lunes, 22 de noviembre de 2010

Vacío, vacío, vacío

Hubiera sido una linda tarde desde el principio, podría haberlo sido, de no ser por esa sensación de vacío que tengo. Es como si me faltara algo, como si una parte de mí estuviera perdida lejos, muy lejos, y no pudiera ir a buscarla, porque no sabría encontrarla, no sabría dónde buscar, qué buscar. Es intermitente, pude llenar la mitad de la tarde con charlas sin sentido, críticas para nada constructivas y un par de delirios, pero, cuando estoy sola de nuevo, vuelve. Es como un constante recordatorio de que el karma existe, y, el universo, tarde o temprano salda sus cuentas. Hoy veo el mundo en blanco y negro, no hay colores, ni siquiera el arcoiris que se alzaba entre las nubes grises me tría un presagio de que algo bueno podría suceder. Era opaco, yo lo veía opaco, todo es opaco hoy, nada me viene bien, nada me reconforta, al menos no por demasiado tiempo. La felicidad se me hace muy efímera. A lo mejor las cosas son mejores para mí en blanco y negro, creo que me gusta estar sola. Me trae una especie de plenitud inalcanzable cuando estoy rodeada de gente. Escucho los ruidos de mi ciudad entrando por la ventana, entremezclados con la música que escucho y el constante tecleo. El sonido del vacío. Nada me viene bien, ni siquiera la soledad que tanto me reconfortaría normalmente, solamente quiero correr, salir de mi casa, correr por la ciudad hasta cansarme, hasta quedarme sin energía, alejarme de todo, irme de acá. Quiero escapar. Por primera vez en mi vida, siento el deseo de abandonarlo todo e irme lejos, no volver. No es normal en mí, generalmente soy del tipo de personas que la pelean hasta el final, pero hoy no, porque la incertidumbre está presente en mi cabeza constantemente, quiero irme, quiero encontrar las respuestas a preguntas que todavía no se forman en mi cabeza. Quiero desaparecer, a alguna parte donde finalmente esté conforme con algo, donde algo me obligue a quedarme, quisiera no ser tan inconstante, quisiera querer a las personas incondicionalmente, quisiera querer quedarme en un mismo lugar, hacer eternos los momentos, pero todo me aburre demasiado como para querer hacerlo durar para siempre. Siento que no aprecio todo lo que tengo, que detesto todo, que no me hace falta nada, y, al mismo tiempo, que quiero todo. No tiene sentido, es una contradicción carente de significado. Choco con todo el mundo, con todo ser viviente que se me cruza por enfrente, alejo a las personas, yo seguramente no soy un humano, los humanos son seres sociales, así se los describe, viven en sociedad, son felices así. Yo soy feliz en una sociedad que me es indiferente, pero no sirvo para relacionarme con las personas. Cambiaría una tarde rodeada de gente por una tarde sola con un libro (que suelen ser los mejores sustitutos de las personas, atrapantes, llamativos, silenciosos. Escuchan, pero no responden, no te dicen qué hacer, te dejan pensarlo por vos mismo, hallar solo las respuestas). Siempre lo dije, voy a terminar sola, siendo una cuarentona solterona viviendo en una casa llena de bibliotecas. A veces, mi propia persona me recuerda a Elinor.

1 comentario:

  1. A mí me ha pasado sentirme así!
    Pero sé que conmigo es cuestión de etapas... de todos modos así es como me siento la mayoría de las veces, y es cierto mientras estas acompañada todo eso que te inunda en la soledad desaparece momentáneamente. No creo que esté mal... siempre y cuando vos encuentres felicidad en esa forma de vivir.
    A mí me ha pasado después de grandes desilusiones, de estar con esa depresión tan grande que todo te da igual, que el mundo es completamente gris, y de pedo te levantas en las mañanas... es como si ya no tuvieras una motivación para vivir... y es triste, es triste que esa motivación sea externa a uno mismo porque es sabido que tarde o temprano la vamos a perder.
    Por eso pienso que tenemos que tener una buena relación con nosotros mismos, al fin de cuentas nos vamos a acompañar siempre.

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