lunes, 27 de diciembre de 2010

Si una imagen vale más que mil palabras... tengo una biblioteca en la cabeza.
En este momento pasan por mi mente miles de imágenes entremezcladas, sobre temas varios, y lamento admitir que no estoy pensando con claridad. Nuevamente, ese je ne sais quoi inexplicable se adueña de mí y soy incapaz de distinguir algo más allá de los auriculares y suave tecleo. Es como estar en una burbuja, flotando lejos, cada vez más lejos de todo. Veo cómo se desvanecen los objetos a mi alrededor y esa imagen de un hogar algo más adecuado que el mío propio se ve cada vez más lejos, más allá del horizonte, mientras viajo a través del tiempo, atravieso este mundo en un segundo, las fronteras no son nada para mí, no existen los límites. Me olvido de todo, me pierdo completamente en tiempo y espacio, y las preocupaciones mundanas de cada día se quedan a una considerable distancia de mí, las veo irse cada vez más lejos, mientras yo avanzo hacia el infinito horizonte de un mundo demasiado hostil.
Cada vez más lejos de la superficie terrestre, veo todo desde otra perspectiva, mis sueños se incrementan y mis anhelos se vuelven realidad entre imágenes abstractas de una imaginación demasiado creativa. Todo se ve tan real que quisiera quedarme allá siempre, viendo cómo obtengo todo lo que quiero, pero, tras darle miles de vueltas al asunto, me doy cuenta de que extraño la realidad y todo lo que eso abarca. En mi mundo, las cosas se ven perfectas, pero nada de lo que me rodea es real, es solamente una ilusión, en cambio, en el mundo real, todo es más llamativo, las cosas son más espontáneas.
Y así decidí volver a la Tierra a ocuparme de mi vida y añadirle a todo esto mis sueños infinitos.

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