jueves, 18 de agosto de 2011

¿Qué me pasó?

Llegué a un punto en el que pienso cosas vacías, sin sentido. 
Seamos sinceros, ya NO PIENSO. Me transformé en una especie de robotito que anda alborotado todo el día de acá para allá, sin siquiera tener cinco minutos para detenerse a ver lo lindo que está el día afuera de la ventana. Y es que entre tantas cosas que hago día a día, termino por perderme en una rutina interminable, sin tener tiempo siquiera para mí misma, sin poder pensar, sin poder vivir más allá de esa rutina. Estoy todo el día torturándome con lo que voy a tener que hacer el día siguiente, cómo voy a tener que repartir los tiempos para llegar a hacer todo lo que quiero y tengo que hacer, cuánto tiempo libre me queda y pensando en los planes para el fin de semana ¡BASTA! Mi mente está constantemente en actividad, cual alas de un colibrí.
Hoy llegué a esta muy acertada conclusión, tras ponerme a ver el historial de este blog, más específicamente, el de octubre de 2010, y empecé a preguntarme ¿Qué le pasó a esa chica? Basta con releer un par de entradas de esa época para darse cuenta. Me estoy transformando en una versión rota de mí misma.
Take me back to the start.

jueves, 4 de agosto de 2011

Correr.

Tengo ganas de correr. Sí, correr. Correr, correr, correr. Quiero correr. Debo correr. A no confundir: no escapar. No, eso no. Sí, correr, correr. Quiero correr. Tengo la necesidad de correr, de correr, de correr, de correr y no parar, hasta que se me gasten las piernas y me salgan alas para volar. Quiero volar. Pero primero correr. Para correr, tengo que aprender a caminar ¿Sé caminar? Dicen que para caminar tenés que mantener el equilibrio, poner un pie enfrente del otro y así sucesivamente. Dicen por ahí que se convierte en un acto mecánico, inconsciente, que cuando le agarrás la mano es como respirar, que las piernas se mueven solas. Yo no les creo, porque yo no sé caminar. Les tengo envidia, porque no sé caminar. Lloraría de la bronca, porque sin antes caminar, nunca voy a aprender a correr. Y en serio quiero correr.
Quiero correr hasta que las piernas no me respondan, hasta que los objetos a mi alrededor se desdibujen, hasta que el aire no sea aire, que sea otra cosa. Que sea algo de colores. Le faltan tantos colores a mi vida... le falta tanta alegría. Si tan solo el aire fuera de colores, yo podría caminar, y podría correr. Porque si el aire fuera de colores yo lo vería, no sería algo desconocido, el problema es que no lo veo: le tengo mucho miedo a lo que no puedo ver. Le tengo miedo al aire, no sé respirar. No quiero respirar. Tengo miedo de respirar mal ¿Y si no respiro? Me puedo morir, y así jamas aprendería a caminar, si no camino, no corro. Pero si pudiera ver el aire, si supiera que el aire está ahí, me podría apoyar en él para aprender a caminar. Si el aire me sostuviera no tendría miedo de caminar, y podría correr. Si el aire fuera de colores hasta sería lindo caerme. Caminaría para caerme, y me reiría de mis caídas, si el aire fuera de colores...
... podría correr. Y correr, y correr, y correr. Sin meta alguna, sin salida ni llegada, hasta que me quedara sin superficies para recorrer, y ahí volaría, porque me saldrían alas. Y correría, y volaría, y correría, y volaría, y correría, y volaría. Siempre. Correría infinitamente, sacaría por mis piernas todo lo que no quiero sacar, todo lo que vengo acumulando... me descargaría sin llorar. No me gusta llorar, no quiero llorar. Es feo llorar. Es feo porque se te hincha la cara, se te corre el maquillaje, y la gente se da cuenta. Si la gente no se diera cuenta no sería feo. Lloraría todo el tiempo si la gente no se diera cuenta. Lloraría por todo y por nada. No soy de llanto fácil, pero podría serlo, si la gente no supiera que lloro. Lloraría hasta no tener más lágrimas, lloraría hasta quedarme seca... ¿Podría quedarme seca? Soy setenta por ciento agua. Todos los humanos lo somos ¿Soy humana? ¿Qué pasa si no lo soy? Si no soy humana entonces ¿Qué soy? Pero tengo que ser humana, yo me veo humana, yo me siento humana... pero los humanos lloran, y yo no lloro, los humanos no tienen miedo de respirar, y yo sí, los humanos saben caminar, y pueden correr... yo no. Humanos.
¿Y si yo soy un humano y ellos no? A lo mejor yo no lloro porque no tengo más lágrimas, y si no las tengo más, es porque alguna vez las tuve y las saqué todas ¿Cómo? Si no lloro. A lo mejor las transpiré corriendo. Pero no corro. Yo no corro, porque no sé correr. Y no camino, porque no sé caminar. Y no respiro, porque me da miedo respirar. Me da miedo el aire. Porque está pero no lo ves, y si no lo ves, no está ¿No? ¿Entonces qué respiro? ¿Respiro? Los humanos respiran, pero yo no soy humana ¿Qué soy?

Lara Gschwind.

miércoles, 3 de agosto de 2011

I know I've dreamed you, a sin and a lie. I have my freedom but I don't have much time. Faith has been broken, tears must be cried... Let's do some living after we die.

Rethinking.

Lo dejo bien claro desde el principio: no se puede evaluar una situación fuera de su contexto, del mismo modo que no podemos juzgar lo que haya sucedido en ese momento en su entorno, en las personas involucradas o en cualquier otra variable que pueda afectar el resultado.
Sin embargo, bien podemos reevaluar la situación, teniendo en cuenta todo eso (inclusive si ni siquiera estuvimos presentes).
La causa
Comentario viene, comentario va, y terminás enterándote de cosas que no te querés enterar ¿Cómo es que una charla cotidiana se puede transformar en la revelación de la verdad en su forma más pura? Les planteo la sitaución: vos, y una de las personas en las que más confiás, hablando de la vida. Tu interlocutora te dice que se enteró de algo, hablando con Gervasio Ego (lo denominaremos así de aquí en más, para no generar polémica, no dar nombres, no producir una inexplicable confusión en el lector o una oleada de ira por medio de mi interlocutora en ese momento). Te llevás bien con Gervasio Ego, tiene muchísimas actitudes que considerás reprochables, pero creés que así como está lleno de defectos, si se pone las pilas, puede ser una persona cuya compañía soportas. Tu interlocutora te comenta, como de paso, que tuvo una conversación con Gervasio, y que se enteró de cosas que TENÉS que saber. Vos, con una alarma resonando en tu cabeza y haciendo que cada neurona funcione a mil rps para sacar conclusiones apresuradas y no del todo erróneas, escuchás atentamente y vas hilando todas las ideas. Cuando tu interlocutora termina de hablar, se alarma al verte en un estado de completa estupidez, petrificada cual estatua: entraste en shock. 
Lo que pasó por tu cabeza.
Un océano de ideas del que no podés escapar inunda tu barco y quedás ahí, a la deriva, desconectado de tierra firme, sin otra cosa para hacer más que pensar, pensar, pensar. Ira. Lo primero que pasa por tu cabeza, cual gaviota sobrevolando la costa, es que resulta increíble escuchar esto de una persona que tanto valorabas. Obviamente no esperabas esa traición por su parte, y se te ocurre que tendrías que hablar con Gervasio Ego o, a lo sumo, revolearle una lámpara por la cabeza tan fuerte que se le produzca un derrame cerebral. ''La primera idea, es la más sensata'', dice una vocesita en tu cabeza, y le hacés caso. Incredulidad. Resulta imposible que esto te esté pasando, justamente los amigos más cercanos son los que más terminan por decepcionarte. Considerás seriamente irte a vivir a alguna isla perdida en el océano y convivir solamente con los animales, que, total, no te van a mentir nunca. Críticas. Viendo que en ese momento matarías por un yunque para golpear su cabeza y no disponés de él, se te vienen a la cabeza, finalmente, todas esas críticas reprimidas hacia Gervasio. Mentalmente, hacés una lista y la archivas en el alguna neuronita perdida, pero atenta, porque en el momento en el que saques todo afuera, tenés que ser lo suficientemente rápida como para sacar todas esas críticas al exterior en cinco segundos. Sí, cinco, ni más ni menos.
¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos?
Esa es la frase que se repite en tu cabeza, como si estuviera grabada en un CD rayado que no para de reproducirse, una y otra vez ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Cuando ves a Gervasio ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Cuando mencionan a Mr Ego ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos? Cuando aparece una publicación suya en el Inicio de Facebook ¿Te creés Dios? ¿Tengo que explicarte que no lo sos?
De un modo u otro, esta frase se convierte en una especie de himno de tu islita, para pasar a ser una canción de Guerra, y todos y cada uno de los pequeños oficinistas-neurona que habitan tu cabeza se preparan para atacar. Mueven los escritorios, sacan los tanques y las ametralladoras, y se forman en filas. Pero claro, hasta el momento en el que estalle la guerra en toda su plenitud, va a pasar mucho tiempo, por lo que tenés que dejar a un par de fulanos trabajando para no colapsar. Pegan una cinta en el medio de la oficina y se quedan de un lado los violentos sanguinarios asesinos preparados para la masacre, del otro, los holgazanes oficinistas que viven en un típico 'viernes informal' (tirados sobre los escritorios, con los auriculares puestos, derramando café sobre el papeleo, pegando posters en las paredes...) del otro lado.
La base de este pensamiento explica el motivo por el cual llegaste a convertirlo en tu himno: esa manipulación secreta, esas mentiras tan entretejidas entre sí que ahora son imposibles de separar de la verdad, las veces que creíste que se podía confiar, las veces que dejaste tu destino en manos de otros... todo esto despierta una ira desmedida en tu interior, y te hace querer conseguir un yunque. Pero te controlás, porque sos un ser civilizado y te vas a sentar a esperar a que se de el momento justo para liberar al ejército. Si los otros atacan primero, vos lo único que estás haciendo es defenderte ¿O no? Obvio que el ataque tiene que ser evidente, no podés atacar de la nada basándote en lo que te dijo un informante, eso no sería defensa propia, sería agresión sin fundamentos.
Karma Police.
No estoy hablando de esa tan hermosa canción de Radiohead (aunque cuando pienso en ¿Te creés Dios?... es inevitable que se me venga a la cabeza un this is what you get when you mess with us...) sino de que todo tiene su precio (como bien dijo La Fábrica de Tangos) y, si bien estás al margen, esperando al primer bombardeo ansiosamente, no vas a atacar primero. Lo hecho hecho está, y Gervasio va a tener que bancarse lo que sea que le suceda como consecuencia de sus desmedidas acciones. Es más, ya empezó la locura. 
El Universo ajusta sus cuentas, dicen, y estoy completamente de acuerdo (al menos hoy). Por eso me voy a sentar a esperar a que te caiga encima toda la mierda que me tiraste, sin intervenir. Si no me equivoco (o mis informantes -sí, Gervasio ¿O creíste que no me entero de lo que pasa a mis espaldas?- lo hacen) ya estás recibiendo un poco de lo que me diste, y al decir esto no puedo evitar pensar en You get what you give, de New Radicals, no en toda la canción, pero sí en esa frasesita, y acordarme de todo lo que hiciste en mi contra. Me causa mucha gracia que ahora seas vos quien paga por lo que hizo, y eso que ni siquiera intervino en todo esto. A lo mejor, indirectamente, sí tuve que ver con eso, pero vos tenés la culpa de todo lo que te pase, porque si VOS, Gervasio EGO no hubieras empezado todo esto, si no te hubieras metido con cosas (dije cosas, ni personas, ni situaciones, ni objetos, solamente cosas, en su aspecto más general) que eran en su momento importantes para mí (aunque que hoy en día perdieron su valor, pero la bronca sigue estando) posiblemente nada estaría pasando y seguirías feliz corriendo por una pradera en tu mundo donde creés que todo es perfecto, sin intervención alguna. 
Pasada la tormenta.
Más allá de todos los pensamientos/reflexiones/mierda, o como se las quiera llamar, que se me ocurrieron mientras todo esto transcurría, hoy me encuentro total y plenamente relajada. Me preocupo por muchas cosas, demasiadas para mi gusto, y hay tantos momentos, personas, situaciones, tantas cosas que ocupan mi cabeza día a día y requieren mi atención, que ni siquiera tengo tiempo para pensar en Gervasio Ego (ysusmilyunamentiras) pero, como mencioné en la entrada anterior, voy a comenzar a sentarme a pensar de vez en cuando. Hoy, entre las millones de cavilaciones que se sucedieron en mi cabeza cual película adelantada con el control remoto, me enfoqué en esta, supongo que para terminar de sacarme la mierda y empezar a liberar oficinistas-neuronas, quemar el papeleo y hacer lugar en los archivos para cosas más importantes.
Me encuentro en plena paz conmigo misma, y ya no hay nada que me amargue respecto a este tema. Aunque todavía me da mucha risa cada vez que me acuerdo del tema...
...Gervasio, ¿ Creíste que no me iba a enterar de todo?
Atte. Larupeace.

Mi fundamental problema a la hora de escribir es el tiempo. No dispongo del mismo, no estoy ni cinco minutos al día lo suficientemente tranquila como para sentarme y escribir algo coherente, y, sobre todas las cosas, tengo la suficiente capacidad de ideas y rapidez mental para escribir cinco renglones, releerlos y darme cuenta de que otro tema sería mejor, borro, empiezo de nuevo, y vuelvo a borrar. 

Lo prometo: me voy a poner las pilas.

martes, 2 de agosto de 2011

(Para empezar el mes, nada mejor que una buena crítica al consumismo...)
Vivimos en un mundo consumista, planteado de esta manera por empresas interesadas en facturar hasta el punto de la desesperación, pero ellos no son los únicos culpables. Los culpables de todo este consumismo, somos nosotros, los consumidores, y vivimos en una época en la que si no consumís no sos nadie, si no te renovás, no existís, y ¿Cuántos hay allá afuera con ganas de existir socialmente? Miles. Hablamos de un mundo donde cualquier excusa para el consumismo es válida.
Para exponer el tema de la mejor manera posible, les tengo un ejemplo: las fiestas de quince. (Disclaimer: aviso de antemano -porque sé que algunos se sentirán tocados, otros se enojarán y muchos más me van a reprochar lo que voy a decir-  que no hablo de todas las quinceañeras que hacen la fiestita, porque no todas van en la misma bolsa, pero la mayoría sí.)
Justificamos gastar miles en una noche para que sea inolvidable, sabiendo que dentro de un par de años no va a quedar más que un recuerdo borroso en el fondo de nuestra memoria, enterrado entre tantas otras experiencias, para ver las fotos años después y preguntarnos para qué incluimos en los planes a gente que no nos interesaba: es simple, hay que llenar el lugar. Es que mientras más invitados tenga la nena más popular va a ser, más la van a valorar sus compañeritos y más la van a idolatrar sus amiguitos. Sí, gente, es un hecho, no una teoría.
Obviamente, la cumpleañera tiene pensada una noche perfecta, soñada, y los padres van a tener que acceder a todos los caprichos de la nena aunque se endeuden (o no), tengan que hipotecar la casa, vender el auto, comer sopa por un mes y aguantar los caprichitos de la princesa. Quiere el mejor salón, porque si es feo no se pone la fiesta, el mejor vestido porque se tiene que lucir, el mejor vestido para el cambio porque es incómodo bailar con el largo, tiene que hacer un book y ser fotografiada por profesionales, porque ahora, además de princesa, es top model (aunque algunas, en mi opinión, dan miedo), tiene que hacer varios videitos para entretener a las masas, los zapatos tienen que ser de diseñador porque sino es muy mersa, las zapatillas tienen que tener suela de oro, los souvenires tienen que ser glamourosos y originales (aunque otras cuarenta mil quinceañeras ya los hayan hecho antes), el catering y la mesa dulce tienen que ser dignos de la reina de Inglaterra, la barra de tragos tienen que estar porque sino 'los pibes se aburren', el estilista tiene que haber trabajado mínimo con cinco celebridades y usar productos Tigi y Mac, tiene que tener accesorios de Swarovski y otro montón de frivolidades innecesarias para complacer a las masas y que no la consderen menos.
Claro, todo esto tiene una explicación muy lógica, una justificación total y completamente válida: la nena tiene que demostrar su superioridad (aunque sea solo para tapar su inmensa inseguridad) ante el pueblo argentino, imponerse como Reina Suprema y convertirse en modelo profesional, todo en una sola noche. Obviamente, va a pasar todo lo que dure la fiesta (además de las semanas anteriores y las posteriores) hablando de lo que le constó el vestido, el salón, los zapatos, sin que a nadie le interese. Pero claro, todos van a sonreir y la van a  escuchar atentamente como si sus vidas dependieran de ellos, se van a reir de sus chistes y van a encontrar el mejor atuendo, como si fueran a sentarlos junto a Johnny Depp en la entrega de los Oscar (no es para menos). Todo esto se justifica porque es obvio que ella tiene que sentirse cómoda y superior a quienes la acompañen esa noche, cuando en realidad no es más que un estereotipo de una sociedad consumista y materialista.
Si vas a asistir a uno de estos desfiles del consumismo, te conviene seguir los siguientes tips:

  • Conseguirte un atuendo digno de la reina de Inglaterra.
  • Comprarte los zapatos más caros del mercado (pero que no opaquen a la princesita), y si los compraste en calle San Luis, no te hagás drama: tenés que que decir que son de Sarkany, de Paruolo o, a lo sumo, que te los mandó la prima de un tío del mejor amigo del vecino de la hermana de tu tía segunda desde Europa, que son hechos a medida y que cualquier defecto es culpa de un pobre boliviano hacinado en un taller de cuarta que está muriendose de hambre para que vos tengas tu zapatito de princesa. Claro que todo defecto es porque es un trabajo artesanal, no vayan a saber que te los prestó una prima que los compró en La Salada.
  • Si pensás caer sin regalo, ni aparezcas, lo correcto es llevarle a la cumpleañera una diadema de oro con incrustaciones de diamantes recién extraídos. Si es una reliquia familiar muy valiosa, mejor todavía. Y si es algo que realmente le guste y no te diga eso sólo por compromiso: te merecés un premio Nobel.
Si algo llegara a salir mal, se arma un problemita bastante serio: la quinceañera puede llegar a sufrir un ataque de nervios, ponerse histérica y hacer una escenita frente a los pobres invitados que en ese momento quisieran estar enterrados diez metros bajo tierra. Pero ella tiene que demostrar que se hace lo que dice y NADA más, claro está.
Al día siguiente, la reciente reina de belleza, top model y celebridad, reina de la noche, oh, su majestad, va a esperar que todo el mundo la felicite por la encantadora velada, la llame, la abrace y le de tantos privilegios como si hubiera dado a luz. Y es que así fue, dio a luz a su nueva reputación (eso cree, pobre) de It Girl, y todos tienen que reconocerla como tal. Sus amiguitas no ayudan mucho tampoco, porque ''ella es así como rrrrrrrrre top'', dicen las descerebradas seguidoras, envidiosas, que la idolatran, la siguen, la aman, y son tanto su club de fans como su Jorge Rial personal. Es que cuando la reinita no está presente, estas locas se transforman en unas víboras, no se cansan de criticarla, de hablar de que aumentó dos gramos y tuvo que mandar a rehacer el vestido porque sino no quedaba con la cantidad justa de lentejuelas bordadas a mano, que con tacos y todo quedaba mal y los 39009 canutillos que tenía bordados se descosieron, y eso era una catástrofe, porque sin esos canutillos, no daba suerte, por lo que entró en crisis y ¡Caos, DESTRUCCIÓN, 2012!
¡Pero no pasa nada, si total el mundo dice que hay que ser frívolo, consumista, materialista y obtuso, porque así se es feliz, porque el vacío que no llenás con tu vida debe ser llenado con objetos, porque a tu inseguridad la tapan a la perfección tus perfumes Chanel, y porque si lo dicen las masas, lo decís también vos, total, claro, así tu falta de personalidad no se nota!