miércoles, 3 de agosto de 2011

Rethinking.

Lo dejo bien claro desde el principio: no se puede evaluar una situación fuera de su contexto, del mismo modo que no podemos juzgar lo que haya sucedido en ese momento en su entorno, en las personas involucradas o en cualquier otra variable que pueda afectar el resultado.
Sin embargo, bien podemos reevaluar la situación, teniendo en cuenta todo eso (inclusive si ni siquiera estuvimos presentes).
La causa
Comentario viene, comentario va, y terminás enterándote de cosas que no te querés enterar ¿Cómo es que una charla cotidiana se puede transformar en la revelación de la verdad en su forma más pura? Les planteo la sitaución: vos, y una de las personas en las que más confiás, hablando de la vida. Tu interlocutora te dice que se enteró de algo, hablando con Gervasio Ego (lo denominaremos así de aquí en más, para no generar polémica, no dar nombres, no producir una inexplicable confusión en el lector o una oleada de ira por medio de mi interlocutora en ese momento). Te llevás bien con Gervasio Ego, tiene muchísimas actitudes que considerás reprochables, pero creés que así como está lleno de defectos, si se pone las pilas, puede ser una persona cuya compañía soportas. Tu interlocutora te comenta, como de paso, que tuvo una conversación con Gervasio, y que se enteró de cosas que TENÉS que saber. Vos, con una alarma resonando en tu cabeza y haciendo que cada neurona funcione a mil rps para sacar conclusiones apresuradas y no del todo erróneas, escuchás atentamente y vas hilando todas las ideas. Cuando tu interlocutora termina de hablar, se alarma al verte en un estado de completa estupidez, petrificada cual estatua: entraste en shock. 
Lo que pasó por tu cabeza.
Un océano de ideas del que no podés escapar inunda tu barco y quedás ahí, a la deriva, desconectado de tierra firme, sin otra cosa para hacer más que pensar, pensar, pensar. Ira. Lo primero que pasa por tu cabeza, cual gaviota sobrevolando la costa, es que resulta increíble escuchar esto de una persona que tanto valorabas. Obviamente no esperabas esa traición por su parte, y se te ocurre que tendrías que hablar con Gervasio Ego o, a lo sumo, revolearle una lámpara por la cabeza tan fuerte que se le produzca un derrame cerebral. ''La primera idea, es la más sensata'', dice una vocesita en tu cabeza, y le hacés caso. Incredulidad. Resulta imposible que esto te esté pasando, justamente los amigos más cercanos son los que más terminan por decepcionarte. Considerás seriamente irte a vivir a alguna isla perdida en el océano y convivir solamente con los animales, que, total, no te van a mentir nunca. Críticas. Viendo que en ese momento matarías por un yunque para golpear su cabeza y no disponés de él, se te vienen a la cabeza, finalmente, todas esas críticas reprimidas hacia Gervasio. Mentalmente, hacés una lista y la archivas en el alguna neuronita perdida, pero atenta, porque en el momento en el que saques todo afuera, tenés que ser lo suficientemente rápida como para sacar todas esas críticas al exterior en cinco segundos. Sí, cinco, ni más ni menos.
¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos?
Esa es la frase que se repite en tu cabeza, como si estuviera grabada en un CD rayado que no para de reproducirse, una y otra vez ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Cuando ves a Gervasio ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Cuando mencionan a Mr Ego ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Cuando aparece una publicación suya en el Inicio de Facebook ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos?
De un modo u otro, esta frase se convierte en una especie de himno de tu islita, para pasar a ser una canción de Guerra, y todos y cada uno de los pequeños oficinistas-neurona que habitan tu cabeza se preparan para atacar. Mueven los escritorios, sacan los tanques y las ametralladoras, y se forman en filas. Pero claro, hasta el momento en el que estalle la guerra en toda su plenitud, va a pasar mucho tiempo, por lo que tenés que dejar a un par de fulanos trabajando para no colapsar. Pegan una cinta en el medio de la oficina y se quedan de un lado los violentos sanguinarios asesinos preparados para la masacre, del otro, los holgazanes oficinistas que viven en un típico 'viernes informal' (tirados sobre los escritorios, con los auriculares puestos, derramando café sobre el papeleo, pegando posters en las paredes...) del otro lado.
La base de este pensamiento explica el motivo por el cual llegaste a convertirlo en tu himno: esa manipulación secreta, esas mentiras tan entretejidas entre sí que ahora son imposibles de separar de la verdad, las veces que creíste que se podía confiar, las veces que dejaste tu destino en manos de otros... todo esto despierta una ira desmedida en tu interior, y te hace querer conseguir un yunque. Pero te controlás, porque sos un ser civilizado y te vas a sentar a esperar a que se de el momento justo para liberar al ejército. Si los otros atacan primero, vos lo único que estás haciendo es defenderte ¿O no? Obvio que el ataque tiene que ser evidente, no podés atacar de la nada basándote en lo que te dijo un informante, eso no sería defensa propia, sería agresión sin fundamentos.
Karma Police.
No estoy hablando de esa tan hermosa canción de Radiohead (aunque cuando pienso en ¿Te creés Dios?... es inevitable que se me venga a la cabeza un this is what you get when you mess with us...) sino de que todo tiene su precio (como bien dijo La Fábrica de Tangos) y, si bien estás al margen, esperando al primer bombardeo ansiosamente, no vas a atacar primero. Lo hecho hecho está, y Gervasio va a tener que bancarse lo que sea que le suceda como consecuencia de sus desmedidas acciones. Es más, ya empezó la locura. 
El Universo ajusta sus cuentas, dicen, y estoy completamente de acuerdo (al menos hoy). Por eso me voy a sentar a esperar a que te caiga encima toda la mierda que me tiraste, sin intervenir. Si no me equivoco (o mis informantes -sí, Gervasio ¿O creíste que no me entero de lo que pasa a mis espaldas?- lo hacen) ya estás recibiendo un poco de lo que me diste, y al decir esto no puedo evitar pensar en You get what you give, de New Radicals, no en toda la canción, pero sí en esa frasesita, y acordarme de todo lo que hiciste en mi contra. Me causa mucha gracia que ahora seas vos quien paga por lo que hizo, y eso que ni siquiera intervino en todo esto. A lo mejor, indirectamente, sí tuve que ver con eso, pero vos tenés la culpa de todo lo que te pase, porque si VOS, Gervasio EGO no hubieras empezado todo esto, si no te hubieras metido con cosas (dije cosas, ni personas, ni situaciones, ni objetos, solamente cosas, en su aspecto más general) que eran en su momento importantes para mí (aunque que hoy en día perdieron su valor, pero la bronca sigue estando) posiblemente nada estaría pasando y seguirías feliz corriendo por una pradera en tu mundo donde creés que todo es perfecto, sin intervención alguna. 
Pasada la tormenta.
Más allá de todos los pensamientos/reflexiones/mierda, o como se las quiera llamar, que se me ocurrieron mientras todo esto transcurría, hoy me encuentro total y plenamente relajada. Me preocupo por muchas cosas, demasiadas para mi gusto, y hay tantos momentos, personas, situaciones, tantas cosas que ocupan mi cabeza día a día y requieren mi atención, que ni siquiera tengo tiempo para pensar en Gervasio Ego (ysusmilyunamentiras) pero, como mencioné en la entrada anterior, voy a comenzar a sentarme a pensar de vez en cuando. Hoy, entre las millones de cavilaciones que se sucedieron en mi cabeza cual película adelantada con el control remoto, me enfoqué en esta, supongo que para terminar de sacarme la mierda y empezar a liberar oficinistas-neuronas, quemar el papeleo y hacer lugar en los archivos para cosas más importantes.
Me encuentro en plena paz conmigo misma, y ya no hay nada que me amargue respecto a este tema. Aunque todavía me da mucha risa cada vez que me acuerdo del tema...
...Gervasio, ¿ Creíste que no me iba a enterar de todo?
Atte. Larupeace.

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