tu alrededor, pero para mí significa que se acerca otro año más que termino en soledad (como bien dice una canción que me encanta: ''por ahora tengo ganas de estar sola, y me queda poco tiempo de ahora en más, lo que dure mi recuerdo en tus ojos, y cuando parpadees no estaré más''), mosquitos que te atacan como un alcohólico a la última botella de vodka del mundo, y calores tan insoportables que te dan ganas de arrancarte la piel. Y es que estoy tan acostumbrada a la soledad que ya no necesito a nadie a mi lado (tengo mis altibajos, tengo mis días en los que quiero salir a cagar a tiros a las parejas felices que veo por la calle, y tengo un odio irracional hacia el Día de San Valentín), pero a veces sí me siento sola. A veces sí quisiera tener a alguien incondicional. A veces quisiera poder olvidarme de ideas que me atormentan desde fines de 2010 ¡Y encima son tan utópicas! Las odio, y las amo. Vivo por y para ellas, para perder el tiempo en la ensoñación, volar, volar, volar, volar como si en realidad tuviera alas y pudiera cumplir todos mis sueños, volar sin límites, como si todo aquello que quiero estuviera al alcance de mi mano... hasta que me doy cuenta de que me alejo cada vez más de lo real, me cortan las alas y me caigo al vacío. Sin dudas es la peor mierda que hay. Sin dudas quisiera poder vivir más en el momento y no tanto en lo que podría llegar a pasar en el futuro. Sin dudas quisiera que me dejaras poder olvidarme de vos y de todo lo que, hace aproximadamente un año, me hacés querer y odiar.
Pero claro, yo soy lo suficientemente testaruda como para no olvidarte, y vos sos lo suficientemente omnipresente como para que cada vez que cambio de ruta para llegar a destino, me encuentro con una marca imborrable tuya, con un recuerdo, con una foto, con algo tan insignificante pero significativo a la vez. Esos son los momentos en los que quisiera empujarte al río y saltar atrás tuyo para ir a tu rescate. Esos son los momentos en los que en realidad te das cuenta de lo que es que alguien te decepcione. Esos son los momentos, en los que quisiera volver el tiempo atrás y arrancar de nuevo, sin cometer los mismos errores, con mil y una páginas en blanco frente a mí y ninguna restricción.
Pero ¿Qué puedo hacer? Si todo pensamiento me trae de nuevo a vos, si todo cumplido me recuerda a los tuyos, si cada canción me habla de vos ¿Cómo me puedo olvidar de vos así? Siempre vas a estar acá, ya no te veo, pero estás, en algún lado, sin mí. Quisiera que las cosas me resultaran fáciles, para no tener que hacer nada, solamente mirar el tiempo pasar y esperar a que vuelvas, pero eso para mí no existe, porque el esfuerzo es ese motorcito que me impulsa, es eso que me motiva, porque las cosas sin trabajo duro no se obtienen ¿Viste? Y aun después de un año de trabajar y repensar esto, sigo en la misma, con los mismos ideales revoloteando mi cabeza, con los mismos pensamientos insoportables siempre presentes, con la misma vocesita irritante que repite una y otra vez lo mismo. Y ya no quiero salir, porque tengo miedo de cruzarme con vos y de volver a caer. Las caídas duelen más cuando suceden mientras te querés levantar ¿Sabés? Y ya no quiero que llegue el verano, porque el verano es una tortura para mí, porque todo comenzó con una charla con una amiga sobre el verano, porque el verano es una mierda, el verano no sirve para nada, porque pagás los platos rotos del verano durante todo el año, porque lo que pasa en el verano es inolvidable ¿Entonces? No puedo evadir el verano, no puedo viajar por tres meses a un país anglosajón para no calcinarme en esta ciudad donde el pavimento parece hervir y el sol te quema las ideas. No te puedo evadir a vos que, tan brillante como el sol, me cegás y quemás todo mi orgullo, reduciéndolo a cenizas ¿Y por qué carajo te quiero si me hacés tan mal?
La respuesta es fácil: porque la vida es un reto para mí, y si no estás dispuesto a enfrentar los riesgos ¿Para qué vivís?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Con qué facilidad se acumulan ideas en mi cabeza: es increíble. Y claro, si venimos a hablar de situaciones increíbles que se suceden en mi cabeza también tenemos que hablar de la locura galopante que tengo encima y de la suma rapidez para cambiar de sentimientos e ideales tan característica en mi (creo que si no fuera tan cambiante, mi propia vida me resultaría aburrida-como a veces lo es-).
Empecemos por el principio.
Mejor todavía: empecemos por el final.
Hace dos segundos, estaba leyendo un blog que sigo, que me encanta, que me inspira, que me provoca una ridícula necesidad de venir acá y escribir algo, cualquier cosa, cualquier cambalache como los que se ven últimamente en este URL. En esa necesidad de escribir, me empezó a molestar la música.
Es muy irónico, ¿Cómo puede la música causarme semejante bloqueo mental a la hora de escribir siendo que forma una parte de mí bastante grande? Seamos realistas: a donde voy yo, van los auriculares, a donde voy yo, llevo mi música, a donde voy yo, va mi mundo. Sin embargo, a la hora de escribir, me está empezando a molestar. Ri dí cu lo, hace unos días ponía los auriculares al máximo (a tal punto que me quedaban doliendo los oídos) y me ponía a descargarme escribiendo, ahora no puedo, no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo: o me descargo con la música (escuchando, por supuesto, porque si vamos al tema de la interpretación de cualquier instrumento musical estoy al horno), o me descargo escribiendo. Por consecuencia de la impaciencia e ira sin justificaciones que me provocó tener ideas interesantes y estar escuchando música al mismo tiempo, me levanté a apagar la Play Station (vieja, hecha mierda, para lo único que me sirve es para ver DVD porque se me rompió el control remoto hace un año y nunca lo mandé a arreglar, o para escuchar CD cuando esa pequeña basura electrónica que llamo reproductor de música se empaca y no quiere leer mis discos) y a sacar el CD. Tres veces seguidas el mismo CD, y si no lo sacaba lo iba a seguir escuchado, por lo menos como música de fondo, como cada vez que me compro un CD nuevo (creo que soy uno de los pocos seres humanos que realmente pagan por la música que escuchan). Entonces, en pleno 'baila y no esperes nada, baila como muñ...' apago el aparatito infernal: creo que no me sentía tan aliviada en mucho tiempo. El sonido del silencio es lo único que puedo pedir en este momento en el que estoy tan sobrecargada. Claro, el silencio y el constante tecleo, porque soy de esas personas que golpean el teclado con suma violencia, lo cual causa que mi letra I funcione cuando tenga ganas.
Tuve un día bastante raro, todos mis días vienen siendo raros, no sé si es porque ya no hace tanto frío, porque el sol está siempre presente, o porque puedo abandonar las capas y capas de ropa que venían ahogándome (aunque sinceramente, prefiero el frío antes que el calor), pero algo cambió en el último tiempo, y mi vida está tomando rumbos raros. Todo es tan raro. Yo misma soy rara.
Tuve dos materias, una obra de teatro (sobre la cual no pienso expresar mi opinión por escrito, puedo sufrir las consecuencias), y me liberaron. Como era temprano, almorcé con mis amigos, pero claro, estuve vagando varias horas con los zapatos del colegio y ahora considero seriamente amputarme los pies. Lo raro es que generalmente mis semanas son sumamente rutinarias, y esto me hizo sentirme más como en verano, por lo que caí en la cuenta de que es septiembre.
Es septiembre.
ES SEPTIEMBRE.
Me quedan tres meses de clases, dos exámenes más de inglés, y digo chaaaaaaaaaaaaaaau, quemo todo.
Ya llega la primavera, ya vuelven las salidas (pienso inaugurar mi temporada fiestera con el recital de Babasónicos, claro está), las tardes en el parque, en el club, tirada en el pareo roñoso que le compré a un hippie en mis vacaciones, con la música al máximo volúmen y ese sentimiento de libertad que tanto amo. Sin horarios, sin reglas, vuelven las largas caminatas primaverales (amo caminar, pero en primavera y otoño mi amor por esto se incrementa, porque no hace ni mucho frío ni mucho calor, y no estoy tan abrigada como un esquimal, pero tampoco me cocino cual pollo al spiedo), las charlas en la puerta de las casas de mis amigos, despertarme a la hora que quiero, dormirme a la hora que quiero, y no tener ninguna preocupación además de los planes para ese día. Todo sería perfecto, si no hiciera calor y las palomas que anidan en mi ventana no se pusieran tan insoportables.
Y claro, con la primavera viene el temido tercer trimestre, el que requiere más esfuerzo, el que está lleno de trabajos, el que hace que se te tapen todos los huequitos libres en tu horario. Pero todo vale la pena si te ponés a pensar que vas a tener tres meses para tirarte en el pasto a ver las nubes (uno de mis pasatiempos favoritos, sin dudas).
Y esto significa que se me termina el año de nuevo, que se pasó volando, que todo lo que hice va a quedar guardado en mi memoria por un tiempo y después se va a borrar, eventualmente, que todo lo que viví este año (hablo como si ya hubiera terminado aunque no sea así, pero siento que mañana es Navidad) no va a ser en vano y que voy a empezar un 2012 a full. Admitanlo, no se nos viene el fin del mundo, y si viene ¿Qué? No hay nada que podamos hacer ante una amenaza de semejante magnitud, lo único que nos queda es vivir todos los días como si fueran el último, pero tampoco hacer ninguna boludez, porque nos podemos arrepentir.
[Todos felices y yo acá, esperando que llegue el verano...]