viernes, 1 de abril de 2011

Redescubriendo.


Sí, gente, me estoy planteando seriamente todo lo que consideré musicalmente bueno en mi vida (dentro de los parámetros de lo que me gusta, encontré varias cosas que, comparadas entre sí, son solamente 'basura pegadiza', que siguen siendo arte, pero que, sin embargo, prefiero evitar cuando me pongo los auriculares). No sé cómo pude ser tan ciega durante tanto tiempo, teniendo a la buena música frente a mí, nunca se me ocurrió por prestarle atención, viviendo en un país que está caracterizado por ese género (en especiar en las zonas más cercanas a Buenos Aires). Sí, gente, el tango cayó sobre mí de una manera demasiado abrupta para ser descripta. Increíble, complejo, lleno de misterio, de elegancia, de violines tan agresivos como hermosos. No hablo del tango cantado (ese es otro tema), sino del instrumental, de esas melodías que resuenan en mi cabeza gran parte del día, que hablan de todo y al mismo tiempo de nada.

En una época me había agarrado una locura por las mezclas entre tango y rock, del estilo de lo que, hoy en día, hace La Fábrica de Tangos (seguramente, escucharon la apertura de El Elegido en algún momento), porque era una mezcla entre dos géneros que realmente me gustan mucho: el rock, que es tan variable como clásico, y del cual escucho la mayoría de los subgéneros y géneros que surgen de él o tienen una influencia suya (de 'música light' como Coldplay hasta los heavys del estilo de Metallica, y tengo que decir que últimamente estoy bastante enloquecida con el Hard Rock, especialmente con Velvet Revolver), y el tango, que siempre me pareció interesante, profundo, pero que siempre se veía arruinado, para mi oído musical, por las voces de los cantantes. Ustedes me dirán que, por ejemplo, Gardel era un genio, y hay que admitir que el hombre cantaba muy bien, pero había algo que no me cerraba, algo que quedaba inconcluso, que no me terminaba de gustar del todo, hasta que empecé a investigar sobre tango instrumental, y me empezó a gustar lo que escuchaba, especialmente los que son más agresivos, llenos de violines (nótese, mi instrumento musical favorito junto con la guitarra y el piano), del estilo de El Tango de Roxanne (cuya letra es, justamente, la de Roxanne, de Sting & The Police, uno de mis grupos favoritos), del soundtrack de Moulin Rouge (canción que siempre me había gustado, cuyo nombre desconocía, pero que, al escucharla hoy en teatro, recordé, y me volví a enamorar). ¡Dios mío, lo que es esa canción! Sinceramente, lo mejor que escuché en mucho tiempo, si bien no es de mi estilo de música habitual. Me transmite demasiados pensamientos, emociones, me muestra caminos desconocidos, me encanta. Hace aproximadamente dos horas que la estoy escuchando consecutivamente, y no me canso. Mas allá de la letra, la cual no puedo aplicar a mi vida, porque realmente nunca me encontré pidiéndole a la persona que amo que no se prostituya, pero que, sin embargo, me transmite una mezcla de ira, tristeza, decepción, pero también esperanza, porque el personaje que la canta (Christian, interpretado por Ewan McGregor) espera que su amada lo escuche, le haga caso. Me inspira de una forma casi ridícula, hacía mucho que no encontraba una fuente de inspiración tan efectiva (generalmente, me refugio en la música, dependiendo de mi estado de ánimo variará el artista, el género...), me abstrae de la realidad, me conecta conmigo misma.

Acabo de darme cuenta de que me enamoré de una melodía, me volví adicta a ella de un momento al otro.

1 comentario:

  1. Es muy lindo encontrar nuevas cosas que cautiven. Me alegra que te hayas encontrado con el tango. :)

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