viernes, 26 de noviembre de 2010


Uno piensa que con un año se pueden hacer un montón de cosas, que el tiempo alcanza, y, hasta sobra, pero no es tan así, me quedan miles de metas por cumplir, metas que tenía para este año y, por lo visto, se trasladan al siguiente. No quiero ni pensarlo, cuando me quiera acordar, ya vamos a estar volviendo, pero, después de este año, las cosas no van a ser las mismas, van a ser mejores. Me di cuenta, en estos (casi o más de) nueve meses que pasamos juntos, que los quiero muchísimo, que son mis amigos de verdad, y que tomamos una confianza bárbara. Fue un giro de 360°, el año pasado ni siquiera nos hablábamos, y ahora está todo casi bien, obvio que sigue habiendo problemas, pero muchos menos, y creo que somos una familia enorme, nos queremos muchísimo, somos inseparables. Este año nos trajo disgustos, alegrías, risas y muchos, muchísimos momentos juntos. Somos cada vez más, y nos queremos cada vez más, tenemos nuestros malos momentos, obvio que sí, hay veces que, de hecho, no nos soportamos, pero al final está todo bien, estamos todos bien. No importa si llueve, truena o el sol raja la tierra con lo fuerte que son sus rayos, nosotros estamos siempre, y nadie puede contra nuestro grupo, porque somos muy unidos, y, sobre todo, nos queremos. Somos todos TAN diferentes que, en cierto punto, terminamos por complementarnos, somos tan delirantes y sensatos al mismo tiempo, capaces de ayudarnos con solamente una mirada, morirnos de la risa o llorar juntos.

Creo que todo lo que pasó este año valió la pena, las cosas buenas y las malas. Nos llevamos terribles sorpresas, decepciones, pasamos del amor a la ira, nos reimos, salimos, nos juntamos, nos separamos, nos peleamos, nos volvimos a juntar, fuimos y vinimos, juntos o separados, pero al final volvió todo a la normalidad. Las tardes con ustedes no tienen desperdicio, así sea que estemos encerrados en el quincho que tantas cosas vio, caminando por el parque, siempre al mismo lugar, siempre la pasamos bien. Las mañanas juntos son lo mejor que hay, nada mejor que una buena dosis de locura y enfermedad para empezar el día, los planes que hacemos cuando recién es lunes, los resúmenes que tiene todo el mundo, las risas, las broncas, los quilombos, los típicos boludos que llaman a los celulares para joder, todo está bien, porque nosotros estamos bien, y son lo mejor que hay, son el mejor curso, y creo que no pude haber tenido más suerte. Todos son especiales para mí, todos son diferentes, todos tienen algo que me llama la atención, todos son raros, y es increíble que en un año hayan pasado tantas cosas, es curioso que el año haya pasado tan rápido, es inexplicable que ya estemos terminando un año más, un año en el que, realmente, se puede decir que estuvimos juntos, realmente juntos, como un buen grupo, el mejor curso, como amigos.

Al principio seguíamos un poco divididos (menos que antes, de todos modos), no estábamos en la misma frecuencia (y, hoy en día, tampoco lo estamos, en realidad, me atrevo a decir que estamos cada uno en la suya, con sus propias ideas, en su mundo), no nos entendíamos ni veíamos la realidad desde el punto de vista del otro, y creo que eso cambió, y por eso hoy somos lo que somos, por eso hoy estamos donde estamos. No hay forma de negar que pasaron muchas cosas que podrían o habernos unido o separado para siempre, y pasaron las dos cosas, en realidad, pero, a pesar de todo, seguimos acá, casi terminando ya, preparándonos para un verano a full, ojalá tan lindo como fue este año.

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