viernes, 17 de junio de 2011

Tus absurdas mentiras.

¿Qué pensás hacer? ¿Perder el tiempo como hasta ahora? ¿Seguir inventando mil y una historias que, al fin y al cabo, son solo producto de tu imaginación? No quise que esto tomara este rumbo pero, ¿Qué más se puede hacer? Cuando la hipocresía y la mentira se vuelven demasiado evidentes ¿Qué esperás que haga? ¿Querés que me quede de brazos cruzados escuchando todas esas teorías descabelladas tuyas? (Claramente, siempre por atrás, porque le temés a la frontalidad, como siempre) No, así no funcionan las cosas. Puede ser que, por un pacto de lealtad a personas muchísimo más valiosas que vos (solías estar entre ellas, pero ahora bajaste al último escalón), no vaya a tirarte todo de una, a descargarme de esa manera tan típica mía, tan de frente, sin anestesia, pero indirectamente, te tenés que dar cuenta de que algo anda mal. Puede que no sea la persona más dulce del mundo, pero tampoco soy siempre así de cruel ¿Me equivoco?
Llevo adentro una ira reprimida esperando a salir al exterior, una bomba a punto de estallar, el rencor transformando en un tornado que se va volviendo cada vez más violento, lleno de odio, pero también de pena. Pena por vos, porque con semejante ego (algo que siempre me criticaste erróneamente) sos incapaz de bajar del Olimpo (al menos supongo que ahí es donde creés que estás, a juzgar por lo que creés que sos) para reunirte con el resto de nosotros, los pobres mortales, y darte cuenta de una vez por todas que no sos un dios, no sos ningún santo y tampoco sos agradable. No sos Zeus, el mundo no gira en torno tuyo. Tampoco sos un oráculo, no tenés idea de nada, mucho menos las respuestas a todo aquello que todos dudan, no sos sabio, no llegás siquiera a ser inteligente, y con esos aires de superoridad, lejos de ser sabihondo (o parecerlo) quedás como un imbécil.
Durante muchísimo tiempo estuve equivocada, creyendo que eras otra persona, viendo solamente la máscara que le mostrás al mundo. Jamás dudé de la veracidad de tus palabras, jamás te critiqué mucho (¡Y mirá que soy bien criticona!) ni te exigí demasiado y, sin embargo, toda esa confianza que te tenía, construída durante mucho tiempo, con mucho esfuerzo, se desmoronó en cuestión de segundos. Tus mentiras ¿Te das cuenta de lo que ocasionaste con ellas? Le viniste a mentir a la persona equivocada, a esta no te la perdono, y esta no es la primera vez que me mentís de esta manera, podría decirse que tu vida se basa en mentiras, en falsedad, en hipocrecía. Puede ser que creas que sea una exageración, pero realmente diste en el punto justo para hacerme enojar ¿O creía que yo te iba a perdonar que te metieras con cosas tan importantes para mí? Lo fueron en su momento, y a lo mejor no todo me funciona gracias a tu intervención, así que gracias por haber tirado abajo miles de mis sueños. Gracias por haber hecho que te odie, gracias por destruír mis esperanzas, no con hechos, sino con mentiras.
Dicen que cuando el diablo mete la cola, nada sale bien, y bueno, en este caso, echaste tanta leña al fuego que te ganaste el nombre del mismo.

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