martes, 2 de agosto de 2011

(Para empezar el mes, nada mejor que una buena crítica al consumismo...)
Vivimos en un mundo consumista, planteado de esta manera por empresas interesadas en facturar hasta el punto de la desesperación, pero ellos no son los únicos culpables. Los culpables de todo este consumismo, somos nosotros, los consumidores, y vivimos en una época en la que si no consumís no sos nadie, si no te renovás, no existís, y ¿Cuántos hay allá afuera con ganas de existir socialmente? Miles. Hablamos de un mundo donde cualquier excusa para el consumismo es válida.
Para exponer el tema de la mejor manera posible, les tengo un ejemplo: las fiestas de quince. (Disclaimer: aviso de antemano -porque sé que algunos se sentirán tocados, otros se enojarán y muchos más me van a reprochar lo que voy a decir-  que no hablo de todas las quinceañeras que hacen la fiestita, porque no todas van en la misma bolsa, pero la mayoría sí.)
Justificamos gastar miles en una noche para que sea inolvidable, sabiendo que dentro de un par de años no va a quedar más que un recuerdo borroso en el fondo de nuestra memoria, enterrado entre tantas otras experiencias, para ver las fotos años después y preguntarnos para qué incluimos en los planes a gente que no nos interesaba: es simple, hay que llenar el lugar. Es que mientras más invitados tenga la nena más popular va a ser, más la van a valorar sus compañeritos y más la van a idolatrar sus amiguitos. Sí, gente, es un hecho, no una teoría.
Obviamente, la cumpleañera tiene pensada una noche perfecta, soñada, y los padres van a tener que acceder a todos los caprichos de la nena aunque se endeuden (o no), tengan que hipotecar la casa, vender el auto, comer sopa por un mes y aguantar los caprichitos de la princesa. Quiere el mejor salón, porque si es feo no se pone la fiesta, el mejor vestido porque se tiene que lucir, el mejor vestido para el cambio porque es incómodo bailar con el largo, tiene que hacer un book y ser fotografiada por profesionales, porque ahora, además de princesa, es top model (aunque algunas, en mi opinión, dan miedo), tiene que hacer varios videitos para entretener a las masas, los zapatos tienen que ser de diseñador porque sino es muy mersa, las zapatillas tienen que tener suela de oro, los souvenires tienen que ser glamourosos y originales (aunque otras cuarenta mil quinceañeras ya los hayan hecho antes), el catering y la mesa dulce tienen que ser dignos de la reina de Inglaterra, la barra de tragos tienen que estar porque sino 'los pibes se aburren', el estilista tiene que haber trabajado mínimo con cinco celebridades y usar productos Tigi y Mac, tiene que tener accesorios de Swarovski y otro montón de frivolidades innecesarias para complacer a las masas y que no la consderen menos.
Claro, todo esto tiene una explicación muy lógica, una justificación total y completamente válida: la nena tiene que demostrar su superioridad (aunque sea solo para tapar su inmensa inseguridad) ante el pueblo argentino, imponerse como Reina Suprema y convertirse en modelo profesional, todo en una sola noche. Obviamente, va a pasar todo lo que dure la fiesta (además de las semanas anteriores y las posteriores) hablando de lo que le constó el vestido, el salón, los zapatos, sin que a nadie le interese. Pero claro, todos van a sonreir y la van a  escuchar atentamente como si sus vidas dependieran de ellos, se van a reir de sus chistes y van a encontrar el mejor atuendo, como si fueran a sentarlos junto a Johnny Depp en la entrega de los Oscar (no es para menos). Todo esto se justifica porque es obvio que ella tiene que sentirse cómoda y superior a quienes la acompañen esa noche, cuando en realidad no es más que un estereotipo de una sociedad consumista y materialista.
Si vas a asistir a uno de estos desfiles del consumismo, te conviene seguir los siguientes tips:

  • Conseguirte un atuendo digno de la reina de Inglaterra.
  • Comprarte los zapatos más caros del mercado (pero que no opaquen a la princesita), y si los compraste en calle San Luis, no te hagás drama: tenés que que decir que son de Sarkany, de Paruolo o, a lo sumo, que te los mandó la prima de un tío del mejor amigo del vecino de la hermana de tu tía segunda desde Europa, que son hechos a medida y que cualquier defecto es culpa de un pobre boliviano hacinado en un taller de cuarta que está muriendose de hambre para que vos tengas tu zapatito de princesa. Claro que todo defecto es porque es un trabajo artesanal, no vayan a saber que te los prestó una prima que los compró en La Salada.
  • Si pensás caer sin regalo, ni aparezcas, lo correcto es llevarle a la cumpleañera una diadema de oro con incrustaciones de diamantes recién extraídos. Si es una reliquia familiar muy valiosa, mejor todavía. Y si es algo que realmente le guste y no te diga eso sólo por compromiso: te merecés un premio Nobel.
Si algo llegara a salir mal, se arma un problemita bastante serio: la quinceañera puede llegar a sufrir un ataque de nervios, ponerse histérica y hacer una escenita frente a los pobres invitados que en ese momento quisieran estar enterrados diez metros bajo tierra. Pero ella tiene que demostrar que se hace lo que dice y NADA más, claro está.
Al día siguiente, la reciente reina de belleza, top model y celebridad, reina de la noche, oh, su majestad, va a esperar que todo el mundo la felicite por la encantadora velada, la llame, la abrace y le de tantos privilegios como si hubiera dado a luz. Y es que así fue, dio a luz a su nueva reputación (eso cree, pobre) de It Girl, y todos tienen que reconocerla como tal. Sus amiguitas no ayudan mucho tampoco, porque ''ella es así como rrrrrrrrre top'', dicen las descerebradas seguidoras, envidiosas, que la idolatran, la siguen, la aman, y son tanto su club de fans como su Jorge Rial personal. Es que cuando la reinita no está presente, estas locas se transforman en unas víboras, no se cansan de criticarla, de hablar de que aumentó dos gramos y tuvo que mandar a rehacer el vestido porque sino no quedaba con la cantidad justa de lentejuelas bordadas a mano, que con tacos y todo quedaba mal y los 39009 canutillos que tenía bordados se descosieron, y eso era una catástrofe, porque sin esos canutillos, no daba suerte, por lo que entró en crisis y ¡Caos, DESTRUCCIÓN, 2012!
¡Pero no pasa nada, si total el mundo dice que hay que ser frívolo, consumista, materialista y obtuso, porque así se es feliz, porque el vacío que no llenás con tu vida debe ser llenado con objetos, porque a tu inseguridad la tapan a la perfección tus perfumes Chanel, y porque si lo dicen las masas, lo decís también vos, total, claro, así tu falta de personalidad no se nota!

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