martes, 10 de mayo de 2011

Un autre gros mensonge de la société.

No es nada nuevo que todo el mundo ande proclamando por la vida que no está bien juzgar un libro por su portada y hasta niegan prejuzgar a las personas por su aspecto, cuando, en realidad, hacen todo lo contrario.
Un ejemplo literal del dicho: entraste a una librería buscando un libro de Historia, supongamos, fuiste al estante y empezaste a ver títulos. Sabías sobre qué tenía que tratar pero no el autor, ni el título. Pasaste unos minutos frente al estante analizando ejemplares de ediciones diferentes que hablaban sobre el mismo tema. Al final, tenés dos libros, uno en cada mano: el de tu mano derecha tiene una tapa roja de cuero sintético con letras doradas, el de la izquierda, fondo blanco y letras negras. Cuestan lo mismo ¿Cuál te llevás? El rojo, porque te llama más la atención. Pero claro, después llegás a tu casa y te das cuenta de que costaba lo mismo que el otro porque la edición es pésima, las letras son muy chicas y hay errores en la redacción, sabías que por algo tendrían que costar lo mismo pero, sin embargo, juzgaste al libro por su portada.
Un ejemplo cotidiano: vas caminando por la calle, estás llegando tarde a un compromiso y te das cuenta de que no tenés puesto el reloj y te olvidaste el celular en tu casa. La solución es simple: buscás a alguien que te pueda decir la hora y listo. Vienen caminando dos personas en tu dirección, un hombre de traje y un obrero, ambos poseen un reloj ¿A quién le preguntás? Al hombre de traje, que saca un arma de abajo del saco y te exige que le entregues todas tus pertenencias valiosas y no hagas ruido, caso contrario, te mata.
No sé por qué todo el mundo se empeña tanto en decir que las apariencias no importan, cuando, en realidad, sí lo hacen. Nos guiamos por lo que vemos para actuar de determinadas maneras, y eso no está mal, lo que sí está mal es tener prejuicios sobre quienes te rodean sin conocerlos bien, pero ese no es el caso. Es un hecho que nuestras vidas se basan en apariencias, y que estas mismas engañan ¿Por qué negarlo? Seguramente más de una vez te llevaste una decepción a causa de tu percepción del mundo y los seres que considerás valiosos, pero tranqui que no todo es malo, muchas veces nos salvamos de equivocarnos de camino y terminar mal por basarnos en las apariencias. Es fácil explicar por qué: lo que vos le mostrás al mundo es lo que vos querés que ellos vean de vos, es un reflejo de lo que sos en tu interior, y cosas tan simples como un gesto pueden sacar tu personalidad al exterior.
Si bien las apariencias pueden ser engañosas, nuestra vida requiere de ellas, y aunque no siempre es bueno juzgar un libro por su portada, podés terminar acertando y agradeciéndote a vos misma por hacerle caso a las primeras impresiones que, generalmente, son las acertadas.
Ver primero el exterior de una persona es lo lógico, antes de conocer a alguien no conocés sus ideales ni sus sentimientos, lo juzgás por cómo lo ves, hacer esto no significa que sos un ser superficial o que estás prejuzgando a una persona, sino que forma parte del día a día. No es válido decir que la imagen no importa, al menos en mi caso, porque sí lo hace.

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