sábado, 4 de febrero de 2017

Esponja.

Hay un cierto tipo de seres humanos que tienen naturaleza de esponja. No como ese personaje animado de sonrisa permanente y optimismo casi ridículo, sino más bien como esas que todos tenemos en casa para ayudarnos en la limpieza del hogar, que absorben detergente, agua y cualquier cosa en la que se las sumerja.
De la misma manera, el ser-esponja se nutre de todo lo que lo rodea y lo incorpora a su ser: lo bueno, lo malo, lo que aún no puede entender pero quizás en el futuro logre descifrar, lo que ve, lo que escucha, lo que sienten él y todos los demás. El ser-esponja acumula experiencias, conocimiento y sentimientos propios y ajenos y de todo aprende, de todo se nutre, a todo lo entiende o lo entenderá. Acumula, acumula, acumula, y un día rebalsa. Y cuando rebalsa, agarra todo eso que absorvió, se hace un bollo y lo estruja afuera de su sistema: se limpia, se vacía y arranca de nuevo.
Hay pocas cosas que hagan al ser-esponja estallar, generalmente tiene que ver con esas situaciones que generan una especie de deja vu, el típico "tropezar con la misma roca". Algo en el ser-esponja le impide caer en ese error, porque cada vez que se topa con uno de estos momentos es su propia naturaleza la que lo llama a pensar las cosas dos veces y revisar todo eso que absorbió en el pasado.
El ser-esponja no debe ser subestimado, porque nunca olvida, de todo aprende y jamás repite errores ni mira atrás. Si todo eso ya está almacenado en su naturaleza, ¿Para qué volverlo a incorporar? No se aferra al pasado, sino que lo suelta, lo deja libre y conserva sólo aquello que le sirve.
Lo más importante es que si el ser-esponja se va, no vuelve. Si entiende que ya tuvo suficiente de algo, lo evita. Si necesita tiempo en soledad para volver a vaciarse, lo aprovecha.
Y, sobre todo, si se encuentra en equilibrio no permite que nadie lo haga rebalsar.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ficticio- Esperanzado

Su destino era encontrarse, tarde o temprano, para resolver asuntos pendientes que el mismo universo se había encargado de dejar librados al azar. Ambos creían en las casualidades pero dudaban de su eficacia, porque la existencia de las mismas nublaba la posibilidad de la existencia de causalidades que, siendo soñadores, les parecían más atractivas. Razones desconocidas del azar se habían encargado de separarlos para salir al encuentro de algo mejor, de mundos nuevos, de aventuras inesperadas diferentes a las que habían vivido juntos.
Pero algo faltaba. Algo quedaba. Algo llamaba. Algo necesitaba resolverse, decirse, gritarse, explicarse. Necesitaba salir, necesitaba encontrar al otro y abofetearlo fuerte para que reaccionara, necesitaba respuestas, pero sobre todo necesitaba saldar deudas.
Cambiando de rumbo un par de veces, a veces buscándose sin encontrarse, otras tantas esquivandose, siguieron vagando por caminos separados. Hasta que algo superior decidió que era el momento justo, que ya sin dudas podrían hablar, que ya sin miedos podrían verse.
Por esos tiempos, él frecuentaba el sur: tranquilo, templado, pacífico, familiar y reservado. Sobre todo, elitista. A ella le molestaba el viaje, la ausencia de civilización y la desolación, la excesiva y exasperante calma producida por la falta de movimiento, por la abrumadora quietud. Prefería el centro, el tumulto, reírse un rato y poder volar adonde quisiera si así lo decidía, sin mucho trámite ni espera.
Sin embargo tenían sus sitios comunes, y estando en ellos se buscaban a la distancia, ambos demasiado orgullosos como para dar el primer paso y saludar, evitando la posibilidad de parecer desesperado o emocionado. Ninguno de los dos quería dar el brazo a torcer, nada más un saludo gentil por pura educación y un adiós silencioso expresado en ojos que no quieren despegarse como si alguna especie de magnetismo ajeno a ellos los obligara a permanecer unidos. Pretendían ignorar estas cuestiones aunque murieran de ganas de evaluarlas como solían hacerlo en tiempos pasados, ya muy lejanos como para siquiera pensar en revivirlos, imposibles de traer a la memoria desde lo más profundo del inconsciente.
La vida se encargó de cruzarlos en un momento en el cual ambos podrían haber huido despavoridos musitando alguna excusa ideada en el momento, pero sabiendo que quizás no fueran a tener otra oportunidad ninguno de ellos se hizo el desentendido y ambos se responsabilizaron de hacer cumplir lo que el universo a gritos les pedía.
Un saludo cordial, un par de sonrisas, él solo frente a ella y su batallón, un poco canchero y otro poco temeroso, y se dio.
-¿Podemos hablar?
Ella, sorprendida a pesar de haber estado esperando esta propuesta con ansias, accedió.
Caminaron hasta donde terminaba la escollera, donde el mar rompía con furia y gentileza simultáneamente sobre rocas abatidas pero valientes, donde nadie los molestaría, donde podrían ser ellos mismos. El viento pesado, salado del mar arremolinaba sus cabellos y les daba la sensación de estar en medio de la nieve a pesar del fuerte sol que había caracterizado a aquella tarde de verano que ya llegaba a su fin; y les daba una excusa para sentarse uno cerca del otro.
-¿Cómo estás?- nuevamente fue él quien tomó el timón e inició la conversación, de forma básica pero segura. Se vio obligado a elevar el tono de su voz debido a la música a todo volumen que sonaba a sus espaldas, donde un bar playero mutaba en boliche y los enérgicos jóvenes se preparaban para otra fiesta.
-Bien, hacía mucho que no nos veíamos- ella temía hablar demás, desviarse del tema y terminar tomando las riendas como solía hacer, impidiendo que su interlocutor se expresara con libertad.
-Sí, fue un año difícil, pero me alegro de que estés bien.
-Ambos sabemos a qué viene esto.
-Creí que tendría que empezar desde el comienzo.
-No hace falta, la distancia fue mi culpa.- ella sabía que él no lo negaría, a pesar de haber sido responsabilidad de ambos. -yo desaparecí.
-Tuviste tus motivos
-¿Pero por qué la agresión? Esa es mi duda ¿Qué hice para que me trataras tan mal?
-¿Agresión?- él no esperaba este planteo ni quería enfrentarse a uno de sus extensos argumentos que no dejaban lugar a réplica, pero no veía cómo escapar de la situación. después de todo, había sido su idea resolver cuestiones pendientes- si mal no recuerdo vos fuiste la que desapareció e inició una relación con otra persona que nada tenia que ver en tu vida en ese momento.
-El hecho de que no lo conocieras no significa qur no tuviese nada que ver conmigo.
-De todos modos nunca me esperaste.
-¿Esperarte? Te di medio año de ventaja para que te acomodaras y reconstruyeras tu vida, te Apoyé y escuché siempre que lo necesitaste, y nunca supiste cómo reaccionar al respecto. Lo único que hiciste fue dejarme en una lista de opciones reemplazables entre sí. Nunca quise eso para mí y sin embargo lo soporté por vos.
Lo dejó sin palabras. Aquella que siempre se había mostrado fría y distante dejaba ver otra faceta de su personalidad, una que a él le hubiera gustado conocer con anterioridad.
-Me reemplazaste.- fue todo lo que él pudo decir.
-¿Cómo sería posible reemplazar algo que nunca tuve? Encontré en otra persona lo que ni vos ni nadie fue nunca capaz de darme, y para ser sincera, me enamoré. Mientras pasabas un rato conmigo y el resto del tiempo con tantas otras, hubo alguien más que supo valorarme todo el tiempo, qur no necesitó alguien más para llenar vacíos porque le bastó conmigo.
-Tenes razón, pero siempre fui celoso con vos. A lo mejor no por enamorado sino por fascinado. Es hasta el día de hoy que me sorprendes constantemente, incluso con tu ausencia. Te considero una de las mujeres mas inteligentes que conocí en mi vida, y también creo que fue una decisión inteligente alejarte de mí si en su momento sentiste que no te valoraba como merecías, porque estoy seguro de que así fue, de que me di cuenta demasiado tarde de lo importante que eras para mí.-Había llegado el momento de sincerarse y ninguno de los dos tenía problemas con eso, y ella lo conocía muy bien. Así de mentiroso como era, también mentía muy mal, y no le costó darse cuenta de que le estaba diciendo la verdad.- No me arriesgué por vos pero me hubiera gustado hacerlo para no tener que estar pensando constantemente en cómo hubiera sido todo si las cosas se hubieran dado de otra forma. Si pudiera revivir el pasado con la experiencia de hoy en día te aseguro que hubiese tomado otra decisión.
-No quisiera que eso fuera posible.- sus ojos se encontraron nuevamente y el magnetismo hizo su efecto. Ella buscaba comprensión, no batalla, y necesitaba que él entendiera esto para poder continuar. Siendo ambos en exceso sensibles sería complicado retomar la conversación con ojos vidriosos, pero siempre se podía culpar al mar.- No lo tomes a mal, siempre te quise y una parte de mí lo sigue haciendo, pero no podría cambiar lo que tengo hoy en día por un quizás. Por fin encontré estabilidad cuando todo lo que obtuve de vos fueron oleadas de inseguridad en cuotas mientras ibas y venias a tu parecer. Entiendo que hayas reaccionado tarde y lo siento por vos pero dudo que alguna vez hayas pensado en cómo me hacías sentir cada vez que te borrabas y tenía que enterarme de que estabas con alguna más. Nunca fui un reemplazo y sin embargo así me consideraste todo este tiempo. Si las cosas iban mal, ahí estaba yo para apoyarte y reemplazar temporalmente a la ausente, hasta que conocieras a alguien más y se repitiera la misma historia de siempre.
-Hasta que vos conociste a alguien más. No voy a mentir, me alegra qur estés bien con él y que sepa darte todo lo que yo nunca te di, sobre todo me gusta saber que alguien te esta valorando de la manera en la que yo no supe hacerlo pero siempre te mereciste.-Y lo vio. Ese destello melancólico, esa mirada al horizonte, ese tono vacilante. Mentía. Mentía otra vez pero en esta ocasión por una buena causa.- No es fácil para mí que mis propios amigos me recalquen una y otra vez que cometí un error, mucho menos sabiendo que tienen razón. Pero ¿qué puedo hacer? Es tarde, te fuiste y no hay muchas probabilidades de que vuelvas. Quedé resentido, me sentí vacío, nunca nadie me había dado las espaldas así y de repente en un corto lapso de tiempo primero mi ex novia y después vos. Me sentí un inútil, me enojé conmigo mismo y te culpé sin motivos. Por eso la agresión, porque no encontré otra forma de expresar lo mal que me habías hecho sentir aun sin haber hecho nada en especial. Elegiste un camino que ya no me incluía y con mucha razón, y me odie por no poder hacerte quedar.
-Tampoco lo intentaste.
-¿Cómo hacerlo? Sabía por lo que habías pasado antes de conocerme, no podía arriesgarme a entrometerme en algo que por fin te hacía bien. Jamás me hubiera perdonado haberte dañado, no te lo mereces.
-Valoro mucho qur por fin te estés sincerando.
- Es lo menos que puedo hacer. Pero quisiera saber qué es lo qur hice mal.
-No es que hayas hecho algo mal, es qur hubo tantas cosas que no hiciste que en cierto punto me pareció en vano seguir esperando.
Eran dos corazones rotos intentando enmendarse uno al otro, pero en su lugar abriendo cada vez más las heridas. Nada les faltaba para ser todo y sin embargo decidieron dejarlo de lado. Ella encontró algo mejor y el siguió hundiéndose en la fantasía de que la solución estaba en esperanzas vagas y placeres temporales.
-De todos modos la pasábamos muy bien juntos- esta vez fue ella quien rompió el silencio, ya no buscando respuestas ni ahondando las penas, sino hallando consuelo en los buenos recuerdos.
-Eramos una novela, la mejor de ellas.
-Hasta que nos descubrieron.
-Y después se puso mejor.
-Pero me tuve que ir. Se me terminó el recreo y tarde o temprano debía volver a la realidad.
-Y sin embargo aun así no supe cuándo dejar de jugar.
Se sumieron en el silencio nuevamente, esta vez con sus miradas en el horizonte, en la calma del mar que en nada se parecía al violento oleaje de la costa.
Él la abrazó. No queriendo despertar ningún sentimiento específico en ella, sino buscando que comprendiera que él la entendía, que tenía razón, y que su comportamiento infantil era lo que la había llevado a tomar otros rumbos. Pero no tenía las agallas necesarias para seguir autoproclamándose un idiota a los cuatro vientos, por lo que confió en que ella entendería su silencio como la máxima sumisión de su espíritu, como una oferta de paz, una bandera blanca entre tantos bombardeos.
Y ella entendió, aceptó, se descargó, y con su cabeza posada sobre el pecho de su interlocutor dejó salir una lágrima, sólo una, que representaba el cierre de algo a lo que en otro momento ella no le hubiera dado final.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Equilibrista

Después de todo este tiempo, entendí que lo único que busqué toda mi vida era el equilibrio. Ese balance, la simetría perfecta, la sensación de que por más vientos fuertes que atravesaran mi camino ninguno me iba a poder tumbar porque estaba equilibrada. Y ¿No es eso un poco lo que todos estamos buscando?
Estamos en construcción. Somos seres incompletos, despedazados, y lo único que nos une es esa búsqueda por el equilibrio. Después de todo, ¿Qué más dan un par de altibajos cuando se está equilibrado? Porque para el mundo el desequilibrio es una cosa horrible e innombrable, y válgame Dios si estás un poco desacomodado, vamos a darte todo el apoyo que podamos y ofrecerte toda nuestra ayuda para ¿Qué? Para que estés balanceado y alineado, listo para salir al mundo.
Esa mentira no es forma de vivir. No creo que se pueda vivir en equilibrio y no apuesto dos pesos por quien diga que sí.  La realidad es que somos seres en construcción porque el desequilibrio que tenemos adentro, eso que nos carcome y que muchas veces nos dicen que es necesario arreglar por uno u otro motivo, muchas veces son lo que nos manda de un empujoncito para adelante cuando nos frenamos.
Estuve en equilibrio tanto tiempo que no me di cuenta de que en realidad lo había alcanzado porque me había quedado quieta. Completamente inmóvil ante lo que pudiera cruzarse en mi camino, cómoda, equilibrada, y no me sirvió de nada. Me veo y no me reconozco, y tampoco me entiendo ¿Estuve sedada todo este tiempo? ¿Qué me pasó? ¿Quién me dijo que era bueno estar equilibrado? Como un equilibrista, fui andando por mi soga a miles de metros de altura, despacito, con precaución, con el miedo de que si caía iba a perderlo todo, pero no me había dado cuenta de que abajo mío había una red, así que daba lo mismo caerme o mantenerme en pie, porque siempre podía volverme a subir a la soga. Me paralicé en un mismo sitio por temor a que la caía fuera demasiado abrupta y, cuando caí, ¿Qué pasó? Nada. Me levanté, me sacudí la tierra de encima, y me volví a subir, esta vez para avanzar cueste lo que cueste.

viernes, 15 de abril de 2016

El borrador.

Uno no puede controlar al cien por ciento los caminos que decide tomar su mente segundo a segundo, hasta podría decir que nunca logra hacerlo. Es fácil imaginar las cosas, pero es mucho más difícil encontrarse frente a la realidad de los hechos una vez que ocurren. Y peor aún que todo esto es mirar en retrospectiva y ver cómo cambiaron las cosas, sin que quede nada por hacer al respecto.
Viendo las cosas desde el inicio, llegué a la conclusión de que mientras más evitamos algo, más probabilidades tenemos de que nos persiga y con efectividad nos encuentre, nos acorrale y se ría de nosotros y nuestra ingenuidad por creer que podríamos escapar por siempre. En definitiva, mientras más profundo enterramos las cosas parece ser que buscan salir a la superficie con más fuerza. Ahí es cuando una alarma se dispara en nuestro interior y lo único que podemos hacer es aceptarlo y seguir adelante... pero no podemos. Si fuera todo tan fácil como creemos, en realidad nunca nos hubiéramos encontrado en esta situación, pero todo vuelve y todo renace, y si aún no lo hizo es porque está por llegar.

viernes, 20 de marzo de 2015

Recuperación

Si todo cambio supone una crisis y de toda crisis se obtiene un resultado positivo a pesar de las dificultades, puedo decir tranquilamente, sin que me tiemble la voz, que me perdí, que pasé esa crisis y que estoy lista para lo que pueda llegar a venir.
Llegué a pensar que la vida no valía la pena y que, más específicamente, mi vida, era un desperdicio. Extremos inimaginables siendo tan joven y, a su vez, tan llena de miedos. Openhearted, cometí el grave error de creer que todo el que entraba en mi vida lo hacía para bien e, ingenuamente, confié mucho. Increíble proviniendo de una persona que se presumía precavida y coherente. Me cuestioné mi propia salud mental, y me tuvieron que calmar de la forma en la que yo menos quería: interviniendo ¿Para qué intervenir, si Miss Sabelotodo puede sola? Evidentemente no. No puede, no pudo, quizás podrá. Me animo a un quizás porque cuando se toca fondo lo único que se espera es que llegue algo mejor, encontrar eso que nos hará bien a futuro está en cada uno, y eso es lo que a nadie le dicen y que pocos nos damos cuenta por nuestros propios medios. Creí haber llegado al límite tantas veces que cuando realmente caí en el abismo me di cuenta de que había estado encerrada en mis propios juegos mentales durante tanto tiempo que la realidad se había distorsionado y lo que consideraba imposible e insuperable era en realidad una pequeña valla que había que saltar para seguir en la carrera. 
Y el futuro.
El futuro.
Fu-tu-ro. Eso que viene, eso que será, eso de lo que no tenemos certeza pero a lo cual le buscamos un sentido desde este presente y potencial pasado en el cual no entendemos absolutamente nada pero creemos tener todas las respuestas. Y cuando llega y no es lo que esperábamos ¿Qué hacemos? Correr. Corremos, nos escondemos, nos refugiamos del mundo exterior. Y está mal. No es bueno evadir, no es bueno reprimir, no es bueno ocultar, no le hace bien a nadie. Solamente sirve para que los problemas se potencien, hagan ruido y te exijan que los escuches, te advierten que si no lo hacés va a pasar algo malo, pero al evasor eso no le interesa porque piensa que se va a poder esconder hasta que pase la tempestad (de por vida, de ser necesario). Malas noticias: no podemos escondernos de nosotros mismos. Correr de nuestros propios monstruos nos lleva a un cíclico estancamiento en nuestro desarrollo y progreso, nos atrasa, nos lastima, y las heridas del alma no curan tan rápido como las superficiales, porque siempre vuelven a abrirse. Siempre. El alma se quiere escapar y a veces llora, a veces se lastima, a veces grita, pero depende de nosotros curarla. A veces ese abrazo que tanto necesitamos de un tercero es, en realidad, el amor propio que nos falta. Es todo eso que enterramos profundo e intentamos ignorar, es estar bien efímeramente, es perder una parte del alma cada vez que fingimos una sonrisa o esperamos que las respuestas a nuestros problemas estén en otros, cada vez que no reconocemos lo que estamos haciendo mal porque es más fácil esconderse que afrontar los problemas.
El alma se quiere escapar y a veces llora, a veces se lastima, a veces grita. A veces hasta pareciera que no somos nosotros mismos quienes nos lastimamos, sino que hay algo más adentro nuestro que nos lleva a conductas extremistas, a aquello que siempre vimos extraño y ajeno, a lo que siempre nos dio miedo y nos pareció irreal, hasta que llegó. Hasta que la angustia lo llamó para manifestarse en un grito desesperado por ayuda y comprensión, a un alto a las críticas, a un poco de amor propio, porque es el único que nunca debería faltarnos. Y el dolor no es suficiente, y la sangre también son lágrimas del alma, y esa pulsión por no seguir más se hace cada vez más fuerte. El tiempo no avanza y nadie entiende porque a nadie le importa, el miedo crece y busca soluciones rápidas y efectivas, o que al menos lo parezcan. Un poco de seguridad, un suelo donde crecer desde cero y un alto al fuego: a ese que nosotros mismos disparamos en nuestra contra. Pero el miedo se alimenta de nuestros propios pensamientos y solamente nos tira para atrás, no hay soluciones en el miedo, no hay catarsis que sirva cuando estamos en ebullición, hay que calmarse y comprenderse a uno mismo, en primer lugar, el resto se desenvolverá y resolverá sólo con el tiempo. 
En el momento clave cuando Dios parece no existir y quedamos solos y llenos de miedos y odios sin fundamentos, cuando lloramos y no sabemos por qué, cuando volvemos años atrás para sufrir por aquello que nunca pudimos superar, cuando pensar en lo que vendrá se torna imposible por la bruma que nos rodea, por eso que tememos afrontar pero sabemos que algún día ocurrirá. Y no se puede, no se quiere, no se tienen esperanzas y lo único que se desea es el total silencio y un descanso del mundo, la paz interna. Hace frío aunque haga cuarenta grados celsius a la sombra, el acolchado no sirve más de escudo y la imagen pasa a segundo plano, porque las voces no se quieren callar y piden ser escuchadas. Microrealidad. Depresión. Azul y gris. Y sal, sal por todos lados, temblores y agua salada, deshidratación y, sobre todo, mucho miedo. Miedo de uno mismo, miedo del mundo, miedo del pasado y del futuro, miedo del mundo exterior, miedo de los otros, miedo de existir, miedo de defraudar a quienes más se quiere, miedo de lo que piensen los demás. No nos damos cuenta de todo lo que tenemos, cegados por el fantasma de la depresión, no entendemos por qué las cosas nos suceden y no buscamos ayuda porque si podemos tomar malas decisiones por nuestra propia cuenta se supone que también deberíamos poder encontrar las soluciones, pero no podemos, y ahí es cuando nos escondemos. 
Es en el momento clave cuando debemos mirar a nuestro alrededor y encontrar algo por lo que seguir viviendo, y muchas veces ese motivo por el cual reanudar la lucha, levantarnos y sacudirnos un poco el polvo, es el amor que otros nos ofrecen pero que en otros momentos no supimos apreciar. Hay que saber entender que a veces es bueno arreglarse el alma para ayudar al otro, que no todo tiene que ser una motivación egoísta, que lo que nos mueve a seguir son las personas que nos aman, que podemos llorar y patalear todo lo que queramos, que podemos quejarnos de todo lo que nos falta, de todo lo que no nos pudieron dar y de todo lo que no pudimos alcanzar por nosotros mismos, pero al final del día siempre vamos a tener eso que no valoramos pero es lo más importante, ese suelo firme donde renacer que estábamos buscando.
Recordarme en llanto histérico, transpirando y con un vacío enorme en el interior es lo que me ayudó a darme cuenta de que había cosas que tenía que cambiar, que dependían de mí y que si no me decidía a luchar mis propios pensamientos iban a terminar consumiéndome. No haber querido salir de la cama, vivir en estado de ausencia y respirar sólo a modo de reflejo y no para sobrevivir, perder la esperanza en mí misma y todo vestigio de autoestima que podría haber quedado flotando en alguna parte del mar de lágrimas, conductas tan horribles como necesarias para salir adelante, para aprender, para no volver a caer, para abrazarse a uno mismo y entender que nuestro mundo depende de cómo lo construyamos, que no todo llega por sí solo y que hay que saber quererse antes de siquiera atreverse a tomar algún tipo de decisión no premeditada, o consultada con un autoestima inexistente y una consciencia suicida.
Abrir los ojos y el alma, de eso se trata la recuperación, de aceptar la ayuda que nos ofrecen y reacomodarnos utilizando esa fuerza que nos prestan cada vez que algo nos tira para atrás, de escuchar y, sobre todo, de querer. Quererse a uno mismo, querer estar bien y querer al otro.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Cuando más cuesta

Que todo te haga daño, que el más mínimo detalle te destruya, que no queden espacios vacantes para un poquito de bienestar, que al mínimo segundo de goce le sigan días de arrepentimiento. Que se te caigan las lágrimas de sólo pensar, que el cuerpo te pida que pares, que sea tanta la energía negativa que cargás que se vuelva imposible ser un poco optimista.
No poder comer, no poder salir, no poder dormir, no poder estar tranquila. No es vida, no me gusta, no lo quiero... Pero debo. Debo hacerlo porque es bueno para mi futuro, debo hacerlo porque no puedo defraudar a los otros, debo hacerlo porque no quiero reconocerme como un fracaso, como un navío a la deriva, como una noche sin luna. Y si son más las causas externas que las internas que me empujan a seguir intentando, ¿Será porque estoy haciendo algo mal? ¿Será porque me perdí en el camino y me aferré al primer sendero viable? ¿Será porque me dejé influenciar, dejando de lado mis convicciones? ¿Será porque me cansé tanto de dar batalla que a pesar de haberse agotado mis esperanzas decidí luchar por algo que no es para mí?
No quiero seguir así, no me hace bien y sin embargo no sólo no sé como parar sino que tampoco quiero. No puedo hacer que terceros se vean obligados a esforzarse sobrehumanamente por mí y mis indecisiones, ni luchar por causas imposibles, pero tampoco sé estar bien en un molde al que no importa cuán duro lo intente, no me puedo adaptar.
Me pasa el tiempo por encima y yo sólo me detengo a padecer la vida en vez de vivirla, a simplemente existir sin convicciones que me muevan y me inciten a vivir el día a día. Estoy en una jaula de la cual poseo la llave pero que, sin embargo, me resulta imposible abrir. Quisiera poder dejarme ir un rato y dejar que al resto lo maneje el universo, quisiera ser capaz de hacer algo bien en mi vida y poder abocarme completamente a ello, quisiera perder el miedo y tener éxito en lo que me gusta. Pero no puedo, no sé, no me sale. Me cuesta, me duele, me desanima, me hace mal.
El último esfuerzo es el primero y tengo más ganas de pararme frente a un camión con acoplado y los frenos rotos que de seguir intentando en vano.
No quiero más.

martes, 25 de noviembre de 2014

Mon Amour

En este momento no puedo pensar en otra cosa que no sean tus brazos sosteniendome, tus labios con los mios, tu sonrisa enorme y tus ojos sinceros; tus cargoseadas, tus risas sinceras, tus palabras contenedoras y lo bien que me haces.
No puedo dormir y es porque te extraño horrores aunque hayamos pasado casi una semana sin separarnos. Me queda grande la cama sin vos abrazandome, roncandome en el oído, incluso. Me falta alguien que me haga mimos hasta que me duerma y que me saque los miedos. Extraño a mi ángel de la guarda, que esta en la otra punta de la ciudad roncando hace horas, y yo dando vueltas sin poder cerrar los ojos por mas de un minuto.
Es tanto lo bien que me haces que me cuesta entender cómo no estás acá siempre en forma física si te pienso todo el tiempo. Dale, aparece que no puedo dormir, que te quiero abrazar y darte un beso de las buenas noches, que me quiero esconder en tus brazos del ruido del ventilador que me perturba, que me quiero despertar con tus mimos, que necesito tu compañía para descansar tranquila, que quiero que me digas que soy linda aunque tenga cara de dormida y este despeinada para poder empezar el día bien, que te quiero cerca siempre.