viernes, 11 de marzo de 2011

Me voy desvaneciendo.


Ya no estoy, siento que no estoy, ya no veo, no siento, sólo pienso, ni siquiera hablo, no intervengo ¿Saben lo raro que se siente estar entre miles y no entender nada? ¿Saben las miles de cosas que se me cruzan por la cabeza cuando, tras pasar muchas horas, te enterás de que tu mejor amiga está mal y no hiciste absolutamente nada por ayudarla?
No puedo con todo, y entre mi horario bastante ajustado, mi locura galopante y el llamado de mi propia vida, ya ni tiempo tengo, durante el día, no hablo con nadie, salvo con mi compañera de banco (gracias a Dios que está siempre, me trae a la realidad cuando estoy a kilómetros de distancia, y me recuerda que sigo viva y necesito respirar) y mis ovejos. A lo sumo cruzo un par de palabras cuando estamos en grupo, pero después me voy, porque no soporto estar y no estar, no soporto sentirme tan fuera de lugar con gente que está siempre para mí ¡No soporto no poder ayudar! Últimamente, me desvanezco, me desdibujo en busca de mi destino, me alejo de mis tierras habituales rumbo a lo desconocido, el cambio es bueno, porque, después de todo, estoy siguiendo lo que me dicta mi corazón, pero estoy dejando atrás a personas que quisiera llevarme conmigo. Pasan muchas cosas, y no entiendo ninguna de ellas, me entero tarde, cuando ya nadie me necesita ahí, y lo peor es que de todos modos me agradecen por estar siempre ¡No me den mérito por algo que no hago! No estoy, no estoy, no estoy, y lamento informarles que no sé cuándo voy a volver. En mi propia casa soy un fantasma, no estoy nunca, cinco minutos en la casa de mi abuelo, donde solía pasar horas y horas, ni cinco minutos para sentarme a escribir tengo, gracias a Dios, es viernes, y no tengo nada para hacer (no en este momento, porque durante el día no paré), pero me duele saber que todavía tengo que agregarle actividades a mi ya demasiado ajustado horario ¿Qué me queda para mí? Llego a casa y estoy rendida, pero, por primera vez en mi vida, puedo certificar que estoy viva, estoy despierta, y soy como un tornado, arrastrando todo conmigo, en mis idas y vueltas por las mismas calles cada día. No escucho, no veo y no emito palabra alguna, inmersa en mi propio mundo, quien me vea por la calle no me va a reconocer, quien me encuentre en los pasillos del colegio ni siquiera me va a ver, soy una figura desdibujada que viaja constantemente.
Soy un fantasma.
Soy una sombra.
Soy yo misma, por fin.
Es un poco abrumante este cambio brusco en mi vida, pero es lo que necesitaba para probarme a mí misma que cuando uno sigue su camino, el resto no importa, pero la realidad es que sí importa. Realmente me importa mi vida, me importan muchísimo mis amigas, a las cuales ya ni veo aunque comparta con ellas ocho horas al día, pero se me escapan las cosas de las manos, y no puedo estar en todos lados. En este momento, mi mente sólo apunta a superarme a mí misma, y por más que quiera revolear todo lo que me abruma y simplemente seguir con mi vida como siempre, siento que no puedo, que no me corresponde. No es lo mío estar en silencio, pero ni tiempo de hablar tengo ya.
Llegué a un punto en el que no sé dónde es arriba y dónde es abajo, perdí todo sentido de la orientación, y lo único que veo es una ruta desierta. En mi espejo retrovisor, las personas a las que realmente amo, frente a mí, todas mis metas, y me pregunto: ¿Qué hago? Es simple, ustedes saben lo que me gusta la velocidad, así que le doy al acelerador y salgo a toda velocidad hacia rumbos desconocidos, subo el volúmen de la música y disfruto del viaje ¿Qué es lo peor que me puede pasar de acá a Diciembre? Muchas cosas, pero está en mis planes atropellar obstáculas hasta llegar a la meta... un par de choques, abolladuras, vidrios rotos, pero mi motor va a seguir andando.
Estoy lista para pasar al próximo nivel, quienes puedan seguirme el paso, bienvenidos sean.

1 comentario:

  1. Creo que ahora más que nunca debés ir con total tranquilidad, paciencia, y despacio. Tranquila, oveja. Todo a su tiempo.

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