sábado, 31 de diciembre de 2011

Chau, VeinteOnce.

No me gusta hacer resúmenes al finalizar cada año de mi vida, de hecho, me molesta: llamar a la memoria e invocar recuerdos me estresa increíblemente, porque me tienta tanto el futuro, que el pasado me parece insulso y vacío. Pero tengo la necesidad de ordenar todas las cosas que andan dando vuelta por mi cabeza para poder pensar con claridad.
Arranqué el año intentando cambiarme por los demás (algo raro en mí, debo mencionar), lo cual no funcionó, pero por lo menos pude aprender de la experiencia y crecer un poquito más. Ignorando toda crítica constructiva o destructiva hacia mi persona viví un 2011 con demasiadas altas y bajas como para no ser considerado una ruta peligrosa. Enero fue normal, club, amigos, ilusiones y una que otra desilusión también. Febrero fue lo más: mi cumpleaños (tiendo a odiar mis cumpleaños, en realidad, no sé por qué, pero no me parecen especiales. Al menos no el mío), Walt Disney World, Orlando, Miami... y en Marzo, el colegio.
Durante el año, no me arrepentí ni siquiera un segundo de haber sido la única de mi curso que de entrada se fue a la modalidad de Humanidades y Ciencias Sociales, es lo que me gusta, y nunca me importó si estaba sola o acompañada haciendo lo que me gusta. Conocí gente increíble, y retomé contacto con muchas otras personas maravillosas que ya habían estado junto a mí con anterioridad.
De todos modos, los problemas no se hicieron esperar: me encontré discutiendo con mis amigas de siempre por cosas que creía que ya eran parte del pasado, y llegué a detestarlas por querer cambiar quién soy y con quién me relaciono, pidiéndome que cambie todas esas nuevas amistades y reencuentros por más tiempo con ellas, cuando ni siquiera podía notar que me quisieran a su lado. Perdí a quien por un largo tiempo había considerado mi mejor amigo (y no le doy ese título a mucha gente) cerca a esa fecha también, y sentía que estaba deshaciéndome de mis viejas amistades para arrancar de nuevo con otra gente: no quería eso. 
Gracias a todo esto me di cuenta de que quienes realmente necesito y están siempre para mí, siempre estuvieron, nunca me hicieron berrinches por nada, y se mantuvieron leales, aceptándome tal como soy. Me di cuenta de que mi mejor amigo no era mi mejor amigo, nunca lo había sido, y la persona que realmente se merecía ese título había estado siempre oculta por la sombra de quienes lo rodeaban. Dijo 'presente!' y eso fue suficiente para que yo me diera cuenta de que era ese amigo incondicional que tanto había estado esperando que apareciera. Recién ahora, a fin de año, empiezo a distinguir con claridad quién vale la pena y quién no, me encuentro relacionándome con gente con quien perdí mucho, y con otros con quienes jamás se me hubiera ocurrido que podría llevarme bien. Se convirtieron en mis amigos incondicionales, en las personas más valiosas para mí, entre todas las que llenan este vasto mundo.
Fue un 2011 tumultuoso en cuanto relaciones con mis pares en general, muchos choques entre amistades, muchas separaciones y nuevas uniones, que no pararon hasta el día de hoy. De hecho, no fue hasta mediados de Julio que estuve relativamente segura de quiénes eran mis amigos y quiénes lo aparentaban. Amistades de años desaparecieron tan rápido como nuevos viejos amigos aparecían para retomar sus lugares en mi vida. 
Dejé teatro.
No fue una decisión difícil, en realidad. Amo actuar, pero sentía que ese no era mi lugar en ese preciso momento, y que posiblemente iba a estar mejor en otro lado. Mis amigas de teatro y yo nos seguimos viendo, seguimos hablando, nos seguimos queriendo aunque no nos veamos tanto como antes. Me colé en el teatro para ver a otra amiga hacer un protagónico en el ECM, donde yo había abandonado, y jamás me sentí tan feliz de haber abandonado algo. Sin teatro, tenía un peso mucho menor sobre mí.
Mi curso de inglés fue una mierda, pienso volver a mi horario anterior. Falté muchas veces por irme a dar unas vueltas por la ciudad con mis amigos, porque sinceramente no soportaba entrar a ese salón. Mejor promedio, de nuevo, aunque yo sentí que fue mi peor año (sinceramente creo que nunca me puse tan pocas pilas para hacer algo). No hacía las tareas, no estudiaba para los exámenes (en realidad nunca lo hice para Inglés), faltaba muchísimo, llegaba todas las clases entre quince y veinte minutos tarde. Hubo un día en el que entré, y en medio de la escalera decidí irme. Respecto a patín, bueno, seguí patinando hasta ¿Octubre, Noviembre? Y dejé, por no estar conforme con los horarios, la profesora, el grupo, las cosas que hacíamos... y arranqué con el personal trainer: tres semanitas y arrancaron las vacaciones, por lo que no lo vi más.
Respecto a mi corazón, bueno... sinceramente no sé cómo sigue latiendo. Pobrecito, viviendo en un cuerpo tan bipolar no me extrañaría que de un día al otro se desmoronara, con tantas subidas y bajadas, golpes, caídas y alegrías. Me llevé una linda desilusión durante (como mínimo) la primer mitad del año y tal vez un poquito más, viviendo por alguien que no se acordaba de quién era: pésimo. Volví a mis días de Forever Alone y los disfruté hasta hace ¿Una semana? Patético, los chamuyeros me persiguen, o a lo mejor yo los encuentro a ellos, sinceramente no sé. Este por lo menos es un chamuyero conocido, y no lo busqué, sino que él me buscó a mí. Eso es un punto a favor. Es como un -10 en Chin Chón, el tema es que el hecho de que sea chamuyero es como que tenga una mano de dos dieces, dos onces, dos doces y un nueve, cuyos palos no coincidan. Restamos diez y sumamos setenta y cinco. Si estuviéramos jugando a cincuenta, ya te hubieras ido por la borda, y si jugamos a cien estás ahí nomás... no hay muchas chances de ganar pero las cosas se pueden salvar ¿Quién sabe? El tiempo pasa rapidísimo, pero sobra cuando tenés quince años y es verano.
Ya lo dije antes, fue un año de constantes subidas y bajadas, de pros y contras, de diferencias marcadas y coincidencias sorprendentes. Me fallaron amistades, y también yo les fallé, me falló el corazón y fallé en persistencia. Termino el año sintiéndome la misma de antes, no estoy mejor, pero tampoco peor. Sinceramente no soy una buena persona, no siento que merezca ese título, y sí, me gustaría intentar, pero por el momento me conformo siendo quien soy, y esperando que este 2012 me traiga UNA buena.
Gracias, 2011, por todo, pero es momento de dejarte atrás, y estoy completamente lista para el futuro, para lo que venga, para lo que tenga que pasar. Arranco el año con fuerzas renovadas, cabeza en alto, pisadas fuertes y el corazón bajo llave. 
Paz, hermanos, y que este 2012 sea tan espectacular como espero.

jueves, 29 de diciembre de 2011

La historia se repite.

Hace mucho que no escribo. Hace mucho que no me siento a leer blogs. Hace mucho que quiero escribir algo coherente, pero pasa que las palabras se amontonan en mi cabeza formando un hermoso caos, en vez de agruparse como frases con un sentido propio. Estoy bastante ocupada no haciendo nada como para preocuparme por hacer algo que valga la pena (no sé si el concepto se entiende, pero es como si mi cerebro estuviera hibernando). Y cuando no tengo nada con qué distraerme, como todos los veranos, con un día de diferencia al año pasado, alguien aparece...
Alguien, alguien que está hace bastante y nunca se hizo notar, que siempre estuvo y nunca vi, que ahora se muestra irresistiblemente buena onda y simpático. Pero a mi ya me rompieron el corazón suficientes veces como para no caer en chamuyos, me ilusioné y desilusioné tanto que ya soy inmune a todo este boludeo, y me siento completamente apta para jugar de la misma manera que jugas vos, que juegan todos ¿Quién sabe? A lo mejor todo esto termina en algo bueno y me doy cuenta de que no malgasté mi tiempo en vano como en ocasiones anteriores. A lo mejor puedo volver a ser más una persona que un iceberg, frío, duro y sin sentimientos (al menos a la mirada pública). A lo mejor valés la pena y seguís siendo la buena persona que siempre me pareció que fuiste, a lo mejor no estás jugando conmigo sino que te la estás jugando por mí...

domingo, 18 de diciembre de 2011

sábado, 17 de diciembre de 2011

Así son las cosas: amargas, borrosas.

Ayer tuve un día digno de olvidar: yeta, yeta, yeta. Para empezar, la noche anterior había discutido con la mitad de mi familia y estaba un poco (muy) histérica todavía. No quería hacer nada, no quería estar en el club, no quería estar en mi casa. No sabía a dónde quería estar, porque en realidad no quería estar en ningún lado, quería desaparecer un buen rato. Intenté volverme caminando del club (porque, a todo esto, me había quedado sin viajes en la tarjeta de colectivo y no tenía plata para comprar otra o pagar con monedas), caminé una cuadra y se me vino un grupito bastante sospechoso (por no decirte que tenían terrible pinta de delincuentes juveniles y que parecía que me iban a robar hasta el alma), di media vuelta y me mandé en el único lugar que conozco por esa zona: el club. Mis amigas (en su mayoría) estaban raras conmigo, así que enfilé para el lugar en el que estamos siempre y me senté con mis amigos, que estaban (como siempre) jugando al truco. Pasaron un par de horas y volvimos todos, porque un par se tenían que volver antes, yo estaba mala onda y el resto, la verdad no sé, la cosa es que se volvieron con nosotros.
Llegué a casa y no vi las llaves de mis viejos, bien, la casa para mí, pensé. Pero no. Llegué a mi pieza y escuché la cerradura: mi mamá venía con Bombón (mi perra) del veterinario y yo, sinceramente, no tenía ganas de verla, porque sabía lo que iba a pasar.
Ahí arrancaron las confrontaciones de nuevo, entre gritos, llanto y desesperación, desde la misma silla donde estoy sentada ahora mismo le planteé todo lo que pensaba, casi sin dejarla emitir palabra. Llegamos a un acuerdo con el cual sinceramente no estoy de acuerdo, pero que me vi obligada a aceptar por mi condición de ''hija responsable''.
Durante esa media hora de gritos y llanto, vomité. Vomité palabras. Le dije todo lo que pensaba, sin filtros y sin anestesia, como hago siempre, y cuando terminé con mi discurso lleno de palabras atropelladas que se mezclaban entre sí porque no encontraban el suficiente lugar para salir todas al mismo tiempo me vi obligada a escucharla. Lo que decía no me sorprendió en lo más mínimo, ya había escuchado esas palabras en boca de otras personas miles de veces, y era consciente de que tenía razón en lo que me estaba diciendo.
Durante su momento de hablar, me expuso tres puntos básicos de mi personalidad acertados y que últimamente me traen muchos problemas:

  • Autosuficiencia e independencia extremas.
  • Le cierro la puerta de mi mundo a todo aquel que se me aproxima demasiado.
  • Demasiado dura.
El primer y el último punto, según ella, son virtudes. Significan que el día de mañana, cuando me encuentre sola (es algo que obviamente va a pasar en algún punto de mi vida), voy a poder afrontar todo obstáculo que aparezca en mi camino y seguir adelante con el mismo ímpetu que antes. Desde mi punto de vista, no son ni virtudes ni defectos, son simplemente características como cualquier otra: tienen su lado positivo y su lado negativo. Al ser tan independiente y autosuficiente, termino alejándome de los demás, creyendo que puedo con todo sola, cuando en realidad estoy bastante lejos de ser la mujer biónica. El hecho de ser demasiado dura contribuye a esto, justamente, y al hecho de que no sepa pedir ayuda (y tampoco quiera hacerlo).
El segundo punto es el que me hace sentir un poco como Pink (si vieron The Wall, me entenderán), con la diferencia de que su vida y la mía son completamente diferentes, coincidiendo en que ambos construímos una enorme pared alrededor nuestro para protegernos del exterior, y cuando alguien está lo suficientemente cerca de lograr abrir la única puerta que hay en esa pared, lo ahuyentamos. Mamá me dijo que ella no es una persona que ande cargoseando a los demás todo el día, que no espere que ella me llame cada cinco minutos y decida todo por mí porque no es algo que ella haría o le gustaría que le hicieran, y se disculpó por parecer tan distante; debido a esto justamente. También me dijo que si yo no la dejaba entrar, ella tampoco podía aproximarse demasiado, y ahí me di cuenta de mi error.
No recuerdo demasiado de la charla de ayer, estaba demasiado abstraída para escuchar con la debida atención, pero esas palabras se me quedaron grabadas y me hicieron un click. Como bien dijeron Cerati y BajoFondo:
Así son las cosas: amargas, borrosas.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Pérdida.

El ejemplo más claro de una persona que pierde a quien más quiere y sigue viviendo es mi abuelo paterno. Mi abuela falleció hace unos cinco, seis años (sinceramente no me acuerdo) pero él sigue su vida del mismo modo en que lo hacía antes. La verdad es que no entiendo de dónde saca fuerzas para reírse como lo hace todos los días, salir a tomar café con sus amigos cada mañana, venir a ofrecerme ensalada de frutas antes de que me vaya al club, o simplemente continuar con su vida. Debe ser difícil perder a una persona con la que viviste tantos años, son cosas que no se olvidan. Yo sé que él no se olvida, aunque cada mañana se despierte solo, aunque no esté ella para cocinar, aunque en los almuerzos durante la semana seamos solamente él y yo.
La verdad es que la extraño, y mucho, después de todos estos años. En su momento no le di importancia, ni siquiera lloré porque se hubiera ido. De hecho, siempre creí que está mejor en donde sea que esté ahora, mucho mejor de lo que estaba cuando todavía vivía. Desde chica sostuve eso, y es lo que me ayudó a superarlo y a entenderlo: ella está mejor ahora.
Durante sus últimos tiempos, no estaba bien. Pasó muchísimo tiempo internada, la trasladaban de sanatorio en sanatorio, llegaron a internarla en su propia casa, y yo odiaba verla así. No quería ir a visitarla por el simple hecho de que me hacía mal: tanto egoísmo en vano, se fue de todos modos, y ahora no hay nada que pueda hacer para cambiarlo. Siempre me hizo mal, y siempre me va a hacer mal recordar esos momentos en los que ni siquiera era consciente de lo que decía, parecía un zombie a causa de la morfina y tenía cables y agujas por todos lados. Postrada en una cama, deliraba, no te reconocía cuando llegabas, y no podía articular dos palabras con coherencia. En ese momento yo no entendía nada, era chica y no me importaba demasiado, creía que era algo transitorio y que ella se iba a recuperar. Sí fue algo transitorio, pero no tuvo el desenlace que yo esperaba.
Hay cosas que se te quedan grabadas en la memoria, y tengo varios recuerdos sueltos de sus últimos días. Me acuerdo que me trataban de insensible por no prestarle la atención requerida al tema, simplemente porque no entendían que me hacía mucho daño. Me acuerdo de llegar a la habitación los sábados cuando estaba por terminar el horario de visitas, con mi mamá y mi mejor amiga, y ver a mis familiares sentados alrededor de mi abuela, tratando de comunicarse con ella. Pero ella no respondía, solamente balbuceaba palabras sin sentido. Deliraba la mayor parte del tiempo, estaba convencida de que me habían secuestrado los chinos y que, a su vez, querían envenenarla a ella porque sabía lo que habían hecho: esto hizo que se negara a tomar los medicamentos. ''¿Cómo la van a tener los chinos, si está acá?'' le decían mis familiares cuando yo llegaba, ''Ella no es Lara, es una copia'', respondía ella. Estaba muy mal, y me hacía mal a mí verla mal a ella. Siempre fue una mujer fuerte, admirable, inquieta, y así había terminado a causa de la diabetes: postrada en una cama y delirando. Me parece que eso es bastante injusto.
Todavía noto un poco de dolor en la voz de mi abuelo cuando me cuenta anécdotas de cuando yo era chica que la incluyen a ella, cuando la nombra, también. ''A ella nunca le gustó el nombre Ramona, prefería que todos la llamaran Norma, que era su primer nombre''. ´Pero para mí no era ni Norma, ni Ramona, era Titi, y la sigo queriendo mucho a pesar de que los años pasen, sé que el también la quiere y que no se olvida de ella.
En algún punto de su enfermedad (sinceramente no me acuerdo si fue antes de que la internaran o cuando ya estaba mejorando) la trasladaron a un geriátrico. Ella era muy charlatana y estaba contenta de tener una compañera de habitación que fuera tan charlatana como ella, porque se entretenía bastante. Las volvía locas a las chicas que trabajaban ahí, y cuando la íbamos a visitar en el horario en el que servían la comida, me daba su postre a mí: siempre, aunque yo nunca lo aceptaba. Yo, por mi parte, odiaba ese lugar. Estaba lleno de viejitos con alzheimer u otras enfermedades, a los cuales trasladaban de acá para allá en sillas de ruedas. A veces ponían música y algunos se animaban a bailar en la pista, eso me causaba ternura. Siempre me causaron ternura las personas mayores, tienen mucha sabiduría encima. Ella no bailaba, se quedaba hablando con nosotros y me preguntaba cómo iba el colegio, qué había hecho durante la semana o simplemente cómo estaba. Se la veía contenta a pesar de que ya no vivía con su familia, porque mi abuelo ya no podía cuidarla, y el resto trabajaban, por lo que su tiempo en casa era muy reducido, y si algo llegaba a pasar, no iba a haber nadie para ayudarla.
El día de mi primera comunión la llevamos a cenar a un restaurant que estaba a media cuadra del geriátrico. Me acuerdo que estaba muy contenta por haber podido salir de ahí, estaba cansada de estar entre cuatro paredes y decía que ''esos viejos que no hacen nada'' la aburrían. Yo había protestado muchísimo porque no quería ir, a mi ''esos viejos que no hacen nada'' me ponían mal, y hoy en día los siguen haciendo. Ella se mostraba emocionada por mi primera comunión y repetía sin cansarse que le hubiera encantado ir (religiosa a muerte, me llevaba a misa con ella todos los domingos cuando yo era chica).
No fui a su funeral, porque quiero que mis recuerdos de su persona sean de cuando ella estaba viva, no de verla completamente inerte en un cajón. Fui a los últimos quince minutos de la misa que dieron por los difuntos en la Catedral, suficientes como para escuchar su nombre, y volví a irme. Mi papá, mi tío y mi abuelo tiraron sus cenizas al Río Paraná (porque ella lo quería así), así que no hay lápida que la conmemore.
Lo único que nos queda de ella son las fotos y los recuerdos grabados a fuego en nuestras memorias, y no podría pedir nada más, porque a pesar de todo, te ayudan a superar la pérdida.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Todo es tan público.

Me estoy cansando de escribir en este blog. Amo hacerlo, no me malinterpreten, pero hay demasiados temas que se me hace imposible tocar sin que alguien a quien yo conozca lo lea y empiece a hacer preguntas (las cuales no quiero responder, porque, de otra manera, lo habría hecho público en mi vida cotidiana); es por esto que me veo obligada a escribir cada vez menos acá y más en papeles sueltos que posteriormente pierdo.
Escribiendo en un blog terminás haciendo toda tu vida pública, y esa no fue mi idea cuando creé mi cuenta hace casi dos años. Lo que yo siempre busqué fue una forma de descargarme, pero me veo obligada a seguir acumulando pensamientos y sentimientos que tranquilamente puedo denominar basura, al no poder descargar todo acá por el motivo antes expresado. Entonces, en vez de descargar, acumulo, acumulo, acumulo, acumulo, y ¿Qué pasa? Exploto.
Lo peor es que ni siquiera soy consciente de ello, la última vez que exploté fue hace un par de noches, que nos quedamos a cenar en el club con unos amigos. En un momento de la noche me fui con dos de mis mejores amigas a hablar a un lugar más apartado de todo el gentío y el bullicio que había en los parrilleros y, para ser sincera, me sentí MUY liberada. Ni siquiera me daba cuenta de lo que decía: las palabras brotaban solas de mi boca liberando, a su vez, muchísimas tensiones. Tener personas que te escuchen es definitivamente una de las cosas más importantes para mí. El simple hecho de saber que están ahí si los necesito, tanto como yo estoy siempre para ellos, me hace feliz.
Y sí, hablar con mis amigas es echar al viento todas mis preocupaciones y problemas personales, pero prefiero que ellas se enteren y no cualquiera que ronde por mi blog (ni que fueran tantos).

viernes, 2 de diciembre de 2011

Se viene, se viene.

"Y laaaaaaaaaaaaargarooooooooon" diría el relator de las carreras de caballos de Crónica en el momento en el que se dispara y los caballos corren, corren, corren. Es una manera de marcar un comienzo, y hoy también marco un comienzo: el comienzo oficial de mis vacaciones nocturnas.
Oh, pequeño murciélago ¿A dónde te llevará la noche hoy?
A rumbos desconocidos, momentos inolvidables y al comienzo de una de tantas noches geniales que tengo por delante. Hoy, joda; mañana, joda; el domingo, joda. Por Dios, no puedo creer que por fin pueda liberar los domingos, aaaaaaaaah soy tan libre. Me encanta, amo el hecho de saber que no voy a tener que encerrarme en la cocina a ver lo lindo que está el día desde la ventana y estudiar porque al otro día tengo evaluación. Tres meses de amar los domingos y ¡qué bien se siente! Amo esa sensación de no saber qué puto día de la semana es, en el que no te importan los feriados y te podés sacar el reloj tranquilamente porque no hay compromisos a los cuales asistir. Perderse en el tiempo mismo es una de las sensaciones más lindas, y saber que no hay límites hace que esto mejore todavía más.
Quedarse hasta la madrugada viendo series por Cuevana, escuchando música o leyendo, levantarse temprano para tomar sol, salir a dar una vuelta, o simplemente apagar el despertador y seguir durmiendo porque sabés que podés. Ir a cenar en el club, salir a bailar, a tomar algo con tus amigos, o simplemente dar una vuelta por la ciudad. Liberar tu mente expresar tu alma en su forma más pura, tirarse en el pasto a ver el cielo, las aves que pasan volando, las nubes, que parecen estar tan cerca, pero a la vez tan lejos. Subirle el volumen a los auriculares y caminar sin rumbo, reirse a carcajadas de cualquier pavada, gritar y sentir cada emoción al máximo. Salir, entrar, seguir, parar; todo junto. El sonido del viento, de las olas rompiendo en la costa, la arena entre tus dedos y las mil y una oportunidades que se te ofrecen. Leer revistas, libros, blogs, y hasta el dorso de los envases del shampoo.
Todo eso, comienza ahora: se viene un verano inolvidable. Se viene, se viene.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Vacaciones.

Por fin, por fin, por fin. Este lunes arrancaron las vacaciones diferentes (por así llamarlas) que tanto estaba ansiando y, sí, en los cuatro días que pasaron no sólo madrugué, sino que hice algo de deporte y estuve al sol (aunque recompensé todas estas actividades tan fuera de mí con una tarde tirada en el pasto hecha un bollo en el club, que es mi estado natural de vagancia veraniega). 
Va a ser un verano muy fuera de mí, lleno de nuevas experiencias y momentos inolvidables; no pienso desperdiciar un puto segundo, voy a disfrutar al máximo, lo sé, y se siente taaaaaaaaaaan bien. 
No pienso preocuparme por nada, porque es básicamente lo único que hice durante todo el año, y no pienso arruinar otro verano o malgastarlo preocupándome por gente, cosas o situaciones sin sentido. Es más, ya llegué a un punto de completa ignorancia de las críticas de los demás, sinceramente, ya nada me afecta. 
Antes me molestaba que se enojaran conmigo sin motivo, o me ignoraran, o simplemente me preocupaba lo que dijeran, pero hace bastante tiempo empecé con una completa reconstrucción de mi ser, una reprogramación de mi propio cerebro, por así decirlo. Es un proceso arduo y cansador, pero obtenés resultados muy positivos.
Creo que lo único que me hace falta para arrancar con toda es sentarme a hablar seriamente con un par de personas para solucionar algunos cabos sueltos que vienen dando vueltas desde hace bastante, nada demasiado importante. En realidad, es muy importante, pero no viene al caso. Podríamos decir que se basa en la ineptitud de algunas personas, en la forma estúpida que tienen de ver mi vida y en los serios problemas que tienen para ver lo evidente y aceptar que vos sabés más de vos mismo que ellos. Esto para resumir, porque cada vez se suman más personas a la lista de ignorantes con mente obtusa de los cuales estoy hablando, que por momentos me dan ganas de comprar una ametralladora y salir a descargar toda mi ira. Pero no, porque estas mentes obtusas son mis amigos, y aunque estén completamente cegados, ya me voy a sentar con ellos a hablar en serio, simplemente para que me escuchen, porque eso es justamente lo que no hacen, escucharme. Si todos nos escucháramos las cosas serían mucho más sencillas, ahorraríamos tiempo y ganas, y podríamos enfocarnos en cosas que son mucho más importantes. Pero no, porque algunos prefieren seguir en la profunda oscuridad tanteando el camino al azar y equivocándose sin poder verlo en lugar de escuchar la verdad de una vez por todas. Hay personas y personas, y sobre los modos de los demás de ver mi vida la verdad es que no puedo decir nada, después de todo, es bastante subjetivo ¿No? Me refiero a que tampoco podés andar aceptando todas las boludeces que dicen, porque las dicen en tu cara, sin sacarte de quicio y considerar seriamente cometer un homicidio en masa. 
Pero, relax, que estás de vacaciones y todo se puede.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Ya no me importa nada, no me preocupa nada, no siento nada. Lo único que quiero hacer es pasarla bien, no me importa dónde, cuándo o con quién: quiero vivir libremente. Y por suerte viene el verano, verano, verano! Me prometí a mi misma que este verano no me quedo un solo fin de semana completo encerrada en casa; voy a salir, cueste lo que cueste. Basta de dormir hasta las dos de la tarde, voy a aprovechar el tiempo, asi sea mirando por la ventana de la cocina o tomando una coca con mis amigos. No más encierro y noches enteras de Cuevana un sábado, no más ''dormir porque no sé qué carajo hacer'', no más tiempo desperdiciado en gente que no vale la pena. Basta, basta, basta.
Borrón, cuenta nueva, y tardes llenas de risas. POR FIN.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

domingo, 20 de noviembre de 2011

Yeta.

Como soy propensa a que me ocurran eventos desafortunados, no me extraña que un sábado tan de mierda termine convirtiéndose en un sábado catastrófico. Es que soy tan anormalmente yeta que a veces me sorprendo a mí misma ¿Puede ser que una jodita en medio de un trabajo sobre el tercer gobierno peronista se transforme de un segundo a otro en dos dedos esqueléticos y sumamente frágiles aplastados por una puerta? Sí, gente, cuando sos Lara y tenés serios problema, es cosa de todos los días que te pasen este tipo de cosas.
Partamos desde el principio:
Me levanté de mal humor (raro de mí un sábado) y traté de calmar mi mala onda escuchando Airbag a todo volúmen: no funcionó. A las dos me fui a la casa de unas amigas a hacer un trabajo práctico sobre el tema antes mencionado, y estaba lisa y llanamente mala onda, con baja autoestima, histérica e iracunda. Por primera vez en mucho tiempo tenía ganas de quedarme todo el día en mi casa durmiendo y consumiendo dosis altas de azúcar y calorías vacías, pero era el cumpleaños de una amiga y no le iba a fallar. Mis pobres amigas se bancaron mi mala onda durante dos horas, después me puse las pilas y empecé a recuperar mi buen humor típico de los sábados. Dos de ellas se fueron a buscar información a la computadora, que está en otra habitación, y con la que se quedó conmigo las empezamos a joder. En un momento ella se puso en una posición extraña en la alfombra, en la puerta de la habitación donde estaban las otras, y yo abrí la puerta de golpe para que ellas la vieran. Gracias a mi elevado grado de despiste, dejé la mano en la bisagra de la puerta, sin darme cuenta. Y justo, justo en ese momento de descuido mi mejor amiga se levantó y cerró la puerta con toda.
En un principio no caí. Era consciente de que me dolía algo, pero no sabía qué: una vocesita me decía en mi cabeza ''la mano, Lara, la manooooooooooo'' pero yo no entendía nada, no la escuchaba. Me quedé mirando a las chicas unos cuantos segundos, y ellas vieron cómo me petrificaba y mi cara se iba deformando hasta el momento en el que grité 'AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH la mano, la mano, la puta madre, la mano, la mano, aaaaaaaaah mierda como duele'' y entré a temblar cual enfermo de parkinson. Parecía que mis manos tenían vida propia, literalmente, no me dejaban de temblar.
-Dejá la mano quieta que no veo nada.
-Uh, boluda, te hiciste mierda.
-Ahhh cómo se hinchó.
-Dale, vení, vamos a la cocina a ponerte hielo.
Y yo no respondía ''me duele, me duele mucho'', decía. Me senté en una silla y puse la mano en hielo, pero me quemaba la piel. Y ahí es cuando me baja la presión al caer en la cuenta de que la mano me dolía muchísimo, me puse pálida (más de lo normal, imaginen eso!) y me agarraron náuseas. Siempre que me baja la presión me tiemblan las piernas, me duele la cabeza, me pongo blanca cual papel y me dan náuseas, y soy bastante propensa a que me baje la presión y a deshidratarme.
-Llamá a mamá, Magdalena, a ver si hay algo que pueda tomar.
-No che, no quiero tomar nada- en este punto ya me temblaba la voz.- Me bajó la presión.
-Si querés llorar, llorá, che, no pasa nada.
-Eso es lo peor, no quiero llorar. Me duele mucho, pero no quiero llorar- tenía un nudo en la garganta y otro en el estómago.
-¿Querés que llamemos a Urgencias?
-No ¿Para qué? Ay, la puta, no me toqués la mano que me duele, mierda.
Llamé a mi vieja y, por la histeria que tenía, le entré a gritar como una loca desaforada por teléfono, porque esta mujer parece no entender cuando una le dice que ya se puso hielo en la mano y que no tiene Ibupirac en la cartera.
-Estás pálida
-Me bajó la presión, más vale que no voy a tener un bronceado de catálogo.
-Acostate con las piernas levantadas.
-No, estoy bien, estoy bien.
-No, Lara, dejate de joder. Vamos.
Y me llevaron hasta la pieza. No tienen una idea de lo bien que me hizo acostarme. De un momento para el otro ya se me habían ido las náuseas y no me dolía más la cabeza. Metí la mano en agua con hielo (casi me muero, tengo una hipersensibilidad a las temperaturas extremas increíble), y ahí fue cuando me largué a llorar, cuando vi bien mis dedos.
-Ay, no, me muero. Nooo, no hagas puchero. Sos una tierna.
-Perdóooooon es mi culpa, yo te cerré la puerta en la mano, soy una bestia. Ay, no, no llores.
-Dejenla que llore, mierda. Tomá, tomá más almohadas.
-Parecen... parecen dos morcillas -llanto descontrolado, lágrimas de cocodrilo- No voy a poder escribir, no voy a poder teclear en la compu...
Llanto, llanto, llanto mientras veía un especial de Lady Gaga en la televisión. De a poquito me fui calmando, me seguía doliendo, pero el hielo me había entumecido la mano, así que no sentía los dedos, pero seguían estando violetas, hinchados y deformes en comparación de todos los otros deditos desnutridos de pianista exageradamente flacos y largos. Los saqué de la olla con hielo y agua.
-Mirá, parecen morcillitas.
Llanto de nuevo.
-No, no, no están tan mal.
-Pero me duelen. Me duelen carajo, me dueleeeeeeeen ¿Cómo concha voy a agarrar una birome así? ¿Cómo me voy a pintar las uñas? Voy a tener que ir a la graduación con los dedos hechos dos morcillas... nooo... no quiero.- Agarré el celular- ¿Má? ¿Me podés venir a buscar?- llanto de nuevo- NO PUEDO ABRIR LA PUERTAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.
-Sino te acompañamos nosotras, che.
-No, no, ahí viene.
-¿Cuándo terminamos el trabajo? Yo lo hago si quieren. Lo hago por dos así termino el tuyo.
-No, no, en serio. Después lo copio de última.
-¿Segura?
-Segura.
Hacía un buen rato que había sacado la mano de la olla, porque el frío hacía que los dedos me latieran y sintiera como si me clavaran pequeños cuchillitos, y era muy molesto. Pero me estaba empezando a doler de nuevo.
-Meté la mano en la olla, mierda.
-Pero está fría.
-Es la idea, meté la mano en la olla que sino van a parecer dos morcillas por una semana.
-Ay, ay, ay. -llanto de nuevo.
-¿Qué pasa?
-¡SE ME VA A CAER LA UÑA! Noooooo la uña ¡Mis uñas! Se me van a caer, ay, no se me van a caer ¿Qué voy a hacer? Voy a tener dos muñones deformes por dedos si se me caen las uñas.
-No se te va a caer a uña.
-¿No?- las lágrimas cesaron.
Cuando bajé para irme, me largué a llorar de nuevo. No soporto la idea de sentirme inútil, de pedirle a otros que hagan las cosas por mí porque no puedo ni sostener una birome en su correcta posición. Para resumir lo que sigue y no extenderlo demasiado, pasé el resto de la tarde viendo Agua para Elefantes y Remember me. Tuve la intención de ver Crepúsculo de nuevo (amo verla cuando llueve o estoy mal) o Harry Potter y la Piedra Filosofal, pero la PlayStation (no funciona el control remoto del DVD) se negaba a leerlas, así que me conformé con esas dos. A la noche, vi Rock Star, por Much Music, después me vicié con los capítulos de Gossip Girl que me faltaba ver por Cuevana y me quedé leyendo blogs hasta las cuatro de la mañana: la mano me dolía lo suficiente como para no permitirme dormir.  A todo lo hice con la mano en un bowl con hielo y agua, sintiendo hipotermia en los dedos, pero eso por lo menos calmaba el dolor.
Llegué a un punto en el que la vista no me daba más y  las letras en el monitor eran manchas borrosas, por lo que decidí releer un par de capítulos de Crepúsculo, y terminé quedándome dormida al poco tiempo. Hoy me desperté más temprano de lo habitual por el dolor de la mano (sí, las doce del mediodía un domingo es madrugar) y tuve la mano en hielo hasta recién.
Ahora mis dedos parecen salchichas más que morcillas, pero siguen lilas e hinchados. Por lo menos se está ablandando la yema de uno de los dedos y se están deshinchando un poquito, pero los moretones abajo de las uñas me dan mucha impresión. Uno es un semicírculo perfecto y relativamente chico, en una de las uñas, y el otro es una especie de Pac-Man verde violáceo que ocupa la mitad de la uña, y duelen mucho, pero ya se me va a pasar.

jueves, 17 de noviembre de 2011

El último esfuerzo.

Como todos los fines de año, los cambios de estación, las caídas fuertes, decidí arrancar de nuevo. No tienen una idea de la cantidad de veces que arranqué de nuevo en el último tiempo, se terminó convirtiendo en mi hobby favorito. Creo que en el fondo lo que pasa es que le tengo mucho miedo a la monotonía, a volverme una imagen virtual y no una real, y es por eso que estoy tan obsesionada con renacer de mis propias cenizas cada tanto. 
Ahora se me presenta una linda oportunidad: se acercan las vacaciones. Tardes enteras tirada en mi pareo hippie en el club, mirando el cielo, riéndome con mis amigos, comiendo helado como si fuera el último alimento disponible en la Tierra, y haciendo todo lo que no tuve tiempo de hacer durante el año debido al cansancio constante de mi día a día. Este año llegué a niveles inhumanos de insomnio, estado de zombie y cansancio generalizado, y no pude hacer muchas de las cosas que me propuse hacer desde un principio. Eso me da muchísima bronca, me hace odiarme por taparme tanto de compromisos, pero supongo que soy una workaholic y es por eso que mis días de domingo a viernes son tan cansadores. Este año pasé muchísimo tiempo estudiando, haciendo trabajos, iniciando y terminando metas nuevas por igual, y reemplacé horas de sueño por estrés elevado a la quinta potencia. Creo que es momento de parar, ver a dónde voy y entrar de lleno. 
Este verano parece ser el mejor en mucho tiempo, y pienso vivir cada segundo al máximo, leer todos los libros que no leí durante el año, ver todas las películas que quiera por Cuevana, salir a correr todos los días, dormir mucho, caminar bajo la lluvia y, sobre todo, pensar. Es algo que no hice en todo el año. Creo que en los últimos meses, me convertí en el tipo de persona obtusa que siempre evité ser, me dediqué pura y exclusivamente a cumplir con mis compromisos y a equiparar todas las horas de estudio con salidas. Porque cuando estás todo el día encerrada en tu casa estudiando y salís solamente para ir a inglés o a hacer deporte, te sentís como un pez en una pecera, y llega un punto en el que las paredes se asemejan a barrotes: tu casa es una cárcel, y te tenés que escapar. Y es por eso que en los últimos tiempos no hay un fin de semana completo que me quede en casa a dormir, o que no salga un viernes o un sábado a hacer algo, ni siquiera tengo planes concretos, solamente me dedico a vagar por la ciudad con mis amigos. A veces ni hablamos, nos sentamos en la puerta de la casa de alguno y nos quedamos mirando la calle, y eso es lo más. Cualquier cosa es lo más menos llegar a mi casa y ver sobre la mesa de la cocina la pila de carpetas, libros, apuntes y resúmenes que me esperan para estudiar. No me puedo quejar, sé que hay colegios más exigentes que el mío, y gente que se pone más las pilas: no soy la persona más brillante, pero intento superarme a mí misma.
Duermo poco y vivo rápido, aprovecho cada segundo y creo que eso es la causa de que últimamente no tenga un solo pensamiento coherente, no noto lo obvio, vivo en una nube, mis neurona NO hacen sinapsis, reacciono tarde, no entiendo de qué habla la gente la mayor parte del tiempo, y mi cama parece tener un enorme imán que me atrae apenas atravieso la puerta de mi habitación. Ya no puedo estudiar sin tomarme unas cuantas tazas de café en el proceso, releer el mismo párrafo como mínimo diez veces seguidas y colgarme mirando por la ventana a las palomas que se chocan contra el vidrio o se pelean en el edificio de enfrente.

En resúmen, mi concentración es nula, mi inteligencia se desvanece, todo me aburre y evito los compromisos más que nunca: necesito unas lindas vacaciones para hacer lo que quiera.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Nunca terminás de recuperarte del todo de sucesos que ocurren en tu vida, nunca terminás de olvidarte de las personas que dejás ir (o bien, te dejan ir), nunca se termina de borrar el rencor. Es total y completamente imposible dejar ir todo lo que en algún momento te marcó ¿Sabés por qué? Porque aunque hayas aprendido de todas esas situaciones que tanto daño te hicieron, algo queda adentro tuyo: una enseñanza, un recuerdo, una sensación indescriptible guardada en lo más profundo de tu alma que reaparece de vez en cuando... A pesar de que superes una situación, o incluso a vos mismo, algo siempre te queda: un pequeño resto de lo que un día sucedió, guardado en tu memoria y en tu corazón.
Si alguna vez quisiste algo y lo perdiste, lo vas a extrañar, si destruyeron tu confianza, siempre va a quedar esa señal de peligro cuando esa persona esté cerca, si te caíste, te van a quedar cicatrices. Pero todo esto es parte del proceso. 
De algún modo, esa imposibilidad de dejar las cosas ir del todo te hace más fuerte.

domingo, 30 de octubre de 2011

Una verdad entre tantas mentiras.


¡Hey!¿Hay alguien ahí?¿Seguís vivo?¿Seguís con nosotros? No, no te vayas, que te necesitamos acá... dale, vení a ocupar un lugar en nuestro grupo de orgullo por lo patético. Vení, que aunque estés demás te vamos a dar  la bienvenida, te vas a sentir como en casa, vas a ser uno de nosotros. Ah, ¿No querés ser uno de nosotros? ¿Querés tener lo que se llama personalidad? Ah, no, no, bebé, eso no existe. Acá, no existe... ¿De dónde sacás todas esas ideas locas? ¿Te las enseñaron en tu casa o son parte de esa basura hippie sobre la libertad que leés y escuchás todo el tiempo? Porque si querés ser diferente podés ir a muchos lados, pero no te podés quedar acá. Si estás acá tenés que ser un vago, un ignorante, y hacer caso a lo que nosotros te decimos, tenés que venir a votarnos y salir a la calle orgulloso de ser argentino, tenés que creer que nos preocupamos por vos (aunque, aquí entre nos, solamente nos importa el poder)... Ya entiendo, todo esto es por el uniforme... pero no te preocupes, ya te vas a acostumbrar a verte como tus pares, a no sobresalir, a ser un cero a la izquierda como todos ellos. No, che, escuchame ¡Escuchame, no te vayas! ¡Mierda, te dije que no te vayas! ¿Te lo voy a tener que repetir? No me hagas repetirte las cosas, no me gusta eso... no. Dale, vení conmigo, sentate a hablar ¿O preferís que te ate a la silla? No, no estoy jodiendo. Es en serio.
La cosa es que vos creés que podés venir acá y decirme qué tengo que hacer, cómo tengo que gobernar, pero no es así, bebé, no es así. ¿No te gusta que te diga bebé? Acostumbrate, porque acá no sos más que eso, un pobre infante que no sabe de qué habla, un pobre ignorante que sigue lo que los demás hacen. Tranquilito, que, de todos modos, eso no está del todo mal. No para vos, quiero decir. Porque mientras más bruto seas, mientras menos sepas, más fácil va a ser para nosotros esclavizarte y lavarte el cerebro... es lo que corresponde, es lo correcto. No creo que te cueste mucho acostumbrarte, a los otros, de hecho, les gustó. Lo único que tienen que hacer es sentarse y no hacer nada, no trabajan, no tienen que salir a buscar comida, no tienen que esforzarse por mantenerse con vida, total, nosotros los mantenemos. Eso sí, se prohíbe todo tipo de pensamiento racional. No hay tiempo para eso, no es momento para pensar, es momento para actuar, y como lo que ustedes hacen no sirve para nada, nosotros actuamos por ustedes. Por supuesto que no hacemos ni la mitad de las cosas que prometimos, pero eso es parte del trato... es una laguna en la ley. Uno promete, pero bien puede cruzar los dedos cuando nadie lo ve ¿O no? ¿Nunca rompiste una promesa? Ah, sos muy honesto entonces, bebé, pero eso te hace un mentiroso ¿Sabés? Sí obvio que esto tiene una respuesta coherente... yo tampoco entiendo bien el sentido de esto que estoy diciendo, en realidad, pero... ¿Vos creés que yo hablo sin saber nada? ¿Decís que soy solamente un personaje, que dice las mil y una palabras vacías, carentes de significado, que otros escriben para él? Bueno, en eso tenés razón. La verdad es que estoy todo el día atrás de un escritorio pensando en cómo gastarme la plata de todos ustedes mientras se rompen el lomo trabajando, pero es así, es ley natural, a ustedes les toca trabajar y a mí me toca fomentar un país de vagos e ignorantes que me obedezcan... es lo justo ¿No te parece? A lo mejor ahora suena un poco incoherente, pero ya lo vas a entender cuando te nos unas, bebé. Nah, no me digas eso, que me lastimás. No seas malo... Yo te estoy tratando bien, te estoy exponiendo los hechos con completa sinceridad, es lo que me corresponde, después de todo. Al poder no lo voy a perder, te lo aseguro, no hay conspiración que me tire abajo, ni persona que me pueda vencer... porque yo estoy acá por algo. No sé por qué, pero por algo debe ser, sino no estaría ¿O sí? Bueno, podemos decir claramente que también influyeron bastante mis contactos, que tengo lo que tengo por haber tenido un poco de ayudita, pero eso no es injusto. La ayuda es buena, bebé, cuando crezcas lo vas a entender, ya vas a ver. No, che, no te levantés ¿A dónde vas? No ¡Pará un poco!¡Acá nadie te está tratando mal, así que te pido resp...!¡Dejame terminar de hablar, no me interrumpas así! Bueno, dale, andate si te querés ir, ¿Sabés algo? Hay miles como vos allá afuera, no me vengas a decir que sos una parte vital de mi plan porque... sí, sí, yo lo dije, dije que te necesitábamos, pero es solamente una técnica de persuación, bebé, pensá. Uno más, uno menos... no me afecta.
Acá sos solamente un residuo reciclable de la sociedad que podríamos llegar a ser, qué más querés que te diga...

sábado, 29 de octubre de 2011

Paraíso.

Durante el tiempo que llevo viviendo, siempre quise tenerlo todo, y esa es una condición que, a esta altura de mi vida, raramente cambie. El problema es que no siempre consigo lo que quiero, de hecho, no doy pie con bola. En otras palabras: soy lo suficientemente yeta como para estar enfrente de lo que quiero, a un paso de tenerlo, y perderlo por completo por algún error ridículo o por carecer de contactos útiles como todas esas personas acomodadas en la sociedad que tanto repudio (por el simple hecho de que todo les caiga del cielo y no entiendan que hay personas que no están en sus condiciones; gracias a esto viven en una realidad paralela donde todo es color de rosas y el que no está en su mismo nivel no vale la pena: denominamos así a las personas sumamente ignorantes).
Claro está que, como tiendo a no conseguir lo que quiero, termino solamente soñando con eso. Vivo en un mundo de fantasía, en mi propio País de las Maravillas, soñando todo el tiempo. Y sé que algún día voy a encontrar lo que estoy buscando, voy a conseguir lo que quiero. Puede que tarde días, meses o incluso años, pero jamás voy a dejar de luchar por lo que quiero, por lo que creo justo, por lo que anhelo conseguir. 
Y mientras no esté en el Paraíso, por lo menos puedo soñar con él ,
¿Quién puede prohibirme soñar?

martes, 25 de octubre de 2011

''Lara, escapar de los problemas no va a hacer que desaparezcan. Mientras vos estás sentada ahí evitando la realidad, hay alguien allá afuera que te necesita y que, aunque vos no lo sepas, probablemente se acuerde de vos''
Sabias palabras de mi viejo. No habla mucho de temas serios conmigo, pero de vez en cuando le sale el sabio interno y me hace pensar.

jueves, 20 de octubre de 2011

Justicia II

Buscamos la verdad, queremos explicaciones y luchamos por obtener justicia. No es un capricho de chicos, no es una excusa para faltar a clases, es una manera de hacer que nuestras voces se escuchen, de hacer el suficiente ruido para que quienes estén de acuerdo se unan a la causa y quienes son objeto de nuestras quejas den la cara y saquen la verdad a la luz de una buena vez. Hoy, encabezamos una lucha contra la hipocresía y la corrupción en una institución que amamos y respetamos: justicia por profesores despedidos sin motivo alguno, que se ganaron nuestro cariño y siempre nos apoyaron, justicia por lo que creemos correcto.

No queremos más tapujos, no queremos más huecos donde no debería haberlos, queremos solamente la verdad y la transparencia que ellos tanto se empeñan en decirnos que tenemos que tener, cuando ni siquiera dan la cara por todo lo que está sucediendo. A veces hay que hacer un poco de ruido para ser escuchado, y no le tenemos miedo a las repercusiones que podamos tener, porque no hay nada que puedan hacer para que paremos. Pueden expulsarnos, sí, pero se quedarían sin alumnos de nivel secundario, lo cual llevaría el establecimiento a su completa ruina al quedarse sin fondos, pero eso no les conviene, porque todo es por la plata. Plata que desaparece, porque se les paga mal a los profesores y no se tiene en cuenta nada de lo que pedimos para remodelar las instalaciones ''porque no hay más fondos'' pero, si no hay más fondos, ¿Cómo indemnizás a docentes con treinta años de trabajo en la institución? No me parece una excusa válida, porque acá la plata desaparece.

Hay muchas lagunas en todo esto, hay muchas cosas ocultas, y no nos esperábamos encontrar un acontecimiento de esta magnitud cuando nos involucramos en la causa: era porque nos parece injusto que despidan a nuestro director, que tanto apoyo nos dio durante su mandato, y que siempre se preocupó por nosotros, y a una profesora de primaria que yo, al menos, tuve la suerte de tener. Ahora no es solamente eso, se suman a los motivos de nuestra movida todos los problemas de dinero que el colegio dice presentar, pero que no figuran en sus cuentas bancarias. Se habla de vender el establecimiento pero, si eso se hace ¿Qué pasa con nosotros? ¿Qué pasa con los profesores? ¿A dónde vamos a ir? ¿Por qué tenemos que ceder ante autoridades que creen tener la razón en todo y utilizan la mentira y la hipocresía para llevar a cabo sus fines?
Desde que las autoridades del colegio cambiaron, empezó a haber baches en todo lo que respecta a la administración del colegio y de fondos. Son cosas que van más allá de nuestro alcance, que se nos van de las manos, pero creo que entre todos podemos llegar al ojo del tornado y desenmascarar a los encargados de todo esto.
No nos tenemos que callar, y tampoco vamos a hacerlo, vamos a seguir adelante con esto hasta recibir respuestas a todos nuestros interrogantes, y sé de buena fe que tenemos todo lo necesario para lograr lo que nos proponemos. Contamos con el apoyo de un montón de gente interesada en el tema, y no estamos pidiendo demasiado: solamente queremos saber la verdad.

sábado, 15 de octubre de 2011

Lágrimas.

Definitivamente odio no poder hacer todo lo que quiero, es algo que simplemente me frustra a tal punto de hacerme llorar. El tema es que soy de esas personas que lloran más por bronca que por otra cosa, y venía acumulando tantas cosas que una pequeñísima chispita hizo detonar la bomba de sentimientos que tenía guardados, los cuales, por supuesto, afloraron en forma de lágrimas. Se alejaron de mí lentamente todas las preocupaciones, mis broncas, el estrés, los sentimientos encontrados, lo que me hace daño.
Y fue genial.

jueves, 13 de octubre de 2011

Agujero Negro.

Tengo tanto amor acumulado sin tener nadie a quien dárselo que me resulta irritante el simple hecho de existir. Paré con las obsesiones, las adiccioneas, las idealizaciones y las ensoñaciones, y lo único que quedó en mi alma es un espacio ordenado entre mucho caos.... y es sumamente molesto. No sé si tengo ganas de llorar, de reirme, de cormerme terrible chocotorta o de salir a correr bajo la lluvia: lo único que sé es que no me gusta cómo estoy.  Estoy acostumbrada a mi desorden personal, a no saber qué carajo pasa a mi alrededor hasta que la realidad me golpea violentamente y me sacude cual terremoto, y ese espacio ordenado, deforme, ahí, en el medio de la nada, de todo el constante lío me molesta: interfiere con mi caos, me desequilibra. 
Es como un monje meditando en medio de un campo de batalla: no cuadra con todo lo que lo rodea, está demás, de sobra, como alguien que en vez de hacer pogo con el resto de los salvajes caóticos que lo rodean en un recital se sentara a tomar mate ¡Ridículo! Ese es el espacio de mí que me mantiene atada al suelo, que no me permite despegar, desplegar las alas y volar, que hace que caiga por mi propio peso, que quiere que siga una vida estructurada llena de cosas sin sentido que prefiero evitar, que deje de lado mis ideales y siga los suyos, porque sino voy a terminar lustrando zapatos en la peatonal, dice el único habitante del espacio, que tiene un loft con muebles de algarrobo y losa radiante. Pero yo no quiero eso, quiero mi caos de nuevo, quiero ser libre, y no me importa si termino viviendo abajo de un puente: quiero libertad. Se puede ser libre teniendo responsabilidades, no se necesita vivir en una carpita en el bosque y fumar marihuana para ser libre. La libertad es un estado al que solo se accede a través de la completa liberación de ataduras, llevando a cabo lo que uno quiere hacer, sin preocupaciones. Un estado al que vengo entrando y saliendo bastante seguido, hace bastante ya.
Sin embargo, no me veo como antes me veía, nuevamente me veo fuera de mí, como si mirara todo desde otra realidad mientras una suerte de clon actuara mecánicamente como un robot en mi lugar. El estrés, el trabajo duro y las noches sin descanso tienen su recompensa, y lo sé, pero a veces es más de lo que una persona medianamente en sus cabales puede soportar, y estoy al límite. 
Y, obviamente, además del hecho de que mi cabeza esté rodando por algún prado lejano y no donde debería estar, está esa sensación de agujero negro en el alma, que va absorbiendo poco a poco todo lo que me conforma, reduciéndome a menos que una sombra. Es patético: me veo en el espejo y no soporto mi imagen, hablo y las palabras que digo me suenan vacías, doy un paso y retrocedo dos ¿De nuevo? Mejor no pensar en esto y salir a vivir, me dirían, pero siento que no puedo, porque soy una persona sumamente obsesiva, y mi cabeza está todo el día ocupada en algo, siempre tengo algo que hacer, siempre ando de acá para allá, y no tengo tiempo para mí, no tengo tiempo para vos, no tengo tiempo para nadie.
Pensamientos incoherentes se suceden en mi cabeza, inconexos y desordenados, llegan sin que nadie los llame, y entonces me acuerdo de que hay mucho que corregir todavía, mucho que cambiar, demasiadas cosas para descubrir y cada vez menos tiempo. Necesito llorar, pero la ausencia de lágrimas está presente una vez más, y creo que no hay mucho más que decir además de esto, hasta que vuelve la lluvia de ideas. 
Lluvia como la que espero que regrese, para aclarar mi cabeza un poco y salir a ver lo hermosos que son los cielos grises atravesados por los altísimos edificios, lo lindos que se ven los paraguas de los peatones cuando se apelotonan en una vereda angosta para saltar un charco... y esperar que todas las ideas que revolotean por mi mente en este momento sean lavadas por la lluvia, de algún modo, y llevadas a algún lugar lejano, eliminando el agujero negro y dejándome en paz...

lunes, 10 de octubre de 2011

Everything you do is irresistible. Everything you do is simply kissable.




WHY
CAN'T I
BE 
YOU?

jueves, 6 de octubre de 2011

¡Por fin llueve! Hacía mucho que lo esperaba y, aunque muchos digan que es solamente agua, que les caga los planes o que hace que se les infle el pelo, yo no lo veo así. Cuando llueve me siento mejor, en este mismo momento puedo sentir cómo el agua que cae violentamente choca contra la pared a mi izquierda y me transmite su energía, cómo los truenos me llenan de ganas de salir a hacer algo, cualquier cosa. A diferencia de muchos, en lugar de deprimirme con la lluvia y quedarme todo el día lamentándome por lo que no puedo hacer, pienso en lo que sí puedo hacer, en lo que quiero y en que lo voy a conseguir.
Veo a la lluvia como una extraña manera de renovar esperanzas, y hasta siento cómo las gotas se llevan mis preocupaciones al tocar mi piel. Es hermoso. Ni hablar si llueve torrencialmente y estoy escuchando música sentada en el último asiento a la derecha del colectivo, con los pies apoyados en el cañito de la baranda. Es un poco raro, pero me trae un sentimiento de paz interior increíble, me encanta. Es como si las gotas de lluvia, de alguna manera extraña y retorcida, me conectaran conmigo misma, con esa pequeña partecita que se esconde en mi interior y a veces pide a gritos un poco de atención. Con esa partecita que ve la capítulos viejos de Gossip Girl solamente para recordar momentos, que relee los libros varias veces y encuentra siempre significados diferentes a las palabras frente a ella, que ama correr bajo la lluvia, con los auriculares puestos, o caminar por el campo en verano, donde el suelo, en lugar de emitir calor como en la ciudad, te refresca.
Es como si adentro de esta carcasa hubiera realmente una persona que sale solamente cuando llueve, que se esconde porque el mundo fue lo suficientemente cruel como para empujarla en una estampida y permitir que todos los demás le pisotearan los huesos y le rompieran el corazón. Esa personita que ama la pizza de ananá y las buenas películas románticas sumamente depresivas, que nunca la hacen llorar, pero que hacen que las lágrimas al menos se formen. Pero claro, la carcasa no las deja salir, porque ''llorar es de gente estúpida'' le dice, ''levantata, ponete un poco de delineador y salí a destruirlos antes de que te destruyan a vos'', y la personita lo hace, porque si lo dice la carcasa tiene que ser verdad, y ''si vos no los matás primero, te van a matar a vos, y no te quedan más vidas para malgarstar''. Tiene razón. Es obvio, es por algo que la carcasa no deja que la personita salga cuando quiera, le da un tiempito cuando llueve o se nubla, cuando hay tormenta, cuando va en la ruta de noche... pero no más que eso.
''Porque la lluvia disimula las lágrimas'', dice, y la personita la odia por tener razón.

lunes, 3 de octubre de 2011


What game shall we play today? How about the one where you don't get your way?

But even if you do...
that's OK.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Hay demasiadas cosas que quisiera cambiar en mi vida, demasiados momentos que quisiera borrar, demasiadas experiencias que preferiría olvidar, pero no puedo. Porque estar cambiando constantemente es darte cuenta de que no vas ni para un lado ni para el otro, es preguntarte, día tras día, a dónde vas a empezar de nuevo, es perderte tantas veces como volvés a encontrarte. Entonces, si esto es así, podría decirse que vivo en un eterno tira y afloja conmigo misma, tratando de ver hasta dónde llego por mi cuenta, sin tantear el terreno antes de dar un paso, cayendo con frecuencia y equivocándome constantemente. Porque en eso se basa mi vida: en equivocaciones.
Siempre supuse que de esas equivocaciones iba a aprender algo algún día, que tarde o temprano me iban a servir para algo, pero me encuentro a mí misma tropezando una y otra vez con la misma piedra, cansadísima de caerme y de chocarme con la cruel realidad cada vez que algo no sale como me lo propongo. Y de eso se trata ¿No? De equivocarse.
Equivocarse es humano, pero vivir errando es ser imbécil y, sinceramente, creo que ya estoy pasando a esta segunda categoría, y no le puedo echar la culpa a los viernes 13 o a abrir los paraguas bajo techo, esto ya es un error que radica en mí, y es algo que tengo que corregir sola. No digo que tengo que ser la mujer biónica y no equivocarme nunca, pero tampoco puedo ir por la vida cayendo constantemente: no es sano. Lo que pasa es que, para algunos, una caidita no significa nada, incluso los impulsa a seguir adelante, otros se rinden ante cualquier adversidad y esperan escondidos a que alguien vaya a salvarlos, y también están los que, como yo, se cansaron de levantarse y terminan rodando por el piso para no caerse más. Suena estúpido, muy estúpido, pero mis metáforas siempre fueron bastante estúpidas: yo soy bastante estúpida. Y siento que a esto ya lo dije, es muy probable que sí, porque tampoco tengo buena memoria.
Caos, caos, caos.
Tenía que ser lunes. Y le echo la culpa a los días de la semana... son días, hoy es lunes porque a alguien se le habrá ocurrido que sea lunes, y que haya tenido que madrugar, y que esté enfermándome, y que no haya dormido hace días, y que cada vez que intento pensar en algo coherente o ponerme las pilas para terminar lo que empiezo, me agarre un bloqueo mental y quede completamente carente de reacción. Como un zombie. Eso parezco, un zombie. Esa es una de las cosas que quisiera cambiar, mi estado de zombie, mi falta de reacciones, mis reflejos tardíos, mi estupidez.
Obviamente también hay cosas que no quiero cambiar, no todo se trata de destruír todo lo que vengo construyendo para empezar de nuevo a recorrer un camino que me lleve a ningún lugar. No, che, no. A veces, incluso, me gustaría poder dejar las cosas como están, tirarme en el pasto y mirar las nubes pasar, que otros hagan mi trabajo y me dejen descansar, porque bien merecido tengo un descansito.
Eso me trae recuerdos, muchos recuerdos, de épocas que no van a volver, de momentos que quedaron enterrados en el pasado, esperando que algún aventurero vaya a su búsqueda. Es otro de los motivos por los cuales odio la primavera, porque está llena de recuerdos: no me pregunten por qué, carezco de la habilidad de recordar la mayoría de las cosas, pero la primavera me trae muchos recuerdos, muchos detallitos escondidos en cada imagen mental que se forma en mi cabeza a partir de la nada, en cualquier momento, por ejemplo, en este.
Me acuerdo de cosas y no sé qué son, o de dónde salieron, pero me traen lindos recuerdos, son sensaciones.
Odio esta época nostálgica del año, me pasa siempre lo mismo. No sé si será porque el polen que tanta alergia me provoca llega hasta mi cerebro y produce alguna especie de efecto alucinógeno, o porque tengo la cabeza en tantas cosas que mi mente eventualmente necesita un descansito y me trae vivencias pasadas para distraerme un poco, o a lo mejor caigo en la cuenta de que, posiblemente, antes estaba mejor.
Entonces, me acuerdo, me dejo recordar viejos momentos.
Y vienen a mi mente miles de imágenes, miles de sensaciones, miles de pensamientos.
La luz que entra por la ventana del departamento de mi abuelo, ese olor nauseabundo a  vainilla y coco que tanto ama mi tío, pero que a todos los demás miembros de la familia nos da asco, los delirios hasta altas horas de la madrugada con mis amigos, el fresquito que surge del pasto en el campo, la arena, el viento insoportable que hace que parezca el Rey León... es el verano, la primavera, el calorcito insoportable, los mosquitos que se alimentan de mí como si fuera una fondue gigante. Son las tardes bajo el sol, sin hacer nada, absolutamente nada, es el tiempo libre, son los libros nuevos, son mis auriculares pegados a mis oídos como por una fuerza magnética.
Es la hermosa paz que produce el relax. Y de eso, vengo necesitando mucho.

MakeItHappen

viernes, 23 de septiembre de 2011

Fénix.

Las personas, en casos muy excepcionales, cambian. Yo fui uno de esos casos excepcionales (nótese que hablo en pasado, porque no estoy en constante mutación y tampoco pienso seguir cambiando).
Creo que el noventa porciento de esas personas que cambian, lo hacen debido a que se dan cuenta de que algo realmente está funcionando mal consigo mismos, así sea que se lo hacen notar los demás o que lo notan solos. En mi caso en particular, se produjo una mezcla: debido a las reacciones de los demás respecto a mis actitudes, me di cuenta de que algo andaba mal, que no iba para donde quería ir, y este cambio se produjo en dos etapas: la primera cuando tenía once y la segunda cuando tenía trece.
De chica, era muy insegura, era la típica pendeja insoportable que cree que tiene que pasar por encima de los demás para evitar caer en la decadencia, y tuve ese lema como estandarte durante muchos años (los suficientes para decir BASTA y dar un cambio radical, o varios, en realidad). Creo que, en cierto punto, esa inseguridad fue la que me dio fuerza para construir una pared a mi alrededor y reinventarme a mi manera, poco a poco, teniendo como producto final a lo que soy ahora: una persona que se considera fuerte y muy segura de sí misma.
El proceso no fue fácil, debo decir, y llegué a tocar fondo varias veces, la más evidente fue el 29/09/09, cuyo hecho conmemoro como el día en que comenzó un proceso consistente en incendiarme y renacer de mis cenizas, y cuyo aniversario se acerca, por lo que no puedo evitar mencionarlo.
Pero para subir hay que bajar, dicen, y creo que lo que yo necesitaba era un golpe lo suficientemente fuerte como para darme cuenta de mis errores y empezar a enfocarme un poco más en mí misma y menos en lo que los otros pensaban de mí. Un comienzo totalmente desde cero, y algo que me acercara a la realidad en vez de alejarme de ella, que me ayudara a ser una persona con más seguridad en sí misma y más relajada. Hoy por hoy tengo que decir que, si pudiera volver el tiempo atrás, me gustaría empezar desde cero sin la necesidad de pasar por eso, sin tener que contarlo hoy como un proceso doloroso y poder relatarlo de otra manera, pero no puedo decirles más que la verdad, y eso es lo que fue: una caída obligatoria.
Relaté este suceso tantas veces que las palabras comienzan a desgastarse, e inclusive tiene dedicado un par de entradas en este blog, no creo que haga daño contarlo una vez más, como conmemoración de lo traicionada que me sentí, y que se asemeja mucho a como me siento ahora (en menor grado, pero con igual importancia).
Nunca fui de victimizarme, me parece uno de los actos más deshonrosos para una persona, y si esto suena a victimización, les pido que vuelvan a leer todo lo anterior y entiendan que pongo esto nuevamente para que se den cuenta de que sí se puede renacer de las cenizas.
Desde hacía bastante venía escuchando Paramore, y el 29/09/09 iba a salir a la venta Brand New Eyes, su CD nuevo, además de ser el cumpleaño de uno de los hermanos Farro, y es por eso que todavía que me acuerdo la fecha: la tenía marcada en un almanaque, tenía puesta una alarma en el celular, y la noche anterior me había acostado pensando en comprar ese CD al día siguiente. La mañana de ese día, me desperté sencillamente radiante: era martes y no me importaba, tenía una evaluación en la primer hora pero había estudiado lo necesario para que me fuera bien y no sabía lo que me esperaba. Llegué al colegio temprano, algo rarísimo en mí, que para levantarme tardo mucho más que cualquier otra persona, como si la cama fuera un imán gigante y yo fuera un pedazo de metal, y me dirigí a donde estaban algunas amigas mías. En ese entonces estaba peleada con otra chica, con la cual nunca me había llevado del todo bien, pero que me había llevado a mi punto de ebullición debido a sus constantes mentiras. Según tenía entendido, también mis amigas la detestaban, por sus propios motivos, claro está. Las saludé, y esta chica las saludó desde el otro lado del hall: casi la totalidad de ellas se dirigieron a saludarla y abrazarla como si hubiera vuelto de la guerra, y lo tomé como un insulto a todo lo que yo creía que ellas pensaban, porque realmente no se cansaban de hablar mal de ella, y ahora la abrazaban. Lo tomé como un acto de hipocresía, pero, de todos modos, eran ellas las que estaban siendo hipócritas, me prometí no ser así también y subí al salón a esperar a mi mejor amiga, que todavía no había llegado.
Es ese momento, dos de mis amigas se sentaban adelante mío y de mi mejor amiga, dos atrás, y dos a mi izquierda, en la fila de al lado. En la primer hora tuvimos la evaluación, y estuve totalmente relajada, volcando todos mis conocimientos sobre el tema en una hojita de papel insignificante. Soy de explayarme mucho cuando escribo (he aquí la prueba), y terminé casi última, unos minutos antes de que tocara el recreo. Para ese entonces, ellas estaban todas sentadas en el banco de atrás mío, y me di vuelta para ver si querían hacer algo el fin de semana (siempre fui de planificar salidas con mucha anticipación). Su respuesta me sorprendió: me miraron, se miraron entre ellas, se dieron vuelta y siguieron hablando. Ahí fue cuando empecé a sospechar que algo andaba mal. Decidí ir a preguntarles qué pasaba en el recreo, pero apenas tocó el timbre salieron corriendo. Llegué abajo mucho después de ellas, y me acerqué a hablarles: volvieron a salir corriendo de nuevo, con esta chica que supuestamente odiaban. Terminé sentada en un banco con mi mejor amiga, dialogando sobre lo que podría haber pasado.
Ella y yo siempre tuvimos maneras muy diferentes de reaccionar, por lo que, mientras ella lloraba a moco tendido siendo consolada por otras dos amigas que no se habían sumado a la hipocresía, yo estaba iracunda, escuchando Ignorance (canción que tomé como himno de batalla, por así llamarlo, mientras que ella se refugió con How Does It Feel?, de Avril Lavigne), de Paramore a todo volúmen con los auriculares.
El día transcurrió y al llegar a la casa de mi abuelo, me puse a hablar por Skype con una amiga que vive en otra ciudad, a la cual nunca vi, pero quiero igual y todas conocíamos. Ella creó una conversación multitudinaria en messenger, en la que metió a las dos raíces de la hipocresía (por darles un nombre), a mi mejor amiga y a mi, y actuó como mediadora entre ambos bandos. Claro está que no resultó bien y, llorando en una conversación de Skype con ella y otra amiga de otra ciudad a la cual nunca vi, desahogué toda la bronca acumulada (siempre fui de llorar de la bronca).
Era la época de los fotologs, y al entrar al de esta chica que todas aparentaban odiar, me di cuenta de lo que estaba pasando: a mis espaldas habían planeado todo para dejarnos a mi mejor amiga y a mí solas, hacernos quedar mal enfrente de esta chica y, de un modo u otro, expandir una campaña de difamación en nuestra contra por todo mi círculo social. En ese momento me sentí herida, no entendía por qué las personas que más quería hacían eso, pero ahora que lo veo en retrospectiva, en cierto punto las entiendo: no fue la manera correcta de solucionar problemas, pero de un modo u otro hizo que me caiga la ficha (pienso explicar todo esto al final, patience). Estuve llorando la mitad de la noche, escuchando una y otra vez un CD de Taylor Swift, y pasando repetidamente The Best Day, porque una frase de esa canción reflejaba mucho lo que pensaba en ese momento.
Cansados de verme así, mis viejos, después de varios días, se decidieron a obligarme a hacerle frente a los problemas y me hicieron ver que el problema era yo, y que ellos lo veían tan bien como todas mis amigas, pero no podían simplemente darme en adopción, por lo que decidieron decirme las cosas de la manera correcta. Pasó el tiempo y, un día, en la cartuchera de una de ellas encontraron una carta-broma de una chica de otro curso. Ella me preguntó si reconocía la letra y le dije que sí y de un día para el otro las cosas se solucionaron, así, sin más. Aun hoy somos amigas, y estamos en una situación mejor que nunca, tengo que decir.
Todo se ocasionó debido al alto nivel de manipulación que ejercía sobre ellas, mi testarudez, egocentrismo  y mi inseguridad, la cual me obligaba a estar siempre por encima de ellas, a pisotearlas una y otra vez si no conseguía lo que quería: eran mis juguetes, no mis amigas. Obviamente, se cansaron, y me hicieron ver que estaba mal de la manera incorrecta: no fui la única que cometió errores, ellas también tenían sus defectos, pero yo prefería decírselos antes que hacerles lo que ellas me hicieron a mí. Ese fue otro de los problemas: mi falta de tacto. Siempre fui de ir muy de frente, sin importarme que a otras personas les molestara lo que yo dijera y, si bien mis maneras de decirles que había actitudes suyas que me molestaban no fueron las correctas, por lo menos no fueron errores tan abismales como podría haberse esperado.
Mirando en retrospectiva, cambié mucho desde hace dos años. Sí, sigo siendo manipuladora y testaruda, pero en un menor grado, ahora sé reconocer mis errores y no intento que los demás hagan todo lo que yo digo porque yo lo digo: soy una persona más equilibrada de lo que solía ser. Mi egocentrismo y mi inseguridad desaparecieron por completo, haciéndome una persona muy segura de si misma y que no le tiene que probar nada a nadie. Pero no obtuve tantos beneficios sin ningún sacrificio, porque además de pasar por una época sumamente oscura de mi vida, también me convertí en un enorme cubo de hielo: ahora soy un iceberg. Eso tiene sus pros y sus contras. Entre las ventajas de ser un iceberg, está que no me afecta lo que los demás digan o piensen de mí, pero la más grande desventaja es que soy sumamente fría, incapaz de encariñarme realmente con alguien hasta pasado mucho tiempo, soy sumamente desconfiada y vivo a la defensiva, esperando ese tan odiado puñal en la espalda, lo bueno, también, es que ahora sé identificar a las personas propensas a clavar puñales en la espalda, y termino por eliminarlos de mi vida antes de que puedan hacerlo.
La enseñanza de todo esto es que SÍ se puede renacer de las cenizas, y no importa cuán abajo te tiren: tu capacidad para flotar es directamente proporcional a la cantidad de metros que te hundan.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Minúscula.

Hacía mucho que no me sentía tan chiquita. Es como si todo a mi alrededor hubiera crecido desmesuradamente, o como si yo me hubiera achicado, como Alicia cuando quiere pasar por el picaporte que la lleva al País de las Maravillas.
Y así, como una hormiga en un mundo de gigantes, sigo luchando por mis metas, a pesar de todo...¿Saben algo? Me cansé de luchar por mis metas, me cansé de esforzarme siendo que otros consiguen las cosas tan fáciles, me cansé de ver como se llevan todo lo que yo quiero.Pero claro, mientras vos te desvivís por todo lo que anhelás, ellos aparecen y te lo arrebatan. Pero no podés hacer nada. Lo único que te queda es esperar en una esquina a que te toque el turno de ganar, o seguir adelante.
Pero seguir adelante es una misión suicida ¿Por qué? Porque lo único que hacés es caerte a penas te levantás.
Es muy molesto, te desmotiva cada vez más.
Y no querés seguir, pero si no querés seguir, no sabés luchar por lo que querés ¿LUCHAR POR LO QUE QUIERO? ¡¡¡POR FAVOR!!! Me cansé de luchar por lo que quiero para que aparezca alguien cada vez que estoy llegando a la meta y me empuje fuera del camino. Me saca de quicio.
Este es uno de esos momentos en los que quiero agarrar un hacha y salir a cortar cabezas. Me siento como un grano de arena en un desierto, odio sentirme así.

viernes, 16 de septiembre de 2011

En la última hora, aprendí demasiadas cosas interesantes. 
Es lindo saber que todo se puede.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Tortura Primaveral.



La llegada de la primavera significa, para muchos, la llegada del amor, del florecimiento de las flores, de las mariposas que vuelan a tu alrededor, pero para mí significa que se acerca otro año más que termino en soledad (como bien dice una canción que me encanta: ''por ahora tengo ganas de estar sola, y me queda poco tiempo de ahora en más, lo que dure mi recuerdo en tus ojos, y cuando parpadees no estaré más''), mosquitos que te atacan como un alcohólico a la última botella de vodka del mundo, y calores tan insoportables que te dan ganas de arrancarte la piel. Y es que estoy tan acostumbrada a la soledad que ya no necesito a nadie a mi lado (tengo mis altibajos, tengo mis días en los que quiero salir a cagar a tiros a las parejas felices que veo por la calle, y tengo un odio irracional hacia el Día de San Valentín), pero a veces sí me siento sola. A veces sí quisiera tener a alguien incondicional. A veces quisiera poder olvidarme de ideas que me atormentan desde fines de 2010 ¡Y encima son tan utópicas! Las odio, y las amo. Vivo por y para ellas, para perder el tiempo en la ensoñación, volar, volar, volar, volar como si en realidad tuviera alas y pudiera cumplir todos mis sueños, volar sin límites, como si todo aquello que quiero estuviera al alcance de mi mano... hasta que me doy cuenta de que me alejo cada vez más de lo real, me cortan las alas y me caigo al vacío. Sin dudas es la peor mierda que hay. Sin dudas quisiera poder vivir más en el momento y no tanto en lo que podría llegar a pasar en el futuro. Sin dudas quisiera que me dejaras poder olvidarme de vos y de todo lo que, hace aproximadamente un año, me hacés querer y odiar.
Pero claro, yo soy lo suficientemente testaruda como para no olvidarte, y vos sos lo suficientemente omnipresente como para que cada vez que cambio de ruta para llegar a destino, me encuentro con una marca imborrable tuya, con un recuerdo, con una foto, con algo tan insignificante pero significativo a la vez. Esos son los momentos en los que quisiera empujarte al río y saltar atrás tuyo para ir a tu rescate. Esos son los momentos en los que en realidad te das cuenta de lo que es que alguien te decepcione. Esos son los momentos, en los que quisiera volver el tiempo atrás y arrancar de nuevo, sin cometer los mismos errores, con mil y una páginas en blanco frente a mí y ninguna restricción.
Pero ¿Qué puedo hacer? Si todo pensamiento me trae de nuevo a vos, si todo cumplido me recuerda a los tuyos, si cada canción me habla de vos ¿Cómo me puedo olvidar de vos así? Siempre vas a estar acá, ya no te veo, pero estás, en algún lado, sin mí. Quisiera que las cosas me resultaran fáciles, para no tener que hacer nada, solamente mirar el tiempo pasar y esperar a que vuelvas, pero eso para mí no existe, porque el esfuerzo es ese motorcito que me impulsa, es eso que me motiva, porque las cosas sin trabajo duro no se obtienen ¿Viste? Y aun después de un año de trabajar y repensar esto, sigo en la misma, con los mismos ideales revoloteando mi cabeza, con los mismos pensamientos insoportables siempre presentes, con la misma vocesita irritante que repite una y otra vez lo mismo. Y ya no quiero salir, porque tengo miedo de cruzarme con vos y de volver a caer. Las caídas duelen más cuando suceden mientras te querés levantar ¿Sabés? Y ya no quiero que llegue el verano, porque el verano es una tortura para mí, porque todo comenzó con una charla con una amiga sobre el verano, porque el verano es una mierda, el verano no sirve para nada, porque pagás los platos rotos del verano durante todo el año, porque lo que pasa en el verano es inolvidable ¿Entonces? No puedo evadir el verano, no puedo viajar por tres meses a un país anglosajón para no calcinarme en esta ciudad donde el pavimento parece hervir y el sol te quema las ideas. No te puedo evadir a vos que, tan brillante como el sol, me cegás y quemás todo mi orgullo, reduciéndolo a cenizas ¿Y por qué carajo te quiero si me hacés tan mal?
La respuesta es fácil: porque la vida es un reto para mí, y si no estás dispuesto a enfrentar los riesgos ¿Para qué vivís?

viernes, 9 de septiembre de 2011

Con qué facilidad se acumulan ideas en mi cabeza: es increíble. Y claro, si venimos a hablar de situaciones increíbles que se suceden en mi cabeza también tenemos que hablar de la locura galopante que tengo encima y de la suma rapidez para cambiar de sentimientos e ideales tan característica en mi (creo que si no fuera tan cambiante, mi propia vida me resultaría aburrida-como a veces lo es-).
Empecemos por el principio.
Mejor todavía: empecemos por el final.
Hace dos segundos, estaba leyendo un blog que sigo, que me encanta, que me inspira, que me provoca una ridícula necesidad de venir acá y escribir algo, cualquier cosa, cualquier cambalache como los que se ven últimamente en este URL. En esa necesidad de escribir, me empezó a molestar la música.
Es muy irónico, ¿Cómo puede la música causarme semejante bloqueo mental a la hora de escribir siendo que forma una parte de mí bastante grande? Seamos realistas: a donde voy yo, van los auriculares, a donde voy yo, llevo mi música, a donde voy yo, va mi mundo. Sin embargo, a la hora de escribir, me está empezando a molestar. Ri dí cu lo, hace unos días ponía los auriculares al máximo (a tal punto que me quedaban doliendo los oídos) y me ponía a descargarme escribiendo, ahora no puedo, no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo: o me descargo con la música (escuchando, por supuesto, porque si vamos al tema de la interpretación de cualquier instrumento musical estoy al horno), o me descargo escribiendo. Por consecuencia de la impaciencia e ira sin justificaciones que me provocó tener ideas interesantes y estar escuchando música al mismo tiempo, me levanté a apagar la Play Station (vieja, hecha mierda, para lo único que me sirve es para ver DVD porque se me rompió el control remoto hace un año y nunca lo mandé a arreglar, o para escuchar CD cuando esa pequeña basura electrónica que llamo reproductor de música se empaca y no quiere leer mis discos) y a sacar el CD. Tres veces seguidas el mismo CD, y si no lo sacaba lo iba a seguir escuchado, por lo menos como música de fondo, como cada vez que me compro un CD nuevo (creo que soy uno de los pocos seres humanos que realmente pagan por la música que escuchan). Entonces, en pleno 'baila y no esperes nada, baila como muñ...' apago el aparatito infernal: creo que no me sentía tan aliviada en mucho tiempo. El sonido del silencio es lo único que puedo pedir en este momento en el que estoy tan sobrecargada. Claro, el silencio y el constante tecleo, porque soy de esas personas que golpean el teclado con suma violencia, lo cual causa que mi letra I funcione cuando tenga ganas.
Tuve un día bastante raro, todos mis días vienen siendo raros, no sé si es porque ya no hace tanto frío, porque el sol está siempre presente, o porque puedo abandonar las capas y capas de ropa que venían ahogándome (aunque sinceramente, prefiero el frío antes que el calor), pero algo cambió en el último tiempo, y mi vida está tomando rumbos raros. Todo es tan raro. Yo misma soy rara.
Tuve dos materias, una obra de teatro (sobre la cual no pienso expresar mi opinión por escrito, puedo sufrir las consecuencias), y me liberaron. Como era temprano, almorcé con mis amigos, pero claro, estuve vagando varias horas con los zapatos del colegio y ahora considero seriamente amputarme los pies. Lo raro es que generalmente mis semanas son sumamente rutinarias, y esto me hizo sentirme más como en verano, por lo que caí en la cuenta de que es septiembre.
Es septiembre.
ES SEPTIEMBRE.
Me quedan tres meses de clases, dos exámenes más de inglés, y digo chaaaaaaaaaaaaaaau, quemo todo.
Ya llega la primavera, ya vuelven las salidas (pienso inaugurar mi temporada fiestera con el recital de Babasónicos, claro está), las tardes en el parque, en el club, tirada en el pareo roñoso que le compré a un hippie en mis vacaciones, con la música al máximo volúmen y ese sentimiento de libertad que tanto amo. Sin horarios, sin reglas, vuelven las largas caminatas primaverales (amo caminar, pero en primavera y otoño mi amor por esto se incrementa, porque no hace ni mucho frío ni mucho calor, y no estoy tan abrigada como un esquimal, pero tampoco me cocino cual pollo al spiedo), las charlas en la puerta de las casas de mis amigos, despertarme a la hora que quiero, dormirme a la hora que quiero, y no tener ninguna preocupación además de los planes para ese día. Todo sería perfecto, si no hiciera calor y las palomas que anidan en mi ventana no se pusieran tan insoportables.
Y claro, con la primavera viene el temido tercer trimestre, el que requiere más esfuerzo, el que está lleno de trabajos, el que hace que se te tapen todos los huequitos libres en tu horario. Pero todo vale la pena si te ponés a pensar que vas a tener tres meses para tirarte en el pasto a ver las nubes (uno de mis pasatiempos favoritos, sin dudas).
Y esto significa que se me termina el año de nuevo, que se pasó volando, que todo lo que hice va a quedar guardado en mi memoria por un tiempo y después se va a borrar, eventualmente, que todo lo que viví este año (hablo como si ya hubiera terminado aunque no sea así, pero siento que mañana es Navidad) no va a ser en vano y que voy a empezar un 2012 a full. Admitanlo, no se nos viene el fin del mundo, y si viene ¿Qué? No hay nada que podamos hacer ante una amenaza de semejante magnitud, lo único que nos queda es vivir todos los días como si fueran el último, pero tampoco hacer ninguna boludez, porque nos podemos arrepentir.
[Todos felices y yo acá, esperando que llegue el verano...]