sábado, 30 de julio de 2011

Otro camino.

Todos los días se aprende algo, a veces hasta te das cuenta de que hay cosas que existen y estuvieron siempre ante tus ojos, pero nunca las viste, o simplemente te das cuenta de que estás en la dirección correcta, pero vas por el camino equivocado.
El año pasado me anoté en Comedias Musicales por el simple hecho de querer hacer teatro, de hecho, me sentía incentivada, siempre me gustó el teatro, tanto verlo, como formar parte de él, estar arriba del escenario. Terminó el año y estaba decidida a seguir, emocionada por ello, y así lo hice. La emoción me duró hasta mediados del mes pasado, más o menos. Me di cuenta de que, si bien me gusta el teatro, la comedia musical no es lo mio.
En un punto u otro siento que no pertenezco a ese lugar, hace bastante que me pregunto, clase tras clase, qué hago ahí, con toda esa gente tan diferente, con quienes, en otras circunstancias, posiblemente nunca hubiera entablado una conversación. Cada vez tengo más ganas de ir, me aburro, se me hacen densas las clases y, si bien al fin y al cabo termino por disfrutarlo, siento que todavía quiero más. Tengo muy altas expectativas, y, en el aquí y ahora, siento que no llego ni a llenar la mitad de ellas al ritmo que voy, las cosas simplemente no son como las esperaba y, si bien me divierto un rato, termino por tomarmelo como una carga, cuando en realidad era una manera de distraerme y relajarme, una especie de terapia (y en su momento me sirvió).
El problema no es el teatro en sí, como arte, ni la música, ni la danza, ni la institución a la que asisto, ni la gente con la que comparto tres dos horitas y media semanales (poquito, che). El problema soy yo. Pero no fue un año y medio en vano, me sirvió para establecer una unión y una separación al mismo tiempo. Por una parte, se unió mi amor por el arte escénico con la música y las ganas de subirme a un escenario. Por otro lado, separó todo eso: amo la música y amo el teatro: POR SEPARADO.
Creo que ese es el tema, no me había puesto a pensarlo claramente, pero, llegada a este punto, me resulta imposible pensar en otro motivo. Hace años que quiero aprender a tocar la guitarra, calculemosle unos cuatro años, y vengo jodiendo con las clases de canto desde principios del año pasado, cuando me di cuenta de que me gustaba cantar pero obviamente no tenía (ni tengo, hoy en día) el talento para hacerlo. En comedias musicales por lo menos cubría la parte del canto y, aunque nunca pasaba al frente, por lo menos aprendía de ver y escuchar a los demás, al vacío de la guitarra jamás lo llené, y últimamente estoy más enfocada en esto de la música, me decidí a empezar por empezar, a saber por saber. No me quiero dedicar a eso, no voy a salir de gira con ninguna banda ni nada por el estilo pero ¿Qué tiene de malo probar algo nuevo? Como mi sueño de la guitarra estaba frustrado, me desahogaba con ese intento de canto (digo intento porque siempre estuve parcialmente en la clase, parcialmente en el País de las Maravillas, vale aclarar), pero a fines del año pasado me di cuenta de que tampoco era suficiente. Este año quise empezar, aparte de comedias musicales, canto. Demás está decir que casi salgo corriendo cuando supe la poca carga horaria que tenía, que era inversamente proporcional al exorbitante precio que cobraban. Averigüé en un par de lugares y no estuve contenta con ninguno, así que me decidí por empezar el año que viene, desde el principio, pero mi problema siempre fueron los horarios. Desde los diez años tengo la mayoría de mis horas libres semanales tapadas de cosas para hacer, me resultaría rarísimo estar todo el día tirada en un sillón mirando las hojas caer mientras puedo estar haciendo cosas importantes (aunque más de una vez se me va todo de las manos y termino agotadísima y con ganas de revolear la casa por la ventana), y este año no fue la diferencia, el que viene, tampoco lo va a ser. Por esto tenía que combinar teatro, con inglés, patín, el gimnasio, el colegio y, ahora también canto y guitarra.: misión imposible. Le di vueltas al tema un millón de veces y decidí que en verano empiezo guitarra y canto, si me gustan lo suficiente como para dedicarles más tiempo, les encuentro unas horitas más en mi horario, sino, me quedo con el básico o abandono cuando arranque el año escolar. El tema era que tampoco me puedo permitir pagar todo eso, por lo que sí o sí tenía que sacar algo de mis horarios: inglés, no, el colegio, menos todavía, patín, no, el gimnasio podría ser. Teatro era la opción que me quedaba, pero estaba tan decidida a seguir que hasta cambié mis horarios de inglés este año para poder seguir yendo a teatro (me agregaron más carga horaria en inglés y me coincidía con teatro), dejé a mis amigos de ese grupo y me cambié a un horario bastante incómodo, por el cual tengo que correr de acá para allá todo el día. Todo sea por el teatro. No estaba dispuesta a abandonarlo, obviamente, ni siquiera se me cruzó por la cabeza, porque, si bien se frustraba el sueño de la guitarra, todavía me quedaban la actuación y el canto, era un dos por uno, una oferta que no iba a desperdiciar. Al menos, hasta ahora.
Hace unos meses empecé a faltar a la primera hora (puesta en escena, la que más me gustaba) con mis amigas porque las clases nos aburrían, mucho de lo mismo, poco progreso y cero interés. En eso, nos encontramos un día con la directora. La hizo corta: si no están conformes, no vengan. Desde ese día lo empecé a pensar mejor, me di cuenta de que no sólo no estaba conforme con eso, sino que me resultaba incómodo que fuéramos tantos, nos limitaba mucho y no avanzábamos, no solo en esa clase, sino también en canto (porque no todo el mundo cantaba todas las clases, en realidad, siempre pasaban los mismos) y en danza, por el tema del espacio. A eso se le sumaba que eran los viernes a última hora, de seis a ocho y media, llegaba super cansada, sin ganas siquiera de pararme, y eso me limitaba mucho (podría haber cambiado el horario, pero ya estaba empezando a conocer a todo el mundo y sino se me superponía con alguna de las otras cosas). Pensando y pensando llegué a la conclusión de que cada vez disfrutaba menos de ir al teatro, de que ya lo hacía solamente por no perder contacto con las chicas. Hace unos meses una dejó, hoy fue la última clase de otra, y en septiembre deja otra más de mis amigas. Desde las vacaciones de invierno me vengo planteado dejar, hoy terminó el mes en teatro, saldé las deudas pero ¿Qué hago?
Tengo una semana más para pensarlo, si sigo, sigo, sino, empiezo teatro y canto por separado. Me gusta más el arte dramático sin el tema musical incrustado que en con él, para ser sincera, no me pregunten por qué, porque, si bien ambas cosas juntas funcionan, en mi caso, eso no se aplica. Música y teatro juntos son lindos a la vista, pero no me veo en un escenario haciendo las dos cosas juntas, no a mi.
Estoy más que decidida a dedicarle el verano al sueño frustrado de la guitarra, el canto, y ver si encuentro algún seminario/taller/loquesea de periodismo, literatura o redacción, si es que encuentro algo interesante, y sino, algo relacionado con la fotografía (otro sueño frustrado).
Sé que voy en la dirección correcta, amo ambas cosas a las que les quiero dedicar tiempo, pero el medio y el camino actuales son los incorrectos. Momento de juntar mis cosas, agarrar todo y empezar una carrera contrarreloj para no perder más tiempo y arrancar de lleno y definitivamente, o dejar las cosas como están y ver qué pasa.

1 comentario:

  1. Seguì aquello que te convenza más. Seguì tus sueños sin importar nada. Son tus sueños, tus deseos, tus metas, y arrasá con todo.

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