viernes, 4 de febrero de 2011

Quince

Fue una locura, bueno, es, el día todavía no termina. Todo empezó a las once de la noche del 3/2/11, resulta que mis amigos se juntaron para ir a graffitearme la calle, creyendo que no sabía nada, pero hubo varios indicios de lo que estaban tramando, y cuando se trata de sorpresas, no suelo ser de las que se dejan sorprender, porque soy tan curiosa que termino haciendo investigaciones como pueda, no me gusta ser tan curiosa, pero por lo menos eso me lleva a descubrir cosas nuevas. La cuestión es que a las once me asomo por la ventana de la cocina y veo a más o menos unas treinta personas agitando aerosoles ¿Quiénes eran? Sí, ellos, mis amigos del alma. Esperé hasta las doce, cuando tocaron el timbre (y espero que no lo hayan quemado), el ruido que venía de la calle era impresionante, todos deseándome un feliz cumpleaños, no esperaba que fueran tantos, sabía que iban a venir, pero no sabía quiénes, y me sorprendió ver que tanta gente había aparecido. Bajé, abrí la puerta y se vinieron encima de las rejas del edificio. A la primera que abracé fue a mi hermana del alma, mi mejor amiga desde hace doce años, la mejor de todas con sus defectos y virtudes, la que organizó todo, después de eso, ya no me acuerdo a quién más abracé, pero estaba en un tumulto de gente que me quería y eso me hizo feliz. No faltaba nadie. Me despeinaron a tal punto que parecía que tenía rastas (¿Tienen una idea de lo que cuesta desenredar rulos?), y cuando creí que ya estaba todo tranquilo, me agarraron Marcos y Lucas y me tiraron en un volquete, que gracias a Dios estaba casi vacío. Cuando salí del volquete ayudada por mis amigas, casi me caigo (y podría haberme desnucado con el cordón de la vereda de no ser por ellas), y mientras me quejaba por el olor asqueroso a basura que tenía, me cayó una lluvia de harina encima. Sí, mi mejor amiga me dejó hecha un desastre, parecía un fantasma, y para el colmo la harina me causó una reacción alérgica en la piel de la cara. Mientras me intentaba sacar la harina de la cara y el pelo fui abrazando a medio mundo, por lo que no sólo yo quedé llena de harina, sino que todos a mi alrededor quedaron en un estado similar. Estaba todo bien, hasta que llegó la policía. Al parecer se habían quejado del edificio de enfrente (exagerando la situación, obviamente), aunque los policías no hicieron nada, no podían hacer nada, porque ya es casi una tradición escribirle la calle a las quinceañeras (aunque mis amigos se zarparon y escribieron todo lo que estaba a su paso, tal vez personas también), pero es lo que pasa cuando se escuchan semejantes gritos en pleno centro. Después de todo eso, vi el graffiti, enorme, rojo y blanco, ocupando toda la esquina, partes de la vereda, la senda peatonal, y hasta vi un árbol con mi nombre, caóticamente hermoso, un desastre con todos los nombres desorganizados, nombres de las bandas que escucho mal escritos, recuerdos inolvidables plasmados con aerosol en el cemento, todo era tan hermoso. Algunos se fueron más tarde, otros más temprano, pero todos quedaron plasmados en mi mente, si me preguntan les podría decir exactamente qué tenía puesto cada uno de los que aparecieron ayer. Hicieron lo mejor que podrían haber hecho, además de dejar una marca de cuánto me quieren en la ciudad, me escribieron una carta. Nada más ni nada menos que cuatro páginas de mensajes de las mejores personas del mundo, con recuerdos inolvidables, palabras poderosas que quedaron grabadas con fuego en mi memoria, nunca me voy a olvidar de todo lo sucedido anoche. A todo eso se le sumaron las (por el momento) 90 felicitaciones en Facebook (sin exagerar), los que me mandaron mails, los que me hablaron por messenger, me mandaron mensajes, me llamaron, me felicitaron en persona, hubo felicitaciones para todos los gustos, y la más original fue la de una amiga fanática de la tecnología, que editó una foto en la que estoy yo, le agregó un signo de la paz y fotos de todos mis ídolos en un tamaño pequeñísimo, sé que se quedó ciega haciendo todo eso, pero valió la pena, porque le quedó divino.

No faltó nada, ahora sé cómo se sienten los indigentes al entrar en un volquete, me convertí en torta por un momento, como Cruella en 102 Dálmatas, un par casi me descolocan el tabique cuando me abrazaron, los vecinos me van a sacrificar si tienen la oportunidad, y me hicieron la tarjeta más linda del mundo.
Lo único que me falta para completarla es pasar y terminar el día con ellos, disfrutar del sol, de la pileta, de este verano que ya está por terminar, y, más que nada, de la compañía de los mejores amigos que el destino pudo haber puesto en mi camino. Nos espera un día bastante loco, una noche única y muchas risas.
Gracias a todos, a los de teatro, a los del colegio, a los que están siempre, a los que viven lejos, a los que desaparecieron, a los que no conozco en persona, a los que sí conozco, a los que me tienen bronca y me felicitaron por no quedar mal, a todo el mundo que se dedicó a decirme por lo menos un breve 'feliz cumpleaños' a secas, porque me alegraron, y mucho.
He aquí el regalo más original. Mi foto no es la más favorable, lo más importante es todo el trabajo que se tomó para hacer esa foto ¿Tienen una idea de lo que debe haber tardado en cortar todas las fotitos? No faltó nada, estoy completa.

2 comentarios:

  1. Qué genial!
    Feliz Cumple, Laru!!!!!!
    Tus amigos son unos grossos!
    Y obvio que vos también!

    Espero que pases un hermoso cumple y un día espectacular!
    Que andes bien mujer

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  2. Te adoro oveja, y muchisimo! Perdon si te ahogué, tiré, golpeé, despeiné, intenté darte la cara contra la torta (mentira, tuve ganas, pero despues me acordè de todo lo ultimo y dije "nah, ya fue"), pero lo destacable de todo es que fue con amor (uh, la verdad es que no suena muy amoroso que digamos mmmm). LALALA, me alegro de que la hayas pasado MUY BIEN, rodeada de todos tus seres queridos, y por supuesto de los ovejos que siempre irán a cualquier lugar con su manada. Qué loco xD.

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