jueves, 14 de julio de 2011

Inmortales.

SI NO LEISTE EL SÉPTIMO LIBRO DE HARRY POTTER NI FUISTE A VER LA PELÍCULA, 
NO TE RECOMIENDO LEERLO TODAVÍA.
Puede ser que muchos digan que hoy llego el final, el cierre de una serie de sucesos que acontecen desde el 30 de Junio de 1997, fecha en la cual se publicó el primer libro de Harry Potter (aunque muchos no lo conocimos hasta el 4 de Noviembre de 2001, cuando se estrenó la película), pero para mi no es el final definitivo, es solamente el cierre de una etapa. Es impresionante ver que esa historia con la cual creciste llegue a su fin (aunque sepas el final desde 2008, cuando llegó un ejemplar de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte a tus manos, como en mi caso), pero podés revivirla. Podés leer los libros una y otra vez hasta que los sepas de memoria. Podés ver las películas hasta conocer la cantidad exacta de capas que se necesitaron para los alumnos de Hogwarts. Podés familiarizarte lo suficiente con las aventuras de Harry, Ron y Hermione como para sentirte parte de la historia, pero hay una cosa que no va a volver a suceder. Sabés que jamás vas a volver a ir al cine a las ocho de la madrugada, a esperar que abran las puertas del shopping para poder ingresar a hacer cola para sacar las entradas, como hicimos mis amigas y yo, que vivimos el día de hoy como una aventura. 
Fue la primera vez que madrugué estando emocionada, al primer timbrazo del despertador, cuando empezó a sonar Big Machine, de Velvet Revolver, salté de la cama (literalmente), sabiendo que un momento tan temido como esperado había llegado. Al ratito estaban ellas abajo, tocando el timbre impacientes, pero claro está, yo no iba a salir sin la varita de Hermione, ni la bufanda de Gryffindor, ni el giratiempos de mi casa, porque sabía que no iba a volver a haber una primera vez de ver a estos magos que me acompañaron tantos años en la pantalla grande. Tomamos el colectivo, nerviosas, inquietas, inestables, posiblemente molestado a todo pasajero ajeno al grupo y taladrándole los oídos de una manera increíble, y les puedo asegurar que fueron los veinte minutos más largos de mi vida. A todo esto, en una corrida desde la parada del colectivo hasta la puerta del shopping, no sé cómo, se me cayó la varita (que tenía escondida entre la ropa, por si me robaban -sí, si me robaban les daba el celular, la cámara y todo el contenido de la cartera, pero la varita y el giratiempos NO-), de lo cual me percaté al estar a veinte metros de la entrada, por lo que tuve que volver corriendo (con el miedo de que alguien la hubiera encontrado, lo cual era básicamente imposible, porque no había nadie en la calle) a buscarla. Estaba en el cemento, al lado de una parte de la vereda donde había pasto, y de no haber sabido que era mi varita, la hubiera confundido con una rama. En la puerta del shopping (cerrado y vacío, por supuesto, a excepción de los guardias y otros miembros del personal) nos encontramos con una amiga más y nos fuimos al único lugar que estaba abierto en ese momento: el Coto, a desayunar. Esperamos una hora, hasta las diez, cuando abrió el shopping y (literalmente) corrimos hasta la puerta del cine, para encontrarnos con un cartel que informaba que abría a las 11.45. Faltaban casi dos horas para eso, pero estábamos dispuestos a esperar, junto con unos amigos más que se nos habían unido en el trayecto de la puerta al cine. El cine abrió antes y las entradas estaban más baratas (gran noticia), por lo que solamente nos quedaba hacer tiempo hasta las 12.20, horario de la primera función subtitulada (yo, personalmente, ODIO las voces de los doblajes). Nos sentamos, impacientes, en el patio, y esperamos a que fuera la hora. 
Una vez que entramos a la sala, no les puedo explicar como me sentí. Estaba enojada (esa típica impotencia que te da al ver a los demás accionar y no poder hacer nada), demás está decir que insulté a los tan detestables duendes de Gringott's de arriba a abajo y se me escaparon varios comentarios desagradables hacia Bellatrix y Voldemort. Estaba triste, porque sabía que era la última primera vez que los iba a ver en esa pantalla, y saberlo me traía miles de recuerdos de las películas anteriores, de los libros , del tráiler, de todo (y se me escaparon un par de lágrimas cuando salen volando en el dragón y cuando muestran los recuerdos de Severus, a quien considero un ídolo indiscutible -sí, idolatro a un personaje ficticio, en realidad, no a uno, sino a varios-) . Estaba emocionada, porque estuve esperando este momento durante mucho tiempo, y, más que nada, estaba feliz, porque finalmente ese día había llegado. No sé exactamente cuánto duró la película, pero a mí me parecieron cinco segundos de lágrimas y risas (especialmente en el momento en el que Voldemort les goza a aquellos que le eran fieles a Harry que él estaba muerto -aunque en realidad, era solamente lo que él creía- y se ríe con esa risa tan deforme. Uno esperaría algo más malvado del villano, no un ''eeeeeejejejeje'').
Lo peor fue cuando salí de la sala, varias de mis amigas estaban llorando (¡como para no llorar!) y los grupitos de fans se acumulaban en la puerta de la sala (muchos de ellos lookeados como personajes de la película o con remeras citando frases de los libros). Durante la totalidad de lo que duró la película, estuve con un nudo en el estómago, nerviosísima, a punto de vomitar, me atrevo a decir, y cuando salí de la sala mi estado no había mejorado mucho. No creí poder volver a comer en toda mi vida, pero al ratito me normalicé y consumí esa comida grasosa que tanto me gusta. Después de eso, todo bárbaro, dimos unas vueltas y todo genial, pero en un  momento de la tarde me agarró una especie de vacío existencial inexplicable. Sentía que me faltaba algo, a lo mejor era que me había sentido tan completa unos momentos antes que ya no me quedaba más energía para sentirme feliz, a lo mejor no, pero me agarró un bajón increíble y repentino. 
Lo estuve pensando bastante, y llegué a la conclusión de que ese vacío existencial se basaba en que una parte de mi vida terminó hoy, una etapa a la que le doy fin con la ÚLTIMA representación cinematográfica de los que son mis libros favoritos, más allá de los tiempos, más allá de las condiciones en las que me encuentre o de todas las historias maravillosas que pueda leer. Harry Potter marcó una etapa de mi vida, como supongo que les sucederá a algunos de ustedes, y me va a resultar siempre imposible olvidar todo lo que esta saga significa para mí. Creo que al estar en esa sala entré en estado de shock, no podría creer que diez años hubieran pasado tan rápido, que de haber ido a ver la primer película al cine con mi tío cuando tenía seis hubiera pasado tanto tiempo. Obviamente, siempre nos quedan los recuerdos, las hermosas marcas que cada palabra escrita por J.K Rowling deja en nuestras mentes. Cada imagen mental que se genera involuntariamente en mi cabeza al leer una oración va a quedar siempre atesorada, y cada vez que lea los libros de nuevo me voy a acordar de lo que sentí la vez anterior, en cada momento en el que me sienta lejos de casa, lejos de mí, se que puedo recurrir a las aventuras del único que sobrevivió a un Avada Kedavra para sentirme de vuelta en mi lugar.
Harry Potter es inmortal, y cada una de las palabras plasmadas en papel por J.K Rowling van a quedar grabadas por siempre a fuego en las vidas de mucho, son cosas que trascienden, sucesos que no dejan de ser considerados importantes, no importa la cantidad de años que pasen. Harry Potter es también atemporal.
 Sé que puede sonar estúpido, que el noventa porciento de las personas que lean esto va a creer que estoy loca, que soy una obsesiva y una exagerada, pero Harry Potter es, hoy en día, una de las cosas más importantes para mí (no me refiero al personaje, sino a todo lo que esta saga representa) y así como yo, se que hay miles que sienten de estas maneras, que madrugaron hoy para ir a ver la película, que leyeron y releyeron los libros una y otra vez, que tal vez no tengan todos los libros en su casa, pero no pudieron aguantar la intriga y los pidieron prestados o los sacaron de una biblioteca, que al enterarse de la construcción de The Wizarding World of Harry Potter casi se mueren de un paro cardíaco (y para aquellos obsesionados como yo que estuvieron ahí: seguramente se compraron todas y cada una de las cosas que vieron en los locales y casi les agarra un patatús al ver la selección de varitas en Ollivander's). Me atrevo a decir que Harry Potter, este fenómeno que crece y crece día a día, forma parte de la historia de la humanidad, y de cada uno, en menores o mayores medidas siempre está. ¿O me van a decir que no esperaron la carta de admisión a Hogwarts hasta los once años? Sé que muchos, como yo, todavía no perdieron la esperanza y la siguen esperando (:

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